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Un fragmento de «Oscuros verdugos», de Serge Bilé

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Junio de 1940. Francia ha sido vencida y está ocupada. Una vez armado el armisticio, el mariscal Pétain elige la vía de la colaboración, para desgracia del general De Gaulle, cuya llamada a la resistencia, emitida desde Londres, ha pasado prácticamente desapercibida ante una población completamente desorientada.

Desapercibida salvo para dos diputados guadalupeños, Gratien Candace y Maurice Satineau, que, junto a su homólogo senegalés Galandou Diouf, escriben al día siguiente al presidente Albert Lebrun para exhortarle a que continúe luchando con el apoyo del imperio colonial.

«Nuestra Francia está herida pero no puede darse por vencida. Hombres de color, representantes de nuestras colonias en el Parlamento nacional, venimos a suplicarle que salve a nuestra gran y querida Patria en el honor, la dignidad y el respeto de la palabra dada.

»Con el apoyo de su vasto imperio y la concentración de todos sus medios de defensa en el África del Norte y en sus territorios del África Negra, podrá luchar hasta el último aliento y, gracias a su heroísmo y lealtad, mantendrá sus alianzas y sus amistades, y tendrá la certeza de conservar la simpatía y la confianza de Inglaterra y de sus dominios, y se asegurará la colaboración y toda la simpatía activa de América.»

Albert Lebrun no tendrá tiempo de responder. También está a favor de continuar luchando, pero se encuentra aislado frente a los partidarios, mucho más numerosos, de la capitulación, y entre tanto ha cedido su asiento a Pétain.

El mariscal, por su parte, parece albergar ciertas dudas sobre la idea, que también comparten la mayoría de senadores, de que el gobierno y el Parlamento se trasladen a África. Así se lo expresa a Henry Lémery, que acaba de ser ascendido a ministro de las Colonias.

«Pienso que sería una deshonra para el gobierno y el Parlamento trasladarse a África», responde Lémery. «Abandonar el territorio llevándose el oro del Banco de Francia y dejar a la población en manos de la soldadesca de Hitler supone alentar la execración y la humillación públicas.»

Así comienza «Fascistas italoafricanos», que es el asombroso título que tiene el segundo capítulo del libro Oscuros verdugos. Colaboracionistas africanos, antillanos, guyaneses, de la Reunión y negros americanos en la Segunda Guerra Mundial de Serge Bilé. Este periodista franco-marfileño escribe un ensayo insólito sobre los africanos que, por supervivencia o por razones ideológicas confusas, acabaron luchando en el bando equivocado durante la Segunda Guerra Mundial, ya fuese la Legión de Voluntarios Franceses, la Milicia o la Gestapo.

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Es la última novedad de la editorial Wanafrica Ediciones, que llevan dos años consagrados a la edición de autores africanos en todas sus facetas, desde ensayos a novelas pasando por el cómic o la literatura infantil. Entre sus autores, aparte del citado Bilé, hay nombres de la talla de Boubacar Boris Diop, el dibujante guineano Lumu o el gambiano Ebrima S. Dem.

Oscuros verdugos
Serge Bilé
Wanafrica, 2015. 144 páginas.

 

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