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Juan Goytisolo y el viaje hacia el otro

Carrión-Goytisolo-recrote-blogEn un texto dedicado al pequeño pueblo barcelonés de Arenys de Munt, uno de los teatros de su infancia burguesa, Goytisolo evocaba la definición benjaminiana de la memoria como puesta en escena del pasado. Quien recuerda se convierte más en topógrafo que en historiador. Poner sobre un mapa los espacios de su obra supone acumular puntos rojos en las ciudades norteamericanas de cuyas universidades ha sido profesor; y en los países de América Latina por donde ha viajado más como escritor invitado que como cronista.

Cuando Juan Goytisolo incluye una página en árabe al final de su novela Juan sin tierra está marcando una distancia consciente con su patria de nacimiento, con España, con Barcelona. Goytisolo se marchó por primera vez en los años cincuenta y desde entonces sus viajes son siempre viajes de alejamiento, de vivir en otra parte, de escribir en otra lengua, de ser otro.

Y a pesar de todo ello, dice Jorge Carrión que «ha trabajado siempre en contra de España. Es decir, nunca ha permitido que España dejara de tener un papel preponderante en su literatura. En las primeras novelas, más o menos inscritas en el realismo social, Barcelona y el estado franquista son los escenarios inevitables». La contradicción de marcharse y de escribir para el otro sin poder dejar nunca de ser él mismo y de reconocer Barcelona como su propia ciudad. «De algún modo, en los sesenta, mientras se estaba alejando, ya intuía que el vínculo con Barcelona era para siempre».

En un momento en el que el nombre de Goytisolo está en boca de todos por su flamante Premio Cervantes 2014, Carrión rescata su faceta de viajero para su serie de «La tradición inquieta». Y tal vez sea el más personal de todos ellos, el que menos escribe de viajes para sus lectores previstos (sus compatriotas, con los que comparte lengua y tradición) y más para las personas de los lugares a los que viaja, los otros. Como dice el propio Carrión a propósito de Estambul Otomano:

Un libro de viajes sin viajes, es decir, con vida (con vivencias) y con libros (con lecturas), pero sin ruta (sin desplazamientos). Un libro sin presente, sin historias de personas que puedan sentirse heridas con el retrato, sin posibles lectores ofendidos en caso de traducción. Sin crítica.

Lee el Paso completo (solo suscriptores) de Jorge Carrión en ALTAÏR MAGAZINE: Juan Goytisolo o la contradicción.

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En Cusco una vez hubo un imperio

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Luis conoce su desorden y lo administra con eficacia. Su casa es gélida y afuera el aire azota la cara como un latigazo endemoniado. Vivir en la cresta de los cerros de Ccollana es un desafío a la resistencia humana. Un acto heroico. Pero eso no lo sabe Luis ni le importa saberlo. Hay preocupaciones más tangibles, como pastar las ovejas y los cerdos, cultivar la chacra, pescar truchas en el río Huasacmayo, o hacer ayni (trabajo comunal que aún pervive en los Andes). No hay tiempo para filosofar sobre su estilo de vida.

La región de Cusco, en Perú, alberga la ciudad homónima, considerada la ciudad habitada más antigua de América, que fue capital del otrora poderoso Imperio inca. Hoy es una región deprimida, en la que se sitúa el distrito de Lares, el más pobre de todo el país, con un 97,8% de pobreza y un 89.2% de pobreza extrema. Ccollana es una de sus comunidades, y allá fueron el periodista Ralph Zapata Ruiz y el fotógrafo Álvaro Franco para contar cómo se vive de aquella parte.

Frío, condiciones extremas, distancias larguísimas que recorrer a pie, ya sea para ir al médico, a la escuela, a llevar al ganado a pastar o cualquier otra cosa. Ser habitante de Lares es un acto de supervivencia en sí mismo.

Luis ha servido el desayuno: café con papas nativas y maíz cancha. Es el segundo día que comemos lo mismo. Pero aquí, en esta comunidad ausente en los mapas y en las guías de turismo, no hay mucho que elegir. La gente se alimenta con lo que cultiva. Su dieta alimenticia carece de proteínas, minerales y vitaminas. Álvaro se disculpa porque no comerá nada: su estómago es un revoltijo de dolores.

Ir a la escuela es otra odisea: no solo por lo que tardan los chicos y las chicas en llegar a clase sino porque la mayoría no terminarán sus estudios. Se pondrán a trabajar con sus familias apenas puedan, aunque ya ayudan en la faena desde bien pequeños. Solo cuatro o cinco acabarán la secundaria.

En la institución educativa 50206 de Pampacorral-Lares estudian cincuenta alumnos de las comunidades de Ccollana, Mauccau, Quinzapuccio, Qolqanpata y Mapacocha. La mayoría de ellos camina entre dos y cuatro horas todos los días, para llegar hasta el colegio. Hay una movilidad del municipio que los recoge, pero solo a quienes viven cerca de la carretera. La justicia, en este lugar como en otros recovecos del Perú, se mide por la cercanía o la lejanía. La mayoría de niños, me dice el director, habitan en las faldas del nevado Colque Cruz, o en la cumbre de los cerros.  

Después de un par de días, Ralph se siente exhausto, aterido, hambriento y dolorido. Mira a los habitantes de Lares, que simplemente siguen adelante, sin hacerse muchas más preguntas y comprende, porque lo comprende, que cuando tienes que sobrevivir, no cabe espacio ni tiempo para lamentarse por nada.

Hemos cruzado el valle de postal. Hemos soportado el frío y la falta de oxígeno en los pulmones. Nos hemos detenido varias veces a mitad de camino para recobrar fuerzas. Hemos envidiado a los extranjeros echados sobre bellos campos de papa. Hemos sentido el punzón de los peñascos en los pies. Nos hemos doblado los tobillos no pocas veces. He querido volverme a Lares porque ya no soportaba caminar y caminar y caminar sin llegar a nuestro destino. He renegado y me he arrepentido: quejarse aquí es una pérdida de tiempo.

Lee completo «Un imperio pobre, la vida en el valle peruano de Lares» (solo para suscriptores). Un magnífico Paso de Ralph Zapata Ruiz en ALTAÏR MAGAZINE.

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Contar Palestina e Israel en viñetas

«Joe Sacco defiende que la objetividad no deja de ser una rémora a la hora de afrontar sus trabajos. Solo la primera persona le proporciona datos de utilidad. Defiende el trabajo en el cómic: «La ventaja de un medio intrínsecamente interpretativo como el del cómic está en que fomenta la relación personal del dibujante con cualquier sujeto que tenga a mano. Para bien o para mal, el cómic es un medio inflexible, obliga al periodista de cómics a tomar decisiones, y esto es parte del mensaje».»

Desde hace unos años, el cómic se ha convertido en el medio de elección de muchos autores para intentar explicar o analizar de algún modo el intrincado laberinto que es el conflicto palestino-israelí. Fran García, nuestro experto en cómic y agitador cultural de cabecera en ALTAÏR MAGAZINE, ha hecho un recorrido por las novelas gráficas que mejor han tratado esta contienda, seguramente entre las más duraderas de la historia.

cronicasdejerusalenbaja«La fuente de este problema histórico se pierde en la noche de los tiempos. Es tan antigua como antiguos son los pueblos que participan en esta cruenta disputa», dice Fran García, para a continuación explicar que el cómic se ha centrado en los conflictos surgidos tras la Segunda Guerra Mundial y la creación del estado de Israel. Así, parte de Jerusalén, de Boaz Yakin y Nick Bertozzi, situado en ese momento del siglo xx, para llegar a la ya emblemática Crónica de Jerusalén, de Guy Delisle. Fran examina desde cómics que reflexionan sobre el pasado, como el Not the Israel my parents promised me de Harvey Pekar o Metralla de Rutu Modan, hasta miradas al presente de Israel, como Una judía americana perdida en Israel de Sarah Glidden, o de Palestina, como Saltar el muro, la colaboración entre el francés Maximillien Le Roy y el palestino Mahmoud Abu Srour; para terminar con una crónica periodística como la del maestro Joe Sacco, cuyas palabras abren esta entrada de blog.

Palestina: en la franja de Gaza (Planeta) y Notas al pie de Gaza (Mondadori) reconstruyen las miserias de unos para sobrevivir y las de otros por infligir esa misma miseria. Sacco encuentra en su puzzle de entrevistas y anotaciones, de experiencias y voces, la verdadera cara del horror. Los checkpoints, el muro, el hambre, la desesperanza de unas gentes abocadas a no tener futuro.

Franjas y países. La novela gráfica en el conflicto palestino-israelí, por Fran García (solo suscriptores). Pasos en ALTAÏR MAGAZINE.

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Jan Morris, el viaje y el esfuerzo

Trieste, uno de los lugares esenciales en la bibliografía de Jan Morris, fotografiada por Ludovico Sinz.

 

Viajar es esforzarse, dice Jorge Carrión en su último texto de «La tradición inquieta» para los Pasos de Altaïr, dedicado a la historiadora y viajera Jan Morris. «Lo dice la propia etimología: “travel” procede del francés “travail”; la palabra “journey” lleva en su genética “journée”, jornada, día de trabajo». Viajar como algo opuesto a «vacaciones», viajar como acción, como esfuerzo.

A los treinta y siete años, esto es, en 1963, publicó Cities (1963), un ensayo con las setenta ciudades más importantes del globo como escenario del yo. Por tanto, a los treinta y siete años ya había dado, de un modo u otro, la vuelta al mundo. Varias veces.

A los 37 años Jan Morris ya había cubierto la expedición de Hunt al Everest, había conocido al Che Guevara o al sultán de Omán, había cubierto el juicio al nazi Eichmann en 1961. A los 37 años Jan Morris ya llevaba casada catorce años, había tenido cinco hijos y todavía se llamaba James Morris. Poco después empezó su proceso de transformación en mujer, culminado con su operación de cambio de sexo en 1972.

Jorge Carrión explica en su Paso de ALTAÏR MAGAZINE que nadie mejor que ella supo describir aquel proceso en una de las piezas claves de Un mundo escrito (1950-2000). Y continúa Carrión:

A ese proceso, que demuestra que tanto la identidad (altamente inestable) como el cuerpo (dos tercios de agua) son líquidos, que sólo nuestros esfuerzos múltiples solidifican para hacerla soportable, dedicó el volumen Conundrum (1974; El enigma, en su traducción en español), que se centra en su propia metamorfosis, que —como toda—, no fue instantánea, sino el resultado de una década de tratamiento hormonal. Que la operación final se hiciera en Casablanca no deja de ser revelador.  Marruecos es la tierra de todos y de nadie para algunos de los miembros de la tradición inquieta. Y Morris tuvo que dejar, también, su huella personal y literaria sobre ella.

En los últimos cuarenta años Morris ha sido una cronista del mundo y de lo global, aparte de otras muchas cosas (por ejemplo novelista). Sigue junto a la misma persona con la que se casó hace más de sesenta años y, como dice Carrión, su vida es el mundo:

Un mundo escrito amplía el campo de acción y de batalla y de esfuerzo. La vida de Morris es el mundo. Lo real interactúa con lo íntimo, pero es analizado desde una perspectiva profesional: «Pocas veces me impliqué a fondo en los asuntos que describe este libro. Me mantengo al margen por naturaleza, observo por profesión, me atrae la soledad y me he pasado la vida mirando cosas y hechos y analizando su efecto en mi sensibilidad concreta». 

«Jan Morris. Cambios de género» (sólo para suscriptores), segundo capítulo de la serie «La tradición inquieta» de Jorge Carrión.

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El reportaje no ha muerto

Detalle-viajero-o-turista-irlanda

Hace apenas un par de décadas, menos quizás, Le Monde, The New York Times, El País o Sueddeutsche Zeitung llevaban a gala su capacidad de informar y contar el mundo, con corresponsales y enviados especiales en cada zona clave del planeta. Hace ya tiempo que eso no es así.

El reportaje ha sido abandonado en una esquina del periodismo del siglo XXI. Cuenta David Simon, ex periodista y guionista de la aclamada serie The Wire: «Empecé mi carrera como reportero del gran diario de Baltimore, el Sun. Siempre me sentí destinado a ejercer el periodismo y habría continuado este camino si la prensa americana no hubiera caído en una crisis que ha transformado completamente la idea que me había hecho de esta profesión. Como muchos diarios americanos, el Baltimore Sun fue comprado por grandes empresas mediáticas que decidieron reducir los costes de su funcionamiento para mejorar su rentabilidad. De los primeros de quienes se deshicieron fue de los reporteros».

El reportaje está enfrentado frontalmente con el periodismo rápido, la producción automatizada, los contenidos azucarados y de contenido inmediato. Requiere tiempo, conocimiento, paciencia, inversión. Lo dice María Angulo Egea en su Paso publicado en ALTAÏR MAGAZINE esta semana, «Ir allá, de donde no se regresa. Genealogía del viajero».

Turismo slow, también lo llaman, al amparo de una filosofía de la lentitud que trata de sosegar el tiempo del consumo. Y esta opción pausada me remite también al periodismo; al también denominado Slow Journalism, periodismo narrativo o crónica, como el que potenciamos y disfrutamos frente al periodismo urgente, monocromo y acelerado de algunos medios convencionales.

Habla María pero hacemos nuestras sus palabras. El reportaje no debe morir y en ALTAÏR eso es un compromiso con el lector y con el propio periodismo que vamos a llevar hasta el final. Palabra de reporteros.

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EL VIAJE INTERMINABLE

Viajar-para-contarlo-bajaMaría Angulo Egea, en un punto de su magnífica reflexión sobre la crónica de viaje —que hemos publicado el 1 de septiembre para marcar bien fuerte la vuelta al curso— recoge una reflexión del antropólogo francés Claude Lévi-Strauss que puede ser demoledora para los ánimos del otoño que se acerca: «El viaje ha terminado».

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PEQUEÑAS HISTORIAS DE UN PORTUGAL EN ACUARELA

Pantallazo de Pasos - Mario Linhares
Hay muchas formas de entrar en el devenir de una ciudad de manera íntima a través del arte. Si el texto ha sido por antonomasia la manera de expresarse de los paseantes y viajeros, en este nuevo siglo, en el que la imagen cobra un papel predominante, no queremos dejar de lado la ilustración como una forma de tomar contacto con los lugares propios que visitamos o en los que vivimos.

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GABI MARTÍNEZ, UNO DE NUESTROS PRIMEROS PASOS

El escritor Gabi Martínez inaugura la sección «Pasos» de Altaïr Magazine. En esta ocasión, nos hablará de Chatwin y Tabucchi, dos de sus referentes en lo que a literatura de viajes se refiere. Un dúo, como él dice, «muy sexy».

Rescatamos una de sus entrevistas en la que nos habla, entre otras cosas, de la poética y la ficción del viaje en su obra En la Barrera (Editorial Heterodoxos), una narración imprescindible para la literatura de viajes contemporánea y que pone sobre el papel la complejidad de una realidad fragmentada, con tapiz de fondo Australia.