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El mediterráneo que hace aguas

Algarrobico---Juanlu-Sánchez
Hotel ilegal en la playa española de El Algarrobico, en pleno parque natural almeriense, paralizada a la espera de que se ordene su demolición (Fotografía de Juan Luis Sánchez – CC BY-SA 2.0)

 

Al acercarse por la autopista a la costera ciudad de Benidorm, el periodista vasco Íñigo Domínguez —que nunca había visitado la ciudad— esperaba encontrar primero un desvío, una indicación de la propia autopista, después un urbanismo gradual, progresivo. En cambio, al culminar una subida, se encontró de repente frente a un bosque de rascacielos que se alzaban sobre la nada, gigantescos, invasivos y futuristas.

Domínguez describe la escena, que forma parte de su libro Mediterráneo descapotable. Viaje ridículo por aquel país tan feliz, como reviviendo la incredulidad —«no todo lo que nos provoca fascinación es admirable», recordaba— que le generó aquella llegada a la capital del exceso veraniego e inmobiliario del Levante español. Tuvimos la suerte de escucharle en persona en la presentación de libro (editado por Libros del K.O.) que se realizó el pasado día 28 en la librería Altaïr de Barcelona, acompañados por el veterano periodista Enric González.

Como bien decía el propio González, el efecto de la hilarante obra de Domínguez es similar al que no podemos evitar repasando la realidad de la burbuja económica, que en 2008 estalló dejándolo todo perdido de ladrillo muerto y bancos malos: «Provoca una carcajada, pero después, inevitablemente, llega el escalofrío».

La realidad de la crisis en el Mediterráneo, su pre y su post, ha sido tocada desde el periodismo narrativo y sus aledaños por varios libros que se emparentan con Mediterráneo descapotable. En su reseña para Altaïr Magazine, Pere Ortín ya mencionaba el periodismo punk de Robert Juan-Cantavella en la novela El Dorado, y su visita alucinada al complejo vacacional de Marina d’Or (del que Domínguez recordaba en la presentación «el plan anunciado para construir pistas de esquí al pie de las playas»).

De fondo, están también las enseñanzas de Hunter S. Thompson y David Foster Wallace, maestros de la inmersión en el absurdo del ocio moderno. Pero no hay que olvidar que la crisis (económica y moral) ha recorrido todas las costas del Mediterráneo, no sólo las occidentales. Por ejemplo, desde una clave económica, ¡Vended vuestras islas, griegos arruinados!, obra de Stephan Kauffman e Ingo Stutzle publicada por Hoja de Lata, analiza el cariz xenófobo que adquiere en Alemania la crisis económica griega a partir de un titular del tabloide Bild.

Hablando con Domínguez, corresponsal de El Correo en Roma desde hace 14 años, es imposible que no salte también la cuestión de si España se italianiza o no: actitudes mafiosas, desconfianza del Estado, despilfarros… Él remarca las distancias, sobre todo temporales: que el boom italiano llegó en los años 50 y 60, que los italianos afirman que arruinaron sus paisajes costeros en momentos más inocentes, «cuando no se era consciente del valor de esas cosas». Mientras tanto, en España, en Almería, el hotel de El Algarrobico, cuya imagen encabeza estas palabras, aún sigue en pié, recordándonos los años de falso vino y falsas rosas.