Entre agujas y plumas, por Bárbara M. Díez

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Durante mucho tiempo, la historia «oficial» ha olvidado el papel jugado por las mujeres en la literatura, la política, la ciencia… En el 360º «A bordo del género», Bárbara M. Díez nos habla de las mujeres de la Generación del 27, ejemplo de una España que cambiaba en los años 30 —esposas y acompañantes pero también protagonistas—, donde se repite una afirmación: «Ellos sin ellas no hubieran llegado». Dejamos aquí un adelanto del texto.


Por la sastrería de mis bisabuelos Leonardo y Eugenia, situada en la calle de Antonio Palomino, en pleno barrio de Argüelles, pasó parte de la sociedad madrileña desde finales del siglo XIX hasta que estalló la Guerra Civil.

«La casa tenía una subida de escalones de madera que daba a un patio de vecindad tipo corrala. Era preciosa, con un salón muy grande con chimenea —que nunca se usaba— y un hall de entrada que comunicaba con cinco habitaciones. Siempre había gente, sobre todo cuando mis padres alquilaban un organillo para las fiestas de Madrid, y luz, mucha luz que entraba por los tres balcones que tenía a la calle, llenos de flores que regaba mi madre, quien cuidaba tanto de mis hermanos como de mi padre», me contaba mi abuela sábado tras sábado cada vez que bajaba a verla cuando era pequeña.

Ella, Dolores —o Lola, como la conocían en el barrio— era la menor de diez hermanos, nacida en 1920, y fue la última en irse. En su pisito cerca de la antigua sastrería familiar que arrasó la Guerra siempre se oía alguna historia del periodo de la segunda República (1931-1936) que le contaba su padre, o lo que ella recordaba de muy joven: cómo las mujeres podían votar, divorciarse, cómo podían tener acceso a otros puestos de trabajo que no fueran el de maestra o el de enfermera y cómo, en pocos años, las mujeres habían dado un gran avance en su papel social, que antes se reducía a ser madre y ama de casa.

Todas las anécdotas eran bastante pintorescas. De la que más presumía era de la del balcón en una tarde de verano: «Allí estaba yo tomando el fresco y los hombres pasaban y me tiraban besos.» Un hecho que ella contaba con mucho cariño, pero que hoy nos llamaría la atención y, para muchos, hasta sería denunciable. Sin embargo, la historia que sonaba por encima de las demás, tanto que ya no sabíamos —ni mi familia ni yo— dónde quedaba lo real y dónde empezaba lo inventado, como si de un cuento se tratara, era el chascarrillo de Don Benito. Sí, sin duda el más repetido por mi abuela, más cuando le dije que iba a dedicarme a esto de juntar letras, ya que el relato de «Don Benito» correspondía a Don Benito Pérez Galdós (novelista y político español, y autor de los Episodios Nacionales, entre otros).

«Tu bisabuelo atendía a todos, a los ricos y a los pobres. Por aquel entonces había mucha diferencia. A los pobres se les cobraba muy poquito, hacía remiendos en faldas, pantalones… a los del barrio de Salamanca [uno de los distritos con renta per cápita más elevada del municipio de Madrid] era otra cosa. Encargaban trajes, sombreros, corbatas… Y entre muchos clientes apareció Don Benito a confiar un traje. Nunca se casó, pero una vez vino con una de sus amantes, la escritora y condesa Emilia Pardo Bazán y estuvieron tomando un café en la sastrería mientras esperaban la entrega del pedido», me contaba.

—Y, abuela ¿fueron los únicos conocidos que pisaron el taller?

—No, también María Teresa de León en uno de sus viajes a Madrid desde Barcelona

—¿María Teresa de León? No sé quién es.

—La mujer de Alberti, el escritor. Tu bisabuelo me contaba que estaban siempre juntos con los de la Generación del 27…

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Y aquí y ahora escribiendo sobre las mujeres olvidadas por la historia de España durante los años 20, echando la vista atrás a esta conversación con mi abuela, recordé lo que —no— había aprendido en la escuela, en los manuales de literatura e historia. Y empecé a pensar que igual que no conocía a María Teresa porque no me la habían enseñado, puede que otras mujeres tampoco hubieran pasado a la historia… perdón, rectifico, que otras mujeres tampoco hubieran pasado a la historia oficial, porque estar están ahí: Ernestina de Champourcín, Concha Méndez, María Zambrano, Rosa Chacel, Josefina de la Torre, Zenobia Camprubí, Maruja Mallo, Marga Gil…

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