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EXPEDIENTE VN, UN PASO DE RODRIGO FRESÁN

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Un renombrado escritor de origen ruso cruza los Estados Unidos con su esposa a la caza de mariposas. Un joven agente del FBI los sigue como si fuera su sombra; estamos en plena Guerra Fría, quizás el escritor es un elemento peligroso. El escritor es VN, Vladimir Nabokov; el agente, alguien que tiene por delante un viaje infinito. Un nuevo cuento de Rodrigo Fresán en esas «ficciones cortas» de nuestros Pasos que enlazan viaje y literatura.


Puede verlo porque puede imaginarlo. Se imagina que lo ve: acostado en su cama de motel, despierto y sin poder dormir por culpa de la voz ronca del aire acondicionado y, ah, tan cansado de seguir a VN y a VN2.

Aquí viene otra vez, como una película revelada por la cámara oscura de su mente, proyectándose en las sombras, atravesando esas cosas transparentes que son el tiempo y el espacio. Y sus ojos abiertos y como sin párpados, las persianas bajas, afuera ladra un perro; en la habitación de al lado, paredes de papel empapeladas con un motivo de arlequines, las carcajadas luminosas de él y la risa delicada de ella que, por momentos, siente y oye como si esos dos se riesen de él, malditos sean.

Por eso, entonces, la necesidad suya de no oírlos y de negar al presente y dar marcha atrás. El pasado que no pasa: la historia de sus antepasados llegando y fundando a la América Rusa (Русская Америка, trad. Russkaya Amerika) en nombre y por  voluntad de Pedro El Grande (Пётр Вели́кий, trad. Pyotr Velikiy), asentándose allí desde principios del siglo XVIII y hasta mediados del siglo XIX, antes de Alaska y de Hawaii y de California, adquiridas en 1867 por el gobierno norteamericano pagando a los colonos siete millones de dólares de entonces y más o menos ciento veintidós de ahora. Todos ellos, hombres corpulentos cubiertos de pieles animales XL, siguiendo la estela pionera de Semyon Dezhnev y su tripulación a la deriva y, más tarde, el curso de las velas crocantes de escarcha del Sv Petr y del Sv Pavel, proas al Este para ellos que pronto será el Lejanísimo Oeste para tantos otros. El vapor helado de esos hombres en llamas brotando de los pequeños volcanes de sus bocas barbadas y ortodoxas, letras cirílicas enganchándose como anzuelos en sus gargantas, arpones y focas y ballenas y osos de un blanco polar.

Ivan Nijinski —rebautizado y traducido como Johnny Dancer por sus compañeros del Bureau— cuenta y se cuenta todas esas cosas níveas y heladas mientras otros cuentan la blancura cálida de ovejas para guarecerse de los vientos del insomnio. No le sirve de nada, por supuesto; pero aún así le gusta imaginarlos. Apoyarse en su heroísmo antiguo para convencerse de que su presente misión —aunque menos épica— comparte algo de la grandeza del tránsito de sus antepasados.

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Ivan Nijinski (a.k.a. Johnny Dancer, agente 0471 del Federal Bureau of Investigation, FBI) siguiendo y vigilando al escritor y profesor Vladimir Vladimirovich Nabokov (Влади́мир Влади́мирович Набо́ков, C-File 6556567, errata del agente John F. Noonan a enmendar en el expediente: Vladimar en lugar de Vladimir) y a su esposa Véra Yevseyevna Nabokov (Ве́ра Евсе́евна Набо́кова, C-File 6556566).

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