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Humanizar los mapas, por Sergio González Rodríguez

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El periodista y escritor mexicano Sergio González Rodríguez (Premio Anagrama de Ensayo 2014 con Campo de guerra) reflexiona para Altaïr Magazine sobre cómo en los mapas y el modo en que los utilizamos —en una nueva visión cartográfica del mundo— puede estar la clave para humanizar un presente lleno de retos económicos y tecnológicos. Un texto exclusivo para nuestro 360º sobre Cartografías.


 

Treinta años atrás, Fredric Jameson postuló la necesidad de replantear la cartografía del ser humano frente a lo que llamó la «lógica cultural del capitalismo tardío».

En esa época, y a pesar de que se atestiguaba ya el ascenso de las sociedades post-industriales, el avance de la conversión integral de lo analógico a lo digital en todas las actividades productivas —además de que ARPANET acababa de separarse de su origen militar y convertirse en un instrumento de uso civil que terminaría en Internet e iniciaba lo que sería el auge de los ordenadores personales— era inimaginable aún el mundo en el que ahora vivimos, donde la vida de las personas está inmersa en el ultracapitalismo de las máquinas. Aquí, la persona se ha convertido en una unidad más del sistema de sistemas que rige la vida planetaria.

Jameson (Postmodernism, or, the Cultural Logic of Late Capitalism, en New Left Review 1, 146, 1984), recuperaba la pertinencia del modelo pedagógico-didáctico de cariz marxista para lograr que cada individuo desarrollara su conciencia social sobre la base del saber, el arte y la cultura. Y proponía actualizar dicho modelo de acuerdo con las circunstancias de aquel contexto histórico, para lo cual subrayaba el papel determinante que la idea de espacio debía jugar en tal enfoque: «la concepción de espacio que hemos desarrollado aquí sugiere que un modelo de cultura política apropiado para nuestra situación tendrá por necesidad que plantear las cuestiones espaciales como sus preocupaciones organizativas fundamentales. Por ello, definiré provisionalmente la estética de esta forma cultural nueva (e hipotética) como una estética de trazado de mapas cognitivos».

Si el punto de reflexión al respecto, analizaba Jameson, se puede referir a la urbe en tanto paradigma de las actividades humanas, se impone detectar la función de la memoria, las actividades, las trayectorias de la persona en el tejido urbano y, a partir de allí, apreciar los vínculos entre la escala local, la nacional y la global.

 

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Jameson subrayaba que, debido a la complejidad de la civilización, el mapa cognitivo que emergía estaba lejos de ser un mapa «mimético», pues los problemas inherentes denotaban una posibilidad de representación distinta a la antigua, en particular, al implicar «la representación de la relación imaginaria del sujeto con sus reales condiciones de existencia».

En otras palabras, el mapa cognitivo que describía Jameson permitiría «una representación situacional por parte del sujeto individual de esa más vasta totalidad imposible de representar que es el conjunto de la estructura de la ciudad como un todo».

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