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Inmigrantes inconvenientes

Cherles Ifeadi en la iglesia de Santa Chiara, en Turín, tras llegar de Libia en la crisis de refugiados de 2011.

Los nadies: los hijos de nadie,
los dueños de nada.
Los nadies: los ningunos, los ninguneados,
corriendo la liebre, muriendo la vida, jodidos,
rejodidos.

Eduardo Galeano

En una escena de la película Gangs of New York, de Martin Scorsese, se mostraba la llegada a Nueva York de un barco cargado de inmigrantes europeos que buscaban su oportunidad en el nuevo mundo. Apenas cruzaban la pasarela de la nave hacia el puerto, un hombre bien vestido daba la bienvenida a cada inmigrante dándole un papel y un arma y diciendo: «Este documento te da la ciudadanía, y este otro te hace soldado en el ejército de la Unión. Ahora sal ahí a servir a tu país». Un minuto en América y el inmigrante ya estaba listo para morir por ella.

La historia ha demostrado que en líneas generales, para los países de acogida, los inmigrantes sólo entran en dos categorías: me convienen o no me convienen. Si me convienen —porque necesito soldados, albañiles, técnicos, mano de obra o lo que sea— son bienvenidos; y si no me convienen se convierten en meros nadies, gente que está «en medio» y que sólo es parte de la embarcación o el vehículo que los transporta.

Cada año miles de personas se marchan de sus países por diferentes razones: la pobreza, la búsqueda de un futuro mejor, el miedo, la guerra. No es nada nuevo. Algunos, como el nigeriano Cherles al que fotografió Marco Valentino en Lampedusa en una de nuestras voces, han tenido que escapar de más de un lugar, saltando de conflicto en conflicto. En 2005, de Nigeria a Libia; en 2011, de Libia a Italia. Si el inmigrante que huye lo hace de un lugar en el que hay una guerra declarada, oficial, reconocida por los organismos internacionales, entonces tiene una posibilidad: puede conseguir estatuto de refugiado y tal vez no ser deportado por las autoridades. En cambio, si de lo que huye no tiene nombre de «guerra» ni aparece como tal en los periódicos, si el ejército enemigo se llama «pandillas», «narcos», «guerrilla» o incluso «hambre», entonces las cosas se ponen mucho más complicadas y el destino más probable es la expulsión.

¿Realmente hay una diferencia radical, una raya que divide en dos al grupo de refugiados y al de migrantes? Agus Morales explica en un reportaje para la revista 5W las diferencias (o no) entre las categorías de refugiado, desplazado y migrante, y la conclusión es significativa:

Fronteras. Seguridad. Tráfico de personas. Estados. Desigualdad Norte-Sur. Religión. Integración social. Economía. Guerra. Demasiadas cosas se mezclan en el debate sobre la migración. Hemos visto que algunas categorías se derrumban cuando las bajamos a tierra. Las diferencias no son tan nítidas como parecen.

La posición de los gobiernos, de muchos de ellos, es clara: es una desgracia pero la quiero lejos de mis fronteras. Y cuando los inmigrantes inconvenientes se vuelven demasiado numerosos entonces llega la locura y la barbarie. Se abre fuego contra los que quieren entrar, como en Macedonia, o se construye una valla enorme, como en Hungría; o aún peor, se actúa en connivencia con los traficantes de personas para que se lleven el problema bien lejos, como en Australia, o se les abandona a su suerte en alta mar como con los refugiados rohingya y bangladeshíes en las costas de Tailandia y Malasia.

Porque al final, como decía Galeano en su poema, los nadies acaban valiendo menos que la bala que los mata.

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Voces: La isla de nunca jamás, por Marco Valentino (Altaïr Magazine)

Refugiados, desplazados y migrantes, por Agus Morales (Revista 5W)

Abandonados en alta mar, por Mónica G. Prieto (periodismohumano)