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La ciudad de las flores, por Santiago Higuita

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Fotografía de David Estrada Larrañeta

Tradición arriera y herencia floricultora de más de 50 años, clima primaveral para la flora urbana, gran comercio de flores y embellecidos parques públicos y jardines convierten a Medellín en la ciudad de las flores. El periodista y rapero Santiago Higuita Posada escribe en el 360º sobre Medellín sobre la estrecha relación de la ciudad con las flores y la botánica. Todo acompañado de las excelentes fotografías de David Estrada Larrañeta. Ofrecemos el principio de este espléndido reportaje, gratis y en abierto para nuestros lectores.


La Placita de Flórez, uno de los mercados populares de flores y hortalizas más grandes de Medellín, despierta cuando la mayoría de personas duerme. A las tres de la madrugada el ruido de los automóviles en las avenidas del downtown, que al mediodía es de un tráfico infernal y caótico, se siente solo como un murmullo pasajero.

A estas horas bajo la reina noche las calles del centro de la ciudad son transitadas por vagabundos con sus fieles perros, borrachos sin un peso en el dril dando tumbos, serenateros de frac con sus guitarras a la espera del primer bus y algunas patrullas de policía que rondan con sus sirenas vigilantes.

En la Calle Colombia con carrera 39, en la entrada al barrio Buenos Aires, cerca de donde se construye la estación del nuevo tranvía, un convoy de viejos y destartalados Renaults 12 y jeeps Land Rover de los 70 arriban haciendo estruendo con su carrocería desajustada.

«¡Crac! ¡Crac! ¡Crac!», crujen en medio del frío nocturno.

En sus techos y maletas centenares de tallos de flores sobresalen en un collage de formas y colores. Son traídas desde los campos del Oriente cercano, a menos de una hora de Medellín, donde hay cerca de 1.500 hectáreas de cultivos de flores en invernaderos y al aire libre. A esta pequeña placita llegan los floricultores para surtir a muchas de las 87 floristerías que figuran en la guía telefónica, a los puestos de ventas en más de 50 templos, salones de banquetes y funerarias de la ciudad.

En las habituales madrugadas del sábado pueden llegar a la placita más de 300 comerciantes de flores. La mayoría pequeños productores de Santa Elena y San Cristóbal, corregimientos donde las heladas de 14 grados centígrados de temperatura permiten el cultivo de diversas especies florales.

También se ven otros pocos cultivadores artesanales de lugares cercanos como Guarne y La Ceja, el tercer municipio con mayor exportación de flores cortadas en Colombia; desde este pequeño pueblo, donde se instalaron las primeras floristerías en la década de los 70, salen hortensias para Japón, crisantemos para Estados Unidos —cada febrero de San Valentín se exportan unos 650 mil tallos—, claveles para Reino Unido y Canadá. En la placita además hay algunos vendedores peregrinos de la sabana de Bogotá, que llegan por temporadas a feriar sus productos, sobre todo claveles y rosas.

—Antes las flores eran más escasas —murmura Jaime Mosquera, apostado sobre una caja registradora donde diligencia decenas de facturas—. Hoy en día hay muchos cultivos de flores. Antes la gente tenía que madrugar bastante si quería conseguirlas. Ahora se encuentra mucha variedad y a cualquier hora.

Jaime está al frente de Indiana Flowers, un pequeño local atestado de canastas y productos de jardinería, desde donde despacha más de 1.500 cajas de flores las madrugadas de los sábados. Y no solo para mayoristas. Vendedores de flores al detal llegan allí para comprar las rosas que luego venderán a los enamorados en los bulevares de Junín y la 70.

Tiene 67 años y una barba gris. Ya siendo niño trabajaba con las flores. En 1959 vino por primera vez a la Placita junto a su madre, quien le enseñó los secretos del negocio.

—De aquí fue de donde salió la primera vez el Desfile de Silleteros. Los floricultores que venían de Santa Elena, traían sus flores y las vendían por todo Medellín —recuerda Jaime cómo era entonces esos años—. Aún hay personas que vienen. Pero eso de cultivar y vender ya no funciona. Es mejor dedicarse a una sola cosa.

(…)

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