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La ilustración del viaje y los lugares

Tlatelolco-seismo baja

Las imágenes que van con los textos de ALTAÏR MAGAZINE nunca son superfluas, nunca son redundantes, nunca son meras píldoras gráficas para ayudar a descansar al cerebro de tanta lectura. En las Voces, en los Pasos, en cada artículo de los 360º, las fotografías y la ilustración tiene entidad por sí misma, tanta como para poder hacer un ALTAÏR MAGAZINE completamente gráfico.

La ilustración acompaña los textos con estrategias muy diferentes: en el caso de la Voz que Pedro Strukelj dedicó a la presencia del escritor sardo Marcello Fois en la librería Altaïr, es narrativa. Palabras e imágenes se funden en un todo orgánico, igual que el público y el autor en la conversación. En el de Tyto Alba, que dibujó para nosotros la cabecera de los Pasos publicados por Gabi Martínez, supone una marca de familiaridad con el lector: un nuevo artículo de Gabi nos remite a los temas de la mirada, el paisaje y el viaje resumidos por las acuarelas de Alba.

Mario Linhares, en los Pasos, nos dió un ejemplo clásico de cuaderno de viaje con sus apreciaciones del paisaje y el paisanaje portugués, mientras que en el 360º de México, Esteban Azuela traducía los conceptos de la marca criminal y la necropolítica que azota México con su combinación de armas y logotipos y el gigantesco Ak-47 en el que los carniceros desarrollan su trabajo. El dibujo nos acompaña al delirio de una violencia difícil de asumir con palabras.

Mario Trigo ha ilustrado el Paso de Arturo Páramo que publicamos la semana pasada, sobre el quincuagésimo aniversario del barrio de Tlatelolco, en México DF. Para él, hacer estas ilustraciones no pasan por un mero «eh, sácate un dibujo del barrio de Tlatelolco». Él lee el texto y trata de comprender antes de dibujar:

«Una de las claves de Tlatelolco, en la realidad y en el artículo de Arturo, es la superposición de tiempos arquitectónicos: en el espacio de la unidad habitacional se unen y mezclan los edificios prehispánicos, coloniales y contemporáneos… Muchas emociones y ecos acumulados: el esplendor del mercado tlatelolca, la violencia de la conquista, la proyección moderna de los grandes edificios y sobre todo los traumas de la matanza del 68 y el terremoto del 85. Son todos fantasmas contra el decorado de las grandes construcciones. El perfil de la ciudad es tanto el de sus edificios como el de sus protagonistas trágicos o heroícos».

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Panorama de Tlatelolco.

Una vez que se tiene una visión global y completa del tema que se está tratando, hay que hacer un trabajo similar al que hizo Arturo para componer el texto, que no es otro que tratar de transmitir una realidad a traves de la imagen, como Arturo hizo con palabras:

«El tema y el tono siempre conllevan decisiones en la ejecución. En la composición, en este caso: igualar personas y rascacielos, mezclar las perspectivas y plantar donde no se debería. Es otro modo de hacer paisaje, intentando teñir literalmente los edificios con la memoria pública del lugar. Y así una voluntaria puede ser tan alta como un edificio, una planta de elote puede crecer del pavimento y el logotipo de las olimpiadas del 68 es un faro siniestro. Habría miles de combinaciones posibles, también porque en Tlatelolco hay ya una reserva fotográfica en la que bucear como inspiración. En las instantáneas de la noche del 2 de octubre del 68, por ejemplo, podemos descubrir un gesto definitorio: la desnudez de los detenidos, manos contra la pared, contra los muros. Un gesto que resume un evento y los sentimientos que le acompañan en la memoria política».

Una ilustración en ALTAÏR MAGAZINE es también una toma de posición sobre el contenido del artículo que ilustra. Las ilustraciones son otro modo de hacer periodismo de largo aliento, de defender una manera muy concreta de contar el mundo.