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LA REPÚBLICA BANANERA, por Roberto Herrscher (II)

Costa_Rica_-_workers_cutting_bananas_from_trees_1910-1920LA INDUSTRIA BANANERA TENÍA SU PROPIO VOCABULARIO, SUS PROPIOS TÉRMINOS. UN LENGUAJE DE CONTROL DEBAJO DEL CUAL ESTABAN LOS HOMBRES, DESLOMÁNDOSE POR UN JORNAL MÍSERO. LA SEGUNDA PARTE DEL PASO DE ROBERTO HERRSCHER SOBRE COSTA RICA Y LA REPÚBLICA BANANERA NOS LLEVA A SUS RECUERDOS Y A LA REALIDAD DE UNAS RUINAS AÚN VIVIENTES. 


La lluvia sigue cayendo con furia en el cuadrante de Finca 6. Parece increíble que el cielo guardara tanta agua y no se cansara de escupirla. Es el clima extremo que necesitan estos arbustos para crecer tan rápido y dar sus frutos suculentos, pero no dejo de pensar en la vida durísima de estos hombres, que cada día pasan de chapear y cortar en noche cerrada al sol que baja como cuchillo y al aguacero que anega todo pensamiento.

Henry Rojas ya me llevó a ver el campito de fútbol en medio del cuadrante, la pulpería donde duermen la siesta una veintena de productos de primera necesidad, enmohecidos de tedio, y la escuelita de la plantación, sin ventanas, la misma donde estudió él hace casi medio siglo. Llegamos a ver a otro de sus viejos amigos.

Claudio Barrantes Vargas parece más entero que Chepe Matarrita, con el pelo engominado y azabache. Está flaco y fibroso. Debe estarlo: nos abre la puerta una muchacha que podría ser su hija o hasta su nieta, pero es su nueva pareja. Claudio piensa que ante un periodista tiene que dejar bien parada a la compañía, así que se esmera en decir que lo tratan bien, como si estuviera en un hospital o una residencia.

«Nací en el 43, en Guanacaste, pero me vine pequeñito para Limón», dice Claudio casi en mi oído. Se escucha la lluvia muy fuerte, el viento, las gotas sobre el pasto recién cortado, en el borde de la plancha de cemento que rodea la casita.

Claudio trabaja para Dole —todavía la llama la Standard, como todos— desde 1968. «Aquello era más diferente, era más barato todo», grita con nostalgia. La lluvia se puso todavía más bíblica. «Uno ganaba poquito, pero todas las fincas estaban llenas, había más gente, más poblado.»

Me cuenta de la llena de 1970, de cómo se inundó todo, y al escuchar el retumbar cercano de los truenos, me temo lo peor. Pero es lo normal aquí.

Pese a su nostalgia del pasado, Claudio Barrantes piensa que «ahora lo consideran mejor a uno, correr era más antes, por contrato, pero ahora a la fruta hay que tratarla como una persona, no se quiere que se maltrate. Y así lo dicen los jefes, y cuanto mejor el banano, más dinero. Gracias a Dios estamos aquí, y contribuimos a que todo sea mejor…»

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