Libros: Euforia, de Lily King

EUFORIA (b)

Por Ana Belén Herrera

Al llegar al pasaje en que se narra el trío amoroso entre la antropóloga Margaret Mead, su marido Reo Fortune y Gregory Bateson, en la Nueva Guinea de los años 30, Lily King supo que iba a escribir una novela sobre esa historia. Así nació Euforia (Malpaso, 2016). Era 2005 y la escritora estadounidense Lily King estaba leyendo la biografía de Margaret Mead, la brillante antropóloga que introdujo el estudio de la infancia y la mujer en la antropología. Mead (1901-1978) fue muy popular en su época. Los estudios que publicó, siempre polémicos y criticados, fueron de gran influencia en el movimiento feminista, y tuvieron un gran alcance entre el público no experto en antropología gracias a su estilo narrativo sencillo y claro. En el terreno personal, Margaret Mead destacó por su independencia y por su fuerte personalidad. Era bisexual y se casó tres veces. Para ella, trabajo y vida personal estaban estrechamente ligados, y casi todas sus parejas provenían del mundo de la antropología.

La Margaret Mead que muestra Lily King en Euforia ya se había convertido en un personaje célebre. Hacía cinco años que había publicado con gran éxito Adolescencia, sexo y cultura en Samoa (1928), obra en la que analizaba la adolescencia en Samoa y la comparaba con la misma en Estados Unidos, concluyendo que los jóvenes samoanos sufrían menos presión y confusión que los jóvenes estadounidenses, al ser la sociedad samoana más tranquila y tener más tolerancia con el sexo entre los jóvenes que la norteamericana. Margaret Mead estaba casada en aquella época con Reo Fortune, antropólogo formado como psicólogo, con el que compartió estudios de campo en Nueva Guinea entre 1931 y 1933. La acción literaria comienza cuando en fin de año de 1932, Margaret Mead y Reo Fortune, convertidos en Nell Stone y Schuyler Fenwick (Fen) en Euforia, se encuentran con el antropólogo británico Gregory Bateson en el río Sepik, Andrew Bankson en la novela, justo después del intento fallido de suicidio de este último.

«Cincuenta y tres cartas de lectores. Fen leyó algunas de ellas impostando la voz: “Querida señora Stone, me parece una gran ironía que pretenda ‘liberar’ a nuestros niños con sus descripciones gráficas de conductas cuya simple lectura los condenará al fuego eterno del infierno”. La expresión de Fen al pronunciar “fuego eterno” me hacía llorar de la risa.»

Meses atrás, Margaret Mead y Reo Fortune habían estado viviendo en las montañas con el pueblo de los arapesh. Luego se habían establecido con los mundugumor, que vivian junto al río Yuat. Buscando una tercera sociedad para estudiar, se habían dirigido al río Sepik. Subieron el Sepik hasta Kankanamum, donde se encontraron con Gregory Bateson. Bateson estaba estudiando a la tribu de los iatmul. Estaba especialmente interesado en una ceremonia llamada naven, en la que se practicaba el travestismo y se invertían los roles sexuales (Naven. Un ceremonial iatmul, 1936). Deprimido y con ganas de compañía, Gregory Bateson llevó a Margaret Mead y Reo Fortune a una comunidad vecina de los iatmul, los tchambuli. Así el matrimonio encontró su tercer objeto de estudio y Bateson ganó unos vecinos y colegas de trabajo. Mead, Fortune y Bateson colaboraron estrechamente en este periodo. De sus frecuentes debates, y de una lectura en común de la obra de la antropóloga Ruth Benedict, Patterns of culture, surgió la idea de Margaret Mead de crear un mapa para clasificar los distintos tipos de roles sexuales en base a unos modelos de temperamento.

«[Nell] Era sistemática, organizada, ambiciosa, un camaleón capaz no de imitarlos, sino de convertirse en su reflejo. No parecía que fuera algo consciente o calculado; era simplemente su forma de trabajar. Yo temía no poder librarme nunca de mi pose de “inglés entre salvajes”, a pesar del respeto genuino que había desarrollado por los kiona. No obstante, ella, con solo siete semanas, estaba más integrada entre los tam de lo que yo lo estaría nunca en ninguna tribu, por mucho tiempo que pasara.»

Margaret_Mead_(1901-1978)

Margaret Mead

Para Bateson, el encuentro con Margaret Mead en el río Sepik fue vital. Mead tenía una confianza en su trabajo y en sí misma que a Bateson le faltaba, mientras que él le aportaba a ella libertad en la elaboración teórica y en el método de trabajo. Ambos sintonizaban, a la vez que Fortune quedaba al margen. Un año después de este viaje, tras divorciarse Margaret Mead de Reo Fortune, ella y Bateson se casaron. Los detalles de lo  que pasó entre los tres en aquella jungla de Nueva Guinea nunca se sabrán, aunque es un episodio que despierta fácilmente la imaginación: la selva, el calor, el sexo como finalidad de estudio, el deseo, los celos, la posesión…

Lily King se deja llevar por su fantasía para construir una historia de amor y pasiones al margen de la su sociedad, a la vez que recrea un periodo en plena ebullición de la antropología en el que se comienza a cuestionar el modelo colonial. Inspirándose en las biografías de los personajes reales, Lily King dota a cada uno de sus protagonistas de una personalidad que se ajusta al vértice del triángulo que le ha tocado en esta historia. Nell (Margaret Mead) es una mujer racional y disciplinada, decidida, entregada a su trabajo. Su marido, Fen (Reo Fortune), es en cambio un hombre primario, interesado más en vivir como los pueblos que estudia, que en teorizar sobre ellos. Es celoso, posesivo, violento. Es el personaje menos desarrollado de la novela, aunque el más interesante por la complejidad que se le intuye. Andrew Bankson (Gregory Bateson), el tercero en discordia, es sensible, idealista, frágil. Él pone la principal voz en esta novela, que tiene tres narradores: Bankson, Nell a través de sus diarios, y un narrador omnisciente, la misma Lily King.

«—No hay nada en el mundo primitivo que me sorprenda, Bankson. O no, más bien, lo que me sorprende del mundo primitivo es cuando percibo cualquier indicio de orden y ética. Todo lo demás (el canibalismo, el infanticidio, los ataques, las mutilaciones) me resulta comprensible, casi razonable. Siempre he visto el salvajismo que se oculta bajo la pátina exterior de la sociedad. No está muy lejos de la superficie, vaya donde vayas. Incluso en Inglaterra, estoy seguro.»

Euforia huele a tragedia desde su primera página. Si la historia real acabó en divorcio y nueva boda, Lily King reserva a sus lectores una sorpresa final más acorde con el modelo de amor romántico que desarrolla, y a costa del cual, posiblemente, Margaret Mead se hubiera echado unas buenas risas. Sea como sea, el libro engancha y deja en la memoria un puñado de buenos diálogos, además de tener la enorme virtud de resucitar la figura de Margaret Mead, que ha quedado relegada a los libros de textos para estudiantes de antropología. ¿Y qué papel tienen los pueblos del río Sepik que el trío de antropólogos estudian? Lily King no los olvida, y quedan retratados fielmente tomando como referencia el libro que Margaret Mead publicó sobre este viaje: Sexo y temperamento en las sociedades primitivas (1935).


 

Sobre las sociedades arapesh, mundugumor y tchamuli (llamadas anapa, mumbanyo y tam en Euforia) en Sexo y temperamento en las sociedades primitivas (Margaret Mead, 1935)

«[Los arapesh] entienden las diferencias entre sexos en términos de las implicaciones sobrenaturales de las funciones de macho y hembra, sin esperar manifestaciones naturales de estas diferencias en las cualidades sexuales. Por el contrario, consideran a hombres y mujeres como innatamente pacíficos, responsables y dispuestos a colaborar (…). Han envuelto con deleite esa parte de la paternidad que nosotros consideramos como específicamente maternal, ese minucioso y delicado cuidado del niño y la generosa satisfacción de verle progresar hacia la madurez.»

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«Entre los mundugumor, el ideal de carácter es idéntico para los dos sexos, (…) se espera que, tanto hombres como mujeres, sean violentos, batalladores, sexualmente agresivos, celosos y prestos a vengar el insulto rápidamente captado, gozando en el exhibicionismo, la acción y la lucha. Los mundugumor han seleccionado, como ideal, los tipos de hombres y mujeres que los arapesh consideran tan incomprensibles que difícilmente aceptan su existencia.»

«Aunque la organización de los tchambuli es patriarcal, aunque existe la poligamia y el hombre paga por la esposa (…), en realidad son las mujeres las que detentan el poder en esa sociedad. La herencia por la línea paterna incluye casas y tierras (…). Pero para alimentarse, la gente depende de las pesca de las mujeres. (…) Es cierto que permiten a los hombres hacer las compras, tanto de alimentos en el mercado, como en la venta de las mosquiteras. (…) Pero [el hombre] necesita el permiso de su esposa para gastarse los talibun y kina y los rosarios de anillos conus que se trae. (…) los hombres pueden sentir deseos sexuales, pero de poco les valdrá a menos que sus esposas estén directamente interesadas en ellos; por supuesto, sus esposas prefieren el autoerotismo.»


Euforia
Lily King
Malpaso, 2016. 266 páginas.