LIBROS: Tres libros ilustrados de viajes

EL VIAJE CUBIERTA_artwork_frontal

El viaje de Shackleton, de William Grill

«Se buscan hombres para viaje peligroso, sueldo bajo, frio extremo, largos meses de completa oscuridad, peligro constante, no se asegura retorno con vida. Honor y reconocimiento en caso de éxito.»

Este es el anuncio que Ernest Shackleton (1874-1922) puso a principios de 1914 para reclutar a la tripulación de la expedición que preparaba a la Antártida. Respondieron 4000 personas. La era de las grandes expediciones estaba llegando a su fin y apenas quedaba suelo inexplorado que pisar. Roald Amundsen había llegado al Polo Norte en 1911, y sólo quedaba un desafío que enfrentar: atravesar la Antártida por tierra. Shackleton recogió el guante de este reto y a bordo del Endurance («resistencia») puso rumbo a la Antártida con una tripulación de 27 hombres. La expedición fue un fracaso y el Endurance quedó atrapado en el hielo, que acabó por romperlo y hundirlo.

weddell seaLa pérdida del Endurance supuso el comienzo de la verdadera aventura. Shackleton se propuso volver a casa sin ninguna pérdida humana. Y lo consiguió. Todos les daban por muertos, pero Shackleton y sus hombres, tras dos años de penurias y condiciones extremas, y con la fuerza de voluntad intacta, lograron volver a la civilización.

«Elegí la vida por encima de la muerte para mí mismo y para mis amigos… Creo que está en nuestra naturaleza el deseo de explorar, de adentrarnos en lo desconocido. La única derrota verdadera sería la de no salir a explorar jamás.»

William Grill, joven estrella del libro ilustrado británico, es el encargado de teñir esta epopeya de profundo azul de mar y blanca inmensidad de nieve. Y entre el espectacular infinito, destacando con humildad de héroes, las figuras diminutas de los 28 hombres que, hazaña tras hazaña, consiguieron vencer a la naturaleza más salvaje y poderosa.

El viaje de Shackleton
William Grill
Impedimenta, 2014. 80 páginas.


9788416440221

Ítaca, de C.P. Cavafis

La Ítaca del poeta griego C. P. Cavafis no es la misma Ítaca de Homero. Mientras la Ítaca de Homero es el destino final de las aventuras de Ulises, el premio tras las dificultades de la travesía, la Ítaca de Cavafis representa la aventura en sí misma. La Ítaca de Cavafis no tiene un solo protagonista, sino que cada lector es protagonista de su propia Ítaca, de su viaje. La Ítaca de Cavafis es principio y fin y camino. Hay muchas Ítacas, y lo de menos es si son feas o bonitas, porque lo que importa no es la tierra adonde se llega si no cómo se llega a ella.

«Cuando la travesía emprendas hacia Ítaca,
Pide que sea largo tu camino,
Lleno de aventuras, pleno de saberes.»

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Constantino Petrou Cavafis (1863-1933) apenas publicó en vida. Tan solo algunos poemas que imprimía él mismo y daba a leer a aquellos que él sentía que podían entender su arte. Aún así, no pudo evitar que su obra llegara inmortalizada hasta nosotros, en gran medida gracias a E. M. Forster, autor de Pasaje a la India y Maurice, entre otros, que conoció a Cavafis en Alejandría, mientras estaba destinado como funcionario en la Cruz Roja. La popularidad de Cavafis creció a su muerte, hasta ser considerado hoy en día como el mayor poeta griego moderno.

«Ten a Ítaca en la mente.
Llegar allí es tu destino.
Pero sin prisa ninguna en el viaje.»

La Ítaca de la editorial Nórdica está vestida de las ilustraciones de Federico Delicado, pintor e ilustrador de larga trayectoria, que actualmente dedica su genio a ilustrar libros infantiles de juveniles. En Itaca, Federico Delicado mezcla mapas y figuras humanas creando un bello collage en el que los territorios emanan del interior de las personas y no al contrario.

Como dice Vicente Fernández González, traductor al castellano de Ítaca:

«La idea de que lo que importa es el viaje se ha convertido ya en un tópico, una trivialidad que llega a fatigar. La lectura de Itaca, sin embargo, invita a la reflexión, a la consideración de que no se trata de cualquier viaje. ¿El viaje a la libertad? ¿A la utopía? ¿La Ítaca del deseo?»

Ítaca
C. P. Cavafis
Nórdica Libros, 2015. 64 páginas.


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Las encantadas. Derivas por Galápagos, de Charles Darwin y Herman Melville

Dos escritores, dos viajes, dos nombres. Un solo lugar. Charles Darwin visitó las islas Galápagos cuando aún era un aprendiz de naturalista de 22 años. En 1835 se embarcó en un viaje alrededor del mundo a bordo de la HMS Beagle. El viaje duró 5 años y definió la forma en que Darwin entendía la historia natural. La HMS Beagle hizo una parada de 5 semanas en las islas Galápagos y el joven Darwin tuvo la oportunidad de recoger numerosas muestras de flora, fauna y minerales que le servirían de base para su posterior tesis sobre el origen de la especies. Darwin dejó testimonio de esta experiencia en el archipiélago Galápagos en un diario en el que destacan sus descripciones detalladas y su punto de vista científico.

«Vayamos ahora al orden de los reptiles, que forma, quizá, el rasgo más peculiar de la zoología de estas islas. Las especies no son numerosas, pero el número de individuos de cada clase es extraordinariamente elevado. Hay una clase tanto de tortuga de mar como de tierra, cuatro de lagartos; y de serpientes aproximadamente el mismo número.»

clip_image001Y junto a las anotaciones naturalistas de Charles Darwin, en la edición de Círculo de Tiza encontramos la crónica literaria que escribió Herman Melville de su viaje a las Galápagos, o como también eran conocidas y él las llama, las islas Encantadas.

«Pensad en veinticinco montones de ceniza diseminados, aquí y allá, por un solar de las afueras de la ciudad; imaginad que algunos son tan grandes como montañas y que el descampado es el mar, y tendréis una idea exacta de la apariencia general de Las Encantadas.»

Melville tenía 24 años cuando llegó a las Encantadas. Llevaba desde los 19 viajando y ya había recorrido los Mares del Sur, las Marquesas, donde estuvo viviendo con una tribu caníbal, Tahití, Hawai, Maui… En las Encantadas quedó fascinado por su paisaje agreste y por las tortugas centenarias, que retrata como seres casi fantásticos dotados de una extraña inteligencia. Mientras Darwin da una visión desmitificada y analítica de las Galápagos, Melville juega en todo momento con la cualidad mágica de las islas Encantadas.

«El carácter aparentemente huidizo e irreal de la ubicación de las islas fue probablemente la razón por la cual los españoles las llamaron Las Encantadas o Archipiélago encantado.»

Darwin y Melville, dos versiones de un mismo viaje, dos puntos de vista que completan la visión de unas islas que todavía hoy despiertan la fascinación del viajero y del lector. La editorial Círculo de Tiza envuelve los textos de estas dos eminencias de la literatura y la ciencia con grabados e ilustraciones de la época que se integran en el texto de forma orgánica, intercalándose figuras de tortugas, aves y flora variada en los distintos párrafos y determinando su forma visual. Y para acabar de rematar esta imperdible edición, tres pequeños ensayos de los escritores y poetas Carlos Jiménez Arribas, Francisco León y Francisco Ferrer Lerín.

Las Encantadas. Derivas por las Galápagos
Charles Darwin y Herman Melville
Círculo de Tiza, 2015. 192 páginas.


Ilustrados de viaje en la librería Altaïr.

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