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MALDITA BUENA SUERTE, por Xavier Aldekoa

Nam Monzo nunca había querido ser rico. Al menos, no especialmente rico. Sí le habría gustado tener lo suficiente para no invertir salud en sus anhelos, pero a sus 54 años, tres hijas y dos hijos, los deseos materiales le cabían en unas manos llenas de callos y una red de pesca mal zurcida.

Monzo había empezado a pescar con su padre y de mayor continuó haciendo lo mismo. Durante un tiempo, alimentó a su mujer y sus hijos de los peces y crustáceos del Delta del Níger (Nigeria) y la vida casi amagó con ser sencilla.

Su vida era una canoa de madera, madrugones diarios y, al atardecer, llevar a los niños a nadar a una poza que se formaba en un recoveco del río. En la otra orilla, a menudo veían monos, ciervos e incluso algún cocodrilo. Todo eso acabó por un golpe de suerte.

A mediados del siglo XX, ingenieros británicos, holandeses y alemanes se adentraron en las zonas pantanosas del delta. Al principio, los lugareños pensaron que los hombres blancos buscaban aceite de palma, la mayor riqueza del lugar. Pronto descubrieron que no.
En 1956, los europeos anunciaron exultantes que debajo de las fértiles tierras del delta del Níger se escondían las reservas más importantes de petróleo de África. Aún faltaban cuatro años para que Nam Monzo llegara al mundo y acababan de condenarle. Maldita buena suerte…

Una nueva historia de Xavier Aldekoa y Muzungu Producciones en AltaïrMagazine.com

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