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Odi et amo, por Héctor Abad Faciolince

Ilustración de Bárbara M. Díaz

El escritor Héctor Abad Faciolince nos habla en nuestro 360º sobre Medellín sobre su región, Antioquia, «pronunciada a la manera griega, con acento en la «o»», como se encarga él mismo de aclararnos al principio de su texto. Una visión muy personal sobre un lugar que se siente especial y donde muchos de sus habitantes jamás han alcanzado a ver el mar. Dejamos a continuación un fragmento del artículo, en abierto para todos los lectores.


La región se llama Antioquia (como la ciudad antigua, Antioquía, pero pronunciada a la manera griega, Ἀντιόχεια, con acento en la «o») y es una de las más montañosas de Suramérica. Montañosa y selvática. Desde la Patagonia es posible viajar en automóvil hacia el Norte hasta que las selvas, humedales y montañas de Antioquia y Chocó se interponen, como un mar verde impenetrable. Lo mismo ocurre de Norte a Sur: es posible conducir desde Toronto y atravesar Estados Unidos, México, Guatemala, Honduras, Nicaragua, Costa Rica y Panamá, en general por buenas carreteras. Pero donde termina Panamá y empieza Colombia, de repente, todas las carreteras se interrumpen y surge un mar de árboles, montañas y pantanos. Hay una inmensa selva lluviosa tropical, y ya no es posible seguir en carro. Ni siquiera a caballo; solamente a pie. Ahí, en esa zona conocida como «el tapón del Darién», empieza mi tierra montañosa y aislada. Si las Américas no están unidas por tierra es porque mi región impide el paso de propios y extraños. De Colombia a Panamá, y viceversa, tienes que ir a pie o en canoa, como en el siglo XIV, o en barco por el Pacífico o el Atlántico, como en los tiempos de las carabelas.

Supongo que la geografía explica algunas cosas: Antioquia es un nudo de montañas inhóspitas, encerradas en sí mismas, todavía hoy en día muy mal comunicada por tierra. Y en la mitad de la cordillera central, en un valle estrecho a 1.500 metros de altitud, surge Medellín, con más de tres millones de habitantes en su área metropolitana, la segunda ciudad de Colombia, que a partir de la Independencia de España, en 1819, ha sido la capital del oro, del café, de la industria, y finalmente de la cocaína, a finales del siglo pasado. Y ahora, supuestamente, o al menos en los sueños, la capital de la redención y la esperanza de un país mejor.

En Antioquia hablamos un castellano bronco y antiguo, con una «s» sonora que solo se conoce en pocos pueblos de España. Nos tratamos de vos, entre amigos, que es un trato igualitario, y en familia de usted, que es la fórmula de respeto. El «tú» es una novedad que introdujo la televisión emitida desde Bogotá, y aunque todavía no hemos aprendido a usar bien ese pronombre de familiaridad, los jóvenes lo emplean cada día más. A una hora de Medellín, conduciendo hacia abajo por carreteras serpenteantes, se llega a la zona tórrida, hirviente, de las tierras bajas del río Cauca: «tierra caliente». A una hora hacia arriba por carreteras que se asoman a los precipicios, se llega a la «tierra fría», gélida todo el año. Por eso se dice que Medellín tiene tres pisos: uno caliente, uno templado, otro frío.

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