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Paraguay: La China de América, por Ignacio Telesca

La amplia visión de Ignacio Telesca, coordinador de una completa Historia del Paraguay (Taurus, 2010), nos permite acercarnos a la historia de esa «isla rodeada de tierra», como la llamó Augusto Roa Bastos, una historia paraguaya que va más allá de fechas, batallas e hitos señalizados. Lo publicamos en nuestro monográfico 360 sobre Paraguay y aquí ofrecemos gratis un extracto.


Creo que el Paraguay es desconocido por varias razones, pero principalmente porque es uno de los países más pobres del continente, con todo lo que trae aparejado esa realidad. Si bien en los últimos años se ha dado un crecimiento económico en base a la exportación de soja y carne, este crecimiento no llegó al resto de la población. Según datos oficiales (Encuesta Permanente de Hogares del 2013) una tercera parte de la población está empobrecida y una quinta empobrecida extremadamente. Para la CEPAL, para el mismo año, los primeros representaban la mitad de la población y los segundos el 28%. Estos datos significan, en pocas palabras, mala educación pública, mala salud pública, etcétera.

Hay otras razones también, como que fue un país receptor de poca inmigración europea, por lo que las relaciones y los conocimientos fueron menores. Cuando se comienza a producir la ola migratoria importante, a fines del siglo XIX, el Paraguay salía de una guerra total, la Guerra de la Triple Alianza, en la que su población se había sido reducida a menos de la mitad y su economía había sido destrozada. No era éste un lugar ideal para un inmigrante pobre, aunque sí para los capitalistas que compraron gran cantidad de tierra y se fueron creando los grandes latifundios dedicados a la explotación de la yerba mate (como la Industrial Paraguaya) y a la extracción del tanino de los quebrachos (como la Carlos Casado).

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El tema de los jesuitas es un punto más que interesante, y por varios motivos. La experiencia de las misiones con guaraníes que la Compañía de Jesús tuvo en estas partes es más que conocida allende las fronteras, y ya desde los siglos XVII y XVIII.  La bibliografía es inmensa y se renueva constantemente. Sin embargo, la única obra escrita sobre el tema por un historiador paraguayo fue hace más de cien años, en 1897. Blas Garay fue el encargado de prologar la traducción castellana de la obra de Nicolás del Techo, y ese largo prólogo se convirtió ese mismo año en libro (El comunismo de las misiones de la Compañía de Jesús, Madrid, Imprenta de Tello).

Esto tiene una explicación. Tras la Guerra de la Triple Alianza (y siempre hemos de volver a la guerra) el país tuvo reconstruirse casi de la nada. Y también a nivel identitario tuvo que reconfigurarse: ¿Qué era el Paraguay, qué significaba ser paraguayo?

Los vencedores tenían su versión: «La civilización había vencido a la barbarie». Incluso lograron que el Parlamento paraguayo aprobase una ley en 1871 en la cual se declaraba al Mariscal Francisco Solano López, que había dirigido el país durante la guerra, «asesino de su patria y enemigo del género humano»

Cuando se preguntaban sobre por qué el pueblo paraguayo había soportado la tiranía de Solano López, encontraban la respuesta en la Compañía de Jesús: los jesuitas habían enseñado a los paraguayos a vivir en la obediencia y el sometimiento.

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