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UN RETO SOBRE DOS RUEDAS

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Por Paty Godoy

En la plaza mayor de Burgohondo aún queda rastro de las últimas fiestas del pueblo. Las gradas que cada año se habilitan para que la gente disfrute del tradicional encierro de toros y vaquillas siguen en pie. Los vecinos de esta pequeña localidad de Ávila no se han repuesto de la resaca que les dejó los seis días de celebración y ya tienen de nuevo en casa otro festejo.

Son las 5 de la tarde y  la plaza está rodeada por unos 200 curiosos. Justo aquí están a punto de cruzar los primeros ciclistas de una de las carreras de mountain bike más duras y exigentes del mundo. Uno de esos vecinos curiosos es Justino García, un veterano habitante de Burgohondo que espera sentado y con cierta ilusión a que pase el espectáculo sobre dos ruedas. «Si no fuera por estas cosas, todo aquí estaría muy apagado», me dice Justino, que reconoce que no es aficionado ni a las bicicletas ni a ningún otro deporte, pero le gusta que «haya vida» en el pueblo.

El ir y venir de decenas de forasteros, el veloz pedaleo de los ciclistas y una música disco  a todo volumen, han roto la habitual calma de Burgohondo, que según el censo oficial tiene unos 1.300 habitantes. Un pintoresco pueblecito que presume de poseer una de las joyas turísticas de la región: la antigua Abadía románica de Burgohondo.

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Subir a una bicicleta de montaña y pedalear sin parar 770 kilómetros que separan Madrid de Lisboa. Ese es el reto que plantea esta carrera de larga distancia en formato non stop. O lo que es lo mismo, montar una bici todo terreno sin descanso. Solo o en relevos. Día y noche. Es la «Powerade Non Stop Series» una competición de categoría extrema que ya en su titulo invita al reto: «Desafía tus límites».

Es viernes al mediodía y la carrera, formada por un pelotón de 800 ciclistas, parte del Polideportivo Navalcarbón de las Rozas en Madrid con rumbo a la capital portuguesa, a donde los mountain bikers más experimentados llegarán unas 30 horas más tarde. Entre medio, 10 pequeños pueblos convertidos en estaciones de hidratación en las que los ciclistas hacen una miniparada, y, quienes compiten en equipo, cambian de relevo.

Mi misión aquí es seguir, durante dos días y a bordo de un coche, esta carrera non stop. (Aunque esta regla solo se aplicará a los ciclistas, no a los periodistas). Cinturón bien puesto, que vienen curvas. El camino que transitamos bordea la Sierra de Gredos, el Valle del Jerte y sigue la estela del río Tajo.

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En las primeras etapas de este recorrido nos internamos en la España profunda: Burgohondo y Navalperales de Tormes en Ávila; Navaconcejo, Cañaveral, Alcántara y Cedillo en Cáceres; este último pueblo de casi 500 habitantes es la última frontera española antes de llegar a Portugal. Es fin de semana y estamos de suerte: el  puente privado de la central hidroeléctrica (propiedad de Iberdrola) está abierto. Así nos ahorramos los 100 kilómetros por la carretera. Cruzar el río Tajo por esta particular frontera privada nos toma unos 10 minutos, lo equivalente a transitar solo 14 kilómetros.

Una vez entramos en territorio luso, la expectación y el entusiasmo que se vivió en las estaciones de hidratación instaladas en los pueblecitos españoles disminuye al mínimo. El cansancio entre los mountain bikers comienza a hacer estragos. Son las últimas etapas, las más duras.

A esta hora, los equipos de dos, tres o cuatro participantes e incluso quienes hacen el formato Solo, ya han pasado una noche en el camino: cruzando pistas, senderos y carreteras. La gran hazaña de la carrera la han hecho los casi 60 ciclistas que participan en la categoría más dura y exigente: el Solo. Quizá por eso en la meta final instalada en el Parque de las Naciones de Lisboa, a un costado del gran río Tajo, todos estamos pendientes de la llegada de las estrellas de esta carrera: lo que se atrevieron a pedalear solos los 770 kilómetros. Si ya el reto es mayúsculo para quien lo hace en equipo. No puedo ni imaginar el esfuerzo físico y mental que supone este desafío para una sola persona.

Para intentar entenderlo pregunto a Jordi Pereira, que obtuvo el tercer lugar en esta categoría con un tiempo de 40 horas y 53 minutos. Este apasionado mountain biker, originario de Avinyonet de Puigventós me da algunas pistas.

«Si a ti te gusta algo y lo quieres conseguir tienes que esforzarte, y después lo disfrutas.

Para mi es muy sencillo, lo puede hacer cualquiera».

—¿No hay misterio?

—Bueno, hay que saber sufrir.