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El cazador confuso

Por Sonia Fernández

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Todo en Mia Couto parece escaparse de la extendida imagen que se tiene de los escritores de este continente, para mayor perplejidad de aquellos que acostumbran a mirar desde márgenes estrechos. Es un escritor blanco nacido en el norte de Mozambique e hijo de colonos europeos, que utiliza el portugués mozambiqueño mezclado con otras lenguas de su país natal para escribir. Y frente a la intención de muchos de intentar incluirle o excluirle de la etiqueta de “literatura africana”, el que está considerado uno de los escritores más importantes de las lusofonías, piensa que es parte de un juego de intereses y cuando alguien se lo pregunta responde que se siente más cercano a la literatura brasileña que a ninguna otra.

Escaparse de los marcos y mostrar otras realidades son algunas de las características de este autor. Couto lo vuelve a hacer en cada uno de sus libros, siempre desde una voz poética, transmitiéndonos que el resto del mundo, aquel que no forma parte de nuestra más inmediata cercanía y conocimiento, no es como ninguno de nosotros nos imaginamos. Así, el escritor, un maestro a la hora de alzar universos sobre el frágil suelo de los sueños, nos ofrece atmósferas complejas que rozan el límite entre lo verosímil y lo encantado. Sin embargo, él escribe sobre duras realidades, como la travesía que supuso la guerra civil mozambiqueña (Tierra sonámbula), las herencias del colonialismo o la falta de “una tierra toda entera, un inmenso rapto de esperanza practicado por la ganancia de los poderosos” (como él mismo describe en El último vuelo del flamenco), o los silencios que planean en todas sus obras.

La conjunción mágica y comprimida en doscientas doce páginas de desgarradora belleza y tremenda realidad que es La confesión de la leona (Alfaguara, 2016), está escrita en origen en portugués. Se ha dicho en múltiples ocasiones que Couto reinventa dicha lengua a través de construcciones y deconstrucciones del lenguaje, bien a base de neologismos, juegos de palabras o innovaciones varias. Tal riqueza ha sido traducida en esta ocasión al castellano de manera extraordinaria por Rosa Martínez Alfaro, una gran conocedora del país y del autor. Además, a diferencia del resto de su narrativa hasta el momento, el autor se ha inspirado en hechos y personajes reales.

mia_coutoMia Couto es escritor en sus ratos libres. De profesión es biólogo y por esta razón tuvo acceso a la historia que cuenta en esta novela. En 2008 su trabajo le llevó a una aldea mozambiqueña en la que durante un período de cuatro meses los leones atacaron mortalmente a veintiséis personas. A pesar de que convencieron a la compañía petrolífera para la que trabajaban de que contrataran cazadores que acabaran con los felinos, la tarea de aquellos se tornó baldía cuando se les comenzó a sugerir que se enfrentaban a fuerzas del mundo invisible, ante las que las armas convencionales no servían.

Acceder al universo coutiano es saber de antemano que nos vamos a introducir en un espacio en el que la sensación de confusión será continua. Tenemos que dejar fuera nuestras percepciones occidentales para poder absorber el cosmos mozambiqueño en el que el escritor nos envuelve en La confesión de la leona. Estamos hablando de entregarnos a una continua situación en equilibrio, entre el sueño y la realidad, en la que los muertos tienen incluso más peso que los propios vivos, y en la que, en ocasiones como ésta, los límites entre el mundo animal y el humano se difuminan de manera prodigiosa. Todo lo cual forma parte de la misma realidad, la que se vive de manera natural en Mozambique (y en muchos lugares de África).

Mariamar, una de las narradoras, vive bajo la tiranía de un padre que la somete a una situación asfixiante y sabe que cuando el sol despunta es igual ser gacela o león; tienes que empezar a correr. El terror y el miedo se han adueñado de la aldea de Kulumani que continúa en guerra para las mujeres y en donde todos son infelices, sobre todo ellas, siempre excluidas, apartadas y borradas. Silenciadas bajo el puño ancestral, patriarcal y violento del hombre. Veinte mujeres han sucumbido ya de manera atroz bajo las garras de un león, una leona o un trío de ellos, entre las que se encuentra la propia hermana de Mariamar, la última víctima, en cuya familia se centran las pesquisas. Internados en un bosque de palabras, proverbios y metáforas, iremos comprobando que en esta aldea hay leones de la sabana, leones fabricados por el hombre y hombres leones. Y que todos ellos, para nuestra sorpresa, son de verdad.

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Mia Couto nos introduce en un lugar donde se puede morir devorada por el vacío de no amar y devorar por el deseo de ser amada, donde el cobijo se busca en los antepasados y se utiliza la tradición para violar, y donde los propios seres humanos enseñaron a los leones a transgredir los límites al abandonar los cadáveres tras la guerra civil en las carreteras. Una aldea donde el terror y el miedo a que las situaciones de poder, basadas en la tradición, den la vuelta, urgen a poner fin a los violentos ataques y a la cadena de acontecimientos, sobre todo cuando comienza a sembrarse la duda de si acaso los que los llevan a cabo puedan ser mujeres.

Un hombre que caza pero no mata (Baleiro) es llamado para tal labor. Le acompaña un escritor, a quien han contratado para poner por escrito la hazaña, y sus propios fantasmas encerrados en su íntima historia, que incluye un fugaz paso, en el pasado, por la aldea del que apenas le queda rastro. La escritura como manera de redimirnos, de sacar fuera nuestros fantasmas y de contar nuestra propia historia ya aparecía en Tierra sonámbula y vuelve a aparecer en este texto de forma doble. El diario que escribe Mariamar es el contrapunto al que acomete el confuso cazador y son las dos caras a través de las cuales nos llega la historia.

Mia Couto lo ha vuelto a hacer, ha conseguido un texto ensoñado que nos encanta y nos horroriza a partes iguales y ha querido mostrarnos que en la historia de la caza la presa es la que tiene más relevancia. Y si “solo los humanos saben lo que es el silencio”, su voz también es la de más valor.

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Los libros que lee la redacción

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Fotografía de Jorge Mejía Peralta (CC-BY 2.0)

Es una pregunta común, miles de personas la hacen cada día en todo el mundo. «¿Qué estás leyendo ahora mismo?» Y en seguida te cuentan lo que leen pero también lo que rodea a lo que leen. «Yo no leo ficción, me aburre», dice uno; «Yo al contrario, sólo me engancho a novelas, los ensayos no son para mí», contesta otra. «Apenas tengo tiempo para leer, sobrevivo con lo que leo en el metro y cinco minutos antes de dormir.» «Yo me levanto a las seis y media para poder leer un rato antes de empezar la jornada.» «Yo soy de noches en vela sin poder parar de leer y luego, claro, al día siguiente voy a trabajar dando tumbos.» Porque leer es a veces mucho más un «cómo» que un «qué».

Así que hemos cogido a parte de la redacción de ALTAÏR MAGAZINE y les hemos preguntado qué están leyendo. Y con sus respuestas hemos elaborado un catálogo de lecturas recomendadas para el día del libro. ¡Que las disfrutéis!

Mario: El espíritu viajero impregna sus lecturas, y navega desde el recorrido sentimental y emocional que hace John Berger por Europa en Aquí nos vemos (Alfaguara, 2005) hasta el crudo ensayo gráfico sobre la turbia Rusia actual que hace Igort en Cuadernos rusos (Salamandra, 2011. Aquí sus primeras páginas), pasando por la Nigeria inmersa en la guerra civil en los años sesenta en Medio sol amarillo (Random House, 2014) de la gran Chimamanda Ngozi Adichie. Aunque dice que el próximo que le apetece leer es la autobiografía de Lemmy, fundador y alma de Motörhead, que acaba de sacar Es Pop (aquí su primer capítulo).

Bárbara: Historia y antropología, esos son los dos temas por los que navega en sus lecturas, sean del género que sean: en ensayo, con La sociedad de castas (Kairos, 2014) de Agustín Pániker, sobre la india; o Las mujeres en el antiguo Egipto (AKAL, 1996), de Gay Robins. En novela histórica, con El cátaro imperfecto (Ediciones B, 2013) de Víctor Amela. E incluso en poesía, con los muy fálicos poemas dedicados al dios Príamo, Poemes priapeus (Adresiara, 205, edición catalana).

Pere: El periodismo entrelazado con el viaje, esa es la obsesión de Pere, que no puede dejar de ser las dos cosas todo el tiempo: periodista y viajero. Por eso sus libros de estos últimos meses giran en torno a esas dos facetas, y de ahí que sus recomendaciones pasen por Martín Caparrós y la dupla El interior (Malpaso, 2014) y El hambre (Anagrama, 2015), por la crónica asombrada del Levante español de Íñigo Domínguez en su Mediterráneo descapotable (Libros del KO, 2015), o las reflexiones sobre el oficio de escribir que hace Leila Guerreiro en Zona de obras (Círculo de Tiza, 2014), entre otras muchas cosas.

Belén: Como lectora, Belén «come de todo», y mezcla ensayo con ficción y con cómic sin ningún problema. Acaba de terminar de leer Sin ti no hay nosotros (Blackie Books, 2015), el testimonio sobrecogedor de la profesora Suki Kim en su afán por enseñar valores prohibidos a un grupo de estudiantes norcoreanos; pero recomienda encarecidamente El quinto en discordia (Libros del Asteroide, 2006), una muestra magnífica de la espléndida prosa del canadiense Robertson Davies. Su próximo objetivo es el último cómic de la serie «Love & Rockets» de Jaime Hernández, Chapuzas de amor (La Cúpula, 2015).