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SHE WORKS HARD FOR THE MONEY, UN PASO DE CARLOS VELÁZQUEZ

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Carlos Velázquez vuelve a los Pasos de Altaïr Magazine con una nueva crónica vándala en primera persona sobre una gran noche financiada por una tarjeta de crédito extraviada. Si quieres leer el texto completo lo encontrarás aquí.


Las mejores pedas poseen algo de esotéricas. Y las borracheras más memorables son producto del patrocinio. No existe mecenazgo superior.

La CDMX (Ciudad de México) es un monstruo que se caga en ti: en tu tiempo, tu salud, tu dinero, tu paciencia. Te roba, te roba, te roba, no se cansa nunca de robarte, pero en ocasiones: retribuye. Un día te acomodan un levantón, un secuestro express para obligarte a ordeñar tu cuenta en un ATM y otro, aunque se antoje imposible, la suerte te muestra su chimuela sonrisa.  

Me cité con Ike en la cantina la India, Bolívar y República del Salvador. El centro de Ciudad Godínez es como las relaciones enfermizas. Si te atrapa ya te jodiste. Te va a costar escapar. Yo tardé años en desenamorarme. En asumir que existe otro DF. Pero si te descuidas te vuelves a enganchar con facilidad. Era mi caso. Atravesaba por un segundo aire. 

Una calle antes de aproximarme a la India vi algo destellar en el piso. Era una tarjeta de crédito. Un policía estaba de pie a un lado del plástico. Me agaché sin disimulo, lo recogí y me lo metí a la bolsa del pantalón. Entré a la cantina y pedí una cerveza. Cuando ocurren este tipo de fenómenos no hay nada escrito. Lo mismo da que te lo tomes con calma que con celeridad. Saqué la tarjeta. La firma era casi infantil. Claudia con la a del final que se confundía con una o. Es un momento mágico. Casi puedes saborear el universo de oportunidades que se expande ante ti. Pero la ilusión no paga los tragos. Lo más probable es que el plástico estuviera ya reportado.

Cuando ocurren este tipo de fenómenos no hay nada escrito. Lo mismo da que te lo tomes con calma que con celeridad

Ike apareció acompañado por el Negro Fake, que también se llama Carlos Velázquez. Lo apodamos así porque en el círculo existe otro, el Negro Real. «Qué transa, pandilla, vámonos a Old Town», saludó Ike. Old town es el mote con el que bautizó a la colonia Guerrero, en alusión a Sin City. No es una exageración. La Warrior es un barrio bravo digno de las fantasías de Fran Miller. En contra esquina del estudio de Ike hay un motel acondicionado como fumadero de crack en cuya acera pasean travestis con navajas (como en las canciones de Javier Corcobado). La renta baja y la ubicación lo convierten en un excelente base de operaciones. A unos pasos se encuentran La Lagunilla y Tepito. «Cámara», le respondí, «deja voy al Oxxo». Y me tomé la chela de hidalgo. «Sígueme», le ordené al Negro Fake.

Rumbo a la esquina comencé a invocar el espíritu de El Pájaro, un malandro que era más que un hermano para mí. El güey se ahorcó en 2005 porque no soportó el síndrome de abstinencia que produce la heroína. Siempre que vayas a pagar con una tarjeta ajena necesitas recurrir al más allá. Empecé a repetir el nombre de El Pájaro en voz baja: «Gerardo Didier Nava Lozano», «Gerardo Didier Nava Lozano», «Gerardo Didier Nava Lozano». Entré al Oxxo y pedí una tella de Jack Daniel’s y dos cajetillas de cigarros para el Negro Fake. Los Oxxo son el sitio ideal para defraudar a un tarjethabiente. Se ahorran la monserga de solicitarte identificación. Les importa un carajo si eres el titular o no. Si le robaste el plástico a tus padres o a tu vieja. No me desampares Pajarito, «Gerardo Didier Nava Lozano», recé en la mente. El cajero me extendió un ticket. La tarjeta había pasado.

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APRENDE A AMAR EL PLÁSTICO, UN PASO DE CARLOS VELÁZQUEZ

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Hoy Carlos Velázquez se estrena en los Pasos de Altaïr Magazine con una crónica en primera persona sobre los teibols de Monterrey. Si quieres leer el texto completo lo encontrarás aquí.


Sé que nadie me quiere por cabrón. Pero soy un cabrón sensible. Y aunque les cueste creerlo, en ocasiones he querido hacer las cosas bien. Pero siempre que un hombre desea enderezar su destino aparece un teibol para conducirlo por el camino del mal. Me encontraba en Monterrey. Y en dicha ciudad está uno de mis lugares favoritos del mundo: El Matehuala. La capital del table dance del noreste de México. Visitar Monterrey y no pisar El Mate es como ir al Vaticano y no besarle la mano al Papa. Meses atrás habría acampado sin miramientos en la pista con una cubeta de Indio. Pero trataba de enmendarme. Tenía morra. Presumo que me quería. Sí, a este cabrón que nadie quiere. Y ese día era su cumple. Mi plan consistía en comer en La Nacional y después treparme a un autobús que me llevara a Torreón, para asistir a la fiesta de cumpleaños de mi chica.

Sufro de un mal extremo, soy incapaz de negarme a acudir a un teibol. Un par de compas me rogaron, literal, para que  los acompañara a uno. Te mamas un par de chelas, pides un taxi, pasas por tus chivas al hotel y te tiendes hacia la central camionera.

El plan sonaba bastante inofensivo. Honestamente, no se me antojaba. Mi corazón me dictaba otra cosa. Pero me derrotó el mal consejo. Total, qué podía pasar. Estaba convencido de que no me dejaría tentar. Podía huir a medio cubetazo. La clásica voy al baño (desaparezca aquí). Salí de La Nacional embarazado de mollejas, atropellado y chicharrón de Rib Eye. No es el mejor estado para entrar al teibol, de acuerdo, pero la necedad es como el deporte. Siempre hay que exigirle más al cuerpo. Llevarlo a sus límites. 

Dios estaba de mi lado. Caminé por Madero acompañado por dos matalotes, cuya identidad protegeré para no afectarlos en su relación sentimental, pero por no dejar agregaré que me sacan más de quince centímetros de altura y como cuarenta y cinco de cintura. A unas calles divisamos el letrero del Mango, nuestra primera parada.

Existió un tiempo en que la sola mención de Monterrey me inducía visiones. Cada vez que yo escuchaba a alguien pronunciarlo me veía a mi mismo sentado en la pista del Infinito con los billetes apretujados en ambas manos, algunos cayéndoseme al piso, con una morra encajada en mis piernas. Ocurrió durante la era paleolítica. Traducción: antes de la guerra vs el narco. Cuando MonteHell era el paraíso de la tabla. El Infinito siempre fue mi animal de poder. Mi animal fantástico. Pero tenía mi puti tour. Entre mis preferidos también destacaba el Givenchy. Qué tiempos Señor del Rincón. Mi juventud la repartí entre la lectura y el deambulaje por la calle Villagrán. Cómo extraño ese Monterrey. En el Mango nos aplastamos alejados del tubo. Pero así nos hubiéramos sentado en la pista estaba a salvo. Nada me quebraría. Era un hombre enamorado. Los dos matalotes se sentaron viejas en las piernas. Típico. Cuándo se ha visto que la vaca no lama el terrón de sal.

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CRÓNICAS DE EL HAMBRE, DE MARTÍN CAPARRÓS

Por Esteban Ordóñez

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El Hambre arranca dejando claro que si podemos seguir viviendo con la conciencia tranquila ante la miseria de millones de personas es por indiferencia voluntaria o por ignorancia. Una cita marca el camino. La producción agrícola mundial de hoy podría alimentar casi al doble de la población que vive sobre la tierra: «No es una fatalidad. Un chico que se muere es un chico asesinado». Lo dijo Jean Ziegler, de las Naciones Unidas. Martín Caparrós empieza lanzando preguntas y quemando esos conceptos que solemos usar para disimular nuestra parte en la tragedia global.

El objetivo del autor, un objetivo fracasado de antemano, como reconoce en las primeras páginas, es desvelar las perversiones del sistema que posibilitan la existencia de decenas de miles de fallecimientos diarios vinculados a la falta de comida. Caparrós busca una revelación teórica y emocional, intenta que la pobreza cale en el lector. Escribe para resucitar en nosotros una empatía embotada por tantas imágenes y campañas que dan lugar a una idea del hambre manejable a través de apadrinamiento o lagrimitas ante el televisor, un hambre casi irreal, lejana, que nos permite, además, concedernos dosis de bondad y comprar muy barata la sensación de solidaridad.

Un reto casi inasumible para el que hacen falta 700 páginas soberbias, y ni aun así. La batalla contra el hambre es, también, una batalla contra la abstracción léxica. Porque la solución está en nosotros, en los ricos del mundo, y nuestra conciencia se prende a través de las palabras.«Los términos técnicos suelen tener una ventaja: no producen efectos emotivos.» Se refiere a expresiones que hacen muertos porque ralentizan el ritmo de la cooperación, expresiones como «seguridad alimentaria»: un ejemplo de ese idioma tramposo que Martín Caparrós denomina burocratés.

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El libro no se encajona en ningún género: es crónica y ensayo y poesía. Prueba diferentes vehículos expresivos para propagarse por todos los niveles de la percepción y de la comprensión. El Hambre pugna por ser una experiencia completa. Por un lado, la meta es que vivamos la miseria y, por otro, que detectemos con nitidez nuestra parte de responsabilidad en esa miseria. Colaboramos con la pobreza, por ejemplo, al gastar euros en cosas inútiles —«la conquista del derecho a lo inútil, lo contrario al hambre»— o al comer sin medida —«una persona que come carne se apropia de recursos que, repartidos, alcanzarían para cinco o diez personas»—. Y todo se articula por medio de la pulsación rítmica habitual del autor: su trabajo del silencio, de los párrafos ínfimos, su dominio de la tosquedad y de los brotes de dulzura imprevisibles.

Escribe para resucitar en nosotros una empatía embotada por tantas imágenes y campañas que dan lugar a una idea del hambre manejable a través de apadrinamiento o lagrimitas ante el televisor, un hambre casi irreal

El volumen se arma con decenas de entrevistas sobre el terreno, de casos de hambrientos y malnutridos. Caparrós transcribe diálogos que evidencian que la pobreza no es sólo un agujero en el estómago, sino la ausencia de expectativas, el desconocimiento absoluto del concepto «expectativa».

—¿Cuál es tu plato favorito, el que más te gusta comer?
—La bola de mijo.
—¿Sí?¿Es mejor que el pollo?
—¿Pollo? Pollo no puedo comer nunca. ¿Para qué quiero que me guste?

Los relatos dan muchas excusas para caer en la irracionalidad o en la facilidad de un dogma ideológico. En la exaltación, en el condenarlo todo. Sin embargo, el autor consigue sortear los prejuicios —tanto los condenatorios como los benevolentes— acerca de la gente pobre: expone la cerrazón de las sociedades, el machismo, la ignorancia y la violencia sin perdonar un gramo de crudeza y, por supuesto, sin dejar de explicar por qué sucede todo esto. Tampoco se pliega al primitivismo de quienes repudian y demonizan el progreso técnico. Deja claro que, en el fondo, todo es cosa de codicia y no de falta de recursos.

«Seguridad alimentaria» es un ejemplo de ese idioma tramposo que Martín Caparrós denomina burocratés

No sólo sufren malnutrición los niños de África o la India que mueven su barriga hinchada como una bola, también hay carencias nutricionales en el Primer Mundo. El periodista viaja a EE.UU. Allí los desheredados son obsesos, adictos a la comida basura porque es más barata. En ese rodeo por la nación más rica del mundo, acude a la Bolsa de Chicago para detallar cómo los tratantes de acciones, futuros y derivados del mercado bursátil matan de hambre, desde lejos y —algunos— sin saberlo, a centenas de miles de seres humanos.

Martín Caparrós no vende el libro desde un atrincheramiento en la pureza, él no se excluye del sistema; se inculpa. Se cuestiona a sí mismo continuamente en un ejercicio ya clásico en el periodismo narrativo, aunque no consigue sacudirse del todo ciertos asomos de superioridad moral.

El Hambre trabaja en la retaguardia, a la espalda de las grandes catástrofes; busca la tragedia diaria. La mayoría de muertes por esta lacra no suceden a causa de hambrunas, sino del hambre perpetuada. Las hambrunas sí mueven la solidaridad de Occidente, pero «en la sociedad del espectáculo, la malnutrición no tiene cómo ponerse en escena». Eso intenta Caparrós, ponernos ante las narices la película interminable del hambre.

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TRANSIBERIANO, UN PASO DE CAROLINA REYMÚNDEZ

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Carolina Reymúndez vuelve a los Pasos de Altaïr Magazine subida en el Transiberiano, del que por cierto, no se quiere bajar. Un adelanto de esta pieza — ilustrada por el fotógrafo Eduardo Manzana— que podréis leer completa Aquí

Hace cuatro días que estoy a bordo del Transiberiano, el mítico tren que cruza Rusia. Hoy me despertó la solidez del hierro, las ruedas pisando fuerte sobre las vías, un sonido metálico rotundo que parece que viene de adentro mío: elásticos, remaches, bulones, resortes. Supe que no volvería a dormir y aunque falta para el amanecer me levanto y camino hasta el espacio rectangular que divide los vagones. Salvo algunos empleados, todos duermen. Se escucha el silencio a pesar del hierro. Silencio muerto, como después de una noche de vodka. El espacio es pequeño, en cinco pasos llego de una puerta a la otra y por las dos veo el amanecer de niebla y luz rosa sobre los bosques de abedules. Dentro de un rato hará calor en Siberia, la tierra donde uno se imagina el frío más frío.

Cuando vuelvo al camarote lo cruzo a Alejandro, un pasajero que tampoco podía dormir. Le pregunto si cree que estará abierto el coche comedor y dice que sí.

—Yo en un rato voy, después de caminar.

—¿Caminar? ¿Acá?

—Sí, donde esté yo camino. De punta a punta del vagón son 27 pasos. Voy a hacer 45 minutos, hasta que la gente se empiece a levantar.

Cruzo varias puertas como Maxwell Smart pero sin códigos y llego al comedor. Todavía no están puestas las mesas del desayuno y hay un camarero robusto durmiendo entre dos sillas. Me siento a escribir mientras el sol sube por las casas de madera en la llanura siberiana. El Gallo de Hierro avanza y Alejandro camina.

***

—Hablemos ahora.

Eso me dice Alina en el pasillo antes de llevarme a su camarote —el número 5— que comparte con su hija Graciela.

Alina Szewczuk es ucraniana. Tiene cara de huesos grandes, los ojos bien separados, con forma de almendra. Una almendra azul. Sobre el labio superior, las arrugas se abren largas y en abanico, como la cola de un pavo real. Desde hace unos días y con 85 años cumple su sueño: hacer el Transiberiano. En el camarote de Alina hay dos asientos azules que a esta hora se volvieron cama, con sábanas blancas de algodón. Hay una mesa, un florero con una rosa amarilla de plástico, toallitas descartables, botellas de agua. En la cama de la izquierda está Graciela, con short negro y una blusa cómoda. Las piernas desnudas, estiradas. Alina se sienta en la cama de enfrente y también estira sus piernas hinchadas hasta alcanzar el otro colchón. Alina es mujer de ferroviario y recorrió el país en tren. No le preocupa ir al baño a la noche ni el movimiento, ni el tintineo de los platos ni el golpe seco del hierro contra el hierro.

—Entonces, decime, ¿qué querés saber?
—¿Por qué hace el Transiberiano?
—Porque quería conocer el lugar adonde la llevaron a Nina.

Nina es su prima querida. En 1945, durante el stalinismo se la llevaron de Ucrania sin explicación y nadie supo de ella hasta que llegó una carta con su firma que decía: «Estoy en la tierra del sol naciente». En clave, quería decir que estaba en Siberia. Nina había sido condenada a pasar diez años de trabajo en un gulag. En su tierra dejó un hijo —el marido había muerto en la guerra— y a sus padres. En la cárcel se casó con un lituano y tuvo tres hijos más.

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Alina no quiere llorar y Graciela no quiere que Alina llore. Se incorpora y sirve un vaso de agua mineral.

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Islas Feroe, el archipiélago secreto en Altaïr Magazine

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Nos vamos a las islas Feroe. ¿No sabes donde están? ¿Nunca habías oído hablar de ellas? Sin problemas. ¡Mucho mejor! Prepárate para la aventura de descubrir uno de los territorios más remotos y menos conocidos de la Europa actual.

Si te gustan las aves, los paisajes imposibles, el surf, la gastronomía, navegar en barco, la música, el fútbol, la moda, las historias de vikingos; si quieres conocer pueblos pintorescos con menos de diez habitantes…Estás en el lugar adecuado.

Las Feroe son 18 islas, 50.000 personas, 70.000 ovejas y solo 1.400 kilómetros cuadrados. las Feroe son sinuosas carreteras, algo más que estrechas y casi infinitas, con túneles subterráneos bajo el mar. Ferries y helicópteros que hacen de transporte urbano.

Cuenta Birgir Enni, uno de los protagonistas locales de nuestro monográfico 360º alrededor de este archipiélago secreto que es «un lugar sin árboles donde solo hay rocas y hierba» y añade que «hay que ser duro para sobrevivir aquí». Pero sin embargo, las Feroe tienen mucho encanto y, tal como lo expresa en nuestro especial el escritor local Gunnar Hoydal, las islas Feroe son una tierra con “duende” ya que guardan en su interior los recuerdos de un tiempo situado antes del tiempo, «de antiguas experiencias y viejas historias». 

Sjurdur Skaale, parlamentario y humorista feroés, nos comenta en su historia que el hecho que las Islas Feroe sean, al mismo tiempo, un país «completo» y un Estado «microscópico», las convierte en un perfecto «laboratorio social, político, económico y vital».

Las Feroe son sobre todo paisaje, calma y naturaleza pero también, como nos explia Elin Brimheim, modernidad: «La comunidad feroesa está, a la vez, tan pasada de moda como extremadamente modernizada, lo que crea una sinergia que inspira a la gente y aumenta su creatividad».

Las Feroe están repletas de nuevos proyectos que desde lo más local y aislado de este archipíelago situado rumbo al Círculo Polar Ártico, se han hecho un hueco en el panorama internacional. Es el caso de las diseñadoras de moda Gudrun & Gudrun, que salvaron la lana feroesa y reinventaron su uso. Es también el caso de Koks, dirigido por el cocinero Poul Andrias Ziska -Nordic Prize 2015-, otro ejemplo de joven feroés que ha revolucionado la cocina local con un estilo muy particular que comprobamos en nuestro reportaje con él y en su restaurante en el que, como nos cuenta: «Damos cosas que no se pueden encontrar en ningún otro lugar del mundo».

Sjurdur Skaale: El hecho que las Islas Feroe sean, al mismo tiempo, un país “completo” y un Estado microscópico, las convierte en un laboratorio social, político, económico y vital.

Pero en las Feroe también hay un factor «pasado». Esto se refleja por ejemplo, en los avances en igualdad de género, que aunque han sido muchos en muy poco tiempo, que documenta la historia que nos escribe la periodista local Eydna Skaale que, a pesar de los avances realizados, denuncia como «las mujeres feroesas necesitan roles femeninos de referencia», concluye Eydna Skaale.

El aislamiento del archipiélago, el hecho de que la costa más cercana esté, más o menos, a 500 kilómetros de distancia, influye en la llegada de algunos avances tecnológicos. Por ejemplo, las Feroe no tienen Google Street View, pero para no ser menos han puesto a algunos de sus miles de borregos a trabajar. Sin GPS, pero con equipadas con cámaras las ovejas locales mapean las islas con su caminar y construyen una visión alternativa: Feroe Sheep View.

Ovejas que ejercen de cartógrafos en unas islas que, al fin y al cabo, son suyas ya que el nombre de las islas significa en danés antiguo «la isla de las ovejas», como explica el especialista en la cultura y literatura de las Feroe, Mariano García. Y es que la población ovina duplica la de humanos en una islas repletas de rincones maravillosos, como la remota, en la isla de Mykines en la que los frailecillos, aves simbólicas del archipiélago, conviven con los alcatraces en los acantilados que nos descubre el biólogo local Finnur Lutzen. Acantilados de impresión y montañas muy grandes y al lado del mar. Una naturaleza de impresión que nos describen con precisión las geólogas feroesas Jana Ólavsdóttir y Óluva Reginsdóttir que coinciden en descubrirnos el hecho natural más destacado de estas islas: «La falta de árboles».

Elin Brimheim: La comunidad feroesa está a la vez tan pasada de moda como extremadamente modernizada, lo que crea una sinergia que inspira a la gente y aumenta su creatividad.

Aislamiento y lejanía no tiene por que ser aspectos negativos como demuestran los miembros de la banda feroesa de Viking Metal feroés Tyr con los que hablamos y que se confiesan «descendientes de los vikingos venidos de Noruega» e hijos de un pasado «real, (…) auténtico». Algo parecido le ocurre a Jens Martins, ex portero de la Selección de fútbol de las islas Feroe y orgulloso de ser «el portero es al que más veces han chutado en todo el mundo». Eso sí, si vienes de fuera, el regalo del aislamiento y la soledad que ofrecen estas islas en invierno no tiene parangón y es por ello que Sergio Villalba, un surfista canario, se fue a las Feroe en busca de la ola perfecta y huyendo de los surfistas. Nos lo cuenta en una crónica ilustrada con unas imágenes espectaculares.

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«A lo lejos, en un océano brillando radiante como el mercurio, se encuentra un poco de tierra solitaria de color plomo. La pequeña costa rocosa es al vasto océano casi lo mismo que un grano de arena en el suelo de un salón de baile. Pero visto bajo una lupa, este grano de arena es, sin embargo, todo un mundo de montañas y valles, sonidos y fiordos, y casas con gente pequeña. De hecho, en un sólo lugar hay incluso una pequeña ciudad antigua completa, con muelles y almacenes, plazas, calles y callejones empinados, jardines, plazas y cementerios. También hay una pequeña iglesia, situada en lo alto, desde cuya torre hay una vista de los tejados de la ciudad y, más lejos, de todo el océano poderoso».

Nos quedamos, para acabar, con este retrato de las Islas Feroe que Heinesen incluye en Los músicos perdidos (1950) y que como explica el especialista local Bergur Ronne es «uno de los mapas literarios más famosos del Atlántico Norte».

Las Feroe, un universo especial, atractivo y único, áspero y duro. Un archipiélago casi secreto con cierta mística irreal, un lugar melancólico y muy hermoso que es el protagonista de nuestro nuevo monográfico 360º.

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EL MUNDO RECIÉN HECHO, UN PASO DE ANDER IZAGIRRE

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Continúan las caminatas por la isla de Tenerife. Tercer artículo de esta serie en la que Ander Izagirre quiere hacernos creer un poco Alexander von Humboldt: Puerto de La Cruz, La Orotava, El Teide…Un nuevo artículo en nuestra sección Pasos.


Humboldt empezaba a mosquearse. Es el único momento de sus diarios en el que aparece molesto: «Los guías locales eran de una pachorra desesperante. Se sentaban a descansar cada diez minutos, arrojaban a escondidas las muestras de obsidiana y piedra pómez que íbamos recogiendo con cuidado, y pronto descubrimos que ninguno de ellos había subido nunca a la cima del volcán». A partir de cierta altitud, los guías intentaron convencer a Humboldt de que no subiera hasta la cumbre del Teide. Tenían sus razones: unos años antes se había producido una erupción y sabían que la montaña podía convertirse en una trampa hirviente.

En cualquier caso, la emoción se impuso pronto al enfado: era el primer volcán activo que pisaba Humboldt y todo le parecía insólito. Había salido el 21 de junio de 1799 desde Puerto de la Cruz, acompañado por dos franceses, un inglés y unos guías que los llevaban a lomos de mulas —no he conseguido saber cuántos guías: como eran locales, parece que nadie se molestó en contarlos—. Subieron por el camino de La Orotava y Aguamansa.

Yo subo por la Montaña Blanca, un bulto pálido en el regazo negro del Teide. Durante miles de años la lava brotó de las grietas laterales del volcán, se acumuló hasta formar una montaña de quinientos metros de altura, y hace dos mil años hubo una explosión: una lluvia de piroclastos —de rocas incendiadas— cubrió esa montaña con una capa de piedra pómez amarilla. Ahora las laderas son de color canela, mostaza, turrón.

Oigo voces en la ladera. Son cuatro cazadores, junto a dos todoterrenos, que están llamando a un perro. Al acercarme veo que las partes traseras de los todoterrenos están preparadas como jaulas. Han encerrado ya a media docena de podencos, les falta meter al último, que ya viene.

Me saluda uno de los cazadores: Jesús, cincuenta y tantos, regordete, pelo gris alborotado bajo la gorra de camuflaje. Viste botas, pantalones de cazador y una camisa clara, abierta en los botones inferiores, por la que asoma una barriga con un ombligo prominente y carnoso, como otra erupción piroclástica. Le señalo un conejo que han amarrado en el exterior de la jaula, colgando boca abajo, y le pregunto si han cazado muchos.

 —Están mal los conejos, están enfermos —dice—. Tienen la mixomatosis. Los perros se los encuentran ya muertos, están secos, con unos tumores así en la cabeza. Ya no cazamos con escopeta, la dejamos hace tres años, porque hay pocos conejos.

—¿Y cómo los cazan?

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Jesús lleva, colgado del hombro, un cilindro de madera. Es curvado, de unos sesenta centímetros de largo y veinte de diámetro. Abre la tapa y se asoma un hurón: morro blanco, cara parda, ojos de sorpresa como dos canicas negras, orejitas nerviosas. Jesús lo saca, lo agarra del lomo y me lo muestra. El hurón queda con las patas colgando en el aire, está tranquilo.

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Una isla en movimiento

«Si yo no pensase que puedo cambiar el mundo, no haría este trabajo», dice el escritor sardo Marcello Fois en la larga conversación que incluimos en nuestra vuelta al papel con Cerdeña, una isla en movimiento. Modestamente, también nosotros creemos que podemos cambiar un poco el mundo con nuestro trabajo. Descubriendo, sorprendiendo, ayudando a profundizar, como hace Fois cuando nos explica qué significo la Iª Guerra Mundial para la isla o cómo son los habitantes de Nuoro, su ciudad natal.

Este ha sido uno de los principales objetivos con el número sobre Cerdeña: dar la vuelta a una visión turística que, con su reduccionismo habitual, ha simplificado a veces la segunda isla más grande del Mediterráneo en la fórmula «sol y playa», añadiendo —en el mejor de los casos— algunas ruinas arqueológicas y algo de gastronomía.

Y es cierto: Cerdeña tiene un mar casi perfecto (junto al que viven pastores como Luisa y Eros, a quienes entrevistamos: testigos inmejorables de los cambios que trae el turismo masivo). Sus nuraghi son fascinantes (casi tanto como la lengua sarda, recuperada por autores modernos, como nos cuenta el poeta Omar Ghiani). Su comida es suculenta (pero es mucho mejor que una experta gastrónoma nos explique por qué en la isla la hospitalidad es sagrada). La Cerdeña que a nosotros nos cuentan y contamos es también una isla que reelabora su pasado y discute con su presente y futuro. El mejor ejemplo son las Sardinian Postcards del fotógrafo Alessandro Toscano, que nos muestran el reverso del tópico. Otro de los beneficios de trabajar con colaboradores locales: nos descubren el territorio y, a la vez, su panorama cultural.

Porque las historias de viaje son ante todo historias de personas. La de Simona Manna, que nos lleva de la mano al archipiélago de La Maddalena. La de Enrico Lixia paseando sin rumbo por Cagliari, la capital de la isla. La de Maria Lai, entrevistada por Elena Ledda: una artista contemporánea que fue capaz de atar un pueblo a una montaña.

Bienvenidos a Cerdeña, una isla que es un continente, una isla que no tiene playa, una isla a la vez contemporánea y antigua. Una isla en movimiento.

¿Cómo conseguir el nuevo magazine en papel? Desde ya, en la librería Altaïr y en otras librerías especializadas de toda España*; online, en nuestra tienda virtual, o con una de nuestras suscripciones, creadas a medida de tus necesidades y tus viajes: papel, web magazine y premium.

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*Aquí la lista completa de librerías:

En toda España: Casa del Libro, el Corte Inglés, FNAC / En Catalunya: Abacus / En Euskadi: Elkar

A Coruña: 7 mares / Badalona: Saltamarti Llibres /Banyoles: Llibreria Forum / Barberà del Vallès: LLar del Llibre – Baricentro / Barcelona: Al Peu de la Lletra, La Central del Raval, Llibreria Guia, Llibreria Horitzons, Laie, Nollegiu, Llibreria Pau Bosch, Santos Ochoa /Berga: Llibreria Huch / Bilbao: Librería Tintas / Burgos: Música y Deportes, Sedano / Calella: Llibreria La Llopa /Cambrils: Galatea / Cardedeu: Badallibres (Bestiari) /Castellón: Argot / Cerdanyola del Vallès: Llibreria Aranya / Figueres: Viñolas, Llibres & Viatges / Girona: Llibreria Geli, Ulyssus / Granollers: La Gralla (Bestiari) /Hospitalet de Llobregat: Perutxo (Rambla Just Oliveras) / Igualada: Llibreria Aqualata (Bestiari), Llibreria Cal Rabell / La Seu d’Urgell: Fiord Llibreria de Viatges /León: Librería Iguazú / Les Franqueses del Vallès: L’Espolsada Llibres / Lleida: Llibreria Caselles / Madrid: Desnivel, Deviaje, Tierra de Fuego / Málaga: Mapas y Compañía, Librerías Prometeo y Proteo / Manresa: Parcir / Mataró: El Tramvia de Mataró (Bestiari) / Mollerussa: Llibreria Dalmases (Bestiari) / Mollet del Vallès: Llibreria L’Illa (Bestiari) / Palma de Mallorca: Born de Llibres, Embat / Pamplona: Librería Muga / Reus: Galatea, Llibreria Gaudí / Rubí: Llibreria L’Ombra, Racó del Llibre (Bestiari) / Sabadell: Llar del Llibre /Salamanca: Victor Jara / San Sebastián: Librería Hontza / Sant Celoni: Llibreria Alguer Set, Els Quatre Gats /Sevilla: La Extra·Vagante, Ultramar / Sant Cugat del Vallès: Alexandria Llibres (Bestiari) / Santa Coloma de Gramanet: Llibreria Carrer Major (Bestiari) /Tarragona: La Capona (Bestiari) / Tortosa: Llibreria La 2 de Viladrich / Valencia: Librería Patagonia / Valladolid: Librería Beagle / Vic: Muntanya de Llibres / Vilafranca del Penedès: Llibreria Cusco, Odissea Llibres y Música (Bestiari), Llibreria Rafols / Vilanova i la Geltrú: Llorens Llibres, La Mulassa Vilanova (Bestiari) / Vilassar de Mar: Llibreria Index / Zaragoza: Librería Cálamo

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A la medida de tus viajes

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Web magazine, pdf portátil, el nuevo formato en papel… Con la vuelta al formato impreso puedes disfrutar de los contenidos de Altaïr Magazine de cada vez más modos. Aquí te damos un pequeño resumen de las opciones que tienes para leer nuestros monográficos y contenidos.

Empezando por Cerdeña, una isla en movimiento, puedes comprar los monográficos de viaje por separado, en dos versiones: en formato pdf (que te permite leer el contenido en tu dispositivo digital sin conexión a Internet) o en el recién estrenado papel, que encontrarás en la librería Altaïr y en librerías especializadas de toda España (al final del post tienes la lista completa).

Tres opciones de suscripción anual

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¿Y si lo quieres todo? Entonces quieres la suscripción premium. Los 4 números anuales en papel, el acceso completo a www.altairmagazine.com, 6 monográficos en pdf (más el de regalo) por tan sólo 70 €. El tacto del papel y los mapas interactivos, los videos y las anotaciones al margen… Si quieres ir más allá, ¿por qué obligarte a elegir?

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Librerías donde encontrarás Altaïr Magazine:

En toda España: Casa del Libro, el Corte Inglés, FNAC / En Catalunya: Abacus / En Euskadi: Elkar

A Coruña: 7 mares / Badalona: Saltamarti Llibres / Banyoles: Llibreria Forum / Barberà del Vallès: LLar del Llibre – Baricentro / Barcelona: Al Peu de la Lletra, La Central del Raval, Llibreria Guia, Llibreria Horitzons, Laie, Nollegiu, Llibreria Pau Bosch, Santos Ochoa / Berga: Llibreria Huch / Bilbao: Librería Tintas / Burgos: Música y Deportes, Sedano / Calella: Llibreria La Llopa / Cambrils: Galatea / Cardedeu: Badallibres (Bestiari) / Castellón: Argot / Cerdanyola del Vallès: Llibreria Aranya / Figueres: Viñolas, Llibres & Viatges / Girona: Llibreria Geli, Ulyssus / Granollers: La Gralla (Bestiari) / L’Hospitalet de Llobregat: Perutxo (Rambla Just Oliveras) / Igualada: Llibreria Aqualata (Bestiari), Llibreria Cal Rabell / La Seu d’Urgell: Fiord Llibreria de Viatges / León: Librería Iguazú / Les Franqueses del Vallès: L’Espolsada Llibres / Lleida: Llibreria Caselles / Madrid: Desnivel, Deviaje, Tierra de Fuego / Málaga: Mapas y Compañía, Librerías Prometeo y Proteo / Manresa: Parcir / Mataró: El Tramvia de Mataró (Bestiari) / Mollerussa: Llibreria Dalmases (Bestiari) / Mollet del Vallès: Llibreria L’Illa (Bestiari) / Palma de Mallorca: Born de Llibres, Embat / Pamplona: Librería Muga / Reus: Galatea, Llibreria Gaudí / Rubí: Llibreria L’Ombra, Racó del Llibre (Bestiari) / Sabadell: Llar del Llibre / Salamanca: Victor Jara / San Sebastián: Librería Hontza / Sant Celoni: Llibreria Alguer Set, Els Quatre Gats / Sevilla: La Extra·Vagante, Ultramar / Sant Cugat del Vallès: Alexandria Llibres (Bestiari) / Santa Coloma de Gramanet: Llibreria Carrer Major (Bestiari) / Tarragona: La Capona (Bestiari) / Tortosa: Llibreria La 2 de Viladrich / Valencia: Librería Patagonia / Valladolid: Librería Beagle / Vic: Muntanya de Llibres / Vilafranca del Penedès: Llibreria Cusco, Odissea Llibres y Música (Bestiari), Llibreria Rafols / Vilanova i la Geltrú: Llorens Llibres, La Mulassa Vilanova (Bestiari) / Vilassar de Mar: Llibreria Index / Zaragoza: Librería Cálamo

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#VolvemosalPapel

Podemos decirlo ya: promesa cumplida. Dos años después de la aparición digital de Altaïr Magazine, volvemos a renacer también en papel. Dejad que os presentemos la primera monografía en formato libro/revista que traslada al mundo impreso la filosofía editorial y de contenidos de los especiales 360˚ online de Altaïr Magazine: Cerdeña, una isla en movimiento.

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Tras unos años muy difíciles, somos ambiciosos: nos reinventamos manteniendo el rigor periodístico y el sello de independencia que definen Altaïr, nos enriquecemos con la mirada de colaboradores locales que nos transmiten puntos de vista muy variados sobre las realidades de sus lugares de origen. Buscamos formular preguntas complejas; apostamos por el trabajo lento, artesanal y cuidado, ambicioso intelectual y estéticamente. Asumimos que, como escribe Leila Guerriero: «Una crónica de viajes no es un folleto turístico, pero más largo; ni una publicidad de hotel, pero mejor escrita; ni un puñado de adjetivos previsibles —encantador, mágico, asombroso— apiñados en torno a las montañas, la puesta de sol, el mar, el puente, el río».

Tendremos el placer de presentar esta nueva etapa en la librería Altaïr de Barcelona (Gran Via 616) el jueves 21 de julio a las 19:30. Una fiesta para celebrar el viaje y celebrar a los lectores; y para brindar y disfrutar la comida de Cerdeña de la mano de Estrella Damm y el restaurante sardo Terra Mia. ¡Estáis invitados! Y si estáis fuera de Barcelona o no podéis asistir, atentos a esta página y nuestras redes sociales, porque retransmitiremos la presentación a través de Periscope.

¿Cómo conseguir el nuevo magazine en papel? Desde ya, en la librería Altaïr y en otras librerías especializadas de toda España*; online, en nuestra tienda virtual, o con una de nuestras suscripciones, creadas a medida de tus necesidades y tus viajes: papel, web magazine y premium.

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Si tienes cualquier duda, escríbenos a suscripciones@altairmagazine.com o llámanos al (+34) 933 42 71 71.

*Aquí la lista completa de librerías:

En toda España: Casa del Libro, el Corte Inglés, FNAC / En Catalunya: Abacus / En Euskadi: Elkar

A Coruña: 7 mares / Badalona: Saltamarti Llibres /Banyoles: Llibreria Forum / Barberà del Vallès: LLar del Llibre – Baricentro / Barcelona: Al Peu de la Lletra, La Central del Raval, Llibreria Guia, Llibreria Horitzons, Laie, Nollegiu, Llibreria Pau Bosch, Santos Ochoa /Berga: Llibreria Huch / Bilbao: Librería Tintas / Burgos: Música y Deportes, Sedano / Calella: Llibreria La Llopa /Cambrils: Galatea / Cardedeu: Badallibres (Bestiari) /Castellón: Argot / Cerdanyola del Vallès: Llibreria Aranya / Figueres: Viñolas, Llibres & Viatges / Girona: Llibreria Geli, Ulyssus / Granollers: La Gralla (Bestiari) /Hospitalet de Llobregat: Perutxo (Rambla Just Oliveras) / Igualada: Llibreria Aqualata (Bestiari), Llibreria Cal Rabell / La Seu d’Urgell: Fiord Llibreria de Viatges /León: Librería Iguazú / Les Franqueses del Vallès: L’Espolsada Llibres / Lleida: Llibreria Caselles / Madrid: Desnivel, Deviaje, Tierra de Fuego / Málaga: Mapas y Compañía, Librerías Prometeo y Proteo / Manresa: Parcir / Mataró: El Tramvia de Mataró (Bestiari) / Mollerussa: Llibreria Dalmases (Bestiari) / Mollet del Vallès: Llibreria L’Illa (Bestiari) / Palma de Mallorca: Born de Llibres, Embat / Pamplona: Librería Muga / Reus: Galatea, Llibreria Gaudí / Rubí: Llibreria L’Ombra, Racó del Llibre (Bestiari) / Sabadell: Llar del Llibre /Salamanca: Victor Jara / San Sebastián: Librería Hontza / Sant Celoni: Llibreria Alguer Set, Els Quatre Gats /Sevilla: La Extra·Vagante, Ultramar / Sant Cugat del Vallès: Alexandria Llibres (Bestiari) / Santa Coloma de Gramanet: Llibreria Carrer Major (Bestiari) /Tarragona: La Capona (Bestiari) / Tortosa: Llibreria La 2 de Viladrich / Valencia: Librería Patagonia / Valladolid: Librería Beagle / Vic: Muntanya de Llibres / Vilafranca del Penedès: Llibreria Cusco, Odissea Llibres y Música (Bestiari), Llibreria Rafols / Vilanova i la Geltrú: Llorens Llibres, La Mulassa Vilanova (Bestiari) / Vilassar de Mar: Llibreria Index / Zaragoza: Librería Cálamo

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Una postal de Andoni Canela

Urgup, Capadocia, Turquía.

Capadocia. 1992
Amigos de Altaïr:
Hace años, muchos años, cuando estudiaba periodismo y aprendía a hacer fotos viajando por el mundo descubrí Altaïr. Primero, la librería y luego, la revista. Desde entonces ambos espacios fueron mi compañero de viaje ideal.
Antes o después de cada viaje, una visita a las estanterías de la librería (entonces la calle Balmes) o el pase lento de las páginas de la revista era un verdadero disfrute. Al poco tiempo nació también una ilusión entre personal y profesional: llegar a publicar en aquella revista. Y poco después, la oportunidad llegaría con un reportaje sobre Turquía. Esa ilusión de ver las fotos publicadas, por primera vez, en Altaïr fue inmensa.
Hoy, al celebrar con vosotros el primer aniversario del Magazine, los recuerdos de una de las fotos de esa serie me viene a la memoria. En ella se mezclan las sensaciones de ese momento de una verde primavera en Capadocia y el hecho de tener en mis manos aquel número de la revista. Recuerdo cuando observaba desde lo alto de una colina a ese campesino con su burro paseando entre frutales por los campos de cultivo…
Muchos de los viajes que hice después, reales o ficticios, han tenido su punto de inicio leyendo las historias y viendo las fotografías de Altaïr y hoy sigue siendo así…
Gracias y por muchos años, amigos.
Andoni Canela.