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Cuando ya no haya barrera

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Hoy debería comunicarse al mundo el primer acuerdo internacional vinculante contra el cambio climático, fruto de las dos semanas de reuniones en París de la COP21, la gran conferencia de Naciones Unidas que incluye —con más o menos voluntad de llegar a un acuerdo— a representantes de los países presentes en el Protocolo de Kioto de 1997. Hoy debería comenzar, de algún modo, por fin, una reacción ante el calentamiento global, la forma más específica de fin del mundo que tenemos aquí y ahora, en nuestras manos. También porque somos la especie responsable de provocarlo.

El calentamiento global no sólo nos sitúa frente a la posibilidad de nuestra extinción (lenta, dolorosa, injusta, cuajada de frustración). También nos obliga a reflexionar sin utilitarismos sobre nuestra relación, como simples organismos vivos, con el planeta que nos acoge. Con los otros seres que lo comparten. Con nuestra finitud individual, el futuro y sus posibilidades, sus barreras y sus esperanzas. Altaïr se enorgullece de haber publicado un libro que, desde la perspectiva del viaje heterodoxo y amplio, se enfrascaba hace ya unos años en estas cuestiones. Un libro con el que Gabi Martínez caminaba en paralelo a la Gran Barrera de Coral australiana, termómetro de la salud de nuestro planeta y de nuestra propia fiebre suicida.

«¿Dónde hay, en el mundo entero, un solo gobierno, siquiera un comité, por muy selecto que sea, capaz de conceder la debida importancia a los orígenes de los acontecimientos?»

Laurens van der Post

No resulta difícil averiguar cuál era el objetivo inicial de Gabi Martínez cuando empezó a planear su viaje a Australia. Lo contó él mismo en su blog, pocos días antes de que saliese a la venta el fruto literario de ese viaje, En la barrera (Altaïr, 2012), un libro de viajes sobre la Gran Barrera de Coral australiana. ¿Es de eso de lo que habla el libro?

Dice Gabi: «Todo empezó en el Aquarium de Barcelona, cuando mi hijo de dos años se detuvo ante una pecera donde se alertaba sobre el estado de la Barrera. Me hice varias preguntas y una de ellas fue qué mundo le quedaría a él después de mí. De modo que viajé y escribí mirando, esta vez sin duda, al futuro».

Sin embargo, apenas avanzamos por las páginas del libro nos encontramos con una crónica poco usual, un viaje tan interior como exterior por el continente australiano donde se entremezclan las voces del propio Gabi Martínez como narrador, pero también la de los nativos que se encuentra por el camino, vivos o muertos; y también las voces de otros viajeros que estuvieron allí antes de él, incluso al mismo tiempo que él, y que nos sumerge a nosotros, lectores, en el mismo estado de confusión, de abrumada superación, que sintió el autor al enfrentarse a tan vasto, inabarcable e inaprensible territorio.

«Pero lo que Australia es, según los científicos, es el laboratorio del planeta. Este continente anuncia los cambios socioclimáticos que afectarán a buena parte del resto del globo y de momento las noticias son terribles, hasta el punto de que los australianos han hecho de la preservación de la Gran Barrera un desafío.»

Hay un cierto aire de fatalismo, de inevitabilidad, cuando Gabi se acerca a la ecología y a los aspectos que van a condicionar el futuro del planeta. Especies en peligro de extinción, nativos con una profunda conciencia ecológica pero que sin embargo no pueden prescindir de los ingresos que reciben esquilmando la Gran Barrera, cazadores selectivos, guías para turistas… El libro no puede dejar de reflejar cómo para combatir una plaga se pone en peligro todo el ecosistema; cómo la protección de una zona concreta puede acarrear consecuencias por la superpoblación de las especies que la habitan; cómo, en fin, parece que la humanidad estuviese atrapada en un callejón sin salida del que no hay manera de salir para revertir el crack definitivo de la bioesfera.

En la barrera es un relato a ratos optimista y a ratos nihilista sobre la relación del ser humano con su entorno, sobre ecología y sobre el futuro que le espera al planeta. Pero también es un relato sobre la soledad y sobre el extrañamiento que sigue produciéndonos nuestra propia existencia y nuestro lugar en el mundo. Cuando la Barrera de Coral se vuelva completamente blanca, como una tumba de más de dos mil kilómetros, tal vez comencemos a comprender si no de dónde venimos, al menos sí hacia dónde vamos.

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Una mapa de voces

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«¿Habremos recorrido ya todo el mundo?»

La pregunta se formula en la redacción de ALTAÏR MAGAZINE casi por casualidad, pero es pertinente: llevamos diez meses en marcha en esta nueva andadura digital del magazine y tenemos la sensación de haber estado en casi todas partes. Vamos al ordenador y abrimos nuestra sección de Voces y un mapa del mundo al lado y nos ponemos, como se hacía antes, a clavar chinchetas en él.

«Lo que más ha sido Sudamérica, ¿no?»

Esa sensación da, aunque hemos prestado especial atención a México, que después de todo fue el material de nuestro primer 360º monográfico. Pero también hemos recorrido lugares como El Salvador, a veces para hablar de feminismo, a veces para hablar de cementerios habitados; o Colombia, asistiendo a la ceremonia de los espíritus, o Bolivia, aprendiendo medicina indígena. «¿Y Norteamérica?» La hemos visto menos, pero nos ha dado tiempo de recorrer las llanuras de Utah o de buscar oro en Klondike, por ejemplo.

«¿Estás apuntando los países africanos?»

Siempre nos ha importado mucho conocer el continente más desconocido, dejar de acercarnos a él con paternalismo o desde un punto de vista pesimista, o colonial, y tratar de conocer a sus gentes y sus ciudades tal y como son, no como las dibujamos desde los prejuicios. Y para ello hemos buscado los temas de los que nunca se habla cuando se mira hacia el sur desde Europa. De la literatura de las mujeres del norte de África hasta la situación de la comunidad LGTB en el continente; desde la comida y la cocina en Senegal hasta los sonidos y las músicas que vienen de Mali.

«Lo más difícil ha sido siempre llegar a Asia.»

Todos decimos que sí con la cabeza, porque Asia está lejos geográfica y culturalmente, porque no tenemos el agarre del idioma ni los pasados comunes. Y a lo mejor por eso nos resultan fascinantes de un modo particular Japón o Indonesia, o Birmania. Para llegar a ellas tenemos las extensiones infinitas de Siberia —y hay quien hace escala viviendo tres días en la URSS—. Y aún más lejos nos queda Oceanía, donde nos hemos acercado a conocer la lengua de signos de los aborígenes de Australia.

«El problema de Europa es que todos creemos ya conocerla.»

Uno de nosotros dice que de eso nada, que aún nos queda muchísimo por conocer. ¿O es que acaso todo el mundo cree conocer los volcanes de Islandia y cada barrio de París? Si ni siquiera en España podemos decir eso, donde nos hemos recorrido la meseta con los pastores trashumantes, la marina gallega más salvaje o los pirineos en mulas, como se hacía antes.

Y sí. Echando un vistazo al mapa lleno de chinchetas nos damos cuenta de que hemos estado incluso en el profundo océano. Entonces, ¿habremos recorrido ya todo el mundo?

Nos reímos. No. Apenas acabamos de empezar.

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¡Las fotos de #NavidadAltair!

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De Jaén a Australia… nuestros seguidores en Twitter se han sacado fotos navideñas literalmente desde cada punto del globo. Las fotos del concurso #NavidadAltair han sido divertidas, lejanas, exóticas, cercanas, familiares y hasta con algún toque vintage. ¡Vamos a verlas!

1. Hanoi, Vietnam, por @cristina__jorda: disfraces de Santa Claus a porrillo, como si fueran trajes de flamenca la semana antes de la Feria de Abril de Sevilla.

cristina__jorda

2. Montviso, Italia, por @BabiloniasT: si Heidi no vive en esa casa nos comemos el sombrero.

babiloniast

3. ¡El océano!, por @jdecelisr: No nos ha dicho dónde están, pero esos dos Papá Noeles surferos son el sueño navideño de generaciones de californianos y de amantes de los Beach Boys.

jdecelisr

4. Jaén, España, por @lettera451: la abuela de nuestra follower y sus colegas cantando mononas, villancico típico de la zona, y dándolo todo.

lettera451

5. El Castillo, Rio San Juan de Nicaragua, por @ahoratocaviajar: no se puede esperar NADA con más ganas de las que tienen los protagonistas de la foto.

ahoratocaviajar

6. Bergen, Noruega, por @MabrilMartn: la clásica navidad apacible en los países escandinavos, llena de sol y de cielos azules.

MabrilMartn

7. Tavira, Portugal, por @conectadasblog: íbamos a hacer un chiste sobre esta foto también, pero es que ese atardecer navideño quita el hipo.

conectadasblog

8. Desierto de Australia, por @dosdeviatge: navidades al estilo clásico: en camiseta y con cuarenta grados centígrados.

dosdeviatge

¡Eso ha sido todo por este año en nuestro concurso! ¡Enhorabuena a los premiados y no paremos de viajar!