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NUBES DE LLUVIA, DE BESSIE HEAD

Por Sonia Fernández Quincoces.

 

nubes.lluvia.

 

Puede que ya conozcáis a Bessie Head, en cuyo caso podéis saltaros los próximos dos párrafos, o puede que nunca hayáis oído hablar de ella, en este supuesto las líneas que continúan os pueden ayudar a situaros sobre quién fue esta escritora y cuáles son los vértices de su obra.

En el clarificador prólogo de Nubes de lluvia, su primera novela publicada en 1969, que este mismo año ha sido traducida por primera vez al castellano por Elia Maqueda para la editorial Palabrero Press, la periodista Ángeles Jurado Quintana nos advierte ya de la imposibilidad de deslindar la vida y la obra de esta escritora. Pertenece Head a ese grupo de escritores cuya ficción literaria bebe una y otra vez de su propia existencia, resultando un recorrido por sus diferentes estadías vitales. Leyendo su abrumadora biografía se observa que nunca perteneció del todo a ningún mundo. A pesar de que nació en Sudáfrica, se la considera la máxima representante de la literatura de Botsuana, en donde pasó la mayor parte de su vida adulta como exiliada y refugiada. Aunque transitó por un mundo terrenal, lleno de carencias e injusticias, su frágil salud mental la llevó a habitar también el de la ensoñación o pesadilla que surge de lo más recóndito de la mente cuando esta se pierde sin remedio. Y siendo ella el fruto, que vio la luz en un hospital psiquiátrico, de los amores prohibidos por el apartheid entre una mujer blanca adinerada y un sirviente negro, su piel siempre la situó en la tierra de en medio.

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«Estoy construyendo una escalera a las estrellas…Por eso escribo», nos comunicó en su último escrito conocido Why do I write? (1985). Ese fue su esfuerzo en un intento por dejar atrás su nacimiento en un hospital psiquiátrico, la vida bajo el apartheid, un matrimonio desgraciado, la miseria en la que se vio obligada a subsistir… Vivió pobre, en exceso, y murió pobre, justo en el momento en el que rozaba las puertas de un reconocimiento que se le escabulló en vida y joven, demasiado joven para cualquiera y más para una escritora, a los cuarenta y nueve años, pero dejó tras de si una obra única, llena de momentos mágicos, alucinaciones y originalidad. Nubes de lluvia forma parte de ella.

Estoy construyendo una escalera a las estrellas…Por eso escribo

La literatura sudafricana está repleta de títulos de denuncia y que se sitúan con afán de crítica en el contexto del deplorable e inhumano régimen. A pesar de que Head también formó parte de un grupo de activistas en contra del mismo, no se consideraba a si misma una escritora política. Su sentido de pertenencia, afirmó en varias ocasiones, lo tenía con la humanidad, no con ningún país. Ella conocía lo universal que era el lenguaje de la opresión por lo que su compromiso no se circunscribía a un único límite. Allí donde estuviera sabía que podía verse rodeada por una comunidad salvaje, violenta y asfixiante que perseguía al otro sin tregua. Así, su pensamiento era para todos los hombres y todas las mujeres negras, proponiendo y reimaginando lugares y comunidades, en pos de un mundo a medias utópico, desde los márgenes de un exilio obligado.

En Nubes de lluvia, Head nos propone uno de esos universos que se fraguan por impulso de su contrario: el opresivo apartheid. Huyendo de ese régimen alienante, donde no encaja y se encuentra asfixiado sin presente ni futuro de ningún tipo, llega Makhaya el joven periodista protagonista, a la aldea de Golema Mmidi en territorio botsuano, tal como hizo la propia escritora, anhelando vivir en un «país libre». De hecho Makhaya, como otros personajes de sus novelas, es un trasunto de la propia escritora y de sus experiencias.

Pero Golema Mmidi resulta no ser un lugar como los demás. Habitado por gentes que han llegado huyendo de las tragedias de la vida, el joven pronto conocerá la fraternal acogida y la generosidad de unos habitantes que trabajan únicamente el campo para subsistir en un país en el que la falta de lluvias es una amenaza constante.

Makhaya, como otros personajes de sus novelas, es un trasunto de la propia escritora y de sus experiencias

Allí conocerá a un agrónomo inglés, Gilbert, que ha ideado un sistema cooperativista innovador y rupturista con el sistema tradicional incapaz de sacar de la pobreza a los más pobres y perpetuador de la situación injusta que acaba generando hambruna y muerte. Y también comprobará cómo en una aldea habitada la mayor parte del tiempo solo por mujeres, ya que los hombres se dedican a la ganadería, son ellas las auténticas artífices de que el trabajo agrícola dé sus frutos. Entre ellas emergerá Paulina, una mujer inteligente y luchadora que se enamora de Makhaya y a quien ayudará en su labor de convencer y formar al resto de mujeres de la aldea. Paulina proporciona al joven periodista una imagen diferente, la de alguien imprescindible, tenaz y comprometido, que le hará cambiar su idea sobre las mujeres, al igual que cambiará también su idea sobre los blancos colonizadores gracias a su relación con el británico. Gilbert le llevará a comprobar que no todos los blancos persiguen a los negros y son capaces de trabajar junto a ellos y que, para su sorpresa, gente de su misma raza pueden acabar siendo los verdugos para su propia gente.

Pero Golema Mmidi además de un lugar semi-idilico muestra hasta qué punto la resistencia al cambio puede hacer que la mejor de las ideas fracase. Los nuevos y modernos métodos chocan de frente con los poderes locales que se resisten al avance, el sistema tribal de propiedad de las tierras es uno de los principales obstáculos. Se desean nubes de lluvia, capaces de obrar el cambio. Bessie Head las conjuraba para todos nosotros.