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África no es un país, un Paso de Boubacar Boris Diop

Africa

Boubacar Boris Diop vuelve a los Pasos de Altaïr Magazine con «África no es un país. El ideal afectivo, el conjunto físico». En este texto el autor reflexiona sobre africanidad, negrofobia y unidad. Si quieres leer el texto completo lo encontrarás aquí.


En los años 60 hablábamos de buena gana de una África que se extendía del Cairo a Ciudad del Cabo. La expresión hacía referencia en el imaginario colectivo a un continente gigante pero uniforme a pesar de su extrema diversidad cultural. Nuestro profesor de geografía nos decía con orgullo que África podría contener a China, Estados Unidos, la India y Europa del Este, además de Italia, Alemania, España y Francia. Y añadía que por sí sola la propia República Democrática del Congo es tan grande como toda Europa Occidental. 

Es cierto que esta unidad se ha ido agrietando por todas partes a lo largo de las últimas décadas, amputando, para empezar, su componente árabe. Yo mismo viví algún tiempo en Túnez, y pude comprobar que allí me consideraban como un venido de la conocida como África subsahariana, un continente radicalmente distinto. Habría ocurrido lo mismo en otros lugares del Magreb, pero también en Libia y en Egipto. Estos países que muestran con todo su derecho su «sentir árabe», parecen más fascinados por una Europa que, aunque muy próxima, les está prohibida. ¿Este rechazo de su africanidad tiene que ver con el color de la piel? Sin duda, porque la negrofobia continúa siendo virulenta en las sociedades árabes. Las noticias de Catar o de Arabia Saudita nos lo recuerdan a menudo y sigue confirmándose trágicamente en el caos libio. 

Pero no es la única razón, porque los procesos de dislocación son menos raciales de lo que en principio podríamos pensar. En Sudáfrica, por ejemplo, a toda la parte del continente situada al norte de Limpopo (empezando por el vecino Mozambique) se le supone una pertenencia a un universo lejano y extranjero. Una anécdota ilustra perfectamente esta forma de pensar: en agosto de 2010 una sudafricana a quien pregunté en una cena si había tenido la ocasión de visitar Senegal me respondió con total espontaneidad —antes de rectificar— «No, nunca he estado en África». Esto no es todo: ¿quién tiene en cuenta que Madagascar, las islas Mauricio y Cabo Verde son miembros de la Unión Africana?

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Las largas piernas de la primavera, un Paso de Boubacar Boris Diop

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ESCRITOR, PERIODISTA, GUIONISTA, DRAMATURGO… BOUBACAR BORIS DIOP (SENEGAL, 1946) ES UNA DE LAS VOCES AFRICANAS MÁS INTELIGENTES Y CRÍTICAS CON EL COLONIALISMO ECONÓMICO DE OCCIDENTE Y SU IMPOSICIÓN DE MODELO SOCIAL. EN ESTE PASO DE ALTAÏR MAGAZINE, SUBTITULADO APROPIADAMENTE «LIBIA Y LA FATALIDAD», ANALIZA CON DUREZA EL FRACASO DE LAS «PRIMAVERAS ÁRABES» Y SU INSTRUMENTALIZACIÓN POR PODERES AJENOS A LOS PAÍSES QUE LAS VIVIERON. OFRECEMOS AQUÍ UN FRAGMENTO DE ESTE TEXTO IMPRESCINDIBLE.


[…]

Podemos, sin querer echar sal en las heridas, recordar la advertencia del último Ministro de Asuntos Exteriores de la era soviética a Henry Kissinger: «El comunismo ha muerto, nos habéis derrotado sin piedad, pero bien pronto nos echaréis de menos». La indirecta: no celebréis con tanta prisa, tendréis nuevos enemigos con los que ni siquiera podréis hablar. Los atentados del 11 de septiembre y, peor aún, los siniestros métodos del Estado Islámico, que sueña, parecería, con el Apocalipsis químico, deberían invitarnos a meditar sobre ese sombrío pronóstico. Con un tono menos irónico, en plena Segunda Guerra Mundial, Brecht invitaba a la humanidad a no «cantar victoria a destiempo» pues, según el autor de La evitable ascensión de Arturo Ui, seguía siendo «fecundo» el vientre «del que había salido la inmunda bestia».

En Senegal, tenemos un modo más sencillo de decir todo esto: Àddina dafa gudd tànk. Literalmente, casi palabra por palabra: «La vida tiene piernas largas». La frase, a menudo acompañada de una pequeña sonrisa maliciosa y decepcionada, se oye en nuestra tierra en las circunstancias más banales de la vida cotidiana. Puede, no obstante, expresar también el rechazo a dejarse impresionar por la aparente rapidez de las grandes tragedias humanas. Lo que viene a decir es que, al estar toda sociedad moldeada desde dentro, sin cesar, por fuerzas oscuras, el tiempo de un hombre será siempre el tiempo de todo lo posible. Al final, nada de lo que somos testigos durante nuestra existencia, por imprevisible que sea, debería sorprendernos.

Creo haber dicho bastante para ayudar a comprender el título de mi propuesta, que puede haber parecido misterioso, esto es, extraño, a ciertos lectores. Significa que voy a esforzarme en evaluar ante ellos, lo más claro que pueda, el impacto en África subsahariana de las recientes insurrecciones árabes. Nos han afectado de un modo duradero incluso si, cosa sorprendente, la mayor parte de los comentaristas prefieren guardar silencio al respecto. En realidad, es la propia Primavera árabe —aunque la hubieran acogido con entusiasmo al principio— la que desearían olvidar. Ha tenido como resultado un desastre tal que a las pocas personas que aún intentan  descifrarla les cuesta bastante disimular su perplejidad y su vergüenza.

De hecho, muchos están tan decepcionados que no dudan en insinuar que la Primavera árabe fue suscitada desde fuera por poderes —no hace falta decir nombres— escondidos en las sombras. ¿Qué hay de cierto en esto, realmente? La hipótesis de un impulso extranjero no puede descartarse a priori para Egipto y sobre todo para Libia, pero al haber tenido, por así decirlo, la oportunidad de escuchar los primeros vagidos de lo que se ha dado en llamar la «Revolución de los jazmines», me resulta difícil dudar de su total espontaneidad.

El testimonio que sigue es, en mi opinión, prueba suficiente.

En aquel entonces, llevaba ya cuatro años viviendo en Túnez, ciudad de la que me alejaba a menudo por mis actividades literarias. Una tarde, volviendo de un viaje, le pregunté a los amigos que habían venido a recogerme al aeropuerto si sabían algo de la historia de un joven que había intentado suicidarse prendiéndose fuego. Yo había visto la información pasar discretamente en varias cadenas de televisión para después desaparecer casi de inmediato. No, mis amigos tunecinos no estaban al corriente. Y ni a ellos ni a mí nos había parecido un asunto en verdad digno de interés: desde noviembre de 1987 su país estaba gobernado con mano de hierro por un régimen que, supuestamente, todo lo veía y todo lo escuchaba, y hacía falta estar loco para imaginarse aunque fuese por un instante que ese gesto de desesperación pudiera hacerlo tambalear. Estábamos a finales de diciembre de 2010. Bien, pues dos semanas más tarde, el 14 de enero de 2011, Zine Abedine Ben Ali, el todopoderoso amo de Túnez, escapaba de su palacio de Cartago en las condiciones rocambolescas que todos conocemos. Así pues, la protesta solitaria —interpretada después, por cierto, de modos diferentes— de un joven frutero había acabado con un poder que los tunecinos creían (y que había acabado por creerse a sí mismo) totalmente protegido frente a la cólera popular.

Ya sabemos cómo siguió la historia. Todos vivimos, como en una alucinación colectiva, el hundimiento, en unas pocas semanas, uno tras otro, del Egipto de Hosni Mubarak y la Libia de Muamar Gadafi. Más allá de esas caídas espectaculares, conviene recordar el miedo que se apoderó bruscamente de casi todos los regímenes árabes, haciendo que por fin fuesen conscientes de la necesidad urgente de dotarse de válvulas de seguridad. Sólo las ricas monarquías petroleras del Golfo, aunque sufrieran algún traspiés de tarde en tarde durante un tiempo, no tuvieron realmente nunca nada que temer. Si el asunto no fuese tan grave, cabría divertirse con la ingenuidad de los que pensaban que se podría derribar a aliados tan preciosos del bloque occidental —y en particular de los Estados Unidos— invocando quién sabe qué ideal de sociedad democrática. No puede ser tan fácil, habrase visto. Esta inmunidad casi natural de regímenes arcaicos y brutales —Arabia Saudita alcanzó el pasado mayo de 2015 las 85 decapitaciones públicas— mostró pronto, hablemos claro, los límites objetivos de la Primavera árabe y sembró en miles de personas la semilla de la duda.

Si no hubiera decidido referirme, para limitar las ambigüedades, a su lado africano, me hubiera explayado sobre las guerras en curso en Yemen y en Siria, que también derivan, aunque sea de un modo más tortuoso, de aquella primavera.

En el momento en que los himnos a la libertad se elevaban por todas partes, era banal maravillarse de que una causa tan pequeña —el suicidio de un treintañero de Sidi-Bouzid— hubiese producido en tres semanas efectos tan asombrosos. A los pocos audaces que se permitieron ligeras dudas les recordamos con rapidez que si una mariposa agita sus alas en Tokio… Pero esa fase de estupefacción ha pasado ya hoy y las lenguas vuelven a destrabarse. Quizás demasiado. Eso no impide que la insurrección tunecina fuese, para algunas potencias occidentales, la oportunidad de oro para saldar, sin parecer que estaban involucradas, viejas cuentas con regímenes indóciles. Eso parece bastante probable, incluso si la parte oculta en sombras de esos eventos seguirá fascinándonos, sin duda, aún durante mucho tiempo. Así, es mejor dejar que sea la Historia, que se burla no poco de nuestras impaciencias, la que entregue la llave para abrir ese cajón cuando prefiera.

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Un año de 360º

«Monografías de viajes desde otros ángulos»
La obsesión constante que ha guiado nuestra andadura por este primer año de Altaïr Magazine ha sido la de observar la realidad siempre desde un prisma diferente al habitual, desde otro punto de vista. Para ello hemos tirado siempre de una de nuestras bases más firmes ideológicamente, en nuestro periodismo: para poder contar primero es necesario escuchar. No se trata de que nosotros, occidentales, vayamos a «descubrir» otros lugares del mundo a nuestros lectores. Se trata de que los habitantes de esos otros lugares sean los que nos cuenten cómo es el sitio en el que viven. Periodismo de viajes de dentro hacia fuera, y no al contrario.
Han sido cinco monográficos 360º durante este año que nos han llevado por México, Cerdeña, Dakar —donde además todos los artículos han sido hechos por senegaleses, habitantes de la capital—, Paraguay y, finalmente, ese triple salto mortal sin red que hemos dado con nuestro último monográfico sobre Cartografías.
Es difícil para nosotros, la Redacción, no mirar con especial orgullo las entrevistas que hemos incluido en nuestros monográficos. Cómo olvidar aquella conversación con Juan Villoro donde se preguntaba sobre qué sería de México si fuese un país normal; o la fascinante entrevista con la afropolita Taiye Selasi, novelista oriunda de muchos sitios a la vez; o la charla enérgica y a ratos delirantemente divertida, a ratos dolorosamente seria, con el gran Jon Lee Anderson; o esa conversación pausada e inolvidable con el escritor senegalés Boubacar Boris Diop, que además hizo para el monográfico sobre Dakar un formidable artículo político-lingüístico que, como dice Mario Trigo, nuestro redactor jefe, «hablando de dos figuras clave habla de toda la descolonización, de su propia generación africana y permite ver varias dimensiones extra de Senegal».
Belén Herrera, responsable de administración editorial, se queda con esa «caja que cambió el mundo», el texto sobre los contenedores de carga que escribió Jaime López para el monográfico sobre Cartografías. «Me leí el artículo con la boca abierta como una niña flipando con la historia de la cajita culpable de la globalización, y de cómo el aburrimiento dio origen a un invento tan simple como trascendental», confiesa Belén.
No podemos despedirnos de este repaso por los 360º sin volver al texto preferido de muchos en la redacción. Ese en el que Simon Sellars habla de Google Earth y nos muestra exactamente el tipo de reflexión que  buscamos cuando pensamos en el viaje y sus alrededores:
[Google Earth] Es la expresión definitiva de lo que los cartógrafos llaman el punto de vista de Dios: el deseo de una objetividad visual absoluta en los mapas, presentando cada región del globo en su lugar correcto.
Esos son nuestros 360º: un deseo de objetividad que se componga de la suma de las subjetividades de los habitantes de los lugares a los que vamos. Un relato sobre qué significa SER de un lugar, mucho más que simplemente visitarlo.
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Entrevista a Boubacar Boris Diop, por Pere Ortín

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Novelista, ensayista, dramaturgo, articulista, guionista, conferenciante y profesor universitario, Boubacar Boris Diop es uno de los intelectuales más importantes de África. Nació en 1946 en la Medina de Dakar y, según él, este hecho define su inconformismo perpetuo. Pere Ortín habló con él para el monográfico 360º dedicado a Dakar y ahora ofrecemos en abierto un fragmento de dicha entrevista.


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Aunque no podemos vernos las caras —la cámara de su ordenador no funciona— la conversación empieza a fluir: comentamos su autoexilio voluntario en la tranquila cuidad de Saint Louis, donde se dedica a la docencia y en la que «aún se puede ver el mar»; detalles casi inconfesables relacionados con nuestra pasión común por el fútbol; la admiración compartida por la ironía de Borges; y, entre risas, de una antigua portada del número 16 de la ya desaparecida revista francesa Sépia que tengo en mis manos y dónde hace 20 años se le veía «muy joven» bajo un titular que sirve de inicio a esta larga conversación y preguntaba: «Qui êtes-vous, Boubacar Boris Diop?» 

—¿Quién es usted, Boubacar Boris Diop?

—Soy la suma de los libros que he escrito, de las vidas que he vivido, de toda gente que he conocido y de las muchas experiencias que he tenido y que me cambiaron. Soy ese itinerario vital. Soy también un niño de la Medina de Dakar y eso es una forma de rebelión. Ser un niño de la Medina es, de algún modo, estar en disidencia perpetua.

Boris Diop es un senegalés del mundo: vivió dos años en México, cuatro años en Túnez, un año en Suiza y otro en Sudáfrica. Nunca ha dejado de viajar, de desplazarse allá donde sus conocimientos han sido requeridos para enseñar, en África, Europa o EE.UU., pero cuando hace unos años le ofrecieron volver a Senegal para enseñar en la universidad le gustó la idea de instalarse en Saint Louis, cerca del mar, y no en Dakar, que es su ciudad, pero que, dadas sus inhumanas dimensiones, «hoy se le escapa de las manos entre recuerdos nostálgicos». Imparte su saber en la Universidad Gaston Berger de Saint Louis y trata de transmitir «experiencias vitales» a unos estudiantes que poco o nada tienen que ver con la época en la que él estudió Letras, Filosofía y Periodismo.

Influenciado por las obras de Cheikh Hamidou Kane, autor de Los guardianes del templo y La aventura ambigua —«un texto capital», según Boris Diop— y también por trabajos como La plaie de Malick Fall, Boris Diop tiene muy clara la respuesta a una pregunta clave:

—¿Cuál es tu autor y atmósfera senegalesa de referencia?

—Sembéne. Para mí, de todo lo que creó Sembéne, como cineasta y escritor, lo más importante es Les bouts de bois de Dieu (Las astillas de Dios). Es un libro que nos acompañó a toda una generación y que contiene una gran idea de justicia basada en una especie de respeto de uno mismo. Creo que Sembéne piensa, realmente, en nuestro espíritu y en nuestro corazón. Si sólo hubiese escrito ese libro, si no hubiese dirigido sus magníficas películas o escrito sus otros libros, creo que ya hubiese merecido seguir presente en nuestra memoria.

En las novelas de Boris Diop casi nada es lo que parece ya que, como ha escrito Alioune Badara Diane, profesor de letras de la UCAD de Dakar, «la polisemia, el polimorfismo, la polifonía, la paradoja y la ambigüedad» son términos muy importantes a la hora de descifrar las obras de un narrador al servicio de su pueblo y cuya obra, realista y, al tiempo, ensoñadora, involucra el enigma. Y es sabido que, como asegura poéticamente el personaje Fartamio Andra en Las Siete Soledades de Lorna López de Sony Labou Tansi, «el enigma es la mejor y más bonita explicación del mundo».

Enigmas, polimorfismos, paradojas, polisemias. Boubacar Boris Diop comparte la idea de Milan Kundera de que «El espíritu de la novela es el espíritu de la complejidad. Cada novela le dice al lector: “Las cosas son más complicadas de lo que piensas”. Esta es la verdad eterna de una novela». Y puede que también sea la verdad eterna de la vida.

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Cerrando el año entre viajes y crónicas

Ya llevábamos algunas semanas apareciendo en las redes, haciendo Voces, creando Pasos, avisando de que llegábamos. Anunciando que empezaríamos por irnos a México pero que eso solo era el principio. Entonces, un 3 de julio, nos presentamos en sociedad, en la librería de siempre —nobleza obliga— para no olvidarnos de donde venimos, pero con el propósito firme de salir de sus muros y trasladarnos al resto de lugares de habla hispana. Nacía ALTAÏR MAGAZINE y nuestra nueva casa era la Red.

Lo dijimos desde el principio, como base inamovible: el nuestro es periodismo de largo aliento y de gran recorrido, «cada historia es repasada, leída, editada, y puesta en duda varias veces antes de ver la luz. Lo mismo con cada fotografía, con el orden en el que van colocadas para fortalecer la narración; con el audiovisual ocurre del mismo modo. No precipitarnos es una decisión tomada a conciencia: si no trabajamos duro para entregaros las mejores historias, ¿por qué habríais de acompañarnos?».

Y a pesar de ello, en apenas medio año hemos producido tres monográficos completos y complejos sobre tres puntos muy diferentes del globo (México, Cerdeña y Dakar); numerosos Pasos reinventando los géneros, donde mezclamos crónica y reseña, ficción y ensayo, ilustración y prosa; y decenas de Voces de todo el mundo contando sus realidades, publicadas en abierto y gratuitas para todos los lectores. Esto es un pequeño resumen de todo ello, de lo que ALTAÏR MAGAZINE quiere ser y ha ofrecido a sus lectores:

–       En nuestros monográficos hemos ensayado nuevas formas de contar los lugares, usando nuevos formatos, como el mapa interactivo de contenidos sobre Dakar que presentamos en su 360º. También hemos dado la relevancia que se merece a la fotografía, buscando que no sea una simple ilustración sino un modo más de narrar, como la sorprendente historia de los Luchadores del polvo de Lizeth Arauz en nuestro especial sobre México. Y por supuesto no olvidamos a nuestros autores, que cuentan la realidad desde dentro y no como meros visitantes: desde Ana Claudia Rodríguez haciendo una crónica tanto personal como histórica de la emigración sarda en Argentina, hasta Simona Manna, ilustrando todo un territorio a partir de una conversación íntima y familiar. Por no hablar de nuestra apuesta por la producción local en nuestro 360º sobre Dakar, donde por una vez África no está contada desde Europa, sino desde dentro, con las voces de intelectuales como Boubacar Boris Diop, Oumar Ndao, Ken Bugul y muchos otros.

–       En nuestros Pasos hemos tenido el privilegio de contar, entre muchos otros, con dos de las mejores plumas en español a la hora de hablar y reflexionar sobre la literatura de viajes. Jorge Carrión y su serie de «La tradición inquieta», con grandes escritores y viajeros como Juan Goytisolo o Jan Morris; y Gabi Martínez y sus artículos a medio camino entre la narración y la crónica, como aquel texto espectacular sobre el zoólogo Vicente Uríos y la «resurrección» de algunas especies extintas. Eso son los Pasos en ALTAÏR, una revisión de los modos de contar, que tan bien ejemplifica el reportaje que dedicó Ralph Zapata Ruiz a la pobreza en el valle peruano de Lares: directo, preciso y sin melodrama.

–       Y nuestras Voces, nuestra cara más visible, textos en abierto y gratuitos para todos los lectores donde caben desde reseñas, como la de Belén Herrera sobre Un dragón latente de Norman Lewis, hasta crónicas de eventos relacionados con Altaïr, como la que dibujó —sí, dibujóPedro Strukelj cuando nos visitó el escritor Marcello Fois. Un espacio para voces del periodismo viajero latinoamericano, como Carolina Reymúndez y su «fin de la veranada» en Chile. Un espacio también para la producción propia de ALTAÏR MAGAZINE, como ese viaje mágico, literario y árido que hicieron nuestras redactoras por la soledad de Sobrepuerto, en el Pirineo aragonés.

Medio año. Seis meses que nos han parecido una vida, la primera de la que vamos a vivir con nuestros lectores y nuestros autores. Porque ALTAÏR MAGAZINE no es solo «una revista de viajes»: es una manera de entender el viaje, el periodismo y la vida.

¡Feliz 2015 a todas y todos!

 

 

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«Qui êtes-vous, Boubacar Boris Diop?»

boubacar sepiaAunque no podemos vernos las caras —la cámara de su ordenador no funciona— la conversación empieza a fluir: comentamos su autoexilio voluntario en la tranquila cuidad de Saint Louis, donde se dedica a la docencia y en la que «aún se puede ver el mar»; detalles casi inconfesables relacionados con nuestra pasión común por el fútbol; la admiración compartida por la ironía de Borges; y, entre risas, de una antigua portada del número 16 de la ya desaparecida revista francesa Sépia que tengo en mis manos y dónde hace 20 años se le veía «muy joven» bajo un titular que sirve de inicio a esta larga conversación y preguntaba: «Qui êtes-vous, Boubacar Boris Diop?» 

Esa portada la tenía guardada Pere Ortín, nuestro director, y es la que ilustra esta entrada del blog. ¡La tenía guardada! Sí que se ve joven a Boubacar, quien con el tiempo se ha convertido en uno de los intelectuales de referencia de nuestro tiempo, no sólo africano, sino en todo el mundo. Novelista, ensayista, filósofo, periodista… ¿Quién eres, Boubacar Boris Diop?

—Soy la suma de los libros que he escrito, de las vidas que he vivido, de toda gente que he conocido y de las muchas experiencias que he tenido y que me cambiaron. Soy ese itinerario vital. Soy también un niño de la Medina de Dakar y eso es una forma de rebelión. Ser un niño de la Medina es, de algún modo, estar en disidencia perpetua.

A lo largo de la larga conversación que tienen ambos —bendito Skype, bendito Internet— van surgiendo paulatinamente los temas recurrentes de Boubacar Boris Diop: su nostalgia de la Dakar de su infancia, el gusto por la lectura aprendido de su padre; la convivencia de la revolución, la esperanza, el desencanto y el fracaso en sus libros; la influencia de las obras de Cheikh Hamidou Kane y otros autores senegaleses; y sobre todo el hartazgo del pesimismo occidental hacia África, de la condena previa que se hace del africano, señalado como sin futuro y fracasado antes de empezar siquiera a vivir.

En todos estos años reprocho al afropesimismo el querer juzgar y condenar a África tras sólo unos decenios de falsa independencia (después de siglos de relación destructiva con Europa). Es, al menos, prematuro.

Es imposible resumir aquí la profundidad y la complejidad de los temas tratados en la conversación entre Pere Ortín y Boubacar Boris Diop (¿Cuándo una entrevista deja de serlo para pasar a ser una conversación?). Queda aún en el tintero la relación con Europa, con Francia, el horror de la muerte en el océano buscando un futuro en el viejo continente. O la lengua, el abandono progresivo del francés en beneficio del wólof, en busca de poder expresar quién es en la lengua original de su tierra. Porque, como él mismo dice, «decidí cambiar al wólof para poder merecerme también el respeto de los demás. Se trata de incluir en el ámbito del saber y de la creación literaria a la inmensa mayoría de nuestro pueblo

Lee, mira y escucha la entrevista completa de Pere Ortín a Boubacar Boris Diop en nuestro 360º dedicado a Dakar en ALTAÏR MAGAZINE.

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Dakar: un índice para una ciudad infinita (y II)

Cabecera Dakar 2.0 (desfile de Adama Paris) - Mamadou Gomis

Recuerdo como si fuera ayer la primera vez que fui a Dakar, en compañía de mi madre. La noche anterior no había podido pegar ojo. Estaba ansiosa y emocionada; también tenía un poco de miedo. Miedo a no poder adaptarme, miedo a perderme. Para mí, que entonces tenía once años, Dakar no era una ciudad como las otras a las que ya había ido, siempre acompañada por mi madre. Creía que Dakar ni siquiera se encontraba en Senegal, ni en ninguna otra parte del mundo. Dakar tenía que estar en una región lejana en la que vivían seres extraordinarios, diferentes de los habitantes de mi pueblo. ¿Quizás Dakar estaba en otro planeta? ¡Salía de mi pueblo con mi imaginación vagabunda en bandolera para ir a esa ciudad de la que la gente hablaba con admiración y temor secreto!

Así describe la escritora senegalesa Ken Bugul su primer viaje a la capital, una ciudad que era para ella tan extraña y tan misteriosa, tan desconocida, como lo es para el resto del planeta que no vive allí. Ella nos cuenta su primer viaje pero también los sucesivos, que han ido configurando la silueta de la ciudad en la que vive de un modo personal e irremplazable: EN LA GARE DE DAKAR es el regalo en forma de texto que nos hace Bugul en nuestro 360º de ALTAÏR MAGAZINE. Ya vimos parte de los contenidos que podemos encontrar dentro hace unos días, y hoy revisamos el resto:

BOUBACAR BORIS DIOP – Entrevista de Pere Ortín al escritor de los mil colores, pensador, periodista, figura de referencia de la cultura senegalesa. Podremos oírlo y leerlo, y nos hablará de cómo afectó el genocidio de Ruanda a su escritura y por qué ha tomado la decisión de publicar en wólof.

EL WÓLOF CONTRA EL FRANCÉS – Uno era musulmán muridí, wólof y anticolonialista. El otro, católico, serer y francófilo. Uno, Cheikh Anta Diop, fue uno de los científicos y antropólogos más importantes del estado africano. El otro, Léopold Sédar Senghor, fue presidente de la República de Senegal durante veinte años. Boubacar Boris Diop cuenta sus vidas paralelas.

DAKAR LA INEFABLE – Un extracto de la obra del mismo título del recientemente fallecido Oumar Ndao, un retrato de la capital a medio camino entre la crónica histórica y el diario de viajes.

BLACK SURF DAKAR – El periodista y fotógrafo Alex Ndongo Gaye nos acerca a la figura de Oumar Seye, leyenda del surf senegalés.

¡DIME, DAKAR! – Una carta de amor a la ciudad, poética y personal, por parte de Massamba Guèye, Director General del Teatro Nacional Daniel Sorano, en Dakar.

100 AÑOS DE LA MEDINA DE DAKAR – El periodista Abdou Khadre Gaye hace un recorrido por los cien años de vida del popular barrio de la ciudad.

CONFESIONARIO EN NEGRO Y AMARILLO Cheikh Fall nos enseña las aventuras de los muy particulares taxistas de Dakar.

EN ÁFRICA, UNA IMAGEN NO ES REALMamadou Gomis, responsable de las fotos de todo nuestro especial, y la lucha por el punto de vista fotográfico en su propia ciudad.

YÉKINI, LE ROI DES ARÈNES – Finalmente, Fran García, nuestro experto en cómic, analiza la novela gráfica de Lisa Lugrin y Clément Xavier sobre un deporte tan especial como la lucha senegalesa y sobre Yékini, su más grande luchador.

 

Veinte artículos, veinte temas, llenos de fotografías, de mapas, de entrevistas y de historias. Y se nos quedan cortos, porque Dakar, pese a todo, sigue siendo infinita.

360º de ALTAÏR MAGAZINE, monográfico sobre Dakar.

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Dakar: un índice para una ciudad infinita (I)

CABECERA_Car-rapideDice nuestro editorial, con el que se abre el monográfico 360˚ sobre Dakar de ALTAÏR MAGAZINE: «Hoy, Dakar es una ciudad que cambia todos los días, tolerante y abierta, donde Alá sigue siendo “grande”, pero sabe convivir; en construcción permanente…» Y concluye, más adelante: «…en la que el renacimiento africano mira al océano, y donde la vida es un laberinto improbable».

Y sí, así es Dakar, tan inabarcable que hemos decidido publicar hasta veinte artículos diferentes en el monográfico. Y todos han sido hechos por autores locales o giran alrededor de ellos, los habitantes de la capital senegalesa, los hablantes de francés y de wólof, quienes conocen la realidad de la ciudad de primera mano, viajeros desde dentro. Y estas son algunas de las cosas que nos han contado:

EL MAPA DEL 360º – Una producción propia de ALTAÏR MAGAZINE, un viaje fotográfico y de contenido por nuestro especial directamente sobre el mapa de Dakar.

UN VIAJE DE CHINA A DAKAR. DE KAIFENG A CENTENAIRE – El profesor Daouda Cissé nos acerca al comercio chino en la muy bulliciosa Avenida Centenaire.

CINÉ BANLIEU – El cineasta Keba Danso nos pone en contacto con el «cine suburbio», las pantallas periféricas y el festival del barrio de Pikine.

LA PENÍNSULA DESHIDRATADA – El escritor Boubacar Boris Diop pone sobre el papel cómo era la Dakar de su infancia y cómo es la actual, de crecimiento urbanístico desaforado.

SÉ FUERTE, FADEL – Entrevista de Pere Ortín a Fadel Barro, el símbolo de una nueva África, cara visible del movimiento Y’En a Marre («Ya basta»).

DAKAR 2.0 – La bloguera Ken Aicha Sy se acerca al arte y a la música contemporánea que surge y se desarrolla en centro de la ciudad.

EBOLA SOCIAL NETWORKCheikh Fall, ciberactivista, explica cómo funciona el activismo senegalés en las redes sociales con el ejemplo de las campañas de alerta y prevención contra el virus.

LUX MEA LEX. LA UNIVERSIDAD CHEIKH ANTA DIOP – La historia de la mítica UCAD contada por el periodista Moustapha Diop.

LIBERTAD, MODERNIDAD Y UN TOQUE DE ELENGANCIA – Entrevista del equipo de ALTAÏR MAGAZINE a Adama Paris, diseñadora de moda y creadora de la Dakar Fashion Week.

VIVES VOIX – Un reportaje sobre la odisea de ser editor de libros en la capital senegalesa.

 

Y esto solo es una parte. Porque, como bien sabemos en ALTAÏR MAGAZINE, Dakar siempre está por descubrir…

360º de ALTAÏR MAGAZINE, monográfico sobre Dakar.

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360º alrededor de Dakar

Recuerdo como si fuera hoy la primera vez que fui a Dakar, en compañía de mi madre. La noche antes no había podido pegar ojo. Estaba ansiosa y emocionada. También tenía un poco de miedo. Miedo de no poder adaptarme, miedo de perderme. Para mí, que entonces tenía once años, Dakar no era una ciudad como las otras a las que ya había ido, siempre acompañada por mi madre. Creía que Dakar ni siquiera se encontraba en Senegal, ni en ninguna otra parte del mundo. Dakar tenía que estar en una región lejana en la que vivían seres extraordinarios, diferentes de los habitantes de mi pueblo. ¿Quizás Dakar estaba en otro planeta?

Así empieza el texto que nos ofrece la escritora Ken Bugul en el próximo monográfico 360º de ALTAÏR MAGAZINE. Bugul (seudónimo de Mariètou Mbaye Biléoma) venía de la provincia de Ndoucoumane, tierra de baobabs, y su idea de la capital senegalesa seguramente no era muy distinta de la que se puede tener en otros lugares: mítica, misteriosa, desconocida, caótica, frenética. Tan acertada o equivocada como cualquier idea preconcebida.

Dakar es el nuevo destino de los monográficos 360º de ALTAÏR MAGAZINE, como siempre lejos de la postal y de las guías al uso. La capital de Senegal es el gran polo urbano de África Occidental, una urbe en crecimiento, sometida a las mismas tensiones que se observan en todas las grandes ciudades del continente pero exhibiendo con orgullo una vida cultural en ebullición y nuevos fenómenos políticos y sociales. Una capital dinámica que nos lanza de lleno a la contemporaneidad africana.

Narraciones, crónicas, ensayos, entrevistas, fotografías… Contenidos hechos por autores locales, desde dentro: desde las imágenes del fotodocumentalista Mamadou Gomis hasta los textos de Ken Bugul, Boubacar Boris Diop, Saly Wade y muchos más que nos llevarán de viaje por Dakar como nunca antes habíamos visto.

Historias exclusivas, una visión diferente del viaje como máquina de hacer y hacerse preguntas. Este diciembre, Dakar en ALTAÏR MAGAZINE.