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Cartógrafos del cielo, por Natalia Ruiz Zelmanovitch

Nuestro 360º sobre Cartografías ha buscado explorar muchas dimensiones. Si nos hemos preguntado por los mapas íntimos, los que nos guían en el terreno de la identidad, ¿cómo no hacerlo por los más grandes, los que sitúan esta roca que es la Tierra en el cosmos infinito? La periodista Natalia Ruiz Zelmanovitch, experta en divulgación de la ciencia, nos explica cómo intentamos entender un poco mejor lo que está a la vuelta de la esquina en nuestro vecindario galáctico.

 

Elevar la mirada a los cielos oscuros es casi tan consustancial al ser humano como respirar. Observar los fenómenos de esa oscuridad de un modo científico nos ha llevado a construir instrumentos increíbles, potentes máquinas cada vez más precisas que, como extensiones de nuestros propios ojos, nos desvelan la física, la química, la historia de un universo complejo y variado. Pero, al igual que en la Tierra —nuestro diminuto punto azul pálido, como dijo Carl Sagan—, también buscamos referencias espaciales allá arriba. Hacemos mapas del cielo.No tenemos remedio: necesitamos mojones, carteles, indicaciones, referencias. Necesitamos mapas. Nuestra vida de conductores (y de peatones) ha sufrido un vuelco vertiginoso con el desarrollo de aplicaciones digitales que nos colocan en el mundo. Basta con conocer la dirección para llegar a nuestro destino (con más o menos desvíos, lo que depende de la persona y de sus habilidades —en mi caso, relativas—). Pero eso ya era una actividad común hace siglos: nuestros antecesores escrutaban el cielo y, utilizando sus conocimientos sobre astronomía de posición, navegaban más allá de los mares, viajando de un extremo a otro del mundo. Estudiaban el cielo marcando su movimiento. Cuántas preguntas debió generar esto… Que se lo digan a Galileo, que fue el primero en apuntar un telescopio para observar las estrellas y fue perseguido por afirmar que la Tierra era la que se movía alrededor del Sol, y no al revés.

Ha costado, pero ahora sabemos que la Tierra, esa mota azul e insignificante en el vasto universo, es el tercero de ocho planetas del Sistema Solar, una familia formada por el Sol, nuestra estrella anfitriona. También sabemos que esta pequeña familia monoparental (es muy común que las estrellas vivan en pareja; son las conocidas estrellas binarias) está en un brazo espiral de la galaxia Vía Láctea. Ésta, a su vez, forma parte de un conjunto de unas 40 galaxias llamado Grupo Local, que se encuentra en el denominado Supercúmulo de Virgo, el cual… Bueno, digamos que a partir de aquí las dimensiones se vuelven difíciles de manejar.

Entre quienes estudian el cielo hay una obsesión: hacer (fíjense en que siempre encontrarán esta frase) el mapa del cielo más preciso obtenido hasta el momento. Esa coletilla, «hasta el momento», es nuestra eterna cantinela. Porque, afortunadamente, seguimos mejorando y ampliando nuestra visión del universo.

Dado que la Tierra se mueve, nuestro cielo también se mueve. Este hecho, que parece tan sencillo, supuso un reto para poder elaborar los primeros mapas que situasen a las estrellas en el cielo.

Pero en el antiguo Egipto, en Mesopotamia, en China y en América Central dedujeron su movimiento relativo y empezaron a plasmar lo que veían; dieron a luz mapas donde se pintaban las estrellas que podían verse a ojo. Luego irrumpirían los sabios griegos, revolucionando el mundo con sus teorías.

Siglos después, tras la llegada de la astronomía moderna a Europa de la mano de Nicolás Copérnico, el siguiente gran salto fue la astrofotografía; con ella, los mapas comenzaron a crecer y poblarse. El acoplamiento de cámaras fotográficas a los telescopios supuso un golpe brutal: tanto en lo relacionado al almacenaje de las placas fotográficas (y no es broma) como en lo que atañía a su análisis. De hecho, examinarlas se llegó a considerar una tarea tediosa. Por ejemplo, en el Observatorio de Harvard se contrató a mujeres para esta tarea tan «aburrida», dando lugar a una generación de astrónomas (las llamadas «calculadoras») que revolucionó por completo nuestro concepto de la materia.

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