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Una África diferente

Llega el segundo número en papel de Altaïr Magazine. 200 páginas de un nuevo monográfico que nos invita a visitar una ciudad «recorrida por una corriente subterránea de amor y odio», adorada en la nostalgia, llena de fuerza vital y de entropía y abierta al mundo: Dakar, la capital de Senegal.

Lo dice claro nuestro director, Pere Ortín, en el editorial del monográfico: «las grandes ciudades africanas no existen para formar una suerte de segunda división o liga B de los destinos mundiales. De Ciudad del Cabo a Nairobi o Maputo y de Lagos a Dakar o Douala, existen, también, para ser vividas y disfrutadas más allá de las postales turísticas estandarizadas».Y en este número vivimos y disfrutamos Dakar con la mirada de sus escritores (Boubacar Boris Diop o Ken Bugul), sus activistas (Fadel Barro y Cheikh Fall), sus animadores culturales (Sy Ken Aicha), sus diseñadoras de moda (Adama París)… Repasando la historia de barrios únicos como la Medina de Yossou Ndour y las biografías de líderes que hicieron del Senegal moderno lo que es: Leopold Sédar Senghor y Cheikh Anta Diop. La Dakar, en fin, de la comida tradicional, de la lucha senegalesa que llena estadios, de las fotografías de Mamadou Gomis, que ilustran en exclusiva este número y nos llevan a pie de calle, entre los dakareses.

Dakar, un océano «donde nada millones de personas» y que, por encima de «los clichés del afropesimismo» se levanta como una ciudad fascinante y contradictoria como la propia vida.

¿Cómo conseguir el magazine en papel? Desde ya, en la librería Altaïr y en otras librerías especializadas de toda España*; online, en nuestra tienda virtual, o con una de nuestras suscripciones, creadas a medida de tus necesidades y tus viajes: papel, web magazine y premium.

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*Aquí la lista completa de librerías:

En toda España: Casa del Libro, el Corte Inglés, FNAC / En Catalunya: Abacus / En Euskadi: Elkar

A Coruña: 7 mares / Badalona: Saltamarti Llibres /Banyoles: Llibreria Forum / Barberà del Vallès: LLar del Llibre – Baricentro / Barcelona: Al Peu de la Lletra, La Central del Raval, Llibreria Guia, Llibreria Horitzons, Laie, Nollegiu, Llibreria Pau Bosch, Santos Ochoa /Berga: Llibreria Huch / Bilbao: Librería Tintas / Burgos: Música y Deportes, Sedano / Calella: Llibreria La Llopa /Cambrils: Galatea / Cardedeu: Badallibres (Bestiari) /Castellón: Argot / Cerdanyola del Vallès: Llibreria Aranya / Figueres: Viñolas, Llibres & Viatges / Girona: Llibreria Geli, Ulyssus / Granollers: La Gralla (Bestiari) /Hospitalet de Llobregat: Perutxo (Rambla Just Oliveras) / Igualada: Llibreria Aqualata (Bestiari), Llibreria Cal Rabell / La Seu d’Urgell: Fiord Llibreria de Viatges /León: Librería Iguazú / Les Franqueses del Vallès: L’Espolsada Llibres / Lleida: Llibreria Caselles / Madrid: Desnivel, Deviaje, Tierra de Fuego / Málaga: Mapas y Compañía, Librerías Prometeo y Proteo / Manresa: Parcir / Mataró: El Tramvia de Mataró (Bestiari) / Mollerussa: Llibreria Dalmases (Bestiari) / Mollet del Vallès: Llibreria L’Illa (Bestiari) / Palma de Mallorca: Born de Llibres, Embat / Pamplona: Librería Muga / Reus: Galatea, Llibreria Gaudí / Rubí: Llibreria L’Ombra, Racó del Llibre (Bestiari) / Sabadell: Llar del Llibre /Salamanca: Victor Jara / San Sebastián: Librería Hontza / Sant Celoni: Llibreria Alguer Set, Els Quatre Gats /Sevilla: La Extra·Vagante, Ultramar / Sant Cugat del Vallès: Alexandria Llibres (Bestiari) / Santa Coloma de Gramanet: Llibreria Carrer Major (Bestiari) /Tarragona: La Capona (Bestiari) / Tortosa: Llibreria La 2 de Viladrich / Valencia: Librería Patagonia / Valladolid: Librería Beagle / Vic: Muntanya de Llibres / Vilafranca del Penedès: Llibreria Cusco, Odissea Llibres y Música (Bestiari), Llibreria Rafols / Vilanova i la Geltrú: Llorens Llibres, La Mulassa Vilanova (Bestiari) / Vilassar de Mar: Llibreria Index / Zaragoza: Librería Cálamo

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En África, una imagen no es real, por Mamadou Gomis

Con motivo del encuentro «Cambio de perspectiva: África en nuestros medios y nuestros medios en África», publicamos en abierto y para todos nuestros lectores este texto que escribió Mamadou Gomis para nuestro monográfico 360º dedicado a Dakar. Una reflexión imprescindible sobre el estado de la fotografía en el continente africano.


 

La imagen fotográfica tiene un gran poder como forma de autoconocimiento y saber, pero ha sido despreciada en la tradición intelectual africana, basada en la oralidad. En un mundo como el actual, dónde las imágenes son un campo de batalla político, es fundamental que los fotógrafos del continente recuperemos nuestro papel como constructores de nuevas Áfricas.

La fotografía (en África) no es una copia perfecta. Es a la realidad lo que el humo al fuego

La fotografía en África siempre ha sido algo marginal, un «accesorio» que acompañaba a una celebración de cierta relevancia y de la que se requería guardar un recuerdo.

Durante decenios (sigue siendo así), los africanos solo hemos acudido al fotógrafo para obtener de él algún «retrato» oficial (una imagen para poder cruzar fronteras o conducir). Solo se llamaba a un fotógrafo para inmortalizar acontecimientos relevantes o ceremonias familiares (bodas, bautizos, fiestas escolares). Este tipo de eventos han sido durante años casi la única escuela de formación de los fotógrafos del continente y una de sus principales fuentes de sustento: se ganaba (aún sucede) más dinero con ese tipo de imágenes que con el periodismo o el arte.

Frente a esa realidad y desde hace ya unos años, muchos «jóvenes» fotógrafos africanos estamos comprometidos  —de una manera más o menos descoordinada— con la idea de sacar el mayor partido a nuestra práctica fotográfica desde posiciones novedosas y puntos de vista diferentes a los de nuestros «maestros» mayores. La calle —ya no el estudio— se ha convertido para nosotros en la principal —casi única— fuente de inspiración. Y toda esa práctica está relacionada con una cierta idea de independencia en la construcción y el uso de nuestras imágenes: atrevidas e inesperadas, en situaciones callejeras no pautadas, sorpresivas e imprevistas.

La fotografía (en África) no es una imitación de la realidad. Es a la realidad lo que la sombra a la presencia

Para un fotógrafo africano, la imagen no representa nunca la realidad; nunca es, ni puede ser, «documental», ni tampoco tiene nada que ver con copiar o imitar el mundo real.

En nuestras sociedades, un fotógrafo tiene más «obligaciones» que en Occidente. No se trata solo de ese «compromiso» más o menos voluntario al que se refieren muchos colegas occidentales, es mucho más: casi una necesidad de ayudar a tu espectador a descubrir el mundo con la naturalidad de lo cotidiano, en un universo en el que todos vivimos en medio de una inspiración caótica, descontrolada y, por tanto, natural. No solo debemos ofrecer una imagen reveladora, sino hacerlo —si se me permite la expresión— de un «modo africano»: relativamente aleatorio e informal, pero con perspectiva social.

Muchos fotógrafos occidentales —forzados o no por dinámicas comerciales y premios globales— acuden a África en busca de nuevas «experiencias» gráficas o para «descubrir nuevos enfoques» sobre los grandes temas. Parece que muchos de ellos siguen empeñados (o forzados) en venir a nosotros para mostrar al mundo una imagen negativa de África que, si bien no deja de ser cierta en algunos aspectos, se convierte en tópica, en un cliché, y, por tanto, se revela ineficaz frente a los espectadores occidentales y resulta odiosa, repugnante, para muchos africanos. Guerras, hambres, miseria, conflictos, emigración y enfermedades siguen siendo casi sus únicos objetivos.

 Por otra parte, y en el mismo sentido tópico, los fotógrafos turistas o viajeros —con la ayuda inestimable de las publicaciones occidentales— han destruido (en muchas ocasiones con la «colaboración» de los africanos) la imagen de muchas culturas, países y sociedades africanas al encuadrar sus espacios, lugares, costumbres o comportamientos de la forma más tópica, sin el menos interés real por aquello que se retrata, y siempre en un formato susceptible de ser convertido, otra vez, en postales sin el menor valor: desvirtuadas, empobrecidas, impersonales, inválidas.

Unos y otros, profesionales y turistas de la fotografía, han «colaborado» para que en muchos lugares de África, sobre todo en las ciudades, hoy les sea casi imposible hacer una imagen natural. Puede que unos y otros hayan ganado muchas imágenes preciosas, pero han perdido para siempre la mirada de respeto de muchos africanos que hoy, a través de la gran red y de los móviles, contemplan en Occidente las imágenes de una África fake que no les representan, en las que no se reconocen.

Nadie duda de que la visión que los demás tienen sobre ti, lo que eres o cómo vives puede ser interesante; pero también parece muy claro que la visión matinal de uno mismo frente al espejo fotográfico —nosotros y nuestras percepciones, escalas de valores, problemas, sus reflejos con luces y sombras— no puede ser sustituida por nada y será siempre más precisa, menos desenfocada.

En este sentido, creo que es vital que los fotógrafos africanos desoccidentalicemos las imágenes de nuestras múltiples Áfricas, si eso es posible en un mundo como el de hoy y hasta dónde sea posible. Creo que es necesario que proporcionemos a los occidentales imágenes alternativas de otras Áfricas diferentes y hechas con otras perspectivas, conocimientos y percepciones. No se trata de confrontar imágenes (africanas frente a no africanas), el objetivo fundamental sería contrastar y dialogar o discutir, con las imágenes que nuestros colegas y los medios de comunicación occidentales quieren imponer sobre nosotros y lo que somos.

Puede que suene extraño leído desde lejos, pero los fotógrafos africanos aún debemos luchar por construir imágenes para mostrar unas Áfricas diferentes, del siglo XXI, sin las mentalidades coloniales de ese pasado no tan lejano y que, de manera consciente o inconsciente, pervive en la mirada de la gran mayoría de occidentales (y, por desgracia, también en la de muchos africanos).

Tanto si las imágenes son un nuevo y gran campo de batalla político en el mundo de hoy como si es un simple problema comercial de disponibilidad de «productos» en el mercado global, la idea/imagen que los africanos (también los demás) se forjan acerca de su propio entorno y de los cambios que en él se operan debería ser construida a partir de imágenes africanas, hechas por africanos, que dialoguen con el mundo para huir de los tópicos y que no enmarquen la realidad solo en función de ideas preconcebidas y clichés más o menos colonizadores.

Aunque pueda ser un sueño imposible en un mundo hiperconectado como el actual, los fotógrafos africanos tenemos que reivindicar el papel que nos corresponde en la creación de un estilo extraviado en el corazón de lo que es de aquí y de ahora.

La fotografía (en África) es fuente de conocimiento del mundo. Es a la realidad lo que la vida a la muerte y la luz a la oscuridad

Occidente y sus fotógrafos (profesionales o no; de gran calidad o no) han creado y crean su particular imaginario sobre el continente africano. En ese paradigma histórico, sus sociedades les reclaman material fotográfico cuando sobreviene la «necesidad» de tenerlo. Así, las portadas, páginas y webs se siguen llenando, hoy como ayer, con fotografías de enfermos de ébola, niños malnutridos, inmigrantes persiguiendo una pesadilla; o bien de masais saltarines, rincones naturales imposibles y preciosas jirafas al atardecer.

Justo ahí empieza el nuevo viaje…

Aunque muchos occidentales parecen empeñados en no darse cuenta, el mundo cotidiano de los africanos ha cambiado enormemente en los últimos años. Necesitamos pensar en unas nuevas Áfricas modernas, buscarlas y encontrarlas, sin obviar, por supuesto, los problemas que en ellas se presentan. Por desgracia, se trata de unas modernidades que no casan con la idea de uniformidad en la pobreza fuera del tiempo y del espacio que tienen de nosotros en Occidente.

Esta búsqueda nos obliga a desarrollar aún más nuestra creatividad como fotógrafos, asociándola a una nueva mentalidad profesional para traspasar los límites (sobre todo económicos) que nos impone el discurso global sobre quiénes somos y cómo debemos ser representados.

No será un camino fácil porque la fotografía es la guardiana de nuestros instantes y la conservadora de nuestros recuerdos, pero nunca se crea; se busca y, a veces, en muchas ocasiones, no se encuentra.

Esa búsqueda de la nueva fotografía de África podría ser una gran herramienta de afirmación de existencia y de «sentido» para los propios africanos. Podría reactivar el despertador de una nueva conciencia porque, en un continente donde aún se lee tan poco, las imágenes son de las pocas plataformas capaces de estimular una lectura más comprensiva de quiénes somos y, sobre todo, de qué queremos ser.

Puede que muchos africanos aún no hayamos percibido del todo el nuevo y gigantesco campo de batalla político global, en el que vivimos con nuevos actores principales no occidentales, pero sí somos conscientes —al menos muchos fotógrafos— de que necesitamos construir nuevas percepciones de las Áfricas actuales.

Eso requerirá, más que nunca y por encima de palabras más o menos retóricas, de nuevas imágenes (con nuevos sujetos, y nuevos asuntos), hechas por africanos capaces de mostrar al mundo unas Áfricas diferentes que dialogan con los demás de igual a igual; que son relevantes en el nuevo paradigma global de una manera natural y desacomplejada.

Estamos inmersos en ese debate y es muy importante; porque si, como dicen en Benin, «la cultura no se come, se degusta», la fotografía es un alimento principal para el espíritu.


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Un año de 360º

«Monografías de viajes desde otros ángulos»
La obsesión constante que ha guiado nuestra andadura por este primer año de Altaïr Magazine ha sido la de observar la realidad siempre desde un prisma diferente al habitual, desde otro punto de vista. Para ello hemos tirado siempre de una de nuestras bases más firmes ideológicamente, en nuestro periodismo: para poder contar primero es necesario escuchar. No se trata de que nosotros, occidentales, vayamos a «descubrir» otros lugares del mundo a nuestros lectores. Se trata de que los habitantes de esos otros lugares sean los que nos cuenten cómo es el sitio en el que viven. Periodismo de viajes de dentro hacia fuera, y no al contrario.
Han sido cinco monográficos 360º durante este año que nos han llevado por México, Cerdeña, Dakar —donde además todos los artículos han sido hechos por senegaleses, habitantes de la capital—, Paraguay y, finalmente, ese triple salto mortal sin red que hemos dado con nuestro último monográfico sobre Cartografías.
Es difícil para nosotros, la Redacción, no mirar con especial orgullo las entrevistas que hemos incluido en nuestros monográficos. Cómo olvidar aquella conversación con Juan Villoro donde se preguntaba sobre qué sería de México si fuese un país normal; o la fascinante entrevista con la afropolita Taiye Selasi, novelista oriunda de muchos sitios a la vez; o la charla enérgica y a ratos delirantemente divertida, a ratos dolorosamente seria, con el gran Jon Lee Anderson; o esa conversación pausada e inolvidable con el escritor senegalés Boubacar Boris Diop, que además hizo para el monográfico sobre Dakar un formidable artículo político-lingüístico que, como dice Mario Trigo, nuestro redactor jefe, «hablando de dos figuras clave habla de toda la descolonización, de su propia generación africana y permite ver varias dimensiones extra de Senegal».
Belén Herrera, responsable de administración editorial, se queda con esa «caja que cambió el mundo», el texto sobre los contenedores de carga que escribió Jaime López para el monográfico sobre Cartografías. «Me leí el artículo con la boca abierta como una niña flipando con la historia de la cajita culpable de la globalización, y de cómo el aburrimiento dio origen a un invento tan simple como trascendental», confiesa Belén.
No podemos despedirnos de este repaso por los 360º sin volver al texto preferido de muchos en la redacción. Ese en el que Simon Sellars habla de Google Earth y nos muestra exactamente el tipo de reflexión que  buscamos cuando pensamos en el viaje y sus alrededores:
[Google Earth] Es la expresión definitiva de lo que los cartógrafos llaman el punto de vista de Dios: el deseo de una objetividad visual absoluta en los mapas, presentando cada región del globo en su lugar correcto.
Esos son nuestros 360º: un deseo de objetividad que se componga de la suma de las subjetividades de los habitantes de los lugares a los que vamos. Un relato sobre qué significa SER de un lugar, mucho más que simplemente visitarlo.
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Entrevista a Boubacar Boris Diop, por Pere Ortín

Boubacar-Boris-Diop

Novelista, ensayista, dramaturgo, articulista, guionista, conferenciante y profesor universitario, Boubacar Boris Diop es uno de los intelectuales más importantes de África. Nació en 1946 en la Medina de Dakar y, según él, este hecho define su inconformismo perpetuo. Pere Ortín habló con él para el monográfico 360º dedicado a Dakar y ahora ofrecemos en abierto un fragmento de dicha entrevista.


(…)

Aunque no podemos vernos las caras —la cámara de su ordenador no funciona— la conversación empieza a fluir: comentamos su autoexilio voluntario en la tranquila cuidad de Saint Louis, donde se dedica a la docencia y en la que «aún se puede ver el mar»; detalles casi inconfesables relacionados con nuestra pasión común por el fútbol; la admiración compartida por la ironía de Borges; y, entre risas, de una antigua portada del número 16 de la ya desaparecida revista francesa Sépia que tengo en mis manos y dónde hace 20 años se le veía «muy joven» bajo un titular que sirve de inicio a esta larga conversación y preguntaba: «Qui êtes-vous, Boubacar Boris Diop?» 

—¿Quién es usted, Boubacar Boris Diop?

—Soy la suma de los libros que he escrito, de las vidas que he vivido, de toda gente que he conocido y de las muchas experiencias que he tenido y que me cambiaron. Soy ese itinerario vital. Soy también un niño de la Medina de Dakar y eso es una forma de rebelión. Ser un niño de la Medina es, de algún modo, estar en disidencia perpetua.

Boris Diop es un senegalés del mundo: vivió dos años en México, cuatro años en Túnez, un año en Suiza y otro en Sudáfrica. Nunca ha dejado de viajar, de desplazarse allá donde sus conocimientos han sido requeridos para enseñar, en África, Europa o EE.UU., pero cuando hace unos años le ofrecieron volver a Senegal para enseñar en la universidad le gustó la idea de instalarse en Saint Louis, cerca del mar, y no en Dakar, que es su ciudad, pero que, dadas sus inhumanas dimensiones, «hoy se le escapa de las manos entre recuerdos nostálgicos». Imparte su saber en la Universidad Gaston Berger de Saint Louis y trata de transmitir «experiencias vitales» a unos estudiantes que poco o nada tienen que ver con la época en la que él estudió Letras, Filosofía y Periodismo.

Influenciado por las obras de Cheikh Hamidou Kane, autor de Los guardianes del templo y La aventura ambigua —«un texto capital», según Boris Diop— y también por trabajos como La plaie de Malick Fall, Boris Diop tiene muy clara la respuesta a una pregunta clave:

—¿Cuál es tu autor y atmósfera senegalesa de referencia?

—Sembéne. Para mí, de todo lo que creó Sembéne, como cineasta y escritor, lo más importante es Les bouts de bois de Dieu (Las astillas de Dios). Es un libro que nos acompañó a toda una generación y que contiene una gran idea de justicia basada en una especie de respeto de uno mismo. Creo que Sembéne piensa, realmente, en nuestro espíritu y en nuestro corazón. Si sólo hubiese escrito ese libro, si no hubiese dirigido sus magníficas películas o escrito sus otros libros, creo que ya hubiese merecido seguir presente en nuestra memoria.

En las novelas de Boris Diop casi nada es lo que parece ya que, como ha escrito Alioune Badara Diane, profesor de letras de la UCAD de Dakar, «la polisemia, el polimorfismo, la polifonía, la paradoja y la ambigüedad» son términos muy importantes a la hora de descifrar las obras de un narrador al servicio de su pueblo y cuya obra, realista y, al tiempo, ensoñadora, involucra el enigma. Y es sabido que, como asegura poéticamente el personaje Fartamio Andra en Las Siete Soledades de Lorna López de Sony Labou Tansi, «el enigma es la mejor y más bonita explicación del mundo».

Enigmas, polimorfismos, paradojas, polisemias. Boubacar Boris Diop comparte la idea de Milan Kundera de que «El espíritu de la novela es el espíritu de la complejidad. Cada novela le dice al lector: “Las cosas son más complicadas de lo que piensas”. Esta es la verdad eterna de una novela». Y puede que también sea la verdad eterna de la vida.

(…)


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Altaïr Magazine: estamos en todas partes

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De lo que se trata es de llegar a cuantos más sitios mejor. Que nos puedas leer en cualquier parte, en tu ordenador, en la tableta, en el móvil, de tapadillo en el trabajo, en casa, de vacaciones, en el parque sin zapatos, en la terraza de un bar, en casa de tus padres, en —ejem— el baño. Donde sea. Por eso intentamos estar disponibles para todas las plataformas, en todos los formatos y desde todas las opciones de lectura.

Desde esta semana ya se pueden comprar números sueltos de los 360º de ALTAÏR MAGAZINE tanto en la Apple Store —para los móviles y tabletas con sistema operativo IOS— como en Google Play —para los sistemas Android—. Ahora puedes escoger el contenido monográfico que más te interese (el de Dakar, el de México, el de Cerdeña, el de Paraguay…) y descargarlo separadamente en nuestra propia app por solo tres euros y medio.

Además, los monográficos de ALTAÏR MAGAZINE están también dentro de la plataforma Ztory, una aplicación para móviles y tabletas que ofrece una «tarifa plana» de revistas para leer sin límites más de 100 cabeceras diferentes, y de la que ya hablamos aquí. Por 90€ tienes ALTAÏR MAGAZINE + ZTORY todo un año.

Y por supuesto está nuestra suscripción de siempre, que te permite tener por 60€ un año de monográficos cada dos meses y tres Pasos mensuales, además de nuestras Voces abiertas para todo el mundo, claro está. Y además, con 5 meses gratis de Ztory, para que pruebes también la plataforma.

En resumen: intentamos estar en todas partes, para que leer ALTAÏR MAGAZINE sea lo más sencillo, intuitivo y cómodo del mundo. Para que nos leas, que es lo que más nos importa.

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Una mapa de voces

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«¿Habremos recorrido ya todo el mundo?»

La pregunta se formula en la redacción de ALTAÏR MAGAZINE casi por casualidad, pero es pertinente: llevamos diez meses en marcha en esta nueva andadura digital del magazine y tenemos la sensación de haber estado en casi todas partes. Vamos al ordenador y abrimos nuestra sección de Voces y un mapa del mundo al lado y nos ponemos, como se hacía antes, a clavar chinchetas en él.

«Lo que más ha sido Sudamérica, ¿no?»

Esa sensación da, aunque hemos prestado especial atención a México, que después de todo fue el material de nuestro primer 360º monográfico. Pero también hemos recorrido lugares como El Salvador, a veces para hablar de feminismo, a veces para hablar de cementerios habitados; o Colombia, asistiendo a la ceremonia de los espíritus, o Bolivia, aprendiendo medicina indígena. «¿Y Norteamérica?» La hemos visto menos, pero nos ha dado tiempo de recorrer las llanuras de Utah o de buscar oro en Klondike, por ejemplo.

«¿Estás apuntando los países africanos?»

Siempre nos ha importado mucho conocer el continente más desconocido, dejar de acercarnos a él con paternalismo o desde un punto de vista pesimista, o colonial, y tratar de conocer a sus gentes y sus ciudades tal y como son, no como las dibujamos desde los prejuicios. Y para ello hemos buscado los temas de los que nunca se habla cuando se mira hacia el sur desde Europa. De la literatura de las mujeres del norte de África hasta la situación de la comunidad LGTB en el continente; desde la comida y la cocina en Senegal hasta los sonidos y las músicas que vienen de Mali.

«Lo más difícil ha sido siempre llegar a Asia.»

Todos decimos que sí con la cabeza, porque Asia está lejos geográfica y culturalmente, porque no tenemos el agarre del idioma ni los pasados comunes. Y a lo mejor por eso nos resultan fascinantes de un modo particular Japón o Indonesia, o Birmania. Para llegar a ellas tenemos las extensiones infinitas de Siberia —y hay quien hace escala viviendo tres días en la URSS—. Y aún más lejos nos queda Oceanía, donde nos hemos acercado a conocer la lengua de signos de los aborígenes de Australia.

«El problema de Europa es que todos creemos ya conocerla.»

Uno de nosotros dice que de eso nada, que aún nos queda muchísimo por conocer. ¿O es que acaso todo el mundo cree conocer los volcanes de Islandia y cada barrio de París? Si ni siquiera en España podemos decir eso, donde nos hemos recorrido la meseta con los pastores trashumantes, la marina gallega más salvaje o los pirineos en mulas, como se hacía antes.

Y sí. Echando un vistazo al mapa lleno de chinchetas nos damos cuenta de que hemos estado incluso en el profundo océano. Entonces, ¿habremos recorrido ya todo el mundo?

Nos reímos. No. Apenas acabamos de empezar.

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Cerrando el año entre viajes y crónicas

Ya llevábamos algunas semanas apareciendo en las redes, haciendo Voces, creando Pasos, avisando de que llegábamos. Anunciando que empezaríamos por irnos a México pero que eso solo era el principio. Entonces, un 3 de julio, nos presentamos en sociedad, en la librería de siempre —nobleza obliga— para no olvidarnos de donde venimos, pero con el propósito firme de salir de sus muros y trasladarnos al resto de lugares de habla hispana. Nacía ALTAÏR MAGAZINE y nuestra nueva casa era la Red.

Lo dijimos desde el principio, como base inamovible: el nuestro es periodismo de largo aliento y de gran recorrido, «cada historia es repasada, leída, editada, y puesta en duda varias veces antes de ver la luz. Lo mismo con cada fotografía, con el orden en el que van colocadas para fortalecer la narración; con el audiovisual ocurre del mismo modo. No precipitarnos es una decisión tomada a conciencia: si no trabajamos duro para entregaros las mejores historias, ¿por qué habríais de acompañarnos?».

Y a pesar de ello, en apenas medio año hemos producido tres monográficos completos y complejos sobre tres puntos muy diferentes del globo (México, Cerdeña y Dakar); numerosos Pasos reinventando los géneros, donde mezclamos crónica y reseña, ficción y ensayo, ilustración y prosa; y decenas de Voces de todo el mundo contando sus realidades, publicadas en abierto y gratuitas para todos los lectores. Esto es un pequeño resumen de todo ello, de lo que ALTAÏR MAGAZINE quiere ser y ha ofrecido a sus lectores:

–       En nuestros monográficos hemos ensayado nuevas formas de contar los lugares, usando nuevos formatos, como el mapa interactivo de contenidos sobre Dakar que presentamos en su 360º. También hemos dado la relevancia que se merece a la fotografía, buscando que no sea una simple ilustración sino un modo más de narrar, como la sorprendente historia de los Luchadores del polvo de Lizeth Arauz en nuestro especial sobre México. Y por supuesto no olvidamos a nuestros autores, que cuentan la realidad desde dentro y no como meros visitantes: desde Ana Claudia Rodríguez haciendo una crónica tanto personal como histórica de la emigración sarda en Argentina, hasta Simona Manna, ilustrando todo un territorio a partir de una conversación íntima y familiar. Por no hablar de nuestra apuesta por la producción local en nuestro 360º sobre Dakar, donde por una vez África no está contada desde Europa, sino desde dentro, con las voces de intelectuales como Boubacar Boris Diop, Oumar Ndao, Ken Bugul y muchos otros.

–       En nuestros Pasos hemos tenido el privilegio de contar, entre muchos otros, con dos de las mejores plumas en español a la hora de hablar y reflexionar sobre la literatura de viajes. Jorge Carrión y su serie de «La tradición inquieta», con grandes escritores y viajeros como Juan Goytisolo o Jan Morris; y Gabi Martínez y sus artículos a medio camino entre la narración y la crónica, como aquel texto espectacular sobre el zoólogo Vicente Uríos y la «resurrección» de algunas especies extintas. Eso son los Pasos en ALTAÏR, una revisión de los modos de contar, que tan bien ejemplifica el reportaje que dedicó Ralph Zapata Ruiz a la pobreza en el valle peruano de Lares: directo, preciso y sin melodrama.

–       Y nuestras Voces, nuestra cara más visible, textos en abierto y gratuitos para todos los lectores donde caben desde reseñas, como la de Belén Herrera sobre Un dragón latente de Norman Lewis, hasta crónicas de eventos relacionados con Altaïr, como la que dibujó —sí, dibujóPedro Strukelj cuando nos visitó el escritor Marcello Fois. Un espacio para voces del periodismo viajero latinoamericano, como Carolina Reymúndez y su «fin de la veranada» en Chile. Un espacio también para la producción propia de ALTAÏR MAGAZINE, como ese viaje mágico, literario y árido que hicieron nuestras redactoras por la soledad de Sobrepuerto, en el Pirineo aragonés.

Medio año. Seis meses que nos han parecido una vida, la primera de la que vamos a vivir con nuestros lectores y nuestros autores. Porque ALTAÏR MAGAZINE no es solo «una revista de viajes»: es una manera de entender el viaje, el periodismo y la vida.

¡Feliz 2015 a todas y todos!

 

 

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«Qui êtes-vous, Boubacar Boris Diop?»

boubacar sepiaAunque no podemos vernos las caras —la cámara de su ordenador no funciona— la conversación empieza a fluir: comentamos su autoexilio voluntario en la tranquila cuidad de Saint Louis, donde se dedica a la docencia y en la que «aún se puede ver el mar»; detalles casi inconfesables relacionados con nuestra pasión común por el fútbol; la admiración compartida por la ironía de Borges; y, entre risas, de una antigua portada del número 16 de la ya desaparecida revista francesa Sépia que tengo en mis manos y dónde hace 20 años se le veía «muy joven» bajo un titular que sirve de inicio a esta larga conversación y preguntaba: «Qui êtes-vous, Boubacar Boris Diop?» 

Esa portada la tenía guardada Pere Ortín, nuestro director, y es la que ilustra esta entrada del blog. ¡La tenía guardada! Sí que se ve joven a Boubacar, quien con el tiempo se ha convertido en uno de los intelectuales de referencia de nuestro tiempo, no sólo africano, sino en todo el mundo. Novelista, ensayista, filósofo, periodista… ¿Quién eres, Boubacar Boris Diop?

—Soy la suma de los libros que he escrito, de las vidas que he vivido, de toda gente que he conocido y de las muchas experiencias que he tenido y que me cambiaron. Soy ese itinerario vital. Soy también un niño de la Medina de Dakar y eso es una forma de rebelión. Ser un niño de la Medina es, de algún modo, estar en disidencia perpetua.

A lo largo de la larga conversación que tienen ambos —bendito Skype, bendito Internet— van surgiendo paulatinamente los temas recurrentes de Boubacar Boris Diop: su nostalgia de la Dakar de su infancia, el gusto por la lectura aprendido de su padre; la convivencia de la revolución, la esperanza, el desencanto y el fracaso en sus libros; la influencia de las obras de Cheikh Hamidou Kane y otros autores senegaleses; y sobre todo el hartazgo del pesimismo occidental hacia África, de la condena previa que se hace del africano, señalado como sin futuro y fracasado antes de empezar siquiera a vivir.

En todos estos años reprocho al afropesimismo el querer juzgar y condenar a África tras sólo unos decenios de falsa independencia (después de siglos de relación destructiva con Europa). Es, al menos, prematuro.

Es imposible resumir aquí la profundidad y la complejidad de los temas tratados en la conversación entre Pere Ortín y Boubacar Boris Diop (¿Cuándo una entrevista deja de serlo para pasar a ser una conversación?). Queda aún en el tintero la relación con Europa, con Francia, el horror de la muerte en el océano buscando un futuro en el viejo continente. O la lengua, el abandono progresivo del francés en beneficio del wólof, en busca de poder expresar quién es en la lengua original de su tierra. Porque, como él mismo dice, «decidí cambiar al wólof para poder merecerme también el respeto de los demás. Se trata de incluir en el ámbito del saber y de la creación literaria a la inmensa mayoría de nuestro pueblo

Lee, mira y escucha la entrevista completa de Pere Ortín a Boubacar Boris Diop en nuestro 360º dedicado a Dakar en ALTAÏR MAGAZINE.

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Dakar: un índice para una ciudad infinita (y II)

Cabecera Dakar 2.0 (desfile de Adama Paris) - Mamadou Gomis

Recuerdo como si fuera ayer la primera vez que fui a Dakar, en compañía de mi madre. La noche anterior no había podido pegar ojo. Estaba ansiosa y emocionada; también tenía un poco de miedo. Miedo a no poder adaptarme, miedo a perderme. Para mí, que entonces tenía once años, Dakar no era una ciudad como las otras a las que ya había ido, siempre acompañada por mi madre. Creía que Dakar ni siquiera se encontraba en Senegal, ni en ninguna otra parte del mundo. Dakar tenía que estar en una región lejana en la que vivían seres extraordinarios, diferentes de los habitantes de mi pueblo. ¿Quizás Dakar estaba en otro planeta? ¡Salía de mi pueblo con mi imaginación vagabunda en bandolera para ir a esa ciudad de la que la gente hablaba con admiración y temor secreto!

Así describe la escritora senegalesa Ken Bugul su primer viaje a la capital, una ciudad que era para ella tan extraña y tan misteriosa, tan desconocida, como lo es para el resto del planeta que no vive allí. Ella nos cuenta su primer viaje pero también los sucesivos, que han ido configurando la silueta de la ciudad en la que vive de un modo personal e irremplazable: EN LA GARE DE DAKAR es el regalo en forma de texto que nos hace Bugul en nuestro 360º de ALTAÏR MAGAZINE. Ya vimos parte de los contenidos que podemos encontrar dentro hace unos días, y hoy revisamos el resto:

BOUBACAR BORIS DIOP – Entrevista de Pere Ortín al escritor de los mil colores, pensador, periodista, figura de referencia de la cultura senegalesa. Podremos oírlo y leerlo, y nos hablará de cómo afectó el genocidio de Ruanda a su escritura y por qué ha tomado la decisión de publicar en wólof.

EL WÓLOF CONTRA EL FRANCÉS – Uno era musulmán muridí, wólof y anticolonialista. El otro, católico, serer y francófilo. Uno, Cheikh Anta Diop, fue uno de los científicos y antropólogos más importantes del estado africano. El otro, Léopold Sédar Senghor, fue presidente de la República de Senegal durante veinte años. Boubacar Boris Diop cuenta sus vidas paralelas.

DAKAR LA INEFABLE – Un extracto de la obra del mismo título del recientemente fallecido Oumar Ndao, un retrato de la capital a medio camino entre la crónica histórica y el diario de viajes.

BLACK SURF DAKAR – El periodista y fotógrafo Alex Ndongo Gaye nos acerca a la figura de Oumar Seye, leyenda del surf senegalés.

¡DIME, DAKAR! – Una carta de amor a la ciudad, poética y personal, por parte de Massamba Guèye, Director General del Teatro Nacional Daniel Sorano, en Dakar.

100 AÑOS DE LA MEDINA DE DAKAR – El periodista Abdou Khadre Gaye hace un recorrido por los cien años de vida del popular barrio de la ciudad.

CONFESIONARIO EN NEGRO Y AMARILLO Cheikh Fall nos enseña las aventuras de los muy particulares taxistas de Dakar.

EN ÁFRICA, UNA IMAGEN NO ES REALMamadou Gomis, responsable de las fotos de todo nuestro especial, y la lucha por el punto de vista fotográfico en su propia ciudad.

YÉKINI, LE ROI DES ARÈNES – Finalmente, Fran García, nuestro experto en cómic, analiza la novela gráfica de Lisa Lugrin y Clément Xavier sobre un deporte tan especial como la lucha senegalesa y sobre Yékini, su más grande luchador.

 

Veinte artículos, veinte temas, llenos de fotografías, de mapas, de entrevistas y de historias. Y se nos quedan cortos, porque Dakar, pese a todo, sigue siendo infinita.

360º de ALTAÏR MAGAZINE, monográfico sobre Dakar.

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Dakar: un índice para una ciudad infinita (I)

CABECERA_Car-rapideDice nuestro editorial, con el que se abre el monográfico 360˚ sobre Dakar de ALTAÏR MAGAZINE: «Hoy, Dakar es una ciudad que cambia todos los días, tolerante y abierta, donde Alá sigue siendo “grande”, pero sabe convivir; en construcción permanente…» Y concluye, más adelante: «…en la que el renacimiento africano mira al océano, y donde la vida es un laberinto improbable».

Y sí, así es Dakar, tan inabarcable que hemos decidido publicar hasta veinte artículos diferentes en el monográfico. Y todos han sido hechos por autores locales o giran alrededor de ellos, los habitantes de la capital senegalesa, los hablantes de francés y de wólof, quienes conocen la realidad de la ciudad de primera mano, viajeros desde dentro. Y estas son algunas de las cosas que nos han contado:

EL MAPA DEL 360º – Una producción propia de ALTAÏR MAGAZINE, un viaje fotográfico y de contenido por nuestro especial directamente sobre el mapa de Dakar.

UN VIAJE DE CHINA A DAKAR. DE KAIFENG A CENTENAIRE – El profesor Daouda Cissé nos acerca al comercio chino en la muy bulliciosa Avenida Centenaire.

CINÉ BANLIEU – El cineasta Keba Danso nos pone en contacto con el «cine suburbio», las pantallas periféricas y el festival del barrio de Pikine.

LA PENÍNSULA DESHIDRATADA – El escritor Boubacar Boris Diop pone sobre el papel cómo era la Dakar de su infancia y cómo es la actual, de crecimiento urbanístico desaforado.

SÉ FUERTE, FADEL – Entrevista de Pere Ortín a Fadel Barro, el símbolo de una nueva África, cara visible del movimiento Y’En a Marre («Ya basta»).

DAKAR 2.0 – La bloguera Ken Aicha Sy se acerca al arte y a la música contemporánea que surge y se desarrolla en centro de la ciudad.

EBOLA SOCIAL NETWORKCheikh Fall, ciberactivista, explica cómo funciona el activismo senegalés en las redes sociales con el ejemplo de las campañas de alerta y prevención contra el virus.

LUX MEA LEX. LA UNIVERSIDAD CHEIKH ANTA DIOP – La historia de la mítica UCAD contada por el periodista Moustapha Diop.

LIBERTAD, MODERNIDAD Y UN TOQUE DE ELENGANCIA – Entrevista del equipo de ALTAÏR MAGAZINE a Adama Paris, diseñadora de moda y creadora de la Dakar Fashion Week.

VIVES VOIX – Un reportaje sobre la odisea de ser editor de libros en la capital senegalesa.

 

Y esto solo es una parte. Porque, como bien sabemos en ALTAÏR MAGAZINE, Dakar siempre está por descubrir…

360º de ALTAÏR MAGAZINE, monográfico sobre Dakar.