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Las islas Diómedes, por Bárbara M. Díez

Sol-hielo

A veces olvidamos que los accidentes geográficos de los mapas son más que líneas en un plano. Los grandes desiertos, las cadenas montañosas o estrechos de hielo y roca como el de Béring han constituido fronteras naturales para el movimiento de los humanos, pero también inesperados puentes. En este capítulo de nuestro 360º sobre Cartografías, Bárbara M. Díez nos habla del trabajo documental de la fotógrafa mexicana Lourdes Grobet en las pequeñas islas Diómedes, un extremo del mundo, una esquina del mapa entre América y Asia, entre EE.UU. y Rusia.


«Media noche de viernes aquí en el navío es media noche de jueves en la Isla. ¿Tú no sabes que cosa a los marineros de Magallanes ha sucedido cuando acabaron en su vuelta del mundo, como cuenta Pedro Mártir? Que son vueltos et pensaban que fuera un día antes et era en cambio un día después, y ellos creían que Dios había castigado ellos robándoles un día, porque no habían el ayuno del viernes santo observado. En cambio, era muy natural: habían hacia poniente viajado. Si desde la Amérika hacia la Asia viajas, pierdes un día, si en el sentido contrario viajas, ganas un día: he aquí el motivo que el Daphne ha facto la vía de la Asia, y vosotros estúpidos la vía de la Amérika. ¡Tú eres agora un día más viejo que yo! ¿No te hace reír?»

La isla del día de antes, Umberto Eco

Situémonos. Por un lado, Alaska (EE.UU), en el extremo noroccidental de América. Por el otro, Rusia, en el límite oriental de Asia. Ambos continentes separados por un canal natural de mar de casi cien kilómetros de distancia, el llamado estrecho de Bering. En el medio, la línea internacional de cambio de fecha, la frontera de cada país y dos pequeñas islas que parecen custodiar el paso por el istmo y, a la vez, servir de puente entre Oriente y Occidente: las islas Diómedes. La Mayor, perteneciente a Rusia. La Menor, a EE.UU.

Asia y América, dos extremos a punto de unirse, como los dos dedos que se rozan en el fresco de La creación de Adán de Miguel Ángel. Intentando unir los cuatro kilómetros que los separan.

«Antes fue un puente, hoy es imposible de cruzar.» Yolanda Muñoz, doctora en el Colegio de México y dedicada a la investigación, resume de manera muy descriptiva lo que las ínsulas han supuesto para la historia del lugar. Después de la Guerra Fría, el cruce de la frontera marítima entre ambas islas quedó prohibido y la URSS, por aquel entonces, trasladó a los habitantes de la Mayor al continente, dejándola sólo como base militar. Muchos familiares de ambas islas, que habían crecido juntos antes y después de que Rusia vendiera Alaska y Diómedes Menor a EEUU en 1867 —fijando en las islas Diómedes el nuevo límite entre ambos países—, perdieron el contacto y nunca más se volvieron a ver. Hoy es un espacio de resistencia en la frontera entre dos mundos.

Yolanda, que resume la historia del estrecho en su frase, «es un mujerón hermoso sentado en una silla de ruedas», en palabras de la enérgica Lourdes Grobet, fotógrafa y cineasta mexicana, durante la presentación del documental producido por ambas: BeringEquilibrio y resistencia (2013).

La película «es la realización de un sueño», declara Lourdes. «Cuando era niña, en la escuela, nunca me gustaba la tesis de que habían pasado por el estrecho de Bering toda la civilización a América». Años más tarde, entre los variados proyectos que la polifacética artista ha desarrollado durante su longeva trayectoria profesional, «en una entrevista que hice a Yolanda para una revista de discapacidad, ella me soltó que la noche anterior había soñado que cruzábamos juntas el estrecho». Así fue cómo conoció a Yolanda. El hueco escolar sobre la tesis del estrecho se abrió años después, y «a partir de ahí empezamos a trabajar en el asunto».

Así fue como Grobet mantuvo apartadas durante un tiempo sus exposiciones fotográficas desarrolladas —en parte— alrededor de la lucha libre mexicana, sus libros y sus cursos, entre otros quehaceres, para cruzar el anhelado estrecho, «pensar en las imágenes que vendrían, mientras Yolanda se encargaba de las letras» y redactar un manifiesto que cuestione las fronteras, lugares que «no deberían existir» según Grobet.


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Cartografías: mapas con perspectivas novedosas

Editorial cartografías
(Editorial del 360º monográfico de Altaïr Magazine sobre Cartografías, por nuestro editor, Pep Bernadas)
¿Nos sirven los mapas habituales para mostrar las nuevas geografías que conforman el mundo de hoy? Tal vez no. O, por lo menos, no suficientemente.
En 1375, cuando Abraham y Jafudá Cresques dibujaron el primer Atlas conocido, sacudieron en un pispás gran parte de las convenciones de su época. Los innumerables relatos de marineros y comerciantes, cartas, informes, pesquisas y trabajos acumulados durante años se condensaban allí, en minuciosas ilustraciones que mostraban a simple vista la superficie y el contorno de tierras y mares. Era una revelación al alcance de todos, fuesen letrados, iletrados, o hablaran otros idiomas, venía en un lenguaje cartográfico diáfano, en imágenes, cuya asimilación y retención eran inmediatas.  Sus mapas reproducían  el escenario completo del orbe entonces conocido, observado desde su isla de Mallorca, en el corazón del Mediterráneo, para ellos el centro de la humanidad.

Siglos más tarde reencontramos el espíritu innovador de los Cresques en el esfuerzo de otros creadores que pugnan por entender y explicar con eficacia la complejidad de nuestro mundo, zarandeando conciencias y mostrando a quien quiera percatarse de ello que todo está cambiando a velocidad de vértigo y como nunca antes en la historia y requiere, hoy más que nunca y como reclama el gran ensayista mexicano Sergio González, de un esfuerzo por (re)humanizar los mapas desde un cosmopolitismo de la diferencia. Es lo que hace con sus historias uno de los más grandes reporteros de la actualidad, El gringo más raro del mundo, Jon Lee Anderson que, entre pausas de su ajetreada vida para The new Yorker, inicia sus colaboraciones con Altaïr Magazine y también es entrevistado por nuestro director Pere Ortín y Paty Godoy.

El experto en comercio internacional Jaime López, amparado en su dilatada experiencia en transportes marítimos, traza en La caja que cambió el mundo un mapa expresivo de los puertos y las rutas comerciales consagrados al intenso tráfico de contenedores, reflejando fielmente el croquis de la ordenación económica global; muestra un nuevo equilibrio cuyo centro ya no está, ni mucho menos, en aquel Mare Nostrum que un día fue el ombligo de la antigüedad. Y ni siquiera gravita sobre una Europa desposeída del que fue su rol dirigente. De nuevo la crudeza de la imagen supera la eficacia de la palabra y esculpe la evidencia: el Viejo Continente ya es periferia, Mediterráneo – El sexto continente – es una valla que separa el Norte del Sur, tal y como lo retrata el fotógrafo italiano Mattia Insolera

¿Nos damos cuenta de lo que significa?

Podemos pergeñar otras muchas cartografías que nos inyecten visualmente realidades nada abstractas con mayor contundencia que la lectura de un texto, sobran las posibilidades de elección: la socióloga estadounidense Saskia Sassen nos regala un texto exclusivo basado en su reciente libro Expulsiones (Ed. Katz) en el que reflexiona sobre la mecánica de los cambios globales asociados a las adquisiciones de tierras de cultivo en zonas empobrecidas; en Mapamundi de ficciones el escritor Gabi Martínez rescata lugares, imaginarios o no, inseparables de la literatura universal: de la Atlántida y Utopía a las andanzas de Marco Polo o las narraciones de Faulkner y Macondo; la periodista Natalia Ruiz, en Cartógrafos del cielo, transita por el firmamento estrellado apoyada en los últimos avances que nos dan a entender la posición del punto azul que es la tierra en el cosmos interminable; o el también periodista australiano Simon Sellars, en Viaje al centro de Google Earth, nos lleva a visitar los fantasmas escondidos en la herramienta cartográfica más usada de nuestro tiempo, tanto que parece, por momentos, sustituir a la realidad. Esa misma realidad a la que se enfrenta, de manera deslocalizada, Taiye Selasi, la inspirada inventora del exitoso término «afropolita» y que en Lejos de Ghana, cerca del mundo conversa con Mario Trigo y Paty Godoy sobre las nuevas (ya no tan nuevas) áfricas. Todo un número de cartografías en las que también nos acercamos a la ficción basada en hechos reales de Agustín Fernández Mallo, en su Paseo por Turín siguiendo la historia de Nietzsche, una frase susurrada y un caballo maltratado.

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Un número muy completo, con perspectivas novedosas, que también contiene las historias viajeras de Eva Cid -que nos lleva a las tierras ignotas de los videojuegos-, Bárbara M. Díez – que nos acerca a Las islas Diómedes, en el estrecho de Bering, a partir del trabajo documental de la mexicana Lourdes Grobet, y que supone un nuevo refuerzo en la apuesta vital de Altaïr Magazine: aprehender la realidad del mundo desde una mirada propia, nos empuja a hacerlo desde estas perspectivas novedosas, sobre el terreno y mochila al hombro o maleta en ristre, en complicidad  con nuestros autores que, juntos, nos ofrecen un nuevo 360º dedicado a visualizar las cartografías que necesitamos para tratar de entender algo de lo que nos sucede en este complejo y convulso s. xxi.