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LIBROS: Corto Maltés. Bajo el sol de medianoche.

 

CORTO MALTES EXTRA_03

Bajo el sol de medianoche
Juan Díaz Canales y Rubén Pellejero
Norma Editorial, 2015. 96 páginas.

Por Fran García

¿Era necesario un nuevo álbum de Corto Maltés? Evidentemente no. De un plumazo se nos recuerda que nosotros somos mortales y nuestros héroes no. Me explico: Habrá trabajos gráficos sobre el personaje de Pratt que nunca leeremos porque la serie nos superará en el tiempo. Posiblemente, nosotros acabaremos sufriendo las trampas de nuestros convencionalismos sociales, nosotros echaremos el ancla, mientras nuestro Corto es imaginado por otros creadores en lugares de lo más variopintos, disfrutando de esa extraña sensación que proporciona el anarquismo.

¿Es bien recibido un nuevo álbum de Corto Maltés? Evidentemente sí. Bajo el sol de Medianoche (Norma Editorial, 2015), obra del guionista Juan Díaz Canales y el dibujante Rubén Pellejero, es, desde ya, una de mis aventuras favoritas de la serie. Ponerse en la piel de Pratt suponía un órdago que solo el entusiasmo y el trabajo duro han llevado a buen puerto. Y no solo se trata de una cuestión de mimetismo, cosa ya de por sí compleja, más bien era un asunto sentimental. Los dos elegidos en el planeta para hacernos realidad ese regreso son también dos familiares que siempre tuvieron a Corto muy presente.

Perteneciente a la escuela italo-argentina —Solano López, Manara, Toppi, Oesterheld, Crepax—, a Hugo Pratt nunca le importó que Corto Maltés siguiera sus aventuras en manos de otros autores. En 1988 firmó su último trabajo en la serie del marino con , obra que lleva a Corto a la mismísima Atlántida.

Corto Maltés ha regresado de un largo silencio y lo ha hecho de la mano de dos autores españoles: Juan Díaz Canales (Madrid, 1972) y Rubén Pellejero (Badalona, 1952). El primero es el exitoso guionista de Blacksad, un trabajo noir con personajes antropomórficos que le ha valido reputación mundial. Pellejero, por su parte, es un dibujante de larga trayectoria. Junto al guionista argentino Jorge Zentner creó a Dieter Lumpen —publicado en la revista «Cairo», recopilado en álbumes por Norma Editorial y reeditado por Astiberri—, un aventurero con un carácter similar al de Corto. Ambos autores consiguieron un premio del Festival de Angoulême con El silencio de Malka.

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Patricia Zanotti, directora de Cong S.A, la empresa que ostenta los derechos de la obra de Hugo Pratt, le encargó la continuación de la serie a Canales durante la celebración del Festival de Lucca. Éste aceptó el desafío y contactó con Pellejero para que se encargase de la parte gráfica. No en balde, Pellejero comparte estilismo con el genio de Rimini. Como la temporalidad histórica de Corto Maltés siempre fue algo trastabillada, los autores podían —pueden— jugar con los escenarios históricos y plantear movimientos de lo más variopintos para el marino maltés.

La elección del Gran Norte americano no deja de ser el primer acierto de este nuevo álbum. De ahí su título. Alaska, la zona del Klondike canadiense, las ciudades más importantes de entonces, como Dawson, la capital del Yukón, o Nome, situada en la península de Seward —Alaska—, son la trama urbana, junto al arranque del álbum en San Francisco. Forman parte de un todo del álbum dominado por el gigantesco, bello y agreste paisaje natural de esta zona del globo.

La acción se sitúa en 1915, después de La Balada del Mar Salado. Una paradoja temporal entre la ficción del marino nacido en La Valetta y la edición de sus álbumes, puesto que éste Bajo el Sol de medianoche —también publicado en b/n— es la continuación temporal de la primera obra confeccionada por Hugo Pratt. Es precisamente este juego temporal lo que abre todo un mundo de posibilidades al tándem Canales-Pellejero. Poseen herramientas y talento para condimentar la serie por dónde quieran. Quizá su única limitación sea el año de desaparición de Corto, el año 1936, combatiendo con los republicanos en la Guerra Civil española.

Al igual que Pratt gustaba de apropiarse de personajes reales para sus aventuras —dos ejemplos: Herman Hesse en Las Helvéticas o el Barón Rojo, el as de la aviación alemana de la primera guerra mundial, en Las Célticas nuestro tándem creativo propone un menú suculento con Jack London de plato fuerte. La Gold Rush finalizó en 1899, así que Corto persigue las pistas de una carta de su amigo London mientras se traslada por todos los lugares que el autor californiano inmortalizó en obras como Colmillo blanco. Un explícito homenaje a la literatura de aventuras.

La otra carta de London tiene una remitente muy real, la japonesa Waka Yamada, una luchadora de los derechos de las mujeres, especialmente sobre las niponas prostituidas por la Mafia japonesa. Aparece una patrulla del ejército Feniano, los que nos mete de forma indirecta en la Primera Guerra Mundial y de forma directa en la situación de la Columbia Británica en la época, en la delicada posición de los grupos de indígenas de esta vasta área. Se nombra a Louis Riel, defensor de los derechos indígenas del interior canadiense, un sensato político revolucionario cuya vida, por cierto, tiene una novela gráfica, Louis Riel (un notable trabajo, uno más, del también canadiense Chester Brown). De postre, un personaje olvidado por muchos libros de historia sobre la conquista del norte: el explorador afroamericano Matthew Henson.

Todo el producto está bien servido en la mesa, con lo necesario para que los temas de hace exactamente un siglo nos sigan atronando hoy en día —la explotación sexual femenina, el expolio a los pueblos indígenas, las guerras—, en una bien urdida jugada en la que pasado y presente se tocan con acierto.

Ya que Canales y Pellejero nos han devuelto a este fantasma tan singular y preciado, ya que nos han arrebatado nuestras propias ensoñaciones sobre Corto, quizá solo quepa pedirles que igualen la proeza. Ya se han quitado el peso de revivir a un fantasma. Ahora démosles las gracias por devolvérnoslo; por procurarnos, cada cierto tiempo, el regreso a su mundo ilimitado.

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El documental o la realidad personalizada

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Hoy comienza la Mostra de Documentals de Sagunt «.DOC», en la que ALTAÏR MAGAZINE participa como Medio Oficial y cuyo programa puedes consultar aquí.

«Los documentales son una herramienta formidable para intentar comprender el complejo mundo que nos rodea. Ofrecen respuestas y alimentan incógnitas que nos permiten reflexiones necesarias. Son testimonios que reflejan realidades, quizá la característica fundamental de casi todos ellos.»

Nuestro colaborador Fran García empieza su Voz de hoy en ALTAÏR MAGAZINE con estas palabras, una declaración clara y sin fisuras: los documentales son un medio de comprensión del mundo y verlos es un modo de observar y analizar la realidad que nos rodea desde un prisma más completo.

Hace poco más de una década, el cineasta Michael Moore ganó el Oscar a la mejor película documental por un largo llamado Bowling for Columbine, que fue un éxito de taquilla inesperado en todo el mundo, precisamente por su condición de documental, ese hermano pobre y sin ribetes dorados del cine de ficción. La película partía de la terrible matanza cometida por dos estudiantes del Instituto Columbine, en Colorado, quienes asesinaron a quince personas en abril de 1999, para intentar comprender las razones últimas de la violencia existente en la sociedad norteamericana. Pero lo cierto es que la película no «es» la realidad. El documental narra el propio viaje del director por esa realidad, su descubrimiento de lo que ocurrió, sus conclusiones. Porque el documental, el buen documental, es mucho más un ensayo o una tesis que un libro de historia.

Uno de los grandes éxitos sorpresa de la temporada pasada en el cine fue Searching for Sugar Man. La película, dirigida por el malogrado Malik Bendjelloul, cuenta la historia de Sixto Rodríguez, «Sugar Man», un músico que grabó un único disco en los años sesenta y que luego desapareció, y cuya música se convirtió en un fenómeno de masas en Sudáfrica en los años ochenta. Pero en realidad la película no es sobre Rodríguez, sino sobre los dos fans sudafricanos que a principios de los noventa decidieron investigar qué había sucedido con aquel cantante, y el documental refleja el viaje de esos dos hombres, sus descubrimientos, su sorpresa. No cuenta la realidad que sucedió, sino la realidad que vivieron ellos.

¿Es La sal de la tierra un documental sobre la vida del fotógrafo Sebastião Salgado o en realidad está hablando de un hijo hablando de su padre? ¿Es The Act of Killing un documental sobre las atrocidades de la dictadura indonesia o un ensayo sobre el horror que siente su director, Joshua Oppenheimer, al escuchar los relatos de aquellos verdugos? ¿Es Seré asesinado un retrato de la corrupción y la mafia en Guatemala o es una expresión del puzzle policíaco que tuvo que resolver el realizador Justin Webster para poder filmarlo? ¿Es El impostor un documental sobre un suceso de la Norteamérica más profunda o es en realidad el modo que tiene su director, Bart Layton, de hablar de su propio escalofrío ante el miedo al doppelgänger, al otro yo que usurpa tu lugar en el mundo? ¿Es, en fin, The story of film una serie sobre la historia del cine o es la historia del cine que Mark Cousins cree que merece la pena ser contada?

(La plataforma de VOD Filmin cuenta con una selección de casi seiscientos documentales a disposición de sus usuarios)

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Dakar: un índice para una ciudad infinita (y II)

Cabecera Dakar 2.0 (desfile de Adama Paris) - Mamadou Gomis

Recuerdo como si fuera ayer la primera vez que fui a Dakar, en compañía de mi madre. La noche anterior no había podido pegar ojo. Estaba ansiosa y emocionada; también tenía un poco de miedo. Miedo a no poder adaptarme, miedo a perderme. Para mí, que entonces tenía once años, Dakar no era una ciudad como las otras a las que ya había ido, siempre acompañada por mi madre. Creía que Dakar ni siquiera se encontraba en Senegal, ni en ninguna otra parte del mundo. Dakar tenía que estar en una región lejana en la que vivían seres extraordinarios, diferentes de los habitantes de mi pueblo. ¿Quizás Dakar estaba en otro planeta? ¡Salía de mi pueblo con mi imaginación vagabunda en bandolera para ir a esa ciudad de la que la gente hablaba con admiración y temor secreto!

Así describe la escritora senegalesa Ken Bugul su primer viaje a la capital, una ciudad que era para ella tan extraña y tan misteriosa, tan desconocida, como lo es para el resto del planeta que no vive allí. Ella nos cuenta su primer viaje pero también los sucesivos, que han ido configurando la silueta de la ciudad en la que vive de un modo personal e irremplazable: EN LA GARE DE DAKAR es el regalo en forma de texto que nos hace Bugul en nuestro 360º de ALTAÏR MAGAZINE. Ya vimos parte de los contenidos que podemos encontrar dentro hace unos días, y hoy revisamos el resto:

BOUBACAR BORIS DIOP – Entrevista de Pere Ortín al escritor de los mil colores, pensador, periodista, figura de referencia de la cultura senegalesa. Podremos oírlo y leerlo, y nos hablará de cómo afectó el genocidio de Ruanda a su escritura y por qué ha tomado la decisión de publicar en wólof.

EL WÓLOF CONTRA EL FRANCÉS – Uno era musulmán muridí, wólof y anticolonialista. El otro, católico, serer y francófilo. Uno, Cheikh Anta Diop, fue uno de los científicos y antropólogos más importantes del estado africano. El otro, Léopold Sédar Senghor, fue presidente de la República de Senegal durante veinte años. Boubacar Boris Diop cuenta sus vidas paralelas.

DAKAR LA INEFABLE – Un extracto de la obra del mismo título del recientemente fallecido Oumar Ndao, un retrato de la capital a medio camino entre la crónica histórica y el diario de viajes.

BLACK SURF DAKAR – El periodista y fotógrafo Alex Ndongo Gaye nos acerca a la figura de Oumar Seye, leyenda del surf senegalés.

¡DIME, DAKAR! – Una carta de amor a la ciudad, poética y personal, por parte de Massamba Guèye, Director General del Teatro Nacional Daniel Sorano, en Dakar.

100 AÑOS DE LA MEDINA DE DAKAR – El periodista Abdou Khadre Gaye hace un recorrido por los cien años de vida del popular barrio de la ciudad.

CONFESIONARIO EN NEGRO Y AMARILLO Cheikh Fall nos enseña las aventuras de los muy particulares taxistas de Dakar.

EN ÁFRICA, UNA IMAGEN NO ES REALMamadou Gomis, responsable de las fotos de todo nuestro especial, y la lucha por el punto de vista fotográfico en su propia ciudad.

YÉKINI, LE ROI DES ARÈNES – Finalmente, Fran García, nuestro experto en cómic, analiza la novela gráfica de Lisa Lugrin y Clément Xavier sobre un deporte tan especial como la lucha senegalesa y sobre Yékini, su más grande luchador.

 

Veinte artículos, veinte temas, llenos de fotografías, de mapas, de entrevistas y de historias. Y se nos quedan cortos, porque Dakar, pese a todo, sigue siendo infinita.

360º de ALTAÏR MAGAZINE, monográfico sobre Dakar.

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Contar Palestina e Israel en viñetas

«Joe Sacco defiende que la objetividad no deja de ser una rémora a la hora de afrontar sus trabajos. Solo la primera persona le proporciona datos de utilidad. Defiende el trabajo en el cómic: «La ventaja de un medio intrínsecamente interpretativo como el del cómic está en que fomenta la relación personal del dibujante con cualquier sujeto que tenga a mano. Para bien o para mal, el cómic es un medio inflexible, obliga al periodista de cómics a tomar decisiones, y esto es parte del mensaje».»

Desde hace unos años, el cómic se ha convertido en el medio de elección de muchos autores para intentar explicar o analizar de algún modo el intrincado laberinto que es el conflicto palestino-israelí. Fran García, nuestro experto en cómic y agitador cultural de cabecera en ALTAÏR MAGAZINE, ha hecho un recorrido por las novelas gráficas que mejor han tratado esta contienda, seguramente entre las más duraderas de la historia.

cronicasdejerusalenbaja«La fuente de este problema histórico se pierde en la noche de los tiempos. Es tan antigua como antiguos son los pueblos que participan en esta cruenta disputa», dice Fran García, para a continuación explicar que el cómic se ha centrado en los conflictos surgidos tras la Segunda Guerra Mundial y la creación del estado de Israel. Así, parte de Jerusalén, de Boaz Yakin y Nick Bertozzi, situado en ese momento del siglo xx, para llegar a la ya emblemática Crónica de Jerusalén, de Guy Delisle. Fran examina desde cómics que reflexionan sobre el pasado, como el Not the Israel my parents promised me de Harvey Pekar o Metralla de Rutu Modan, hasta miradas al presente de Israel, como Una judía americana perdida en Israel de Sarah Glidden, o de Palestina, como Saltar el muro, la colaboración entre el francés Maximillien Le Roy y el palestino Mahmoud Abu Srour; para terminar con una crónica periodística como la del maestro Joe Sacco, cuyas palabras abren esta entrada de blog.

Palestina: en la franja de Gaza (Planeta) y Notas al pie de Gaza (Mondadori) reconstruyen las miserias de unos para sobrevivir y las de otros por infligir esa misma miseria. Sacco encuentra en su puzzle de entrevistas y anotaciones, de experiencias y voces, la verdadera cara del horror. Los checkpoints, el muro, el hambre, la desesperanza de unas gentes abocadas a no tener futuro.

Franjas y países. La novela gráfica en el conflicto palestino-israelí, por Fran García (solo suscriptores). Pasos en ALTAÏR MAGAZINE.