Publicado el

Un año de 360º

«Monografías de viajes desde otros ángulos»
La obsesión constante que ha guiado nuestra andadura por este primer año de Altaïr Magazine ha sido la de observar la realidad siempre desde un prisma diferente al habitual, desde otro punto de vista. Para ello hemos tirado siempre de una de nuestras bases más firmes ideológicamente, en nuestro periodismo: para poder contar primero es necesario escuchar. No se trata de que nosotros, occidentales, vayamos a «descubrir» otros lugares del mundo a nuestros lectores. Se trata de que los habitantes de esos otros lugares sean los que nos cuenten cómo es el sitio en el que viven. Periodismo de viajes de dentro hacia fuera, y no al contrario.
Han sido cinco monográficos 360º durante este año que nos han llevado por México, Cerdeña, Dakar —donde además todos los artículos han sido hechos por senegaleses, habitantes de la capital—, Paraguay y, finalmente, ese triple salto mortal sin red que hemos dado con nuestro último monográfico sobre Cartografías.
Es difícil para nosotros, la Redacción, no mirar con especial orgullo las entrevistas que hemos incluido en nuestros monográficos. Cómo olvidar aquella conversación con Juan Villoro donde se preguntaba sobre qué sería de México si fuese un país normal; o la fascinante entrevista con la afropolita Taiye Selasi, novelista oriunda de muchos sitios a la vez; o la charla enérgica y a ratos delirantemente divertida, a ratos dolorosamente seria, con el gran Jon Lee Anderson; o esa conversación pausada e inolvidable con el escritor senegalés Boubacar Boris Diop, que además hizo para el monográfico sobre Dakar un formidable artículo político-lingüístico que, como dice Mario Trigo, nuestro redactor jefe, «hablando de dos figuras clave habla de toda la descolonización, de su propia generación africana y permite ver varias dimensiones extra de Senegal».
Belén Herrera, responsable de administración editorial, se queda con esa «caja que cambió el mundo», el texto sobre los contenedores de carga que escribió Jaime López para el monográfico sobre Cartografías. «Me leí el artículo con la boca abierta como una niña flipando con la historia de la cajita culpable de la globalización, y de cómo el aburrimiento dio origen a un invento tan simple como trascendental», confiesa Belén.
No podemos despedirnos de este repaso por los 360º sin volver al texto preferido de muchos en la redacción. Ese en el que Simon Sellars habla de Google Earth y nos muestra exactamente el tipo de reflexión que  buscamos cuando pensamos en el viaje y sus alrededores:
[Google Earth] Es la expresión definitiva de lo que los cartógrafos llaman el punto de vista de Dios: el deseo de una objetividad visual absoluta en los mapas, presentando cada región del globo en su lugar correcto.
Esos son nuestros 360º: un deseo de objetividad que se componga de la suma de las subjetividades de los habitantes de los lugares a los que vamos. Un relato sobre qué significa SER de un lugar, mucho más que simplemente visitarlo.
Publicado el

Viaje al centro de Google Earth, por Simon Sellars

Google-Earth
Ver más allá, ver mejor, ver siempre, ver ahora y no perderse nunca. Los nuevos mapas digitales prometen (y han concedido) aplicaciones casi mágicas para nuestras vidas diarias; casi ya no podemos pensarnos sin ellos. En el 360º sobre Cartografías ofrecemos las reflexiones de Simon Sellars, periodista experto en tecnología, arquitectura y la obra del novelista J.G. Ballard —uno de los grandes cartógrafos de un presente indistinguible del futuro—. Aquí podéis empezar a leer gratis su texto, que nos lleva del punto de vista de Dios al recuerdo de nuestros propios fantasmas en una pantalla plana.

«Queremos crear un espejo digital del mundo.»

Karin Tuxen-Bettman, geoestratega de comunicación de Google Earth, a bordo de un barco de Google que mapeaba el Amazonas en 2011.

Cuando abres Google Earth, se sitúa por defecto a una altura de 11.000 kilómetros sobre el planeta. El efecto es de placidez, en parte por el ligero brillo de la panorámica espacial y en parte por la sensación de no estar atado a nada. Las límpidas imágenes, aportadas por la NASA, muestran el mundo con un detalle fotorrealista. Es la expresión definitiva de lo que los cartógrafos llaman el punto de vista de Dios: el deseo de una objetividad visual absoluta en los mapas, presentando cada región del globo en su lugar correcto.

Pero los mapas mienten. Naturalizan los límites y extremos del planeta de modos que responden a razones ocultas. El mapa más popular del mundo, la proyección Mercator, es un modelo cartográfico de la realidad basado en una tergiversación descarada. En el mundo de Mercator, los países no tienen tamaños relativos entre sí. Los tamaños de los países norteamericanos y europeos están tremendamente exagerados, mientras que los de las naciones del Tercer Mundo están muy reducidos. Durante los años 70 y 80 del siglo pasado tuvieron lugar las llamadas «guerras de los mapas», en las que un nuevo modelo de mapa, la proyección Gall-Peters, se enfrentó al Mercator, al que se acusaba de ser un símbolo represor del colonialismo eurocéntrico.

Google Earth es más que el punto de vista de Dios, más que un mortal mirando a través de los ojos de Dios. En Google Earth, nosotros somos Dios. Vemos por encima, por debajo, dentro y afuera. Vemos en el más allá, con una visión extra fuera del alcance de nuestra condición mortal. Vemos los fantasmas de amigos y extraños fallecidos. Nos vemos a nosotros mismos. Si el punto de vista colonial de los mapas Mercator es un modo incómodo de instalarse sobre el planeta (esperando que los salvajes se queden en su lugar y no agiten el orden establecido), entonces Google Earth, con sus derivaciones —Google Maps y Google Street View— es un mundo paralelo que se infiltra en este.

Las «trampas de copyright» son detalles falsos que los cartógrafos insertan en los mapas para pillar a los plagiadores. Se puede demostrar que alguien ha copiado y publicado el mapa sin permiso porque incluye una calle que lleva en la dirección equivocada o un edificio que no existe. En Street View, esos objetos imposibles son el pan nuestro de cada día. Los límites de Google son porosos. Se disuelven. Nunca en mi vida he visto algo tan hermoso como las autopistas fundidas de EEUU, resultado de los fallos técnicos en las proyecciones de Google. Google Earth juntas imágenes tomadas en momentos diferentes del día. A veces se pueden ver las costuras donde el proceso no se ha cerrado del todo. Puede ser una nube de luz separada por colores RGB alrededor de un objeto, o un tornado de píxeles erróneos, amarillos y rosados, ascendiendo hacia el cielo. A veces, cuando la conexión es lenta, al moverse a través de una ciudad con Street View se revela el mecanismo de entrelazado de las imágenes. Puede verse cómo el frente de un edificio se desliza desde el fondo, comprimiendo la arquitectura en una delgada banda de luz, de modo que semeja una fachada delgada como un folio que encaja en su lugar. La realidad se convierte en un escenario y los decorados cambian ante tus ojos.

A veces, el algoritmo de Google Earth mapea una textura sobre otra, produciendo paisajes encantadores. El paso elevado de una autopista, suspendido sobre la tierra, sigue con precisión el terreno ondulado de un amplio valle, produciendo un sistema vial retorcido y fluido de otra dimensión. Las nubes manchan los contornos de una montaña como una manta blanca, esponjosa y ajustada. Hay rascacielos aplastados contra el suelo que, de algún modo imposible, proyectan una sensación tridimensional de altura. Google Earth es un Mercator digitalizado, aplastando las dimensiones desproporcionadas en un sistema totalizador con su propia lógica interna (en realidad, Google Maps está basado en una variante de la proyección Mercator). Cuando también los mapas del iPhone de Apple empezaron —involuntariamente— a escupir extrañas topologías nuevas a toda velocidad, la empresa fue objeto de mofa generalizada, pero yo pensé que eran enormemente poéticas, un mundo en el que me gustaría mucho vivir: el campo de distorsión de la realidad de Steve Jobs.

De niño me fascinaban los mapamundis, que eran siempre los de Mercator. Hasta la adolescencia no me di cuenta de que Groenlandia no era el doble de grande que Australia, como afirma la proyección de Mercator, sino que en realidad Australia era tres veces más grande que Groenlandia. Mi hija tiene dos años y ya está fascinada con mi iPhone, que a menudo, siguiendo mi obsesión, muestra mapas de Google y Apple. Quizás se pase los próximos años pensando que es completamente natural que las autopistas se hundan y doblen en el paisaje como tiras de regaliz. Google Earth puede ser un Mercator digital, pero no miente. No lo necesita. Lo expone todo y puede permitírselo, pues su arma es la seducción.

(…)


PARA LEER ESTE ARTÍCULO ENTERO, SUSCRÍBETE A ALTAÏR MAGAZINE O BUSCA NUESTROS MONOGRÁFICOS 360º EN LOS QUIOSCOS DIGITALES MAGZTER Y ZTORY.

Publicado el

Cartografías: un mapa para leer el 360º de Altaïr Magazine (I)

CAbecera-imaginaria
Collage de Mario Trigo para el artículo sobre cartografía imaginaria de Gabi Martínez

 

Cuenta Pep Bernadas en el editorial con el que se abre nuestro 360º monográfico sobre Cartografías:

«En 1375, cuando Abraham y Jafudá Cresques dibujaron el primer Atlas conocido, sacudieron en un pispás gran parte de las convenciones de su época. Los innumerables relatos de marineros y comerciantes, cartas, informes, pesquisas y trabajos acumulados durante años se condensaban allí, en minuciosas ilustraciones que mostraban a simple vista la superficie y el contorno de tierras y mares. Era una revelación al alcance de todos, fuesen letrados, iletrados, o hablaran otros idiomas, venía en un lenguaje cartográfico diáfano, en imágenes, cuya asimilación y retención eran inmediatas.»

Ahí empezó todo. El mundo entero metido en un pequeño espacio, reconocible de un vistazo, aprehensible. El mapa como instrumento para comprender lo que nos rodea, pero no sólo las distancias o los espacios, sino también el pensamiento o al propio ser humano. Decidimos hacer un monográfico sobre cartografía para hablar de nosotros mismos, para entendernos mejor. Y estos son algunos de los temas que tratamos:

VIAJE AL CENTRO DE GOOGLE EARTHSimon Sellars hace un recorrido filosófico y hasta melancólico por la herramienta cartográfica más popular del mundo, Google Earth, una aplicación que nos coloca en la perspectiva divina (miramos la Tierra desde 11.000 kilómetros de altura) para luego hacernos descender a los pequeños detalles que nos enseñan un mundo que es extremadamente parecido al nuestro, pero que en realidad es otro.

CARTÓGRAFOS DEL CIELO – Un paseo por la historia del mapeado de las estrellas contada por Natalia Ruiz Zelmanovitch, desde los griegos antiguos hasta los instrumentos que hoy nos permiten buscar exoplanetas donde soñar con una futura Tierra-2 poblada por seres humanos. La obsesión por la cartografía de la realidad llevada a cada extremo del universo.

MAPAMUNDI DE FICCIONESGabi Martínez transita por los territorios de las ficciones ideadas por escritores, cineastas, artistas y filósofos. Espacios imaginarios tan delimitados como los reales, con sus accidentes, su geografía política y sus zonas oscuras donde, tal vez, habiten dragones.

LOS AFGANOS AMAN LAS FLORES – No digas que crees conocer Afganistán si no la has vivido como Jon Lee Anderson, quien detalla con profusión la personalidad, psicología, relaciones, sociedad y espacialidad de una región del mundo fascinante y aterradora para Occidente a partes iguales.

EL GRINGO MÁS RARO DEL MUNDO – Y para conocer al gringo Jon Lee Anderson, reportero de The New Yorker y persona que habla todos los idiomas con acento, no queda más remedio que hacer lo que hicieron Paty Godoy y Pere Ortín: hablar con él durante horas y, sobre todo, escucharle sin perder ni un solo detalle. Y luego contarlo.

UN PASEO POR TURÍN – Buscando el breve recorrido que hizo Nietzsche desde su casa hasta el encuentro con aquel caballo de Turín que lo conmovió hasta enmudecerlo, Agustín Fernández Mallo viaja a la capital del Piamonte para tratar de unir los puntos que van desde el suicido de Cesare Pavese hasta el silencio de una década del filósofo alemán.

LOS EXPULSADOS DE LA TIERRASaskia Sassen, Premio Príncipe de Asturias de Ciencias Sociales en 2013, dibuja la destrucción de la condición natural de las tierras compradas por capitales extranjeros y de la expulsión de los habitantes tradicionales de su lugar en el mapa.

Y esto es solo una parte de todo lo que ofrece nuestro 360º sobre Cartografía. Pero no se queda aquí. Los mapas y las cartografías, en fin, tienen siempre la misma extensión que tiene la imaginación de los seres humanos…

360º de ALTAÏR MAGAZINE, monográfico sobre Cartografías.

Publicado el

Cartografías: mapas con perspectivas novedosas

Editorial cartografías
(Editorial del 360º monográfico de Altaïr Magazine sobre Cartografías, por nuestro editor, Pep Bernadas)
¿Nos sirven los mapas habituales para mostrar las nuevas geografías que conforman el mundo de hoy? Tal vez no. O, por lo menos, no suficientemente.
En 1375, cuando Abraham y Jafudá Cresques dibujaron el primer Atlas conocido, sacudieron en un pispás gran parte de las convenciones de su época. Los innumerables relatos de marineros y comerciantes, cartas, informes, pesquisas y trabajos acumulados durante años se condensaban allí, en minuciosas ilustraciones que mostraban a simple vista la superficie y el contorno de tierras y mares. Era una revelación al alcance de todos, fuesen letrados, iletrados, o hablaran otros idiomas, venía en un lenguaje cartográfico diáfano, en imágenes, cuya asimilación y retención eran inmediatas.  Sus mapas reproducían  el escenario completo del orbe entonces conocido, observado desde su isla de Mallorca, en el corazón del Mediterráneo, para ellos el centro de la humanidad.

Siglos más tarde reencontramos el espíritu innovador de los Cresques en el esfuerzo de otros creadores que pugnan por entender y explicar con eficacia la complejidad de nuestro mundo, zarandeando conciencias y mostrando a quien quiera percatarse de ello que todo está cambiando a velocidad de vértigo y como nunca antes en la historia y requiere, hoy más que nunca y como reclama el gran ensayista mexicano Sergio González, de un esfuerzo por (re)humanizar los mapas desde un cosmopolitismo de la diferencia. Es lo que hace con sus historias uno de los más grandes reporteros de la actualidad, El gringo más raro del mundo, Jon Lee Anderson que, entre pausas de su ajetreada vida para The new Yorker, inicia sus colaboraciones con Altaïr Magazine y también es entrevistado por nuestro director Pere Ortín y Paty Godoy.

El experto en comercio internacional Jaime López, amparado en su dilatada experiencia en transportes marítimos, traza en La caja que cambió el mundo un mapa expresivo de los puertos y las rutas comerciales consagrados al intenso tráfico de contenedores, reflejando fielmente el croquis de la ordenación económica global; muestra un nuevo equilibrio cuyo centro ya no está, ni mucho menos, en aquel Mare Nostrum que un día fue el ombligo de la antigüedad. Y ni siquiera gravita sobre una Europa desposeída del que fue su rol dirigente. De nuevo la crudeza de la imagen supera la eficacia de la palabra y esculpe la evidencia: el Viejo Continente ya es periferia, Mediterráneo – El sexto continente – es una valla que separa el Norte del Sur, tal y como lo retrata el fotógrafo italiano Mattia Insolera

¿Nos damos cuenta de lo que significa?

Podemos pergeñar otras muchas cartografías que nos inyecten visualmente realidades nada abstractas con mayor contundencia que la lectura de un texto, sobran las posibilidades de elección: la socióloga estadounidense Saskia Sassen nos regala un texto exclusivo basado en su reciente libro Expulsiones (Ed. Katz) en el que reflexiona sobre la mecánica de los cambios globales asociados a las adquisiciones de tierras de cultivo en zonas empobrecidas; en Mapamundi de ficciones el escritor Gabi Martínez rescata lugares, imaginarios o no, inseparables de la literatura universal: de la Atlántida y Utopía a las andanzas de Marco Polo o las narraciones de Faulkner y Macondo; la periodista Natalia Ruiz, en Cartógrafos del cielo, transita por el firmamento estrellado apoyada en los últimos avances que nos dan a entender la posición del punto azul que es la tierra en el cosmos interminable; o el también periodista australiano Simon Sellars, en Viaje al centro de Google Earth, nos lleva a visitar los fantasmas escondidos en la herramienta cartográfica más usada de nuestro tiempo, tanto que parece, por momentos, sustituir a la realidad. Esa misma realidad a la que se enfrenta, de manera deslocalizada, Taiye Selasi, la inspirada inventora del exitoso término «afropolita» y que en Lejos de Ghana, cerca del mundo conversa con Mario Trigo y Paty Godoy sobre las nuevas (ya no tan nuevas) áfricas. Todo un número de cartografías en las que también nos acercamos a la ficción basada en hechos reales de Agustín Fernández Mallo, en su Paseo por Turín siguiendo la historia de Nietzsche, una frase susurrada y un caballo maltratado.

CTA-premium-con-precio

Un número muy completo, con perspectivas novedosas, que también contiene las historias viajeras de Eva Cid -que nos lleva a las tierras ignotas de los videojuegos-, Bárbara M. Díez – que nos acerca a Las islas Diómedes, en el estrecho de Bering, a partir del trabajo documental de la mexicana Lourdes Grobet, y que supone un nuevo refuerzo en la apuesta vital de Altaïr Magazine: aprehender la realidad del mundo desde una mirada propia, nos empuja a hacerlo desde estas perspectivas novedosas, sobre el terreno y mochila al hombro o maleta en ristre, en complicidad  con nuestros autores que, juntos, nos ofrecen un nuevo 360º dedicado a visualizar las cartografías que necesitamos para tratar de entender algo de lo que nos sucede en este complejo y convulso s. xxi.