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Preludio de un naufragio: El mar es tu espejo. Historias de tripulaciones abandonadas en el Mediterráneo

Por Jordi de Miguel
@jordidemiguel

mar.espejo

Hay un momento de rotura. De quiebre y de llanto. Una tarde de agosto de 2009, la periodista Catalina Gayà regresa en lancha al aceitoso puerto de Pendik, Estambul. Acaba de certificar que lo visto y oído en Barcelona no es una siniestra excepción: que ancladas en el Mediterráneo, en plena crisis, hay decenas de tripulaciones abandonadas por sus armadores; que a la deriva, en sus barcos oxidados, hay centenares de hombres sin recursos para volver a sus países ni sueldos para alimentarse. Hombres que, como peces sin agua, boquean, musitan, rabian las palabras de un abandono ignorado. El mar es tu espejo (Libros del KO, 2017) es la crónica de ese abandono.

Faisal se quedó solo, a merced de la locura, en un barco que chirriaba de día y de noche. El Stratis II era un buque de carga, un hormiguero de pasillos largos, un colosal estómago de acero. Y aquella inmensidad amplificaba los efectos del ruido y de la soledad

Todo empieza ese mismo 2009 cuando Gayà conoce a Faisal, un marinero paquistaní que lleva más de un año malviviendo a bordo de un carguero abandonado en el puerto de Barcelona. El Stratis II no puede zarpar hasta que sea reparado, pero su armador griego no da señales de vida, se ha convertido en una sombra que languidece a medida que el resto de tripulantes son repatriados o se pierden, también sin rastro, por los estrechos callejones del Raval. Solo, a la deriva, ha quedado Faisal, el capitán sin mar que aguarda la subasta del barco para volver a su país.

Cuando por fin lo consiga, Gayà habrá tomado la decisión: Irá hasta el fondo del asunto, viajará a otros puertos del Mediterráneo para desvelar los engranajes del abandono de tripulaciones, un ángulo muerto del capitalismo urdido por una trama de sociedades opacas, armadores huidizos y banderas de conveniencia. Del mar llega el 92% de las mercancías que consumimos. De sus entrañas, apenas sabemos nada.

Había visto a los marineros asustados y yo mismo estaba asustada. El desamparo es una enfermedad salvaje que nos devuelve irremediablemente a la niñez, al instante justo en que, por primera vez, nos hablan de la muerte

A lo largo de dos años y con la ayuda de una beca y de organizaciones de apoyo a los marineros, Gayà vencerá las resistencias para adentrarse en cinco puertos más: Estambul, Ceuta, Gibraltar, Civitavecchia y Suez. En sus aguas escuchará a marineros de toda procedencia y condición. Ucranianos, turcos, georgianos y paquistaníes. Maestros y estudiantes. Lectores de Hemingway y Melville. Hombres disminuidos que discuten sobre la idoneidad del verbo love o like para definir su relación con el mar (y siempre gana love); hombres «en pleno desvalimiento», obstinados a creer en quienes los han traicionado.

Gayà retrata su mundo poniendo el cuerpo. Utiliza la primera la primera persona no sólo para hacer de puente entre ciudades: también ella somete su identidad frente al espejo. ¿Quién es esta mujer de ropas enlutadas obsesionada con el abandono? ¿Qué imagen le devuelve el mar?

Sea quien sea, su figura no pasa inadvertida. Durante sus viajes por el Mediterráneo, recibirá llamadas intempestivas desde otros puertos: «¿Eres la mujer que escucha a los marinos? ¿Puedes ayudarnos?» «Yo sólo puedo narrarlo», responde ella.

Y qué manera de narrarlo.

Pese a la aparente rigidez de la estructura (cada capítulo corresponde a un viaje, cada viaje es similar), Gayà logra sostener el pulso de la narración: juega con los tiempos, deja puertas entreabiertas, administra con cuidado la información más densa. A su vez, la prosa -clara, sobria, notarial- dibuja un lienzo diáfano donde los giros líricos y las citas esporádicas (Homero, Conrad, Pizarnik) operan como bengalas de emergencia: son breves y fugaces, pero suficientemente intensas como para alumbrar lo que de verdad importa. Este libro no tiene prólogo ni retrato de ciudad. Lo que de verdad importa es el testimonio, lo que importa es el mar.

¿Y qué es mejor? ¿Estar despierto y ver esto? ¿Sólo ver el mar? Yo no quiero mirarlo más: trabajaba en un río, prefiero los ríos. Los ríos empiezan y acaban

Y aún así, esta no es una historia de tripulaciones abandonadas. O no sólo. El mar es tu espejo es una alerta de tsunami, un aviso sobre la voracidad sin fin del capitalismo y sobre el necesario despertar de una mirada. La de Gayà se resarce. Viaja del lamento por no haber dado antes con Faisal a la relectura de su propia ciudad. Tripulante de otra profesión a la deriva, la periodista vuelve de su última parada en Suez «ahíta de soledades», pero mira. Mira y comprende: El mar se ha filtrado entre las baldosas, hay «un abandono terrestre» asolando la ciudad. Vecinos expulsados de su hogar por el mismo azote de la crisis, familias enteras varadas en los mismos contornos del capital. El mar es nuestro espejo, el mar es nuestro espejo, se repite Gayà. Por eso decide regresar a las aceitosas aguas de Pendik. Si «los marinos y su universo acuático fueron un preludio a nuestro naufragio», en el mar se hallarán nuevas respuestas. Vayan a las últimas páginas del libro. Tal vez allí se describa el porvenir.

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Los libros que lee la redacción

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Fotografía de Jorge Mejía Peralta (CC-BY 2.0)

Es una pregunta común, miles de personas la hacen cada día en todo el mundo. «¿Qué estás leyendo ahora mismo?» Y en seguida te cuentan lo que leen pero también lo que rodea a lo que leen. «Yo no leo ficción, me aburre», dice uno; «Yo al contrario, sólo me engancho a novelas, los ensayos no son para mí», contesta otra. «Apenas tengo tiempo para leer, sobrevivo con lo que leo en el metro y cinco minutos antes de dormir.» «Yo me levanto a las seis y media para poder leer un rato antes de empezar la jornada.» «Yo soy de noches en vela sin poder parar de leer y luego, claro, al día siguiente voy a trabajar dando tumbos.» Porque leer es a veces mucho más un «cómo» que un «qué».

Así que hemos cogido a parte de la redacción de ALTAÏR MAGAZINE y les hemos preguntado qué están leyendo. Y con sus respuestas hemos elaborado un catálogo de lecturas recomendadas para el día del libro. ¡Que las disfrutéis!

Mario: El espíritu viajero impregna sus lecturas, y navega desde el recorrido sentimental y emocional que hace John Berger por Europa en Aquí nos vemos (Alfaguara, 2005) hasta el crudo ensayo gráfico sobre la turbia Rusia actual que hace Igort en Cuadernos rusos (Salamandra, 2011. Aquí sus primeras páginas), pasando por la Nigeria inmersa en la guerra civil en los años sesenta en Medio sol amarillo (Random House, 2014) de la gran Chimamanda Ngozi Adichie. Aunque dice que el próximo que le apetece leer es la autobiografía de Lemmy, fundador y alma de Motörhead, que acaba de sacar Es Pop (aquí su primer capítulo).

Bárbara: Historia y antropología, esos son los dos temas por los que navega en sus lecturas, sean del género que sean: en ensayo, con La sociedad de castas (Kairos, 2014) de Agustín Pániker, sobre la india; o Las mujeres en el antiguo Egipto (AKAL, 1996), de Gay Robins. En novela histórica, con El cátaro imperfecto (Ediciones B, 2013) de Víctor Amela. E incluso en poesía, con los muy fálicos poemas dedicados al dios Príamo, Poemes priapeus (Adresiara, 205, edición catalana).

Pere: El periodismo entrelazado con el viaje, esa es la obsesión de Pere, que no puede dejar de ser las dos cosas todo el tiempo: periodista y viajero. Por eso sus libros de estos últimos meses giran en torno a esas dos facetas, y de ahí que sus recomendaciones pasen por Martín Caparrós y la dupla El interior (Malpaso, 2014) y El hambre (Anagrama, 2015), por la crónica asombrada del Levante español de Íñigo Domínguez en su Mediterráneo descapotable (Libros del KO, 2015), o las reflexiones sobre el oficio de escribir que hace Leila Guerreiro en Zona de obras (Círculo de Tiza, 2014), entre otras muchas cosas.

Belén: Como lectora, Belén «come de todo», y mezcla ensayo con ficción y con cómic sin ningún problema. Acaba de terminar de leer Sin ti no hay nosotros (Blackie Books, 2015), el testimonio sobrecogedor de la profesora Suki Kim en su afán por enseñar valores prohibidos a un grupo de estudiantes norcoreanos; pero recomienda encarecidamente El quinto en discordia (Libros del Asteroide, 2006), una muestra magnífica de la espléndida prosa del canadiense Robertson Davies. Su próximo objetivo es el último cómic de la serie «Love & Rockets» de Jaime Hernández, Chapuzas de amor (La Cúpula, 2015).