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Luchadores del polvo, por Lizeth Arauz

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Pocas cosas tan simbólicas como la lucha libre mexicana, pocas objetos son tan icónicos como las máscaras de sus luchadores, pocos nombres reverberan tanto en la cultura popular de todo el mundo como el de El Santo. La fotógrafa documental mexicana Lizeth Arauz nos muestra parte de las fotografías de su proyecto «Luchadores del polvo» en nuestro monográfico 360º sobre México. Trabajadores durante el día y héroes del barrio por la noche, aquí os dejamos un adelanto de este magnífico reportaje.


En la periferia de la Ciudad de México, un grupo de hombres que trabaja en diferentes oficios ―hay albañiles, electricistas, guardias de seguridad o vendedores ambulantes―y algunos jubilados entrenan por las tardes en un improvisado cuadrilátero. La meta: convertirse, al menos los fines de semana, en héroes de su comunidad, en verdaderos gladiadores de lucha libre.

Una vez terminada su jornada laboral, se reúnen religiosamente durante una hora en la casa de Raúl Trejo, el Teacher, quien es el hombre que los guía en el entrenamiento. En el patio de su vivienda montó un ring, justo al lado de donde estaciona su auto y debajo de los tendederos de ropa.

A pesar de ser un espacio pequeño y sencillo, la voluntad del entrenador y los participantes llena el ambiente vespertino. Risas, gritos y golpes duros contra la lona son el sonido característico.

La colonia José López Portillo, que debe su nombre a un expresidente mexicano que se distinguió por enriquecer a su familia y a sus colaboradores, irónicamente logró sólo hace pocos años tener banquetas, pavimentación y luz eléctrica. Se ubica en la delegación Iztapalapa, la más poblada de la ciudad y la que más problemas de acceso a servicios públicos ha tenido por décadas.

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La tradición de la lucha libre en México es legendaria. Se conoce orgullosamente como «la mejor lucha libre del mundo» y reúne muchos elementos de la cultura mexicana: el gran colorido en los trajes de los luchadores, la música que los acompaña al momento de subirse al ring y el arte de la simbología en el diseño de sus máscaras.

De este deporte-espectáculo han surgido grandes figuras de la cultura mexicana como El Santo, Blue Demon y Mil Máscaras, conocidos mundialmente y revalorizados en los últimos años, convirtiéndose, al menos en el caso de El Santo, en una imagen icónica de la estética pop contemporánea.

Paradójicamente, en este ring es poco el glamour. Por el contrario, los movimientos de los inexpertos luchadores son torpes, lentos. Y es comprensible: muchos de ellos no han practicado este deporte de manera constante y algunos ya sobrepasan los treinta años.

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Cerrando el año entre viajes y crónicas

Ya llevábamos algunas semanas apareciendo en las redes, haciendo Voces, creando Pasos, avisando de que llegábamos. Anunciando que empezaríamos por irnos a México pero que eso solo era el principio. Entonces, un 3 de julio, nos presentamos en sociedad, en la librería de siempre —nobleza obliga— para no olvidarnos de donde venimos, pero con el propósito firme de salir de sus muros y trasladarnos al resto de lugares de habla hispana. Nacía ALTAÏR MAGAZINE y nuestra nueva casa era la Red.

Lo dijimos desde el principio, como base inamovible: el nuestro es periodismo de largo aliento y de gran recorrido, «cada historia es repasada, leída, editada, y puesta en duda varias veces antes de ver la luz. Lo mismo con cada fotografía, con el orden en el que van colocadas para fortalecer la narración; con el audiovisual ocurre del mismo modo. No precipitarnos es una decisión tomada a conciencia: si no trabajamos duro para entregaros las mejores historias, ¿por qué habríais de acompañarnos?».

Y a pesar de ello, en apenas medio año hemos producido tres monográficos completos y complejos sobre tres puntos muy diferentes del globo (México, Cerdeña y Dakar); numerosos Pasos reinventando los géneros, donde mezclamos crónica y reseña, ficción y ensayo, ilustración y prosa; y decenas de Voces de todo el mundo contando sus realidades, publicadas en abierto y gratuitas para todos los lectores. Esto es un pequeño resumen de todo ello, de lo que ALTAÏR MAGAZINE quiere ser y ha ofrecido a sus lectores:

–       En nuestros monográficos hemos ensayado nuevas formas de contar los lugares, usando nuevos formatos, como el mapa interactivo de contenidos sobre Dakar que presentamos en su 360º. También hemos dado la relevancia que se merece a la fotografía, buscando que no sea una simple ilustración sino un modo más de narrar, como la sorprendente historia de los Luchadores del polvo de Lizeth Arauz en nuestro especial sobre México. Y por supuesto no olvidamos a nuestros autores, que cuentan la realidad desde dentro y no como meros visitantes: desde Ana Claudia Rodríguez haciendo una crónica tanto personal como histórica de la emigración sarda en Argentina, hasta Simona Manna, ilustrando todo un territorio a partir de una conversación íntima y familiar. Por no hablar de nuestra apuesta por la producción local en nuestro 360º sobre Dakar, donde por una vez África no está contada desde Europa, sino desde dentro, con las voces de intelectuales como Boubacar Boris Diop, Oumar Ndao, Ken Bugul y muchos otros.

–       En nuestros Pasos hemos tenido el privilegio de contar, entre muchos otros, con dos de las mejores plumas en español a la hora de hablar y reflexionar sobre la literatura de viajes. Jorge Carrión y su serie de «La tradición inquieta», con grandes escritores y viajeros como Juan Goytisolo o Jan Morris; y Gabi Martínez y sus artículos a medio camino entre la narración y la crónica, como aquel texto espectacular sobre el zoólogo Vicente Uríos y la «resurrección» de algunas especies extintas. Eso son los Pasos en ALTAÏR, una revisión de los modos de contar, que tan bien ejemplifica el reportaje que dedicó Ralph Zapata Ruiz a la pobreza en el valle peruano de Lares: directo, preciso y sin melodrama.

–       Y nuestras Voces, nuestra cara más visible, textos en abierto y gratuitos para todos los lectores donde caben desde reseñas, como la de Belén Herrera sobre Un dragón latente de Norman Lewis, hasta crónicas de eventos relacionados con Altaïr, como la que dibujó —sí, dibujóPedro Strukelj cuando nos visitó el escritor Marcello Fois. Un espacio para voces del periodismo viajero latinoamericano, como Carolina Reymúndez y su «fin de la veranada» en Chile. Un espacio también para la producción propia de ALTAÏR MAGAZINE, como ese viaje mágico, literario y árido que hicieron nuestras redactoras por la soledad de Sobrepuerto, en el Pirineo aragonés.

Medio año. Seis meses que nos han parecido una vida, la primera de la que vamos a vivir con nuestros lectores y nuestros autores. Porque ALTAÏR MAGAZINE no es solo «una revista de viajes»: es una manera de entender el viaje, el periodismo y la vida.

¡Feliz 2015 a todas y todos!