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Una mapa de voces

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«¿Habremos recorrido ya todo el mundo?»

La pregunta se formula en la redacción de ALTAÏR MAGAZINE casi por casualidad, pero es pertinente: llevamos diez meses en marcha en esta nueva andadura digital del magazine y tenemos la sensación de haber estado en casi todas partes. Vamos al ordenador y abrimos nuestra sección de Voces y un mapa del mundo al lado y nos ponemos, como se hacía antes, a clavar chinchetas en él.

«Lo que más ha sido Sudamérica, ¿no?»

Esa sensación da, aunque hemos prestado especial atención a México, que después de todo fue el material de nuestro primer 360º monográfico. Pero también hemos recorrido lugares como El Salvador, a veces para hablar de feminismo, a veces para hablar de cementerios habitados; o Colombia, asistiendo a la ceremonia de los espíritus, o Bolivia, aprendiendo medicina indígena. «¿Y Norteamérica?» La hemos visto menos, pero nos ha dado tiempo de recorrer las llanuras de Utah o de buscar oro en Klondike, por ejemplo.

«¿Estás apuntando los países africanos?»

Siempre nos ha importado mucho conocer el continente más desconocido, dejar de acercarnos a él con paternalismo o desde un punto de vista pesimista, o colonial, y tratar de conocer a sus gentes y sus ciudades tal y como son, no como las dibujamos desde los prejuicios. Y para ello hemos buscado los temas de los que nunca se habla cuando se mira hacia el sur desde Europa. De la literatura de las mujeres del norte de África hasta la situación de la comunidad LGTB en el continente; desde la comida y la cocina en Senegal hasta los sonidos y las músicas que vienen de Mali.

«Lo más difícil ha sido siempre llegar a Asia.»

Todos decimos que sí con la cabeza, porque Asia está lejos geográfica y culturalmente, porque no tenemos el agarre del idioma ni los pasados comunes. Y a lo mejor por eso nos resultan fascinantes de un modo particular Japón o Indonesia, o Birmania. Para llegar a ellas tenemos las extensiones infinitas de Siberia —y hay quien hace escala viviendo tres días en la URSS—. Y aún más lejos nos queda Oceanía, donde nos hemos acercado a conocer la lengua de signos de los aborígenes de Australia.

«El problema de Europa es que todos creemos ya conocerla.»

Uno de nosotros dice que de eso nada, que aún nos queda muchísimo por conocer. ¿O es que acaso todo el mundo cree conocer los volcanes de Islandia y cada barrio de París? Si ni siquiera en España podemos decir eso, donde nos hemos recorrido la meseta con los pastores trashumantes, la marina gallega más salvaje o los pirineos en mulas, como se hacía antes.

Y sí. Echando un vistazo al mapa lleno de chinchetas nos damos cuenta de que hemos estado incluso en el profundo océano. Entonces, ¿habremos recorrido ya todo el mundo?

Nos reímos. No. Apenas acabamos de empezar.