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Martín Caparrós y su incorfomismo

Caparros

Por María Angulo Egea

Martín Caparrós es un cronista y escritor argentino destacado: como su bigote, como su acentazo porteño. Es un escritor y periodista ambicioso y prolijo. Solo en este 2015 ha publicado El Hambre (Anagrama, 652 páginas), las serie de «Los viajes del Hambre» y «Argentinas que desaparecen» en Altäir Magazine, numerosos artículos y crónicas en El País, colaboraciones futboleras en Olé, y acaba de editar, para cerrar el año a lo grande, un nuevo volumen, Lacronica (Círculo de Tiza, 620 páginas); porque con Caparrós parece que el tamaño importa y lo del «largo aliento» deja de ser una metáfora. Por si fuera poco, parece que ya tiene en la nevera otro libro de ficción. Martín es un cronista abarcador que desde siempre se ha embarcado en grandes empresas.

Ahora, que se cumplen 40 años desde que publicara su primer artículo, rescatemos brevemente tres ejemplos de su trayectoria:

1) La Voluntad. Una historia de la militancia revolucionaria en la Argentina 1966-1978, junto con el periodista Eduardo Anguita. Se publicó a finales de los noventa y fue reeditada en tres voluminosos tomos en 2007-2008; y ahora en el 2013 de nuevo por Planeta. Es una obra definitiva, atenta a la exactitud de la cronología y contextualización de aquel período en Argentina, con toda la información sobre los movimientos sociales de aquella época. Es un libro de referencia hasta para la expresidenta Cristina Fernández de Kirchner.

2) La Historia (Norma, 1999). Un libro que intenta la creación de un mundo y que según ha declarado Caparrós en algunas entrevistas prácticamente no ha leído nadie. En La Historia y en sus notas se recoge la vida de una civilización imaginaria. Se despliegan sus costumbres sexuales, su gastronomía, sus ritos mortuorios, su historia, su idioma, su literatura, sus amores, enfermedades, comercio, sus formas de guerra, su música, su industria, sus relaciones familiares, su políticas, sus viajes, sus crisis… y su final. En 880 páginas, Caparrós se inventa una civilización.

3) El Interior (2005. Editado el año pasado por Malpaso en España). Otro ambicioso libro de crónicas que recoge sus viajes por el norte y oeste de Argentina, que es como se entiende a esa parte geográfica que no es Buenos Aires. Una inmensidad de territorio. Algo tan difícil de contar como tu propio país, tratando de buscar en el interior de los otros y de uno mismo; buscando la idea de patria que ya obsesionaba a Caparrós en Larga Distancia. Con una apuesta formal brutal también para el periodismo, con la incorporación incluso de poemas. Casi 700 páginas de argentinidad.

Y entre estos libros un montón de obras singulares y fundamentales. De manera muy relevante para lo que al periodismo y la crónica se refiere: Larga distancia, Una Luna y Contra el Cambio. Por no hablar de todo lo escrito y publicado en diversidad de medios de aquí y de allá.

Y ahora, en 2014-2015, El Hambre, un libro sobre el hambre en el mundo. Tampoco parece una tarea chiquita. Un trabajo de 5 años con una documentación abrumadora. Un libro que nació de un momento epifánico, como denomina la cronista colombiana Patricia Nieto a estos reconocimientos de los periodistas. Su encuentro con una mujer en Niger, Aisha, a quien le pidió que formulase un deseo, que imaginase algo que un mago le pudiera conceder para que todo cambiase, para que mejorase. Y Aisha no fue más allá de concebir como máximo sueño que le tocasen dos vacas, con dos vacas todas sus necesidades quedaban cubiertas. El hambre, un problema antiguo de difícil solución.

Vengo denominando al estilo caparrosiano como realismo intransigente. Y este realismo intransigente se sustenta en tres ejes que se encuentran tanto en su trabajo de campo, como en su proceso narrativo. Pueden sistematizarse en: 1) compromiso político, 2) conciencia histórica y 3) voluntad literaria. Tres pilares que se combinan en su producción, pero que siempre están presentes articulando su voz y el ethos de este cronista poco complaciente con los discursos oficiales. Inconformista con dar por válida la realidad que encuentra en sus viajes; y con permanecer pasivo ante las desigualdades sociales.

Inconformista también narrativamente; porque siempre está explorando nuevas formas discursivas: aquellas que mejor sirvan a su propósito, en los últimos tiempos, incluso de denuncia.