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Un destierro en el paraíso

Por Pere Ortín

Varados en río

 

Varados en Río (Anagrama, 2017) de Javier Montes (Madrid, 1976) es «la crónica de una estancia entre dos mundos sin pertenecer a ninguno, de esa invisibilidad recíproca entre el forastero y la tierra dónde ha ido a recalar». Así lo escribe su autor en una de las páginas de este libro, una atrevida mezcla de crónica, ensayo literario y libro de memorias que recrea la historia de cuatro escritores y el propio autor cuando acaban en Río de Janeiro, a cidade maravilhosa, literalmente varados.

Según asegura el diccionario de la RAE, una de las seis acepciones del verbo varar significa «quedarse detenido en un lugar por circunstancias imprevistas» y eso es, más o menos, lo que les sucede a todos los personajes de esta historia que nos invita a conocer la capital de los Juegos Olímpicos 2016, desde una perspectiva radicalmente diferente: un viaje personal e intelectual al Río del siglo XX a partir de esa gran y contradictoria idea general de disfrutar o sufrir, según se mire, de un «destierro en el Paraíso».

Con Varados en Río Javier Montes construye el retablo de una ciudad alejada de la tópica imagen de postal playera samba-pop de carnaval en largas playas repletas de nalgas y torsos bronceados al sol poniente. El Río que nos cuenta Montes es, al menos, cuatro:

  • Uno desagradable y hostil (Rosa Chacel)
  • Otro, de placeres secretos, más o menos públicos (Manuel Puig)
  • Ese que un día fue elegante y cool (Elizabeth Bishop)
  • Y también uno de ese dolor infinito que conduce al suicidio (Stefan Zweig)

Cuatro escritores varados como barcos semihundidos (o como ballenas piloto desorientadas) en las playas de un Río concebido como espacio del imaginario. Escritores y exilios voluntarios o forzosos. Parece una idea casi tópica (¿no es el exilio la condición permanente de todo gran escritor?), pero no lo es pasada por las teclas de Montes ya que, a las memorias de los cuatro literatos, el escritor madrileño suma su propio viaje a un Río personal que narra mientras, según él mismo escribe en el libro, se distrae «recordando el motivo de este viaje».

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¿Crónica? ¿Literatura de viajes? ¿Ensayo literario? ¿Autobiografía? ¿Libro de memorias? Varados en Río lo mezcla todo en uno con voluntad mestiza y ambiciosa —recuerda algunos aspectos del francés Patrick Deville— para construir una obra sin fronteras genéricas que persigue desde el presente los indicios y las huellas de la presencia pasada de unos autores en una ciudad.

Varados en Río es un trabajo ambicioso, tan ambicioso como debe ser el intento de retratar una ciudad pequeña con fama de grande, pero que «no es tan grande como aparenta». Un trabajo singular vertebrado, también, a partir de la memoria, pero Montes es un autor inteligente y nos recuerda que lo primero y lo más inolvidable que aprendemos sobre la memoria es que es falible y se equivoca; que los recuerdos se guardan, se entierran, se bloquean, se reprimen y hasta, incluso en algunas ocasiones, se recuperan.

 Al leerlo, a sorbos cortos y con largas pausas para pensar, Varados en Río se nos descubre como una obra hermosa; muy inteligente. Un libro revelador y placentero incluso para aquellos que no nos sentimos especialmente atraídos por esa ciudad supuesto paraíso de las apariencias y que poco o nada tiene que ver con el olímpico y reluciente «citius, altius, fortius» que contemplaremos (o no) estos días en todas las pantallas globales.

 


 

Varados en Río

Javier Montes

Anagrama, 2016. 312 páginas.