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El viaje improbable, por Paty Godoy

La publicación de la Mirada de la Semana sobre el fotógrafo José Luis Vidal Coy nos ha llevado a recordar el cortometraje documental y el texto que escribió Paty Godoy para nuestro 360º monográfico sobre México, siguiendo el rastro de los protagonistas de la novela de Roberto Bolaño: «El viaje improbable. Cruzar México tras el rastro de Los detectives salvajes». Un documento que ahora compartimos en abierto y para todos nuestros lectores.


 

Aseguran los que conocieron bien al escritor chileno Roberto Bolaño que nunca admitía el menor comentario en contra de México, un lugar dónde vivió, estudió y se convirtió en escritor antes de su viaje a Europa, que le acabaría conduciendo a la villa de Blanes, en la costa catalana.

Cuentan sus amigos que Bolaño había «idealizado» México hasta tal punto que, incluso, y de alguna manera, tenía miedo a volver. México le brindó los escenarios ideales —tanto reales como ficticios— para sus novelas más extensas: Los detectives salvajes y 2666; una historia que, por cierto, acaba con la palabra «México».

El escritor recibió muchas invitaciones para volver a este país, pero nunca aceptó. Puede que se debiera a sus habituales ganas de llevar la contraria o porque, según confesó, tenía miedo de morir allí. O, simplemente, puede que fuera para no sentirse decepcionado al no encontrar en aquel país la alucinatoria fuerza que él había recreado en la distancia con la ayuda de su prodigiosa e imaginativa memoria y unos cuantos mapas.

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Sus allegados reconocen que muchos de los episodios que aparecen en Los detectives salvajes eran bien conocidos por sus amigos mucho antes de formar parte de la historia de la literatura en español: en muchos casos, les habían sucedido a conocidos o amigos comunes. Bolaño, eso sí, supo dotarlos de unas dimensiones dramáticas muy poderosas, casi  épicas.

Uno de los momentos literarios más impresionantes de la trayectoria de Bolaño es precisamente el capítulo final de Los detectives salvajes y la videoperiodista mexicana Paty Godoy lo recrea de manera poética en un ensayo visual que sigue esa línea creativa que el escritor español Jorge Carrión ha definido como del «metaviajero»: un tipo de viajero que persigue fantasmas, rastros de otros viajeros. Godoy, en este caso, persigue los fantasmas de los personajes de Roberto Bolaño en un viaje por carretera de dos mil kilómetros desde la Ciudad de México a Hermosillo, la capital de «los desiertos de Sonora».

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Mirada de la semana: José Luis Vidal Coy

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«He sido cordialmente invitado a formar parte del realismo visceral. Por supuesto, he aceptado. No hubo ceremonia de iniciación. Mejor así.»

Con esta declaración, fechada un 2 de noviembre de 1975, comienza la primera parte de Los detectives salvajes, donde Roberto Bolaño narra las andanzas en primera persona del poeta Juan García Madero por la Ciudad de México. Recorre bares y se emborracha, pierde la virginidad, escribe, se enamora cada veinte minutos y otorga a la ciudad y a su vagabundeo casi flâneur por ella la categoría de co protagonista de ese primer apartado del libro.

Cuando a José Luis Vidal Coy le cayó en las manos Los detectives salvajes estaba a punto de llegar al DF. El libro le indicó el camino que seguir una vez que pisó la capital: armado con su cámara, Vidal Coy se dedicó a seguir el rastro del poeta realvisceralista por las calles de la ciudad, ampliando los límites que la novela de Bolaño marcaba con descripciones e insinuaciones, generando un marco visual concreto en el que invocar a los espíritus de García Madero y también de los demás: por supuesto de Belano y Lima, de las hermanas Font y del resto de habitantes y encuentros que aparecen o desaparecen durante las primeras ciento y pico de páginas que componen la novela.

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Del mismo modo que Arturo Belano y Ulises Lima persiguen al fantasma de Cesárea Tinajero, José Luis Vidal Coy va detrás de las huellas de los dos protagonistas de Los detectives salvajes, buscando el rastro del Ford Impala recorriendo el desierto de Sonora, utilizando la fotografía como un modo de alargar el momento de la literatura, de hacer confluir dos mundos —realidad y ficción— que quizás nunca han estado separados del todo. Si Vidal Coy logró fotografiar a alguno de ellos de verdad es algo que se queda para el fotógrafo. Para los demás, volver a leer Los detectives salvajes cambia de densidad después de haber visto las fotografías de José Luis Vidal Coy.

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Catálogo de la exposición fotográfica «Con los Detectives Salvajes», de José Luis Vidal Coy (pdf)

Blog «Planeta herido», de José Luis Vidal Coy

Cuenta twitter del autor: @VidalCoy