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Mirada de la semana: Álvaro Laiz

© Álvaro Laiz
© Álvaro Laiz

Cuenta Álvaro Laiz en el texto de presentación de su serie fotográfica «Transmongolian» que el poderoso Gengis Kan, líder del Gran Imperio Mongol allá por el siglo xii, prohibió la homosexualidad para asegurarse de que sus súbditos seguían procreando y aumentando las filas de su ejército. Y continúa Álvaro: «Hoy, más de ochocientos años después, Mongolia es un país soberano con la menor densidad de población del mundo, menos de dos habitantes por kilómetro cuadrado, y ser homosexual continúa siendo un tabú». Álvaro Laiz ha fotografiado a esa minoría escondida, tan cerca de países como Filipinas o Japón donde podrían vivir su condición sexual de forma mucho más libre, tan lejos en su cotidianidad.

Álvaro Laiz es un ensayista fotográfico. Sus imágenes van más allá del «contar una historia» o de hacer una labor de fotoperiodismo, de mostrar una realidad al mundo. Lo que hace con sus series de fotografía documental es elaborar un discurso completo sobre una situación, un espacio, un territorio que ha quedado tras un conflicto o con ese conflicto viviendo de forma subterránea en él. Por eso el protagonismo de sus ensayos visuales se reparte entre el ser humano y ese territorio, a veces en interacción, a veces comprensible en su totalidad solo desde la continuidad de las imágenes.

© Álvaro Laiz
© Álvaro Laiz

Los territorios siberianos, el bosque boreal, la taiga, el Río Bikin… nada de eso tiene tanta fuerza por sí mismo en el documental fotográfico «La caza» que hace Álvaro Laiz si no es mezclándolo con sus cazadores udege, con los hombres vestidos de tigre, con las pieles de oso. Fotos de percebeiros hemos visto docenas de veces, pero su relación con la tierra adentro, como sucede con el proyecto «Atlantes», lo hemos visto mucho menos. Las minas de oro y cuarzo de Zamaar, a 350 kilómetros de Ulán Bator, cobra todo su sentido a través de las fotografías de los «Ninjas», los mineros llamados así por las bateas de plástico verde que cargan a sus espaldas, dándoles un aspecto parecido a las Tortugas Ninja.

Álvaro Laiz es el cofundador de la la ONG An-Hua, un colectivo de fotógrafos y artistas visuales especializado en reportaje y ensayo documental centrados en los derechos humanos, la visibilización a través de la imagen de colectivos desfavorecidos o marginados, los derechos humanos, la antropología y el compromiso con el medio ambiente. Un imprescindible.


Página web de Álvaro Laiz

Pagina web de An-Hua

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Una mapa de voces

Mapa-blog-Voces

«¿Habremos recorrido ya todo el mundo?»

La pregunta se formula en la redacción de ALTAÏR MAGAZINE casi por casualidad, pero es pertinente: llevamos diez meses en marcha en esta nueva andadura digital del magazine y tenemos la sensación de haber estado en casi todas partes. Vamos al ordenador y abrimos nuestra sección de Voces y un mapa del mundo al lado y nos ponemos, como se hacía antes, a clavar chinchetas en él.

«Lo que más ha sido Sudamérica, ¿no?»

Esa sensación da, aunque hemos prestado especial atención a México, que después de todo fue el material de nuestro primer 360º monográfico. Pero también hemos recorrido lugares como El Salvador, a veces para hablar de feminismo, a veces para hablar de cementerios habitados; o Colombia, asistiendo a la ceremonia de los espíritus, o Bolivia, aprendiendo medicina indígena. «¿Y Norteamérica?» La hemos visto menos, pero nos ha dado tiempo de recorrer las llanuras de Utah o de buscar oro en Klondike, por ejemplo.

«¿Estás apuntando los países africanos?»

Siempre nos ha importado mucho conocer el continente más desconocido, dejar de acercarnos a él con paternalismo o desde un punto de vista pesimista, o colonial, y tratar de conocer a sus gentes y sus ciudades tal y como son, no como las dibujamos desde los prejuicios. Y para ello hemos buscado los temas de los que nunca se habla cuando se mira hacia el sur desde Europa. De la literatura de las mujeres del norte de África hasta la situación de la comunidad LGTB en el continente; desde la comida y la cocina en Senegal hasta los sonidos y las músicas que vienen de Mali.

«Lo más difícil ha sido siempre llegar a Asia.»

Todos decimos que sí con la cabeza, porque Asia está lejos geográfica y culturalmente, porque no tenemos el agarre del idioma ni los pasados comunes. Y a lo mejor por eso nos resultan fascinantes de un modo particular Japón o Indonesia, o Birmania. Para llegar a ellas tenemos las extensiones infinitas de Siberia —y hay quien hace escala viviendo tres días en la URSS—. Y aún más lejos nos queda Oceanía, donde nos hemos acercado a conocer la lengua de signos de los aborígenes de Australia.

«El problema de Europa es que todos creemos ya conocerla.»

Uno de nosotros dice que de eso nada, que aún nos queda muchísimo por conocer. ¿O es que acaso todo el mundo cree conocer los volcanes de Islandia y cada barrio de París? Si ni siquiera en España podemos decir eso, donde nos hemos recorrido la meseta con los pastores trashumantes, la marina gallega más salvaje o los pirineos en mulas, como se hacía antes.

Y sí. Echando un vistazo al mapa lleno de chinchetas nos damos cuenta de que hemos estado incluso en el profundo océano. Entonces, ¿habremos recorrido ya todo el mundo?

Nos reímos. No. Apenas acabamos de empezar.