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Las postales de Martín Caparrós

«Postales» es la nueva serie de artículos de Martín Caparrós en Altaïr Magazine. Un viaje, una imagen, un concepto para escribir con libertad y hacer periodismo que reflexiona contra el público, con honestidad y hondura. Y comienza con un texto, «El Asco», acompañado por una foto tomada en Sri Lanka. Una foto que es un puñetazo seco directamente en el estómago.


Dice Martín Caparrós que es un fotógrafo frustado, en la conversación que tuvo con nosotros hace poco en la librería Altaïr. Lo cuenta con humor, dice eso de que para cuando él tiene que empezar a escribir una crónica, el fotógrafo ya ha terminado su trabajo. Que él siempre habría querido dedicarse, al menos en parte, a la fotografía.

Quizás Caparrós no lo sepa, pero ya se dedica en parte a la fotografía. No es la primera vez que las imágenes que ve y retrata con su cámara son el eje de sus artículos para Altaïr Magazine, no es la primera vez que las palabras que escribe están indisolublemente ligadas a sus fotos. La frustración es difícil de medir, pero Martín Caparrós es, también, fotógrafo. Aunque sea en menor medida.

En esta nueva serie, «Postales», Caparrós hace un ejercicio de «behind the curtains», una suerte de texto que hace referencia a otro texto, un retrato de los bastidores, la tramoya, los cables y los hilos que están detrás de algún artículo anterior. Estuve allí, conté una historia… pero hice esta foto que habla de la historia que se esconde detrás de aquella que conté. Y en esta primera postal, «El asco», no duda en colocarse en el ojo del huracán, en hacer un ejercicio complejo y doloroso de confesión, de duda. De visceralidad de cronista, en suma.

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Tal vez lo que suceda es que Martín Caparrós ha decidido enviarse esas postales a sí mismo para intentar contar cosas que son casi imposibles de decir en voz alta.

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Galle. Varar en Sri Lanka. Un paso de Patricia Almarcegui

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Imagen de Bárbara M. Díez

COMPARTIMOS EN ABIERTO UN ADELANTO DEL NUEVO PASO DE ALTAÏR, EN EL QUE PATRICIA ALMARCEGUI HACE UN BOSQUEJO DE GALLE, UNA CIUDAD DE SRI LANKA QUE MIRA AL OCÉANO ÍNDICO Y DE LA QUE ES DIFÍCIL SALIR, EN PARTICULAR SI ERES ESCRITOR Y VIAJERO.


Galle es uno de los lugares más hermosos del mundo. Como diría Nicolás Bouvier, un derroche de belleza inútil y un lugar que no se parece a nada de lo conocido. Allí pasó el autor de El pez escorpión (Altaïr, 2011), posiblemente el escritor más interesante de libros de viajes del siglo XX, ocho meses en 1951. Una experiencia que tardó 25 años en poner por escrito pues hay viajes cuyo destino es el infierno. Viaje en negativo o un no viaje se les ha llamado, recorren el mundo en una lógica mítica o iniciática, como escribe Friedrich Wolfzettel, en la que los viajeros se «descubren a sí mismos». La «transgresión»de los límites, afirma Dennis Porter, se produce «descendiendo» simbólicamente al infierno o inframundo, un viaje al interior del que los viajeros salen «reconocidos». Así  ocurre con muchos viajeros. Arthur Rimbaud en Adén; Annemarie Schwarzenbach en Teherán; Federico García Lorca en Nueva York o Rainer María Rilke en París.

Bouvier acababa de cruzar Turquía, Irán, Pakistán, Afganistán e India en un Fiat Topolino; el mismo itinerario que una década después se convirtió en la vía mítica de los hippies. Sin embargo su viaje no terminó allí y continuó hacia el Sur hasta llegar a Sri Lanka, donde contrajo la fiebre amarilla. De su experiencia surge una escritura claustrofóbica, dura, aristada, de la que saldrá renovado.

A pesar de que son varios los escritores que residen en Sri Lanka a lo largo del siglo XX, muy pocos la hacen objeto de sus libros, Paul Theroux y Leonard Woolf principalmente. Pablo Neruda, Paul Bowles, D. H. Lawrence y Arthur C. Clarke aprovechan su estancia en la isla para redactar algunos de sus libros más conocidos. Son los llamados escritores de despacho, quienes escriben del mundo fuera del mundo. El caso más significativo es el de Paul Bowles. En 1954, seis años después de la independencia de Sri Lanka, compra la isla de Taprobane en Welligama, a unos 20 km de Galle. Apartado de tierra firme, apartado de Sri Lanka, ajeno a Galle, continúa y finaliza su magna obra La casa de la araña que transcurre en Marruecos. Entre los grises del océano Índico, la seguridad de una isla situada a sólo unos metros de tierra y utilizando el inglés, lengua administrativa de la isla desde 1802, Paul y su mujer Jane (que sólo se queda ocho meses pues no soporta la humedad) consiguen uno de los hitos buscados consciente o inconscientemente por los viajeros. Ser exóticos. Invertir el objeto de la mirada y, en vez de observar a los otros como exóticos, serlo ellos frente a los cingaleses.

En mi primer viaje a Sri Lanka, cuatro años después del tsunami, un pescador de Welligama me contó cómo había visto brotar del mar montañas y cordilleras. Mientras lo contaba, el agua enfrente de mí pareció retirarse y, antes de tomar impulso en una ola gigante, del horizonte surgió la montaña de la isla mínima de Taprobane. Welligama, junto con Galle, fue uno de los lugares más azotados por el tsunami en el año 2004.

¿Qué se puede esperar de un país en el que los días de luna llena son fiesta nacional?

(…)


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