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Un tango inmortal, por Paty Godoy y Juan Camilo Castañeda

Carlos Gardel murió accidentalmente cuando el avión que lo llevaba tuvo un accidente despegando del aeropuerto de Medellín. El accidente creó un mito para el mundo en general y para la capital de Antioquia en particular. En nuestro 360º sobre Medellín, Paty Godoy y Juan Camilo Castañeda describen la tradición tanguera de la ciudad, aún resistente a modas, músicas y tiempo. Aquí dejamos un adelanto.


Era 24 de junio de 1935. Carlos Gardel realizaba su primera gira por América Latina y en aquel periplo su avión hizo una parada técnica en Medellín. Durante el posterior despegue en el aeródromo Olaya Herrera de la capital de Antioquia, la aeronave, con destino Cali, se salió de la pista y chocó contra otro avión. En el incendió posterior murieron 17 de los 20 ocupantes que se encontraban en ambas aeronaves, entre ellos un Carlos Gardel que dejaba el mundo de los vivos en plena cúspide de su carrera artística. En Medellín murió el hombre. En Medellín nació el mito. Carlos Gardel sigue vivo.

Desde aquel funesto día, el tango, música triste y de añoranza, se convirtió en una especie de sub-cultura tradicional fetiche en una ciudad como Medellín, repleta de gente paisa llegada a la capital desde otros lugares y que, de alguna manera, encontró en aquellas tonadas desesperanzadas la evocación nostálgica que necesitaba.

Durante decenios y hasta finales del siglo pasado se generalizaron espacios y eventos tangueros en Medellín. Muchos de ellos han ido desapareciendo en los últimos años. Uno de los que sobrevive, y que aún hoy mantiene viva la llama tradicional del tango en directo en la ciudad, es el Homero Manzi. Su propietario, Francisco Javier Ocampo, abrió las puertas de este espacio hace 27 años y lo hizo llevado por su pasión por esta música, que, según reconoce, le ha otorgado uno de los regalos más grandes de la vida: «el privilegio de vivir como he querido».

Aquí todo huele a tango. El nombre del bar, Homero Manzi, «es un sentido homenaje al gran poeta argentino, como reconocimiento a su virtuosidad para hacer del verso un tango a la vida». Así lo dice la placa de mármol que te da la bienvenida a un espacio que tiene colgada en sus paredes la historia del tango: desde Gardel a Osvaldo Pugliese, Juan D’Arienzo, Julio Sosa, Mercedes Simone… sin olvidar a los grandes letristas, como el «dueño» del bar, el poeta Manzi.

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