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Farselona y las realidades inventadas

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Cuenta Agustín Fernández Mallo en su texto para el 360º monográfico sobre cartografías que en su viaje a Turín siguiendo el rastro de Nietzsche se alojó por pura casualidad en el Hotel Roma e Rocca di Cavour.

Supongo que fue al preguntarme por mi profesión cuando la recepcionista se animó a informarme de que en ese hotel había pasado su última noche Cesare Pavese. De hecho —aseguró— si así yo lo quisiera podría darme la habitación en la cual el 7 de agosto de 1950 el escritor de El oficio de vivir se quitó la vida. Naturalmente, me negué.

Aparentemente no le hicieron demasiado caso porque apenas unas horas después regresó al hotel después de un paseo y pidió su llave al empleado del turno de tarde.

«¿En qué habitación está usted?», me dice. «En la 49», respondo. «Ah, la que fuera de Cesare Pavese.» «No, no, pedí expresamente otra.» «Debe haber un error, señor, esa es la habitación en la cual se alojó Pavese, ¿quiere que le dé otra? Tenemos libres.»

¿Hubo un error y le dieron accidentalmente la habitación del autor de Vendrá la muerte y tendrá tus ojos? Es posible, pero es más probable que el recepcionista hiciera algo tan habitual y permitido de forma generalizada como es modificar la realidad para hacer más interesante, mejor, más auténtica la visita del turista. Esa es la paradoja: para vivir la «verdadera experiencia» no queda más remedio que transformarla para que sea más real que la propia realidad.

Farselona y el pasado reconstruido

Cada año millones de visitantes pasean impresionados por las calles del barrio gótico de Barcelona, un espacio estrecho y lleno de historia y de monumentalidad: lugares como la fachada gótica de la catedral hacen sentir al turista que está delante de un pedazo auténtico de historia. Y es cierto, lo están: de historia del siglo XX, para ser más exactos, ya que la fachada fue inaugurada en 1913, como respuesta al deseo de la burguesía comerciante barcelonesa de crear un espacio cultural y artístico deseable para los viajeros que explorasen la ciudad.

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Farselona es un documental escrito y dirigido por la mexicana Paty Godoy y la brasileña Kika Serra, dos extranjeras en la ciudad condal que recorren el barrio gótico y sus monumentos recreadores de un pasado mítico y con forma de museo urbano. Ellas no «descubren» la realidad, sino que se preguntan por qué esa realidad reconstruida es mostrada como auténtica al turista y al visitante.

«El problema de fondo no es, estrictamente, la falsedad o invención del barrio sino que esta historia —bien conocida por políticos, arquitectos, historiadores e investigadores— no forma parte de la historia oficial que se cuenta a los millones de turistas que visitan el barrio».

La Venecia del Norte

San Petersburgo, la Venecia del Norte. ¿O era Estocolmo? O quizás fuese Amsterdam, o Brujas, o cualquier ciudad con canales que recuerde vagamente a la ciudad del Véneto. Aunque si nos acercamos a China allí nos dirán que Suzhóu es la Venecia de Oriente, situada al sur del río Yangtsé. En la ciudad de Bolonia hay una «pequeña Venecia» que se puede observar abriendo un ventanuco de madera que hay en un edificio de la Via Piella.

Es la mayor de las paradojas del turismo: los lugares buscan la autenticidad a través de la imitación, de parecerse al otro. «Tan hermosa o más que la Venecia italiana», subrayan, y el turista siente y cree que accede a una realidad más escondida, más exclusiva, que asiste a algo que los demás, que solo conocen Venecia, no pueden ver. Como la burguesía barcelonesa de Farselona, re-creando una mitología gótica que haga sentir al viajero que está delante de historia viva, de pasado, del peso del tiempo delante de sus ojos y bajo sus pies.

El diario italiano La Stampa reseñaba el libro Welcome to Venezia, un ensayo bastante divertido en el que se daba cuenta de la existencia de (al menos) 97 Venecias por todo el mundo, con ese mismo nombre. Desde la conocida Venice de Los Ángeles, paraíso de los beatniks de los años setenta, hasta el monstruoso hotel The Venetian en Las Vegas, que cuenta con más de tres mil habitaciones y reproducciones «fieles» de lugares como el Palacio Ducal o el Puente de los Suspiros.

La última vuelta de tuerca la encontramos ya en el siglo XXI. En 2007 se construyó en Macao el hotel The Venetian, a imagen y semejanza del de Las Vegas y en el que se pueden dar hasta paseos en góndola. Como en Baku, Azerbaiyán, aunque aquí las góndolas son de plástico y a motor. Es el último paso de las realidades inventadas para el turista: la realidad como puro parque temático.

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Un paseo por Turín, por Agustín Fernández Mallo

Agustín Fernández Mallo hace un viaje a Turín para tratar de reproducir el brevísimo recorrido que llevó a Nietzsche de su casa al acontecimiento (¿anecdótico? ¿Insignificante? ¿Todo lo contrario?) que le llevó al mutismo durante casi una década. Y como en todos los viajes en los que uno va persiguiendo fantasmas, acaba por encontrarlos, incluso algunos otros con los que no había contado. En nuestro 360º sobre Cartografías, Fernández Mallo se rodea de espíritus de la literatura y la filosofía en la capital piamontesa.


Se sabe que la mañana del 3 de enero de 1889 Friedrich Nietzsche sale de su casa de Turín, calle de Carlo Alberto, con intención de ir al centro de la ciudad. Cuando lleva caminados apenas 200 metros, en la Piazza Carignano ve algo que le obliga a detenerse: un cochero está pegando a su caballo, que se niega a dar un paso más. Entonces Nietzsche se acerca, se abraza al cuello del caballo y le susurra unas palabras que aún hoy resultan un misterio: «Madre, soy tonto». Regresa de inmediato a su casa, momento en el que enmudece y pierde la conciencia durante casi diez años, hasta poco antes de su muerte en 1900. Nietzsche no guardaría conciencia de ese periodo.

En mayo de 2012 viajo a Turín con la fetichista intención de repetir, paso por paso, tal caminata de Nietzsche, la cual —de (A) a (B)— me resulta muy fácil de localizar en el mapa.

No era mi intención hacer de ese viaje un repaso por significativos lugares literarios, de los cuales Turín es un verdadero semillero, pero la casualidad hizo que me hospedara en el Hotel Roma e Rocca di Cavour, cuyo nombre, como puede verse, se halla compuesto por dos nombres; ante su puerta, leí un par de veces el letrero para comprobar que no me había equivocado. Supongo que fue al preguntarme por mi profesión cuando la recepcionista se animó a informarme de que en ese hotel había pasado su última noche Cesare Pavese. De hecho —aseguró— si así yo lo quisiera podría darme la habitación en la cual el 7 de agosto de 1950 el escritor de El oficio de vivir se quitó la vida. Naturalmente, me negué. En primer lugar por razones de obvio pudor: resulta pretencioso desear dormir en la misma habitación en la cual murió alguien por tantos admirado. Y en segundo lugar porque, de entrada, no guardo simpatía por los suicidas. He pensado muchas veces en ello, creo que se trata de un atávico rencor por mi parte hacia quien ha decidido renunciar a pertenecer a mi misma especie —porque está claro que un muerto no pertenece a la especia humana, sino a otra que desconocemos—.

(…)


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Cartografías: un mapa para leer el 360º de Altaïr Magazine (I)

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Collage de Mario Trigo para el artículo sobre cartografía imaginaria de Gabi Martínez

 

Cuenta Pep Bernadas en el editorial con el que se abre nuestro 360º monográfico sobre Cartografías:

«En 1375, cuando Abraham y Jafudá Cresques dibujaron el primer Atlas conocido, sacudieron en un pispás gran parte de las convenciones de su época. Los innumerables relatos de marineros y comerciantes, cartas, informes, pesquisas y trabajos acumulados durante años se condensaban allí, en minuciosas ilustraciones que mostraban a simple vista la superficie y el contorno de tierras y mares. Era una revelación al alcance de todos, fuesen letrados, iletrados, o hablaran otros idiomas, venía en un lenguaje cartográfico diáfano, en imágenes, cuya asimilación y retención eran inmediatas.»

Ahí empezó todo. El mundo entero metido en un pequeño espacio, reconocible de un vistazo, aprehensible. El mapa como instrumento para comprender lo que nos rodea, pero no sólo las distancias o los espacios, sino también el pensamiento o al propio ser humano. Decidimos hacer un monográfico sobre cartografía para hablar de nosotros mismos, para entendernos mejor. Y estos son algunos de los temas que tratamos:

VIAJE AL CENTRO DE GOOGLE EARTHSimon Sellars hace un recorrido filosófico y hasta melancólico por la herramienta cartográfica más popular del mundo, Google Earth, una aplicación que nos coloca en la perspectiva divina (miramos la Tierra desde 11.000 kilómetros de altura) para luego hacernos descender a los pequeños detalles que nos enseñan un mundo que es extremadamente parecido al nuestro, pero que en realidad es otro.

CARTÓGRAFOS DEL CIELO – Un paseo por la historia del mapeado de las estrellas contada por Natalia Ruiz Zelmanovitch, desde los griegos antiguos hasta los instrumentos que hoy nos permiten buscar exoplanetas donde soñar con una futura Tierra-2 poblada por seres humanos. La obsesión por la cartografía de la realidad llevada a cada extremo del universo.

MAPAMUNDI DE FICCIONESGabi Martínez transita por los territorios de las ficciones ideadas por escritores, cineastas, artistas y filósofos. Espacios imaginarios tan delimitados como los reales, con sus accidentes, su geografía política y sus zonas oscuras donde, tal vez, habiten dragones.

LOS AFGANOS AMAN LAS FLORES – No digas que crees conocer Afganistán si no la has vivido como Jon Lee Anderson, quien detalla con profusión la personalidad, psicología, relaciones, sociedad y espacialidad de una región del mundo fascinante y aterradora para Occidente a partes iguales.

EL GRINGO MÁS RARO DEL MUNDO – Y para conocer al gringo Jon Lee Anderson, reportero de The New Yorker y persona que habla todos los idiomas con acento, no queda más remedio que hacer lo que hicieron Paty Godoy y Pere Ortín: hablar con él durante horas y, sobre todo, escucharle sin perder ni un solo detalle. Y luego contarlo.

UN PASEO POR TURÍN – Buscando el breve recorrido que hizo Nietzsche desde su casa hasta el encuentro con aquel caballo de Turín que lo conmovió hasta enmudecerlo, Agustín Fernández Mallo viaja a la capital del Piamonte para tratar de unir los puntos que van desde el suicido de Cesare Pavese hasta el silencio de una década del filósofo alemán.

LOS EXPULSADOS DE LA TIERRASaskia Sassen, Premio Príncipe de Asturias de Ciencias Sociales en 2013, dibuja la destrucción de la condición natural de las tierras compradas por capitales extranjeros y de la expulsión de los habitantes tradicionales de su lugar en el mapa.

Y esto es solo una parte de todo lo que ofrece nuestro 360º sobre Cartografía. Pero no se queda aquí. Los mapas y las cartografías, en fin, tienen siempre la misma extensión que tiene la imaginación de los seres humanos…

360º de ALTAÏR MAGAZINE, monográfico sobre Cartografías.

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Cartografías: mapas con perspectivas novedosas

Editorial cartografías
(Editorial del 360º monográfico de Altaïr Magazine sobre Cartografías, por nuestro editor, Pep Bernadas)
¿Nos sirven los mapas habituales para mostrar las nuevas geografías que conforman el mundo de hoy? Tal vez no. O, por lo menos, no suficientemente.
En 1375, cuando Abraham y Jafudá Cresques dibujaron el primer Atlas conocido, sacudieron en un pispás gran parte de las convenciones de su época. Los innumerables relatos de marineros y comerciantes, cartas, informes, pesquisas y trabajos acumulados durante años se condensaban allí, en minuciosas ilustraciones que mostraban a simple vista la superficie y el contorno de tierras y mares. Era una revelación al alcance de todos, fuesen letrados, iletrados, o hablaran otros idiomas, venía en un lenguaje cartográfico diáfano, en imágenes, cuya asimilación y retención eran inmediatas.  Sus mapas reproducían  el escenario completo del orbe entonces conocido, observado desde su isla de Mallorca, en el corazón del Mediterráneo, para ellos el centro de la humanidad.

Siglos más tarde reencontramos el espíritu innovador de los Cresques en el esfuerzo de otros creadores que pugnan por entender y explicar con eficacia la complejidad de nuestro mundo, zarandeando conciencias y mostrando a quien quiera percatarse de ello que todo está cambiando a velocidad de vértigo y como nunca antes en la historia y requiere, hoy más que nunca y como reclama el gran ensayista mexicano Sergio González, de un esfuerzo por (re)humanizar los mapas desde un cosmopolitismo de la diferencia. Es lo que hace con sus historias uno de los más grandes reporteros de la actualidad, El gringo más raro del mundo, Jon Lee Anderson que, entre pausas de su ajetreada vida para The new Yorker, inicia sus colaboraciones con Altaïr Magazine y también es entrevistado por nuestro director Pere Ortín y Paty Godoy.

El experto en comercio internacional Jaime López, amparado en su dilatada experiencia en transportes marítimos, traza en La caja que cambió el mundo un mapa expresivo de los puertos y las rutas comerciales consagrados al intenso tráfico de contenedores, reflejando fielmente el croquis de la ordenación económica global; muestra un nuevo equilibrio cuyo centro ya no está, ni mucho menos, en aquel Mare Nostrum que un día fue el ombligo de la antigüedad. Y ni siquiera gravita sobre una Europa desposeída del que fue su rol dirigente. De nuevo la crudeza de la imagen supera la eficacia de la palabra y esculpe la evidencia: el Viejo Continente ya es periferia, Mediterráneo – El sexto continente – es una valla que separa el Norte del Sur, tal y como lo retrata el fotógrafo italiano Mattia Insolera

¿Nos damos cuenta de lo que significa?

Podemos pergeñar otras muchas cartografías que nos inyecten visualmente realidades nada abstractas con mayor contundencia que la lectura de un texto, sobran las posibilidades de elección: la socióloga estadounidense Saskia Sassen nos regala un texto exclusivo basado en su reciente libro Expulsiones (Ed. Katz) en el que reflexiona sobre la mecánica de los cambios globales asociados a las adquisiciones de tierras de cultivo en zonas empobrecidas; en Mapamundi de ficciones el escritor Gabi Martínez rescata lugares, imaginarios o no, inseparables de la literatura universal: de la Atlántida y Utopía a las andanzas de Marco Polo o las narraciones de Faulkner y Macondo; la periodista Natalia Ruiz, en Cartógrafos del cielo, transita por el firmamento estrellado apoyada en los últimos avances que nos dan a entender la posición del punto azul que es la tierra en el cosmos interminable; o el también periodista australiano Simon Sellars, en Viaje al centro de Google Earth, nos lleva a visitar los fantasmas escondidos en la herramienta cartográfica más usada de nuestro tiempo, tanto que parece, por momentos, sustituir a la realidad. Esa misma realidad a la que se enfrenta, de manera deslocalizada, Taiye Selasi, la inspirada inventora del exitoso término «afropolita» y que en Lejos de Ghana, cerca del mundo conversa con Mario Trigo y Paty Godoy sobre las nuevas (ya no tan nuevas) áfricas. Todo un número de cartografías en las que también nos acercamos a la ficción basada en hechos reales de Agustín Fernández Mallo, en su Paseo por Turín siguiendo la historia de Nietzsche, una frase susurrada y un caballo maltratado.

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Un número muy completo, con perspectivas novedosas, que también contiene las historias viajeras de Eva Cid -que nos lleva a las tierras ignotas de los videojuegos-, Bárbara M. Díez – que nos acerca a Las islas Diómedes, en el estrecho de Bering, a partir del trabajo documental de la mexicana Lourdes Grobet, y que supone un nuevo refuerzo en la apuesta vital de Altaïr Magazine: aprehender la realidad del mundo desde una mirada propia, nos empuja a hacerlo desde estas perspectivas novedosas, sobre el terreno y mochila al hombro o maleta en ristre, en complicidad  con nuestros autores que, juntos, nos ofrecen un nuevo 360º dedicado a visualizar las cartografías que necesitamos para tratar de entender algo de lo que nos sucede en este complejo y convulso s. xxi.