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Mapamundi de ficciones, por Gabi Martínez

Utopia.orteliusDe la Atlántida a Macondo, de Utopía a la Tierra Media: a lo largo de la historia los escritores y creadores han imaginado mundos diferentes al nuestro, ciudades inventadas, océanos inexplorados, tierras por descubrir. Por cada mundo imaginado por las ficciones, hay una cartografía susceptible de ser hecha, unos mapas que dibujar para trazar los caminos del héroe y para ubicar en el espacio (imaginado) dónde transcurren las aventuras y los sucesos. En el 360º sobre Cartografías el escritor Gabi Martínez investiga sobre esos mapas inventados y ese urbanismo que dibuja otros mundos posibles. Aquí podéis empezar a leer gratis su texto.

Imaginar lugares que no existen es más difícil de lo que parece. «He encontrado un mundo en el que ya no osaba creer», escribió Sophia de Mello Breyner al recalar en Grecia, resumiendo el sentimiento de numerosos escritores y personas con tendencia a soñar. Yo mismo descubrí en el Sudd un espacio natural que hasta entonces sólo había asociado al mundo de los videojuegos. El Sudd, situado al sur de Sudán, es un pantano grande como Gran Bretaña y repleto de islas flotantes. En su interior han perecido cientos de marineros y tripulaciones enteras de los barcos que quedaron atrapados en ese laberinto móvil, tan acorde con los escurridizos tiempos «líquidos» que vivimos. Se trata de una metáfora tan perfecta que se me antojó exclusiva de un sueño. Y entonces, la realidad.

De todos modos, como a ese otro laberinto de neuronas que nos mueve le encantan los desafíos, el empeño de superar al mundo físico a fuerza de fantasías va procurando un mapamundi alternativo que se funde de un modo apasionantemente raro con nuestra normalidad. Desde nuestros orígenes hemos necesitado un espacio para contar y, como aún no conocemos la medida de nuestra imaginación, el mundo siempre se nos queda pequeño. De vez en cuando, a alguien le da por ampliarlo inaugurando paisajes o ciudades de lo más mentales, y nos lleva a plantearnos espacios más allá de cualquier galaxia.

El primer lugar alevosamente imaginado para la literatura del que se tiene noticia fue la Atlántida, el continente que Platón ideó para rivalizar con Atenas. Sofisticado ejemplo de civilización, el mito de la Atlántida perdura por ser el primero de esta clase y porque, al haberla engullido el mar, aún invita a ser un poco Platón, imaginando el diseño de los canales que regaban la descomunal llanura oblonga, las vías abiertas para extraer el preciado cobre, el emplazamiento de las Columnas de Hércules.

La Atlántida, sobre todo, descorcha la posibilidad de una cartografía nacida directamente de la imaginación. Más adelante llegarían los relatos de maravillas de Benedeit, Mandeville o Marco Polo, si bien sus unicornios y gigantes y lotófagos, así como los territorios que describieron, guardan una correspondencia real con seres vivos y lugares que, si los autores no vieron, al menos creyeron ver. Sus relatos intentan apegarse a lo visto más que a lo imaginado, y por eso los pasaremos de largo. Aquí preferimos hablar de la Babel con Biblioteca; de la borgiana Babilonia donde se jugaba a la lotería; la Utopía de Tomás Moro, isla famosa por proscribir tiranías, penas de muerte y guerras; o de las ciudades invisibles con las que Italo Calvino recordó hasta qué punto «un paisaje invisible condiciona el visible».

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Cartografías: mapas con perspectivas novedosas

Editorial cartografías
(Editorial del 360º monográfico de Altaïr Magazine sobre Cartografías, por nuestro editor, Pep Bernadas)
¿Nos sirven los mapas habituales para mostrar las nuevas geografías que conforman el mundo de hoy? Tal vez no. O, por lo menos, no suficientemente.
En 1375, cuando Abraham y Jafudá Cresques dibujaron el primer Atlas conocido, sacudieron en un pispás gran parte de las convenciones de su época. Los innumerables relatos de marineros y comerciantes, cartas, informes, pesquisas y trabajos acumulados durante años se condensaban allí, en minuciosas ilustraciones que mostraban a simple vista la superficie y el contorno de tierras y mares. Era una revelación al alcance de todos, fuesen letrados, iletrados, o hablaran otros idiomas, venía en un lenguaje cartográfico diáfano, en imágenes, cuya asimilación y retención eran inmediatas.  Sus mapas reproducían  el escenario completo del orbe entonces conocido, observado desde su isla de Mallorca, en el corazón del Mediterráneo, para ellos el centro de la humanidad.

Siglos más tarde reencontramos el espíritu innovador de los Cresques en el esfuerzo de otros creadores que pugnan por entender y explicar con eficacia la complejidad de nuestro mundo, zarandeando conciencias y mostrando a quien quiera percatarse de ello que todo está cambiando a velocidad de vértigo y como nunca antes en la historia y requiere, hoy más que nunca y como reclama el gran ensayista mexicano Sergio González, de un esfuerzo por (re)humanizar los mapas desde un cosmopolitismo de la diferencia. Es lo que hace con sus historias uno de los más grandes reporteros de la actualidad, El gringo más raro del mundo, Jon Lee Anderson que, entre pausas de su ajetreada vida para The new Yorker, inicia sus colaboraciones con Altaïr Magazine y también es entrevistado por nuestro director Pere Ortín y Paty Godoy.

El experto en comercio internacional Jaime López, amparado en su dilatada experiencia en transportes marítimos, traza en La caja que cambió el mundo un mapa expresivo de los puertos y las rutas comerciales consagrados al intenso tráfico de contenedores, reflejando fielmente el croquis de la ordenación económica global; muestra un nuevo equilibrio cuyo centro ya no está, ni mucho menos, en aquel Mare Nostrum que un día fue el ombligo de la antigüedad. Y ni siquiera gravita sobre una Europa desposeída del que fue su rol dirigente. De nuevo la crudeza de la imagen supera la eficacia de la palabra y esculpe la evidencia: el Viejo Continente ya es periferia, Mediterráneo – El sexto continente – es una valla que separa el Norte del Sur, tal y como lo retrata el fotógrafo italiano Mattia Insolera

¿Nos damos cuenta de lo que significa?

Podemos pergeñar otras muchas cartografías que nos inyecten visualmente realidades nada abstractas con mayor contundencia que la lectura de un texto, sobran las posibilidades de elección: la socióloga estadounidense Saskia Sassen nos regala un texto exclusivo basado en su reciente libro Expulsiones (Ed. Katz) en el que reflexiona sobre la mecánica de los cambios globales asociados a las adquisiciones de tierras de cultivo en zonas empobrecidas; en Mapamundi de ficciones el escritor Gabi Martínez rescata lugares, imaginarios o no, inseparables de la literatura universal: de la Atlántida y Utopía a las andanzas de Marco Polo o las narraciones de Faulkner y Macondo; la periodista Natalia Ruiz, en Cartógrafos del cielo, transita por el firmamento estrellado apoyada en los últimos avances que nos dan a entender la posición del punto azul que es la tierra en el cosmos interminable; o el también periodista australiano Simon Sellars, en Viaje al centro de Google Earth, nos lleva a visitar los fantasmas escondidos en la herramienta cartográfica más usada de nuestro tiempo, tanto que parece, por momentos, sustituir a la realidad. Esa misma realidad a la que se enfrenta, de manera deslocalizada, Taiye Selasi, la inspirada inventora del exitoso término «afropolita» y que en Lejos de Ghana, cerca del mundo conversa con Mario Trigo y Paty Godoy sobre las nuevas (ya no tan nuevas) áfricas. Todo un número de cartografías en las que también nos acercamos a la ficción basada en hechos reales de Agustín Fernández Mallo, en su Paseo por Turín siguiendo la historia de Nietzsche, una frase susurrada y un caballo maltratado.

CTA-premium-con-precio

Un número muy completo, con perspectivas novedosas, que también contiene las historias viajeras de Eva Cid -que nos lleva a las tierras ignotas de los videojuegos-, Bárbara M. Díez – que nos acerca a Las islas Diómedes, en el estrecho de Bering, a partir del trabajo documental de la mexicana Lourdes Grobet, y que supone un nuevo refuerzo en la apuesta vital de Altaïr Magazine: aprehender la realidad del mundo desde una mirada propia, nos empuja a hacerlo desde estas perspectivas novedosas, sobre el terreno y mochila al hombro o maleta en ristre, en complicidad  con nuestros autores que, juntos, nos ofrecen un nuevo 360º dedicado a visualizar las cartografías que necesitamos para tratar de entender algo de lo que nos sucede en este complejo y convulso s. xxi.