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El regreso a casa como género cinematográfico

Cuando tenía diez años, el artista canadiense Mike Simons hizo su primer viaje solo, sin sus padres. Con su equipo de hockey, cogió una avioneta hasta Pine Point, una pequeña población de los Territorios del Noroeste canadienses construida al abrigo de la mina que sostenía la economía del lugar. En 2010, Mike recordó aquel primer viaje de su infancia y buscó, en un arrebato nostálgico, Pine Point en Internet, para ver qué había sido de aquella población. Pero Pine Point ya no existía: en su lugar sólo había desierto y arbustos, no quedaban casas, o la escuela, o los bares. Ni siquiera figuraba ya en los mapas.

Ver el documental interactivo Welcome to Pine Point, de Mike Simons y Paul Shoebridge.

¿No es ese acaso el miedo atávico de todo aquel que abandona el sitio de su infancia y tarda una vida en volver? ¿Regresar allí y descubrir que todo ha cambiado o, aún peor, que ya no queda ningún lugar al que regresar?

En 1982, el escritor uruguayo Mario Benedetti publicó la novela Primavera con una esquina rota. En ella aparecía por primera vez el concepto «desexilio», una palabra que el autor utiliza para designar a ese proceso por el cual un exiliado, al regresar a su patria, no la reconoce como propia, de manera que está condenado a ser exiliado para siempre, pese a poder volver al lugar donde nació.

Esta semana Mario Trigo nos hablaba en su Voz «Retorno al país natal» de la película Images d’un retour au pays natal, en la que su director, Gilbert Ndunga-Nsangata filma, cámara en mano (literalmente), su regreso ilegal a su República del Congo natal, que abandonó quince años atrás para refugiarse en Barcelona. Gilbert va a cumplir con su obligación de primogénito, a visitar a su madre, que afronta los últimos días de su vida. En el viaje, la inquietud por burlar a las autoridades y poder entrar en su país se mezcla con el temor de no reconocer la tierra que lo vio nacer, o quizás de no reconocerse a sí mismo en ella.

Lee la Voz «Retorno al país natal. Memoria, familia y Guerra en el Congo», por Mario Trigo.

Un viaje parecido al que hizo en 2010 Alphonse Zannou, padre del cineasta español Santiago Zannou, quien a instancias de su hijo regresa a su Benín natal cuarenta años después de haberlo abandonado en busca de fortuna en Europa. La puerta de no retorno es un documental amargo desde su concepción, porque no solo muestra el miedo del exiliado al regreso sino que sobre todo habla del pago que conlleva ese retorno: la obligación de revisar la propia vida desde el momento en el que se abandona el hogar hasta el momento en el que se vuelve. Y a veces lo que se contempla, como en el caso de Alphonse, es la crónica de un fracaso vital.

Lo dice Jonas Mekas en su imprescindible Reminiscencias de un viaje a Lituania, de 1972, crónica en tres partes de un exilio que empieza enseñando la llegada del exiliado al nuevo hogar (Nueva York, en este caso) y continúa mostrando el regreso al punto de partida:

«Nada más partir, empezamos a volver a casa, y todavía estamos volviendo. Aún estoy en mi viaje rumbo al hogar. Te queríamos, mundo, pero nos hiciste cosas terribles.»

Porque volver siempre es, en cierto modo, un ajuste de cuentas. A veces una búsqueda de perdón, como le ocurre a Alphonse. Otras veces es quien vuelve el que tiene necesidad de perdonar a la tierra que le vio nacer, como le ocurre a Terence Davies con Liverpool, y la sociedad ultracatólica y opresiva que le hizo vivir su infancia con terror al infierno por sus pecados y su orientación sexual. Of time and the city es su particular modo de decirle a la cara a su ciudad todo lo que tenía que decirle, para después, inevitablemente, perdonarle y confesar que jamás ha podido desprenderse de ella.

Al fin y al cabo, como Mike en Pine Point, como Gilbert en el Congo o Alphonse en Benín, como cualquiera que haya vuelto a sus orígenes después de muchos años ausente, lo que deseamos de todo corazón es que todo esté allí tal y como lo dejamos, inmóvil, esperando por nosotros. Cuando Manoel de Oliveira, ya nonagenario, vuelve a su Oporto natal en Porto da minha infância lo hace para intentar recrear una ciudad que ya no existe, fantasmal, porque lo que busca es tener un lugar donde poder ver el sitio del que viene, y no el sitio en el que se ha convertido.

El resumen perfecto lo da el propio Terence Davies al comienzo de Of time and the city. Volver a casa va mucho más allá de un acto físico: es un acto mental, sentimental y profundamente visceral.

We love the place we hate,
then hate the place we love.
We leave the place we love,
then spend a lifetime trying to regain it.

(Terence Davies, Of time and the city)

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Martín Caparrós: mirar hacia el Otro

MARTÍN CAPARRÓS_HAMBRE2«Uno de los primeros trucos de manual es hablar —si acaso, cuando no queda más remedio— de un hambre impersonal, casi abstracta, un sujeto en sí mismo: el hambre. Luchas contra el hambre. Reducir el hambre. El flagelo del hambre. Pero el hambre no existe fuera de las personas que la sufren. El tema no es el hambre; son esas personas.»

El problema con Martín Caparrós es que la conversación siempre se te queda corta, siempre quieres escucharlo un poco más. Echamos dos horas en la entrevista que le hicimos para nuestras Voces en ALTAÏR MAGAZINE y sudamos tinta y píxeles para dejarla en trece minutos. Casi un cuarto de hora de vídeo en la Internet de 2015, pura transgresión.

El catarro y la tos con la que venía no le impidieron hablar de todo lo que le apasiona: de su amistad con Juan Villoro y el viaje común que hicieron a Corea del Sur, de su faceta como fotógrafo, de El tercer hombre, de su pasado como director de una revista de gastronomía y de esas nuevas estrellas de rock que son los cocineros, de Boca Juniors —cómo no hablar de Boca— y del periodismo deportivo; de Bután, ese país tan pequeño y desconocido del que casi nadie habla y al que quiere ir para hablar de él.

También hablamos de nuestro proyecto en ALTAÏR MAGAZINE, de escribir contra las demandas del lector y complicándole la vida, de la crónica periodística que buscamos hacer y que tanto se opone a esa «crónica caniche» de la que le hablaba a Jorge Carrión en una entrevista hace no tanto:

«Esta crónica manierista que se regodea en la búsqueda de los personajes más extravagantes, que en lugar de contar nuestras sociedades quiere contar sus rarezas. No sé dónde empezó, pero me parece que la cuestión se agravó mucho últimamente, con esta eclosión cool de la crónica, con este acceso de la crónica a los salones elegantes de la literatura en castellano. Y te tomo la palabra «domesticación»: me gusta, me preocupa. Una domesticación formal, temática, política. Contra esa crónica que se reivindica marginal e intenta molestar, oponer, criticar, activar, una crónica caniche, bien peinada, ladrando agudito, tan a gusto en su cojín morado.»

Y, por supuesto, hablamos de El hambre. Del libro y del concepto, del hambre en general y del particular, del hambre en abstracto para el Primer Mundo y del hambre en concreto para los que no están en él:

«El hambre mata más personas cada año —cada día— que el sida, la tuberculosis y la malaria juntos, y no existe. El hambre no participa del misterio, las sombras insondables, lo inmanejable de la enfermedad: la impotencia frente a lo incomprensible. El hambre se entiende demasiado, aunque no exista: es un invento del hombre, nuestro invento.»

Los hambrientos son una incomodidad para la sociedad occidental, es un lugar donde no se quiere mirar y se finge que no está. Señala Caparrós que vivimos en una falacia estadística que dice que el hambre está repartida en uno de cada nueve habitantes del planeta, cuando en realidad no se reparte sino que se concentra en «el Otro Mundo», los Otros, la molestia, el peso muerto.

Termina la entrevista, aunque queramos más, y Martín Caparrós deja caer como por accidente una frase que lo resume todo: «Al final uno nunca será el otro».

Puedes ver la entrevista completa a Martín Caparrós en nuestras Voces en ALTAÏR MAGAZINE

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La ilustración del viaje y los lugares

Tlatelolco-seismo baja

Las imágenes que van con los textos de ALTAÏR MAGAZINE nunca son superfluas, nunca son redundantes, nunca son meras píldoras gráficas para ayudar a descansar al cerebro de tanta lectura. En las Voces, en los Pasos, en cada artículo de los 360º, las fotografías y la ilustración tiene entidad por sí misma, tanta como para poder hacer un ALTAÏR MAGAZINE completamente gráfico.

La ilustración acompaña los textos con estrategias muy diferentes: en el caso de la Voz que Pedro Strukelj dedicó a la presencia del escritor sardo Marcello Fois en la librería Altaïr, es narrativa. Palabras e imágenes se funden en un todo orgánico, igual que el público y el autor en la conversación. En el de Tyto Alba, que dibujó para nosotros la cabecera de los Pasos publicados por Gabi Martínez, supone una marca de familiaridad con el lector: un nuevo artículo de Gabi nos remite a los temas de la mirada, el paisaje y el viaje resumidos por las acuarelas de Alba.

Mario Linhares, en los Pasos, nos dió un ejemplo clásico de cuaderno de viaje con sus apreciaciones del paisaje y el paisanaje portugués, mientras que en el 360º de México, Esteban Azuela traducía los conceptos de la marca criminal y la necropolítica que azota México con su combinación de armas y logotipos y el gigantesco Ak-47 en el que los carniceros desarrollan su trabajo. El dibujo nos acompaña al delirio de una violencia difícil de asumir con palabras.

Mario Trigo ha ilustrado el Paso de Arturo Páramo que publicamos la semana pasada, sobre el quincuagésimo aniversario del barrio de Tlatelolco, en México DF. Para él, hacer estas ilustraciones no pasan por un mero «eh, sácate un dibujo del barrio de Tlatelolco». Él lee el texto y trata de comprender antes de dibujar:

«Una de las claves de Tlatelolco, en la realidad y en el artículo de Arturo, es la superposición de tiempos arquitectónicos: en el espacio de la unidad habitacional se unen y mezclan los edificios prehispánicos, coloniales y contemporáneos… Muchas emociones y ecos acumulados: el esplendor del mercado tlatelolca, la violencia de la conquista, la proyección moderna de los grandes edificios y sobre todo los traumas de la matanza del 68 y el terremoto del 85. Son todos fantasmas contra el decorado de las grandes construcciones. El perfil de la ciudad es tanto el de sus edificios como el de sus protagonistas trágicos o heroícos».

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Panorama de Tlatelolco.

Una vez que se tiene una visión global y completa del tema que se está tratando, hay que hacer un trabajo similar al que hizo Arturo para componer el texto, que no es otro que tratar de transmitir una realidad a traves de la imagen, como Arturo hizo con palabras:

«El tema y el tono siempre conllevan decisiones en la ejecución. En la composición, en este caso: igualar personas y rascacielos, mezclar las perspectivas y plantar donde no se debería. Es otro modo de hacer paisaje, intentando teñir literalmente los edificios con la memoria pública del lugar. Y así una voluntaria puede ser tan alta como un edificio, una planta de elote puede crecer del pavimento y el logotipo de las olimpiadas del 68 es un faro siniestro. Habría miles de combinaciones posibles, también porque en Tlatelolco hay ya una reserva fotográfica en la que bucear como inspiración. En las instantáneas de la noche del 2 de octubre del 68, por ejemplo, podemos descubrir un gesto definitorio: la desnudez de los detenidos, manos contra la pared, contra los muros. Un gesto que resume un evento y los sentimientos que le acompañan en la memoria política».

Una ilustración en ALTAÏR MAGAZINE es también una toma de posición sobre el contenido del artículo que ilustra. Las ilustraciones son otro modo de hacer periodismo de largo aliento, de defender una manera muy concreta de contar el mundo.

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Cerrando el año entre viajes y crónicas

Ya llevábamos algunas semanas apareciendo en las redes, haciendo Voces, creando Pasos, avisando de que llegábamos. Anunciando que empezaríamos por irnos a México pero que eso solo era el principio. Entonces, un 3 de julio, nos presentamos en sociedad, en la librería de siempre —nobleza obliga— para no olvidarnos de donde venimos, pero con el propósito firme de salir de sus muros y trasladarnos al resto de lugares de habla hispana. Nacía ALTAÏR MAGAZINE y nuestra nueva casa era la Red.

Lo dijimos desde el principio, como base inamovible: el nuestro es periodismo de largo aliento y de gran recorrido, «cada historia es repasada, leída, editada, y puesta en duda varias veces antes de ver la luz. Lo mismo con cada fotografía, con el orden en el que van colocadas para fortalecer la narración; con el audiovisual ocurre del mismo modo. No precipitarnos es una decisión tomada a conciencia: si no trabajamos duro para entregaros las mejores historias, ¿por qué habríais de acompañarnos?».

Y a pesar de ello, en apenas medio año hemos producido tres monográficos completos y complejos sobre tres puntos muy diferentes del globo (México, Cerdeña y Dakar); numerosos Pasos reinventando los géneros, donde mezclamos crónica y reseña, ficción y ensayo, ilustración y prosa; y decenas de Voces de todo el mundo contando sus realidades, publicadas en abierto y gratuitas para todos los lectores. Esto es un pequeño resumen de todo ello, de lo que ALTAÏR MAGAZINE quiere ser y ha ofrecido a sus lectores:

–       En nuestros monográficos hemos ensayado nuevas formas de contar los lugares, usando nuevos formatos, como el mapa interactivo de contenidos sobre Dakar que presentamos en su 360º. También hemos dado la relevancia que se merece a la fotografía, buscando que no sea una simple ilustración sino un modo más de narrar, como la sorprendente historia de los Luchadores del polvo de Lizeth Arauz en nuestro especial sobre México. Y por supuesto no olvidamos a nuestros autores, que cuentan la realidad desde dentro y no como meros visitantes: desde Ana Claudia Rodríguez haciendo una crónica tanto personal como histórica de la emigración sarda en Argentina, hasta Simona Manna, ilustrando todo un territorio a partir de una conversación íntima y familiar. Por no hablar de nuestra apuesta por la producción local en nuestro 360º sobre Dakar, donde por una vez África no está contada desde Europa, sino desde dentro, con las voces de intelectuales como Boubacar Boris Diop, Oumar Ndao, Ken Bugul y muchos otros.

–       En nuestros Pasos hemos tenido el privilegio de contar, entre muchos otros, con dos de las mejores plumas en español a la hora de hablar y reflexionar sobre la literatura de viajes. Jorge Carrión y su serie de «La tradición inquieta», con grandes escritores y viajeros como Juan Goytisolo o Jan Morris; y Gabi Martínez y sus artículos a medio camino entre la narración y la crónica, como aquel texto espectacular sobre el zoólogo Vicente Uríos y la «resurrección» de algunas especies extintas. Eso son los Pasos en ALTAÏR, una revisión de los modos de contar, que tan bien ejemplifica el reportaje que dedicó Ralph Zapata Ruiz a la pobreza en el valle peruano de Lares: directo, preciso y sin melodrama.

–       Y nuestras Voces, nuestra cara más visible, textos en abierto y gratuitos para todos los lectores donde caben desde reseñas, como la de Belén Herrera sobre Un dragón latente de Norman Lewis, hasta crónicas de eventos relacionados con Altaïr, como la que dibujó —sí, dibujóPedro Strukelj cuando nos visitó el escritor Marcello Fois. Un espacio para voces del periodismo viajero latinoamericano, como Carolina Reymúndez y su «fin de la veranada» en Chile. Un espacio también para la producción propia de ALTAÏR MAGAZINE, como ese viaje mágico, literario y árido que hicieron nuestras redactoras por la soledad de Sobrepuerto, en el Pirineo aragonés.

Medio año. Seis meses que nos han parecido una vida, la primera de la que vamos a vivir con nuestros lectores y nuestros autores. Porque ALTAÏR MAGAZINE no es solo «una revista de viajes»: es una manera de entender el viaje, el periodismo y la vida.

¡Feliz 2015 a todas y todos!

 

 

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¡QUE SE OIGAN LAS VOCES!

Cabecera de Voces
La realidad no puede estar contada por una sola voz, y eso en Altaïr Magazine lo sabemos bien. Por ello, hemos creado una sección de acceso gratuito, llamada  «Voces», donde diferentes colaboradores de todo el mundo aportarán sus visiones sobre determinadas realidades.

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