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Los nuevos corresponsales

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(c) CCCB
Por Jordi Brescó

El auditorio del CCCB de Barcelona reunió en un mismo escenario a Xavier Aldekoa, Tania Adam, Pere Ortín, Samuel Aranda y Gemma Parellada. O lo que es lo mismo: un poco de La Vanguardia, de 5W, de Radio África Magazine, de Altaïr Magazine, del New York Times, de Catalunya Ràdio, de CNN o de El País. Así escrito no queda nada mal.

Presentes y futuros periodistas, lectores críticos y otros interesados por África no dejaron pasar esta oportunidad y abarrotaron la sala para escuchar a diversas caras visibles de una nueva y brillante generación de corresponsales.

Ortín actuaba como mediador y abrió fuego sacando al trapo un tema muy espinoso y bastante tabú: el de la ayuda en África. Aldekoa la calificó como «un riesgo», un ámbito dónde «todos los involucrados no tienen por qué tener buenas intenciones». Más tajante fue Samuel Aranda, quién no tuvo reparos en criticar muchas de las organizaciones (teóricamente) humanitarias; fue especialmente duro con Naciones Unidas, que salía perdiendo incluso al ser comparada con los colonos: «Al menos ellos construían cosas». Sin rodeos.

Más tajante fue Samuel Aranda, quién no tuvo reparos en criticar muchas de las organizaciones (teóricamente) humanitarias; fue especialmente duro con Naciones Unidas

El debate empezó fuerte y Gemma Parellada cogió el testigo para hacer una de las autocríticas más compartidas: los medios explican mal los conflictos sobre África, y las historia positivas no aparecen jamás. «Nunca se colocan buenos relatos y así es imposible hacer que el lector conecte —destacó—. Los conflictos olvidados, lo son porque están mal contados».

En ese punto llegó una de las aclaraciones más necesarias: ¿Qué entendemos por «los medios»? Tania Adam se encargó de recordar que hay medios donde las historias positivas en África sí tienen cabida. Las tienen en el medio que dirige, Radio África Magazine, como también las tienen en nuestra revista. Lo que sigo sin entender (y esto es ya una reflexión personal) es por qué la mayoría del público critica los medios de comunicación clásicos pero aun así se mantienen esperando inútilmente a que estos se transformen. ¿No sería más fácil para ellos cambiar sus hábitos y acudir a los medios que SÍ cumplen con sus demandas?

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Xavier Aldekoa, Tania Adam, Pere Ortín, Samuel Aranda y Gemma Parellada. (c) CCCB

La intervención del público asistente dinamizó aún más (si cabía) el debate, dando lugar a reflexiones muy interesantes. Parellada destacó que al tratar África siempre se va de un extremo al otro: «Parece que sólo haya monstruos o Mandelas»; Adam insistió en la capacidad del arte y la cultura africana para transmitir otra imagen del continente al mundo; Aldekoa invitó a convertir aparentes problemas como la falta de presupuesto en una oportunidad para conocer mejor la realidad de un país; y Aranda despertó de su aparente estado de pajareo para abordar un tema delicado en el fotoperiodismo: qué podemos/debemos mostrar. Samuel (cómo no) fue tajante: él transmite la realidad sin tapujos, representa la historia tal y cómo es.

Las dudas de algunos estudiantes de periodismo trasladaron el debate del continente africano al oficio de corresponsal. Qué profesión tan bonita, tan complicada… y me da la sensación que, a veces, tan mal comprendida. Parellada tuvo que aclarar que, al contrario de lo que muchos creen, en la mayoría de ocasiones (y especialmente en África) es el corresponsal quien presiona a sus editores para publicar sobre un tema, y no al revés. Por su parte, Aldekoa desmitificó la figura del corresponsal intrépido que sólo puede vivir buscando historias extraordinarias: «Debemos tener la capacidad de convertir lo mundano en interesante».

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Fue inevitable que llegase el final que tantas veces se ha repetido en todos los coloquios sobre periodismo a los que he asistido últimamente en Barcelona: algunos de los presentes tienen que guardarse sus preguntas para otra ocasión y la sala —llena— se vacía a regañadientes tras el cierre forzado de la sesión. El horario mandaba, pero si hubiera sido por el público, la sesión se hubiera alargado durante mucho más. Así que al menos nos quedamos con la confirmación de la mejor noticia: África y el buen periodismo interesan. Aún hay esperanza.

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Las Voces y los Pasos de 2015

Se nos acaba el año 2015 y es buen momento para echar un vistazo a todas las Voces y los Pasos que hemos publicado en estos doce meses para saber cuáles han sido los textos de Altaïr Magazine que más han leído nuestros lectores. ¡Allá vamos!


 

VOCES

 Di por casualidad con Monzo en una isla cerca de Bodo, una pequeña aldea en el este de Nigeria, porque vi las redes desde nuestra barca. Junto a él, dos chicos jóvenes reparaban unas largas redes blancas que colgaban de los árboles y que parecían telarañas gigantes. Detrás de ellos, otro hombre —Baribo Saathi, sabríamos después, también cincuentón como Monzo—, remendaba otra red mientras escuchaba un pequeño transistor. Paramos el motor de la embarcación y giramos hacia la orilla. El aire olía a gasolina. La punta de la barca se clavó en la arena como una cuchara en una mousse de chocolate. La tierra er a una pasta de color negro que se pegaba a la piel y picaba. Cuando Monzo vio mis esfuerzos para sacarme ese veneno de entre los dedos de los pies desnudos, me regaló un consejo.
—Te acostumbras, después de los años la piel se endurece y te deja de molestar.
«Maldita buena suerte», Xavier Aldekoa

Caparrós---Los-viajes-del-hambre---Biraul-(baja)Me decían que acá el hambre era distinto. Es distinto porque a veces no mata. En la India, el hambre no suele ser agudo: millones de personas llevan muchas generaciones acostumbrándose a no comer lo suficiente, desarrollando, a lo largo de generaciones, la habilidad de sobrevivir comiendo casi nada, demostrando las virtudes adaptativas de la especie. Los humanos sobrevivieron, conquistaron la tierra porque saben adaptarse a tantas cosas: aquí se adaptaron a casi no comer y, por eso, millones son bajos, flacos, módicos, cuerpos que saben subsistir con poco.

«Los viajes del hambre: Biraul», Martín Caparrós


Entroido1Si el Entroido —carnaval— de Galicia (España) tiene un epicentro, éste está sin duda en la plaza de La Picota del pueblo de Laza, en las faldas del macizo central orensano. Esta población de apenas 700 habitantes forma, junto con Verín y Xinzo da Limia, el llamado «triángulo mágico del carnaval gallego».

Galicia es tierra de símbolos y esta es la fiesta pagana que inaugura el año y despierta a la naturaleza. O Entroido da la bienvenida a la primavera desde el medievo, burlándose de forma grotesca de todas las normas establecidas: las del decoro, la justicia o la política. Todas ellas son blanco fácil en muchos pueblos gallegos durante los días de Entroido.

«El carnaval más salvaje», Víctor Barro


PASOS

Marruecos1Agadir no cuenta con una parte antigua, el terremoto la destruyó. Sin embargo, su zoco es todo lo oriental que un viajero documentado puede desear. A pesar de ello, hay algo diferente. Otros volúmenes. Montones afilados de frutos pequeños. Pirámides rojas que sobresalen por el skyline de los puestos de frutas y verduras. La retina es atraída irremediablemente hacia ellos. El sol de la tarde atraviesa los huecos del techo y cae desafiándolos y apuntando hacia las cumbres incendiadas. Fresas descomunales y exageradas. Me invitan a probarlas, pero me producen cierto temor. Prefiero un zumo de los frutos naranjas. Mientras los exprimen con fruición, me doy cuenta de su tamaño: enorme. Entre los puestos, caminan algunos vendedores que ofrecen cajetillas de frutos rojos, grosellas, moras: de nuevo generosísimos. No los había visto antes en otro mercado. Como si sospechara de algo, lo recorro de nuevo rápidamente. Todo es muy grande, como si se hubiera hinchado, es más, como si se hubiera «anabolizado».

«Esto no es Marruecos», Patricia Almarcegui


CAbecera-Así-nace-viajeroQuienes viajan se definen por su profesión, por la intención con la que parten, la época, sus cualidades o el resultado de su transitar. Viajeros fueron los primeros hombres que salieron de África y cruzaron el estrecho de Bering, Darwin a bordo del Beagle y los que caminaron en la luna. Hay viajeros psicotrópicos, imaginarios, espirituales, oníricos e interiores. Viajero es el peregrino, el marinero, el pirata e incluso el muerto que va «al más allá». O puede ser un héroe como Don Quijote o Ulises: protagonistas de travesías épicas, gestas de caballería, aventuras en alta mar o en los confines del mundo. Viajero es el peregrino que visita lugares sagrados, el misionero y el creyente que viaja para expiar sus pecados. Y hay peregrinos laicos: aquellos que recorren los pasos de un artista o figura histórica y sus escenarios —a Kafka lo buscamos en Praga, a Joyce en Dublín y a García Márquez en Aracataca. Pessoa es un espíritu que todavía se sienta en el café A Brasileira en Lisboa—.

«Nace un viajero», Juliana González Rivera


Paso-Carrión-Burton-Holmes-bajaUno de los primeros en explorar esa hibridación entre la figura del viajero y la del cuentacuentos fue Edward L. Wilson, autor de Wilson’s Lantern Journeys y editor de Philadelphia Photographer, quien empezó uno de sus shows con las siguientes palabras: «Podremos viajar por arte de magia desde Havre hasta París». Durante sus desplazamientos, el viajero persigue escenografías desconocidas, nuevos trucos, sorpresas inesperadas; en escena, todo lo ensayado en la inquietud se convierte en un espectáculo de magia. A finales del siglo XIX, el gran mago de las conferencias de viaje era John L. Stoddard, quien —gracias al mérito de haber creado un público masivo— recorría incansablemente América del Norte con sus monólogos ilustrados por instantáneas de los cinco continentes. La necesidad de archivo que su éxito reclamaba se expresó en la publicación de sus conferencias en formato libro; pero no hay duda de que el valor no estaba en la letra escrita, sino en la hablada. En la actuación. Así lo entendió un niño de nueve años, que quería ser mago y entretenía a su familia con trucos de cartas, cuando su abuela lo llevó a ver una conferencia de Stoddard. El niño se llamaba Burton Holmes e iba a ser el mayor travel lecturer de la historia.

«Burton Holmes», Jorge Carrión


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Un año de Voces

Fotografía de la Voz «Mimando la tierra», de Gary Manrique
Fotografía de la Voz «Mimando la tierra», de Gary Manrique

«Una sección abierta para un mundo polifónico»

Con esa frase recibimos en Altaïr Magazine a los lectores que llegan a la sección gratuita y en abierto, la que funciona como cara más visible e inmediata de nuestra publicación. Los lectores fieles, los veteranos, los que lo primero que hacen por la mañana al levantarse es prepararse un café pero lo segundo es entrar en www.altairmagazine.com… todos ellos se cruzan en las Voces con los lectores y lectoras primerizos, los que entran por casualidad, los que buscaban algo diferente en Google y acabaron dando con nosotros, los que entran por un tuit o por un enlace de Facebook, los que pinchan el enlace ese que ha puesto una en el grupo de WhatsApp de la oficina.

Una sección abierta, para todos los lectores, y en un mundo polifónico, porque sólo hay que echar un vistazo a las Voces para darse cuenta de que hemos convertido la sección en un «Gran Magazine sobre el Mundo», donde recorremos cada punto del globo buscando, principalmente, conocer y comprender, no poner nuestros ojos allí sino pedir prestadas las miradas de los habitantes de cada uno de esos lugares, llevando a los lectores una visión anti-paternal, no occidental, ex-céntrica en el sentido más etimológico de la palabra.

Hemos preguntado en la redacción por las Voces preferidas de nuestro equipo editorial y la discusión ha subido de tono, han volado cuchillos, se han declarado guerras. Porque, de manera inevitable, cada uno tiene sus Voces favoritas, a las que tiene un cariño especial, o le parece la mejor en este o aquel aspecto, por algo puramente personal o defendiéndolo como elección objetiva.

El director, Pere Ortín, apunta enseguida a la primera entrega de la serie de Voces «Los viajes del hambre» que hizo para nosotros Martín Caparrós, con sus fotografías personales tomadas en el proceso de documentación de su libro El hambre. El primer texto es sobre Níger y marca el estilo de su autor: «Corto, concreto, conciso. Las palabras, como la madera, cuanto más secas, mejor arden…», dice Pere. También recuerda la entrevista que hizo Paty Godoy a nuestro editor, Pep Bernadas, por la profundidad en el retrato del personaje a partir de un diálogo que era mucho más una conversación que una entrevista. «¡Qué difícil hacer una entrevista así!», dice Pere, y luego se reafirma en que ese, y no otro, es el mejor modo de hacerlo. «La máquina de hacer preguntas» se llama ese diálogo con Bernadas, uno de nuestros textos más leídos.

También apunta Pere aquel «Narrar el conflicto», la crónica dibujada que hizo Pedro Strukelj del encuentro que tuvieron en la librería Altaïr las periodistas Marcela Turati y Patricia Nieto. Una forma diferente de contar las cosas, una aproximación gráfica innovadora y muy atractiva, algo que funciona también como «marca de la casa» en Altaïr Magazine y en sus Voces. De las crónicas dibujadas que ha hecho para nosotros Strukelj, a Alberto Haj-Saleh, de las redes sociales de Altaïr le gustó aún más aquel encuentro en el Forum Altaïr con el escritor sardo Marcello Fois, tremendamente expresivo.

Aquel encuentro lo condujo Mario Trigo, redactor jefe, que cuando le preguntamos señala inmediatamente una de las Voces que ha escrito Xavier Aldekoa para Altaïr Magazine durante este verano, concretamente la llamada «Tigres», que transcurre en Johannesburgo. «Es una Voz cercana y medida», dice Mario, dentro de esa asombrosa habilidad que tiene Aldekoa para narrar lo general desde las historias más pequeñas y particulares. En cambio a Bárbara M. Díez, responsable de nuestra edición visual, le gusta más otra de las «Historias africanas» de Aldekoa, «Maldita buena suerte», que tiene lugar en Nigeria, que, según dice ella misma, es una de esas Voces que «deja el corazón encogido».

Bárbara también recuerda la fascinación que le produjo la Voz que Intan Cheria nos escribió sobre el batik indonesio, una de esas artes que ha pasado a realizarse de forma completamente informatizada en Occidente «pero que en Asia todavía se elaboran de manera artesanal dejando al ordenador como actor secundario, como mera herramienta para que la tradición perdure, pero no para malearla». En cambio Belén Herrera, responsable de administración editorial, elige rápidamente las diez horas que pasaron Jordi de Miguel Capell y Fran Afonso con el Padre Rogelio en la República Dominicana. Y además lo hace con todo el entusiasmo: «Quiero pasar YA 10 horas con el Padre Rogelio para que me cuente en primera persona todas sus aventuras y despropósitos de cura punki».

Aunque hay una de las Voces en la que concidimos todos: «La soledad del Sobrepuerto», la primera gran producción propia de Altaïr Magazine, un texto que quizás nos defina más que ningún otro, que funciona como declaración de intenciones y principios de cómo queremos y sentimos que tenemos que contar las historias. Y aquí citaremos al jefe de nuevo, que dice:

«Un compendio de lo que -como conceptos y desarrollo- me gustaría leer siempre en una publicación digital: crónica periodística sobre el terreno apoyada en una propuesta audiovisual y estética con interés. 

O sea: una producción de Altaïr Magazine»
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MALDITA BUENA SUERTE, por Xavier Aldekoa

Nam Monzo nunca había querido ser rico. Al menos, no especialmente rico. Sí le habría gustado tener lo suficiente para no invertir salud en sus anhelos, pero a sus 54 años, tres hijas y dos hijos, los deseos materiales le cabían en unas manos llenas de callos y una red de pesca mal zurcida.

Monzo había empezado a pescar con su padre y de mayor continuó haciendo lo mismo. Durante un tiempo, alimentó a su mujer y sus hijos de los peces y crustáceos del Delta del Níger (Nigeria) y la vida casi amagó con ser sencilla.

Su vida era una canoa de madera, madrugones diarios y, al atardecer, llevar a los niños a nadar a una poza que se formaba en un recoveco del río. En la otra orilla, a menudo veían monos, ciervos e incluso algún cocodrilo. Todo eso acabó por un golpe de suerte.

A mediados del siglo XX, ingenieros británicos, holandeses y alemanes se adentraron en las zonas pantanosas del delta. Al principio, los lugareños pensaron que los hombres blancos buscaban aceite de palma, la mayor riqueza del lugar. Pronto descubrieron que no.
En 1956, los europeos anunciaron exultantes que debajo de las fértiles tierras del delta del Níger se escondían las reservas más importantes de petróleo de África. Aún faltaban cuatro años para que Nam Monzo llegara al mundo y acababan de condenarle. Maldita buena suerte…

Una nueva historia de Xavier Aldekoa y Muzungu Producciones en AltaïrMagazine.com

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Xavier Aldekoa: Historia(s) africana(s)

La historia de tres mujeres rodeadas de Nilo y de las llaves de una casa que ya no sirven para nada. Una crónica de Xavier Aldekoa en una producción de Muzungu y Altaïr Magazine

«La guerra no es solo donde caen los muertos, sino también hacia donde corren los vivos»

Parece que el mundo se para durante el mes de agosto, que Occidente se marcha de vacaciones y las grandes ciudades se despueblan, que los biorritmos se ralentizan. Pero no para nosotros, no para ALTAÏR MAGAZINE, y no para Xavier Aldekoa, con el que tendremos el privilegio de contar durante las próximas cuatro semanas.

«La ciega del Nilo» es la primera de las cuatro Voces que publicaremos de Aldekoa, periodista, corresponsal del diario La Vanguardia en África, autor del imprescindible libro Océano África y miembro de la nueva revista digital 5W y de la productora independiente Muzungu, junto con la cual producimos estas Historia(s) africana(s). Aldekoa viaja a Sudán del Sur, un país que en los últimos sesenta años ha vivido sólo diecinueve de una cierta paz intermitente. Allí, en mitad del Nilo, cerca de la ciudad de Bor, visita a tres mujeres que se esconden en una de las islas del río, a la que huyeron cuando el «Ejército blanco» apareció y arrasó su aldea, como arrasó las aldeas vecinas. No creen que volverán a salir de esa isla nunca más.

Es una de las historias. Aldekoa también viajará a la República Centroafricana y a sus ciudades fantasmales, donde las calles están vacías porque la gente vive escondida; o a Sudáfrica, a seguir la primera visita al zoo de un niño de seis años que sólo ha visto a los animales por la tele; al igual que al hombre blanco, al que solo conoce de verlo en pantalla.

Cuatro Voces en cuatro semanas, cuatro Historia(s) africana(s) contadas desde cerca por Xavier Aldekoa durante el mes de agosto. Porque en Altaïr Magazine, las buenas historias no se van de vacaciones.

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Xavier Aldekoa: contar un continente que no se puede contar

Hacer entrevistas promocionales siempre es algo agotador, por muy emocionado que estés por la salida de tu libro. Xavier Aldekoa sonríe, cansado de responder un poco siempre a las mismas preguntas, pero está contento y se le nota. Hay una entrevista con nuestro director, Pere Ortín, sí, pero primero comparten comida (hummus, guacamole, arenques…) y una conversación larga y tranquila.

Sin nostalgia, intercambian recuerdos y nombres de viejas redacciones donde el periodismo estaba sobre cualquier otra consideración, aunque ahora esté bajo sospecha y vayan marchándose poco a poco los antiguos «maestros» o los «referentes». Donde un «enviado especial» lo era de verdad, y no un corresponsal por cuenta propia que se busca la vida como puede, aunque luego los medios se vanaglorien de sus reportajes.

En seguida se ponen sobre la mesa nombres como René Caillié o libros como El corazón de las tinieblas, pero sobre todo Un capitán de quince años de Julio Verne, quizás el libro que terminó de empujar a Aldekoa hacia África y el periodismo. Un periodismo que solo funciona cuando los demás abren sus puertas y su corazón y cuentan sus historias al reportero.

Ambos quisieron ser periodistas en África, y lo consiguieron, aunque a diario —cada uno a su manera— se encuentra con preguntas que no saben responder: ¿Cómo hablar de aquello que no se puede contar? ¿Cómo hablar de sufrimientos insufribles, de hambres que uno no padece, de mitos que no conoce, de ideas que no comprende? ¿Cómo describir paisajes o situaciones o sentimientos que superan el entendimiento y que se presentan muy a menudo? ¿Se puede combatir el cliché pesimista sobre África? ¿Sirve para algo esto que hacemos?

Entrevistador y entrevistado, o mejor conversadores, llegan a la conclusión de que en el fondo da igual, y que en Níger, en Calcuta, en Hong Kong o en un campo de refugiados del Este de África el cronista se nos presenta como una máquina de hacer y de hacerse preguntas, esa idea que no dejamos de repetirnos en ALTAÏR MAGAZINE.

Siguen hablando Xavier y Pere, antes de encender la cámara, de los compañeros de viaje de Aldekoa, como Júlia, Rodrigo, Barry, Javi o Jordi. De su hija de 8 meses. De otros periodistas, del magnífico trabajo que están haciendo en América Latina. Y también del pap, su plato africano preferido, una especie de pasta de mijo, que es la base alimentaria para millones de familias africanas. Un poco soso, pero «mejora cuando se acompaña con más cosas. Como la vida.»

La entrevista con Xavier Aldekoa en las Voces de ALTAÏR MAGAZINE.

Hoy, jueves 27, a las 19:00, presentación del libro Océano África en la librería Altaïr de Barcelona, en la que Xavier Aldekoa estará acompañado por Jordi Basté y Pere Ortín.