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UN PERIODISMO DE LARGO ALIENTO

El ideal periodístico contemplado desde sus dos caras: la labor del reportero que viene, escucha y ve, y después relata, y la renovación de un lenguaje eficaz que traslada los hechos y las ideas al plano literario con el objetivo de explicar e interpretar el mundo.

No estamos amenazados por un exceso de información, sino por un exceso de insignificancia. Jacques Ellul

La fantasía es un lugar donde llueve. Italo Calvino

En una de sus últimas intervenciones en Barcelona, el que puede ser el periodista de mayor renombre del mundo, Tom Wolfe, se dirigió a su auditorio en tono catastrofista para casi afirmar que el periodismo había muerto. No es algo que se diga a la ligera: durante los últimos años el periodismo se ha deslavado con técnicas publicitarias que lo desmerecen. Ahora, nos encontramos en un punto de no retorno: o volvemos a los valores de la prensa de calidad, o el periodismo, como sugería Wolfe, tiene los días contados.

El reportero de los nuevos medios de comunicación de la era digital ha dejado de ser el romántico aventurero que se acercaba a la historia hasta casi darse de bruces con ella —o que se pasaba un día entero en cien metros de acera, como Claude Guillebaud durante su viaje a Asia para Le Monde—. «Actualmente las salas de redacción son laboratorios asépticos para navegantes solitarios, donde parece más fácil comunicarse con los fenómenos siderales que con el corazón de los lectores» dijo Gabriel García Márquez, y tenía razón: necesitamos volver a salir a la calle para experimentar, conocer y sentir en carne propia la vida, para poder contarla con honestidad. «Sin pisar la calle, no te enteras de nada», como decía, acertando, Gay Talese.

El nuevo Altaïr nace en el medio digital, pero más allá de las pantallas nos obligamos a rescatar la figura del reportero que, del mismo modo que Kapuscinski, recorría África mimetizándose con el ambiente, en un fenómeno que nos atrevemos a llamar «vidalogía». Sus crónicas estaban llenas de detalles, diálogos, pasión, datos, además de ser exquisitas en cuanto al lenguaje y la estructura. Él mismo decía que no escribía una sola página sin haber leído cien más primero (Los cinco sentidos del periodista, Ryszard Kapuscinski, Fundación para el Nuevo Periodismo Iberoamericano, 2006). La receta de un periodismo de calidad por uno de sus grandes chefs.

La gente está interesada en historias de verdad. De nada sirve repetir una y otra vez lo que ya se ha dicho. Lo que necesitamos es entrenar una mirada singular que extraiga de la realidad lo que estamos acostumbrados a ver, pero no a mirar. Para conseguirlo, hacemos uso de todas las herramientas que están disponibles, en la ficción, en el arte, para aportar valor dentro de la sobreabundancia informativa que caracteriza el presente.

Una línea de reporterismo

El periodista solo se convierte en tal saliendo a la calle y reporteando lo que se encuentra. Esa es su labor: intentar explicar de alguna manera la complejidad del mundo a sus lectores. Por eso, las cinco uve dobles se encuentran en una profunda crisis: hace tiempo que el periodismo necesita explicarse en otros términos —emoción, empatía, ambiente—. Hemos sobrepasado la búsqueda voraz de la objetividad: lo cierto es que la verdad no existe. El leitmotiv: ofrecer una información con valor, útil, veraz y novedosa a unos lectores ávidos de historias.

Decía Kapuscinski que el único modo de ser sinceros es desapareciendo: solo así existimos para los demás, para compartir sus alegrías e intentar, al menos, describirlas.

«No hay periodismo posible al margen de la relación con otros seres humanos».

Una línea poética

El lenguaje necesita renovarse. En palabras de Italo Calvino —que siempre es un buen antídoto para combatir las dudas y frustraciones— buscamos encontrar «el lenguaje más preciso posible como léxico y como expresión de los matices del pensamiento y la imaginación». En esa línea poética, la clave reside en utilizar todas las herramientas disponibles de la ficción y de la no ficción para construir buenos relatos, sorpresivos y sólidos tanto en su contenido como en su trama y estructura.

«En la Tierra Prometida donde el lenguaje llega a ser lo que debería ser» es donde queremos escribir nuestras historias. Nada más, y nada menos. Una frase brillante para describir nuestra principal meta.

El debate sobre cuál es el periodismo que viene a partir de ahora no se cierra aquí. Todo lo contrario: en este espacio queremos reflexionar sobre el papel del reportero en nuestro magazine y, en general, en el mundo de los new media, con la clara convicción de que hay que renovar no solo el lenguaje, sino también los usos del periodismo y su concepción en el seno social. Es una puesta en común más que necesaria y su objetivo último es volver a darle vida a un periodismo que Wolfe auguró muerto.

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