Un balcón al mar, por Inés Bortagaray

La Rambla«Nuestra Rambla es la principal obra de arte que tiene la ciudad. La más bella. La más extensa. La clásica.» La escritora Inés Bortagaray nos acerca en nuestro 360º sobre Montevideo a uno de los principales motivos de orgullo de los montevideanos: la Rambla que resigue la costa de la capital a lo largo de 22 kilómetros. Dejamos aquí un adelanto.


Cuando los uruguayos pensamos en la palabra «rambla» la imagen que se posa en nuestro entrecejo es la de la gran avenida que bordea la costa del mar en la ciudad de Montevideo. No comparece en el pensamiento la arena, aunque el sentido etimológico de rambla se acuna en el vocablo árabe «ramla», que quiere decir «arenal». Muy excepcionalmente y muy atrás en la secuencia de pensamientos pueden aparecer las ramblas de Barcelona y la coqueta avenida arbolada en el cantero central. Pero eso casi nunca pasa. Nuestra Rambla es el camino costero, nuestro balcón al mar, nuestro punto de fuga toda vez que necesitamos pensar o llegar más pronto al Cerro (un extremo), o a Carrasco (el otro).

Siempre la Rambla indica un camino, siempre el camino se asoma al mar, siempre el mar convive con ese trayecto de granito rojo y espíritu racionalista. Tal vez nuestra memoria o nuestra imaginación se fije en la línea entera: los veintidós kilómetros de curvas y repechos que tiene este camino. O acaso lo haga en un breve tramo. Nuestro tramo favorito, que no será permanente y no durará por siempre. Será, probablemente, el preferido del día (por ejemplo: el trozo que inicia en la Playa Ramírez y llega hasta La Estacada nos resulta fascinante; o el que va desde la Playa Honda hasta la Mulata en Punta Gorda). La relación con la Rambla es mutable, como mutables suelen ser los vínculos de amor con cualquier obra de arte. Nuestra Rambla es la principal obra de arte que tiene la ciudad. La más bella. La más extensa. La clásica. Nuestro greatest hit.

Vayamos por partes. Nuestro mar no es uno cualquiera, si es que podemos pensar que los mares tienen características más o menos genéricas (una masa de agua salada que cubre la mayor parte de la superficie terrestre; o cada una de las partes en que se divide un mar). Este mar nuestro se llama río: es el Río de la Plata. En Buenos Aires lo llaman río, una «pampa de agua», al decir de la escritora porteña Victoria Ocampo. La capital argentina le da la espalda, con actitud oronda, como quien deliberadamente alza la nariz y con despecho se propone desairar a un ingrato que se rinde a sus pies. La capital uruguaya, desde que existe la Rambla, desde la construcción de cada una de sus partes, cambió para siempre su vínculo con el mar.

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En efecto, si bien todo el sur de nuestro territorio convive con las puntas de piedra, las barrancas y las playas de arena blanca, no fue hasta la construcción de la Rambla en Montevideo cuando dejamos de ser mediterráneos, descubrimos el mar y resolvimos mirarlo para siempre.

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