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LIBROS: Los difuntos, de Jorge Carrión

Portada Los difuntosPor Ana Belén Herrera

Ahí es nada: Adaptación literaria del falso spin-off  de una serie de televisión inventada, fruto del trabajo comunitario de los alumnos inexistentes de un taller de escritura creativa de mentira coordinado por el verdadero Jorge Carrión. Así se podría definir Los difuntos  (Aristas Martínez Ediciones, 2015). Por lo menos, en un primer nivel formal.

El contenido es un híbrido de piezas. Revoluciones. Muertos no tan muertos. Sexo. Malos. Antihéroes. Filosofía. Religión. Buffalo Bill y su circo de indios y vaqueros que fingían matarse rememorando viejas matanzas de verdad. Las imágenes quiméricas del ilustrador Celsius Pictor. Y mucho Steampunk, ese movimiento sociocultural tan estiloso, que a través de fantasías retrofuturistas victorianas, exalta una tecnología a base de steam (vapor) que nunca existió, mucho más humana y cercana que la tecnología real moderna que tenemos.

Los difuntos, cual buen spin-off, puede leerse de forma independiente o como colofón a Las huellas, la trilogía ¿fantástica? de Carrión formada por Los muertos, Los huérfanos y Los turistas. De hecho, está pensada como precuela de Los muertos, serie de televisión inventada por el autor que le sirve para reflexionar sobre el imaginario popular moderno y sobre cómo interactúan ficción y realidad a través de Internet.

Interior 2 Los difuntos

Si el lector ya había leído Los muertos, con Los difuntos profundizará en el universo de ilustres cadáveres creados por Jorge Carrión. Sin la parte de análisis socio-filosófico de su predecesora, Los difuntos se permite sumergirse en su propia fantasía y explorar recovecos no visibles en la novela anterior. El autor parte de situaciones ya familiares para evolucionar hacia nuevos temas de reflexión a través de hechos y personajes ubicados en un espacio distinto y en otro tiempo. La carga filosófica no desaparece, aunque sí lo hace la voz explícita del autor.

Si no se tiene ni idea de Los muertos, poco importa. La versión steampunk de la Nueva York de principios de siglo XX que ofrece Los difuntos es lo suficientemente oscura y sugerente como para atrapar al lector desde el principio. Ya las primeras líneas de la novela nos traslada sin preámbulo a la emoción de un mundo de caballos mecánicos y jinetes cazadores de «Recién llegados»:

«En posición fetal, el Recién Llegado abre los ojos un segundo antes de ser pisoteado por esa yegua de ancas de acero inoxidable, que no esquiva el obstáculo porque es obligada a seguir en línea recta por su jinete. Sale vapor a presión de sus orificios nasales. Se vuelven rojas las bombillas incandescentes de sus ojos. Entre el momento en que la herradura de una de las patas delanteras se hunde, sin ruido, en la carne desnuda del muslo del Recién Llegado y el momento en que la herradura de la última pata trasera, con un crujido, le tritura las falanges de dos dedos de la mano izquierda, el altivo jinete de no más de veinte años de edad escupe en señal de bienvenida y el salivazo se estampa en el abdomen desnudo del Recién Llegado.»

Interior 1 Los difuntos

No cometo un gran spoiler si descubro que el Recién Llegado pisoteado por el jinete se hace llamar Dionisio, como el dios griego del vino y del desenfreno. Aunque de vez en cuando se identifica más con el nombre de Apolo, dios griego de la claridad y el sol. Esta contraposición entre lo apolíneo y lo dionisíaco, entre la luz y la oscuridad, que bambolea el comportamiento del protagonista, es la que dirige en todo momento la deriva de los acontecimientos y del resto de personajes. También conforma la identidad de un antihéroe modélico, muy acorde con la tendencia actual en las series de televisión (de las que es un apasionado estudioso Jorge Carrión) de construir protagonistas complejos y carismáticos, con los que empatiza el telespectador aunque no se identifique.

En la Nueva York de principios del siglo XX que imagina Carrión los hombres llevan bigote con doble espiral, hay edificios con cara de elefante que caminan y las diligencias están tiradas por caballos mecánicos. Algunas de estas figuras retrofuturistas las dibuja Celsius Pictor usando tan sólo un par de colores para resaltar el binomio naturaleza-máquina. El resto de figuras las dibujará cada lector en su cabeza con variaciones al gusto, todas bien definidas por las descripciones cinematográficas que le regala el autor. No por nada Los difuntos es la versión literaria del spin-off de la famosa serie de televisión Los muertos, ¿no?


Los difuntos
Jorge Carrión
Aristas Martínez, 2015. 107 páginas.

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LIBROS: Tres pequeños ilustrados

BABAR_ES_rojo_alta_plano

Por Ana Belén Herrera

Babar, de Jean de Brunhoff

Babar es un elefante tranquilo y muy espabilado que se toma la vida con alegría. Cuando hay que trabajar, se trabaja. Cuando es hora de divertirse, a divertirse toca. Para las penas, paciencia y optimismo. Y donde hay problemas que resolver, siempre hay amigos para ayudar. Babar es un enamorado de París. De sus calles amplias y bien trazadas, de su moda, de su vida social. Así que cuando lo nombran rey de la selva, decide darle un estilo parisino a su nuevo reino. Todos están muy contentos y quieren a Babar, que es capaz hasta de ganar una guerra contra los rinocerontes sin una sola arma y con mucho sentido del humor (¡además de muchos culos!)

 

Los rinocerontes ya están lejos

y siguen corriendo.

Pamir y Rataxés han sido hecho prisioneros,

y agachan la cabeza avergonzados.Babar_2

¡Qué gran día para los elefantes!

Todos gritan: «¡Viva Babar! ¡Victoria!

¡La guerra ha terminado! ¡Qué felicidad!»

Babar, el pequeño elefante que se fue a París tras morir su madre y adoptó las costumbres de los humanos, vuelve 84 años después de su nacimiento. Blackie Books lo resucita en papel en una recopilación de seis de sus historias que incluye desde Historias de Babar, la primera historia que publicó su creador, Jean de Brunhoff, en 1931, hasta Babar en familia y Babar y Papá Noel, estas dos últimas historias publicadas originalmente en blanco y negro en el periódico inglés The Daily Sketch en 1936, poco antes de la muerte de De Brunhoff, y que acabó de colorear su sobrino Michael. A destacar la historia Las vacaciones de Zefir, en la que la fantasía de De Brunhoff se dispara y aparecen monstruos y seres mitológicos.

Cada ilustración de Babar es una fiesta de color. Las primeras historias de los años 30 se publicaron en álbumes gigantescos en los que los niños se perdían maravillados en un universo de animalitos amables de mil tonos vivaces. Las páginas dobles, en especial, son verdaderas obras de arte, irresistibles incluso para el adulto más impasible (véase, por ejemplo, la página del viaje en globo en El viaje de Babar, la del desfile en El rey Babar o la de la ciudad de los monos en Las vacaciones de Zefir). Los textos, integrados de forma natural con las ilustraciones, están compuestos por frases cortas muy sencillas de fácil comprensión para los niños lectores, aunque esconden matices más complejos para un nivel de lectura adulto.

A Babar se lo inventó Cecile de Brunhoff, la mujer de Jean de Brunhoff, para entretener a sus hijos pequeños. Millones de padres de todo el mundo crean todos los días personajes para que su hijos se duerman o dejen de llorar (mi madre se explicaba historias inventadas sobre los personajes de los cuadros que teníamos en casa para despistarme y que me tragara la comida que tenía dentro de la boca desde hacía ya demasiado rato). Babar tuvo la suerte de que el marido de Cecile era artista e ilustrador, así que pudo vivir, pero ¿cuántos «babares» con peor suerte deben existir en un hipotético purgatorio de personajes nonatos imaginados por padres inquietos? Otra historia para inventar.

Babar
Jean de Brunhoff
Blackie Books, 2015. 320 páginas.


Estramb¢ticas Portada

La estrambótica Isla del Tesoro, de Pinto & Chinto

Ese pirata pelirrojo y rechoncho que nos mira desde la portada mientras se saca con la lengua un hermoso moco verde esmeralda y fuma en pipa, nos da la bienvenida a la historia más desternillante sobre piratas y tesoros escrita (y dibujada) allende los mares. También la más peligrosa, ya que en la primera página nos avisan de que el libro es un libro fantasma, y que en cualquier momento, mientras lo lees, «puede evaporarse y desaparecer de entre tus manos». Así que cuidado, amigo lector o amiga lectora, porque es posible que tú mismo desaparezcas en una nube fantasma junto al libro.

El narrador de esta historia es Jim, antes conocido como Jimmy hasta que un pirata le cortó con la espada el nombre. Jim es el hijo del dueño de la taberna donde el pirata Bill Bones suele ir a beber ron. Por cirEstramb¢tica lorocunstancias propias de tabernas de piratas, que sabréis cuando leáis el libro, Bill Bones le regala a Jim el pedazo de mapa de un tesoro. Pronto aparece por la taberna el pirata Silver El Largo, que tiene el trozo de mapa que falta. ¿Por qué le llaman El Largo?, tenéis cara de preguntaros:

«No era casualidad que le llamaran El Largo, puesto que era tan alto que la pata de palo hubo que hacérsela de una secuoya, tenía los brazos tan largos que robaba sin salir de casa, el garfio de su mano izquierda era tan grande que servía de ancla simplemente dejando caer el brazo al fondo del océano, y el parche de su ojo derecho era la vela de un galeón. Además, para otear el horizonte no precisaba subirse a lo alto del mástil.»

Jim se marcha con Silver El Largo en busca del tesoro a bordo de su barco pirata. Muchas aventuras les esperan en este viaje. Por el camino, conocen a otros piratas, a loros, a cangrejos, a abuelitas, a un naufrago, a un esqueleto que es una isla… hum, ¿un esqueleto-isla cuenta como persona o como lugar? Depende de si está despierto o dormido, está claro… o no, porque un esqueleto no es ni una persona o un lugar, sólo es un esqueleto, que en este caso, es también una isla… ¿La Isla del Tesoro? Leed y enteraos.Estramb¢ticas Largo

Pinto y Chinto, monstruito bicéfalo formado por el ilustrador David Pintor y el escritor Carlos López, regresan para cometer otra deliciosa diablura a costa de los clásicos universales. Ya la habían liado antes con El estrambótico principito y Los estrambóticos viajes de Gulliver. Esta vez, y repitiendo como cómplice la editorial gallega Bululú, se encargan de tunear La isla del Tesoro, de Robert Louis Stevenson. Y como en otras ocasiones, cogen la historia original, se la comen, la mezclan con mala baba en el estómago, la regurgitan, le añaden un puñado generoso de risas, unos granos de desvergüenza a todo color, mucha inventiva chiflada y, ¡voilà!, el resultado es uno de esos libros ilustrados infantiles que se regalan para disimular a cualquier niño que se tenga a mano, para luego robárselo y quedárnoslo nosotros y leerlo y releerlo con la boca abierta y, en algunos casos, con un dedo con vida propia que se va acercando sigilosamente a la nariz.

La estrambótica Isla del Tesoro
Pinto & Chinto
Bululú, 2015. 32 páginas.


Zum Portada

La leyenda de Zum, de Txabi Arnal y Roger Olmos

Una canción, la primera flor de primavera y el niño o la niña más desobediente del pueblo. Eso es lo que se lleva la niebla de Zum una vez cada cinco años. Dicen que este comportamiento caprichoso de la niebla puede estar relacionado con algo que pasó con la familia de eminentes exploradores Terco. Uno de sus miembros, Martina Terco, fue la fundadora de Zum, pueblo ubicado en el confín del mundo. Parece ser que Martina contrajo una deuda con la niebla, y que esta se la cobra robando canciones, niños y flores una vez cada cinco años. Pero son habladurías, nadie sabe muy bien por qué pasa lo que pasa.

Cada cinco años, ni uno menos ni uno más, durante

el primer atardecer de la primavera, una espesa niebla

descendía (nadie sabía desde dónde) y cubría cada calle y

cada plaza de Zum, cada fuente y cada casa, cada perro y

cada gato, desde los bigotes hasta el rabo.

Zum Interior 2

La leyenda de Zum es un cuento para niños valientes. Para niños que no temen a la niebla, ni a las leyendas, que ni siquiera temen, si las circunstancias lo exigen, a las consecuencias. También es para niños que quieren a sus amigos y valoran la amistad por encima de todo. Sonia es la intrépida heroína de esta historia, que no duda en enfrentarse a lo que le pongan por delante, incluida la niebla, cuando lo siente necesario.

El escritor y profesor de Literatura Infantil y Juvenil Txabi Arnal, y el premiado ilustrador Roger Olmos, son los responsables de dar vida a esta historia llena de misterio y poesía publicada por la editorial Nube Ocho. Mientras que Txabi Arnal demuestra tanta valentía como la protagonista del cuento, Sonia, al plantear una historia en la que explica sólo lo justo para despertar la imaginación y el asombro de los jóvenes lectores hasta llevarlos a la perplejidad más extrema hacia el final, Roger Olmos aporta su genio expresionista y melancólico en unas ilustraciones realizadas al óleo que nos envuelven en un manto de magia y melancolía tan intensa como la niebla de la leyenda.

Ten cuidado, niebla, Sonia se está acercando.

La leyenda de Zum
Txabi Arnal y Roger Olmos
Nube Ocho, 2015. 50 páginas.

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Los libros de la Redacción: Diciembre 2015

Desde la Redacción de Altaïr Magazine, ofrecemos periódicamente una selección de las novedades más interesantes que llegan a la Librería Altaïr.


El árbol

El árbol, un ensayo sobre la naturaleza, John Fowles. Impedimenta

La conexión entre naturaleza salvaje y creación humana es el tema central de esta obra, uno de los pocos ensayos que publicó el novelista John Fowles, autor de La mujer del teniente francés y El mago. Fowles recurre a su infancia en un pequeño pueblo inglés para mostrar la oposición entre la naturaleza modificada para fines de explotación y el mundo natural puro que es fuente de inspiración y genio creativo.

 

ZorbaZorba el griego. Vida y andanzas de Alexis Zorba, Nikos Kazantzakis. Acantilado

Anthony Quinn le puso cara en 1964, pero Alexis Zorba ya andaba dando vueltas por la mente de millones de lectores desde que Nikos Kazantzakis le diera vida entre 1941 y 1943. Zorba el griego es la personificación de la vitalidad y el gozo de vivir, un personaje de costumbres primitivas que ejerce gran influencia sobre todo aquel que se le acerca y reivindica la trascendencia de elementos primordiales como la comida, el mar, el fuego o el tacto de una piel suave.

 © www.megustaleer.com
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La guerra no tiene rostro de mujer, Svetlana Alexiévich. Debate

La ganadora del Nobel de literatura 2015 reconstruye la vida del millón de mujeres que combatieron en el ejército soviético durante la segunda guerra mundial. Mujeres que fueron francotiradoras, condujeron tanques o trabajaron en hospitales de campaña. Un libro que la autora reescribió en 2002 para introducir fragmentos eliminados por la censura y usar material que no se había atrevido a usar en su primera versión.

 

 

 

Cuentos de la periferia, Shaun Tan. Barbara Fiore EditoraCuentos de la periferia mitad

Quince historias ilustradas sobre hechos extraños que ponen a prueba la capacidad de reacción de la gente común antes situaciones inesperadas. Shaun Tan profundiza en su universo personal de fantasía y realidad llevándonos en esta ocasión hasta la periferia de lo razonable, hasta los límites de lo corriente. Una nueva habitación que aparece en la casa de una familia, una máquina siniestra instalada en un parque, un búfalo sabio que vive en un solar…y así hasta quince bellas miniaturas para deleite y desconcierto de lectores de todas las edades.

Portada-Tristeza-de-la-tierra-350x538Tristeza de la tierra. La otra historia de Buffalo Bill, Eric Vuillard. Errata Naturae

William Frederick Cody, «Buffalo Bill», se había convertido en una leyenda viva de la conquista del Oeste. Había sido rastreador, buscador de oro, explorador del Quinto de Caballería contra la resistencia india y cazador de búfalos, de ahí su seudónimo. Su nombre salía a menudo en los periódicos y las novelas de la época, y las clases acomodadas lo reclamaban para que participara en sus partidas de caza. El escritor y cineasta francés Eric Vuillard nos presenta a este personaje en la cumbre de su mito, cuando decidió sacar rentabilidad de su figura y creó un espectáculo en el que se representaba a sí mismo matando con balas de fogueo a los indios a los que había matado de verdad. Los indios supervivientes de las matanzas, ya sea por necesidad o por la fuerza, participaban en este circo, en el que revivían, día tras día, su dolor.

LacrónicaLacrónica, Martín Caparrós. Círculo de Tiza

El periodista y premiado escritor argentino Martín Caparrós utiliza en esta obra herramientas del relato, la novela, el ensayo o la poesía para contarnos el mundo de nuevas maneras. El autor va saltando de la selva boliviana a Sri Lanka, de Belgrado a La Habana pasando por Hong Kong, para construir la crónica o “lacrónica”, a la que alude el título, de cada particularidad, a partir de observaciones certeras y una honda comprensión de la humanidad.

 

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aquetación 1Mañanas en Florencia, John Ruskin. Pre-Textos

John Ruskin, una de las figuras más importantes de la crítica de arte en la Inglaterra del siglo xix, elabora una suerte de «guía de interpretación artística» de la capital de la Toscana. El autor une de forma indisoluble el arte con el momento del día en el que se aprecia, ya sea por el estado del cuerpo que por la particular luz que se desprende al despuntar el alba. Mucho más que un mero recorrido artístico, este texto enseña un modo concreto de mirar Florencia.

 

cansasuelosCansasuelos. Seis días a pie por los ApeninosAnder Izagirre. Libros del K.O.

Nadie como Ander Izagirre para hacernos creer que estamos cruzando los Apeninos a pie junto a él, desde la Emilia-Romagna a la Toscana, de Bolonia a Florencia. Con su habitual prosa ligera y divertido como pocos, el autor aprovecha para contar una historia de Italia (y hasta del Mundo) a base del anecdotario y de las personas que surgen por el camino, en un puñado de páginas en los que parece no pasar nada pero en realidad ocurre casi todo, con el paisaje de montaña del norte de Italia al fondo.

Madrid Cochabamba3Madrid-Cochabamba, Pablo Cerezal y Claudio Ferrufino-Coqueugniot. Ediciones Lupercalia

Un cruce de crónicas entre dos ciudades, Madrid (casa de Pablo Cerezal) y Cochabamba (hogar de Claudio Ferrufino-Coqueugniot), donde los temas, al final, acaban siendo los mismos en cada extremo del mundo: el amor, la soledad, la muerte y la comida; coronado con un encuentro entre los dos autores que hablan de sus ciudades desde el punto de vista de los expatriados. Todo ello subrayado por la música que escuchan, la banda sonora de dos relatos puramente personales sobre dos ciudades que no se diferencian tanto.

Atlas de la españa imaginariaAtlas de la España imaginariaJulio Llamazares. Nórdica Libros

Acompañado por el fotógrafo José Manuel Navia, Julio Llamazares escribió durante algunas semanas para La Vanguardia un texto sobre un lugar mítico de la Península Ibérica. Jauja, los Cerros de Úbeda o Babia son alguno de los lugares míticos que visita y que coloca en la realidad, poniendo rostro y nombre a sus habitantes. Ahora, en esta recopilación que hace Nórdica de esos artículos, se les unen las ilustraciones de David de las Heras para componer un volumen a medio camino entre el mito y la realidad.

 

Ver oir y callarVer, oír y callar. Un año con la Mara Salvatrucha 13, Juan José Martínez D’aubuisson. Pepitas de Calabaza

A través de una colección de relatos engarzados de forma cronológica, el antropólogo salvadoreño Juan José Martínez D’aubuisson se adentra en una de las ramificaciones de la «Mara Salvatrucha», banda de pandilleros jóvenes que, en este caso, operan en una de las zonas más conflictivas de El Salvador. Narrado desde dentro de la célula pandillera, el libro es un fresco crudo y directo sobre el funcionamiento de esta banda y las relaciones entre sus miembros y con el resto de la comunidad.

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Cuando ya no haya barrera

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Hoy debería comunicarse al mundo el primer acuerdo internacional vinculante contra el cambio climático, fruto de las dos semanas de reuniones en París de la COP21, la gran conferencia de Naciones Unidas que incluye —con más o menos voluntad de llegar a un acuerdo— a representantes de los países presentes en el Protocolo de Kioto de 1997. Hoy debería comenzar, de algún modo, por fin, una reacción ante el calentamiento global, la forma más específica de fin del mundo que tenemos aquí y ahora, en nuestras manos. También porque somos la especie responsable de provocarlo.

El calentamiento global no sólo nos sitúa frente a la posibilidad de nuestra extinción (lenta, dolorosa, injusta, cuajada de frustración). También nos obliga a reflexionar sin utilitarismos sobre nuestra relación, como simples organismos vivos, con el planeta que nos acoge. Con los otros seres que lo comparten. Con nuestra finitud individual, el futuro y sus posibilidades, sus barreras y sus esperanzas. Altaïr se enorgullece de haber publicado un libro que, desde la perspectiva del viaje heterodoxo y amplio, se enfrascaba hace ya unos años en estas cuestiones. Un libro con el que Gabi Martínez caminaba en paralelo a la Gran Barrera de Coral australiana, termómetro de la salud de nuestro planeta y de nuestra propia fiebre suicida.

«¿Dónde hay, en el mundo entero, un solo gobierno, siquiera un comité, por muy selecto que sea, capaz de conceder la debida importancia a los orígenes de los acontecimientos?»

Laurens van der Post

No resulta difícil averiguar cuál era el objetivo inicial de Gabi Martínez cuando empezó a planear su viaje a Australia. Lo contó él mismo en su blog, pocos días antes de que saliese a la venta el fruto literario de ese viaje, En la barrera (Altaïr, 2012), un libro de viajes sobre la Gran Barrera de Coral australiana. ¿Es de eso de lo que habla el libro?

Dice Gabi: «Todo empezó en el Aquarium de Barcelona, cuando mi hijo de dos años se detuvo ante una pecera donde se alertaba sobre el estado de la Barrera. Me hice varias preguntas y una de ellas fue qué mundo le quedaría a él después de mí. De modo que viajé y escribí mirando, esta vez sin duda, al futuro».

Sin embargo, apenas avanzamos por las páginas del libro nos encontramos con una crónica poco usual, un viaje tan interior como exterior por el continente australiano donde se entremezclan las voces del propio Gabi Martínez como narrador, pero también la de los nativos que se encuentra por el camino, vivos o muertos; y también las voces de otros viajeros que estuvieron allí antes de él, incluso al mismo tiempo que él, y que nos sumerge a nosotros, lectores, en el mismo estado de confusión, de abrumada superación, que sintió el autor al enfrentarse a tan vasto, inabarcable e inaprensible territorio.

«Pero lo que Australia es, según los científicos, es el laboratorio del planeta. Este continente anuncia los cambios socioclimáticos que afectarán a buena parte del resto del globo y de momento las noticias son terribles, hasta el punto de que los australianos han hecho de la preservación de la Gran Barrera un desafío.»

Hay un cierto aire de fatalismo, de inevitabilidad, cuando Gabi se acerca a la ecología y a los aspectos que van a condicionar el futuro del planeta. Especies en peligro de extinción, nativos con una profunda conciencia ecológica pero que sin embargo no pueden prescindir de los ingresos que reciben esquilmando la Gran Barrera, cazadores selectivos, guías para turistas… El libro no puede dejar de reflejar cómo para combatir una plaga se pone en peligro todo el ecosistema; cómo la protección de una zona concreta puede acarrear consecuencias por la superpoblación de las especies que la habitan; cómo, en fin, parece que la humanidad estuviese atrapada en un callejón sin salida del que no hay manera de salir para revertir el crack definitivo de la bioesfera.

En la barrera es un relato a ratos optimista y a ratos nihilista sobre la relación del ser humano con su entorno, sobre ecología y sobre el futuro que le espera al planeta. Pero también es un relato sobre la soledad y sobre el extrañamiento que sigue produciéndonos nuestra propia existencia y nuestro lugar en el mundo. Cuando la Barrera de Coral se vuelva completamente blanca, como una tumba de más de dos mil kilómetros, tal vez comencemos a comprender si no de dónde venimos, al menos sí hacia dónde vamos.

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LIBROS: Tres libros ilustrados de viajes

EL VIAJE CUBIERTA_artwork_frontal

El viaje de Shackleton, de William Grill

«Se buscan hombres para viaje peligroso, sueldo bajo, frio extremo, largos meses de completa oscuridad, peligro constante, no se asegura retorno con vida. Honor y reconocimiento en caso de éxito.»

Este es el anuncio que Ernest Shackleton (1874-1922) puso a principios de 1914 para reclutar a la tripulación de la expedición que preparaba a la Antártida. Respondieron 4000 personas. La era de las grandes expediciones estaba llegando a su fin y apenas quedaba suelo inexplorado que pisar. Roald Amundsen había llegado al Polo Norte en 1911, y sólo quedaba un desafío que enfrentar: atravesar la Antártida por tierra. Shackleton recogió el guante de este reto y a bordo del Endurance («resistencia») puso rumbo a la Antártida con una tripulación de 27 hombres. La expedición fue un fracaso y el Endurance quedó atrapado en el hielo, que acabó por romperlo y hundirlo.

weddell seaLa pérdida del Endurance supuso el comienzo de la verdadera aventura. Shackleton se propuso volver a casa sin ninguna pérdida humana. Y lo consiguió. Todos les daban por muertos, pero Shackleton y sus hombres, tras dos años de penurias y condiciones extremas, y con la fuerza de voluntad intacta, lograron volver a la civilización.

«Elegí la vida por encima de la muerte para mí mismo y para mis amigos… Creo que está en nuestra naturaleza el deseo de explorar, de adentrarnos en lo desconocido. La única derrota verdadera sería la de no salir a explorar jamás.»

William Grill, joven estrella del libro ilustrado británico, es el encargado de teñir esta epopeya de profundo azul de mar y blanca inmensidad de nieve. Y entre el espectacular infinito, destacando con humildad de héroes, las figuras diminutas de los 28 hombres que, hazaña tras hazaña, consiguieron vencer a la naturaleza más salvaje y poderosa.

El viaje de Shackleton
William Grill
Impedimenta, 2014. 80 páginas.


9788416440221

Ítaca, de C.P. Cavafis

La Ítaca del poeta griego C. P. Cavafis no es la misma Ítaca de Homero. Mientras la Ítaca de Homero es el destino final de las aventuras de Ulises, el premio tras las dificultades de la travesía, la Ítaca de Cavafis representa la aventura en sí misma. La Ítaca de Cavafis no tiene un solo protagonista, sino que cada lector es protagonista de su propia Ítaca, de su viaje. La Ítaca de Cavafis es principio y fin y camino. Hay muchas Ítacas, y lo de menos es si son feas o bonitas, porque lo que importa no es la tierra adonde se llega si no cómo se llega a ella.

«Cuando la travesía emprendas hacia Ítaca,
Pide que sea largo tu camino,
Lleno de aventuras, pleno de saberes.»

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Constantino Petrou Cavafis (1863-1933) apenas publicó en vida. Tan solo algunos poemas que imprimía él mismo y daba a leer a aquellos que él sentía que podían entender su arte. Aún así, no pudo evitar que su obra llegara inmortalizada hasta nosotros, en gran medida gracias a E. M. Forster, autor de Pasaje a la India y Maurice, entre otros, que conoció a Cavafis en Alejandría, mientras estaba destinado como funcionario en la Cruz Roja. La popularidad de Cavafis creció a su muerte, hasta ser considerado hoy en día como el mayor poeta griego moderno.

«Ten a Ítaca en la mente.
Llegar allí es tu destino.
Pero sin prisa ninguna en el viaje.»

La Ítaca de la editorial Nórdica está vestida de las ilustraciones de Federico Delicado, pintor e ilustrador de larga trayectoria, que actualmente dedica su genio a ilustrar libros infantiles de juveniles. En Itaca, Federico Delicado mezcla mapas y figuras humanas creando un bello collage en el que los territorios emanan del interior de las personas y no al contrario.

Como dice Vicente Fernández González, traductor al castellano de Ítaca:

«La idea de que lo que importa es el viaje se ha convertido ya en un tópico, una trivialidad que llega a fatigar. La lectura de Itaca, sin embargo, invita a la reflexión, a la consideración de que no se trata de cualquier viaje. ¿El viaje a la libertad? ¿A la utopía? ¿La Ítaca del deseo?»

Ítaca
C. P. Cavafis
Nórdica Libros, 2015. 64 páginas.


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Las encantadas. Derivas por Galápagos, de Charles Darwin y Herman Melville

Dos escritores, dos viajes, dos nombres. Un solo lugar. Charles Darwin visitó las islas Galápagos cuando aún era un aprendiz de naturalista de 22 años. En 1835 se embarcó en un viaje alrededor del mundo a bordo de la HMS Beagle. El viaje duró 5 años y definió la forma en que Darwin entendía la historia natural. La HMS Beagle hizo una parada de 5 semanas en las islas Galápagos y el joven Darwin tuvo la oportunidad de recoger numerosas muestras de flora, fauna y minerales que le servirían de base para su posterior tesis sobre el origen de la especies. Darwin dejó testimonio de esta experiencia en el archipiélago Galápagos en un diario en el que destacan sus descripciones detalladas y su punto de vista científico.

«Vayamos ahora al orden de los reptiles, que forma, quizá, el rasgo más peculiar de la zoología de estas islas. Las especies no son numerosas, pero el número de individuos de cada clase es extraordinariamente elevado. Hay una clase tanto de tortuga de mar como de tierra, cuatro de lagartos; y de serpientes aproximadamente el mismo número.»

clip_image001Y junto a las anotaciones naturalistas de Charles Darwin, en la edición de Círculo de Tiza encontramos la crónica literaria que escribió Herman Melville de su viaje a las Galápagos, o como también eran conocidas y él las llama, las islas Encantadas.

«Pensad en veinticinco montones de ceniza diseminados, aquí y allá, por un solar de las afueras de la ciudad; imaginad que algunos son tan grandes como montañas y que el descampado es el mar, y tendréis una idea exacta de la apariencia general de Las Encantadas.»

Melville tenía 24 años cuando llegó a las Encantadas. Llevaba desde los 19 viajando y ya había recorrido los Mares del Sur, las Marquesas, donde estuvo viviendo con una tribu caníbal, Tahití, Hawai, Maui… En las Encantadas quedó fascinado por su paisaje agreste y por las tortugas centenarias, que retrata como seres casi fantásticos dotados de una extraña inteligencia. Mientras Darwin da una visión desmitificada y analítica de las Galápagos, Melville juega en todo momento con la cualidad mágica de las islas Encantadas.

«El carácter aparentemente huidizo e irreal de la ubicación de las islas fue probablemente la razón por la cual los españoles las llamaron Las Encantadas o Archipiélago encantado.»

Darwin y Melville, dos versiones de un mismo viaje, dos puntos de vista que completan la visión de unas islas que todavía hoy despiertan la fascinación del viajero y del lector. La editorial Círculo de Tiza envuelve los textos de estas dos eminencias de la literatura y la ciencia con grabados e ilustraciones de la época que se integran en el texto de forma orgánica, intercalándose figuras de tortugas, aves y flora variada en los distintos párrafos y determinando su forma visual. Y para acabar de rematar esta imperdible edición, tres pequeños ensayos de los escritores y poetas Carlos Jiménez Arribas, Francisco León y Francisco Ferrer Lerín.

Las Encantadas. Derivas por las Galápagos
Charles Darwin y Herman Melville
Círculo de Tiza, 2015. 192 páginas.


Ilustrados de viaje en la librería Altaïr.

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LIBROS: Taksim, de Andrzej Stasiuk

Taksim portada

Por Pere Ortín

«En otoño se nota que la ciudad va a morir.»

Un libro que empieza con una frase así, no puede ser una pérdida de tiempo.

Andrzej Stasiuk (Varsovia, 1960), el autor de esa brillante sucesión de palabras al inicio de Taksim (Ed. Acantilado, 2015), era no hace muchos años un perfecto desconocido. Su vida parece tan dura como debió ser aguantar un discurso de seis horas pronunciado por Wojciech Jaruzelski, primer ministro de la Polonia «comunista» (1981 a 1985) y jefe de Estado (1985 y 1990): Stasiuk fue expulsado de la escuela secundaria; fue soldado de primera y también desertor del ejército; estuvo encarcelado en una prisión militar y en otra civil, se convirtió en escritor clandestino en los últimos años del gris pseudo marxismo polaco…

Hoy Andrzej Stasiuk es ya, con veinte obras en su haber, entre ellas cuatro de teatro, un gran referente de la nueva narrativa europea, aunque nunca ha olvidado que entró en la literatura «por la puerta trasera».

Gran amante de contradicciones y contrastes, vive en el campo desde 1986, en un entorno de novela bucólica y pastoril donde escribe libros en los entretiempos en los que no viaja con su esposa. En una ocasión en Siberia un desconocido lo llamó «turista extremo» y Stasiuk lo consideró una descripción precisa de ese arte que maneja al viajar, como máximo durante tres meses, casi siempre por carretera, y siempre a lugares remotos. Apasionado y apasionante contador de historias, Andrzej Stasiuk aprendió a relatar cuentos en las frías cárceles polacas en las que, a falta de televisores que vendieran imágenes, se consumían palabras.

Taksim

Taksim es la historia de dos viejos amigos y socios polacos. Pawel y Wladek viajan por los antiguos estados comunistas de Europa del Este en una furgoneta que, como los pueblos por los que transita, vivió mejores tiempos.

—Con gafas no puedo conducir. Además, el mapa es viejo. De hace treinta años.

—¿Y qué? ¿Es que aquí también han tenido comunismo y le han cambiado los nombres a las calles?

Transitan por un mundo que se desmorona y donde la vida humana también parece reducida a escombros, mientras hablan del pasado y del presente de una Europa inexistente.

«Bebíamos sin prisa, despacio y tranquilamente. Como ahorrando fuerzas para lo que aún está por venir. Ellos charlaban y yo escuchaba. (…) Se hizo de noche y se enfrascaron en la historia de una muerte. Era la historia del asesinato de una mujer y había en ella amor y celos, como en una vieja novela romántica de las de verdad, de cuando las cosas aún estaban en su sitio.»

Pawel y Wladek viven un cuento tan lírico como simbólico, tan brillante como sórdido en esa Europa que hace sólo unas cuantas décadas se escondía tras un telón de acero y que hoy aparece más o menos reducida a un gran vertedero de escombros con anuncios de hamburguesas en medio de sucios bloques de hormigón donde, cómo no, se esconden también referencias al horror más clásico de la literatura de otros tiempos.

Unas decenas de pasos más allá

me envolvieron las tinieblas.

Andrzej Stasiuk

Andrzej Stasiuk demuestra en Taksim que es un maestro creando personajes, describiendo paisajes de color gris petróleo bajo atmósferas pesadas donde surgen situaciones e historias que creíamos olvidadas o parecen imposibles.

«Dios mío, me daba la impresión de que había recorrido todo el continente al este del Elba y se lo había aprendido de memoria. Nunca llevaba mapa.»

Su pasión por los viajes largos, su capacidad para describir de manera precisa y minuciosa personajes y lugares, su predilección por las carreteras secundarias y los encuentros furtivos en lugares extraños donde se cuentan historias, le ha llevado a ser comparado con Kerouak y los grandes narradores «on the road».

«Pronto nevará y todo se volverá más negro. El río, el asfalto, los árboles y los arrabales con sus casetas de perro y su desbarajuste. El aire huele a frío y a humo de carbón.»

Viaje, paisaje y el Este (así se titula su último libro editado en Polonia) son los grandes temas de sus libros repletos de mapas, coches y caminos, en una literatura de tiempos muertos y momentos fugaces.

«Sopla un viento helado. Pasan chavales con la capucha puesta en busca de botín o de refugio.»

Andrzej Stasiuk es un narrador sobresaliente que con Taksim ha construido una obra imprescindible a la hora de entender esa turbia atmósfera que cubre los cielos del Este de Europa.

Oía la ciudad, pero no la veía.

Andrzej Stasiuk es un agrimensor de geografías y personajes que describe con la precisión microscópica de su lúcida mirada.

El arte de contar

Taksim es un libro brillante sobre «el arte de contar»; un libro repleto de «hombres que vencen en la charla»; un homenaje a todos esos hombres «que se sientan a la mesa de algún bar y cuentan» historias. Taksim es un libro sobre los «reyes del bar» que, gracias a sus cuentos, sobreviven en cualquier sucia taberna Taksim un pueblucho perdido de esa Europa que un día fue el Este y que hoy es poco más que vacío.

—¿Has encontrado Taksim?

—Si, pero hay un agujero en el mapa.


 

Taksim
Andrzej Stasiuk
Acantilado, 2015. 352 páginas.

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LIBROS: Del caminar sobre hielo, de Werner Herzog

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Tres semanas de peregrinaje y visiones bajo la tormenta

Werner Herzog viajó de Munich a París a pie para socorrer a su mentora y para contar en un diario su aventura más íntima

Por Cristian Segura

El director de cine Werner Herzog es un modelo para la cristiandad. No se trata de creer en la Santísima Trinidad, de ir a misa o bendecir la mesa; se trata de algo más esencial: Herzog ha hecho del dolor su camino para la purificación y para encontrarse consigo mismo. Sus películas lo confirman: Fitzcarraldo o Aguirre, la cólera de Dios son rodajes de sufrimiento y penitencia en la selva como pocos ha habido en la historia del cine. Se publica por primera vez en español un testimonio escrito de esta personalidad penitente, Del caminar sobre el hielo, editado por Gallo Nero. Un peregrinaje de tres semanas a pie por el corazón de Europa, bajo la tormenta.

Herzog era un joven de 32 años cuando escribió este diario de viaje. Del 23 de noviembre al 14 de diciembre de 1974, Herzog caminó de Múnich a París por caminos de campo. Por la noche aprovechaba sus últimas energías para garabatear algunos apuntes acerca de lo visto y sentido en cada jornada. Su mentora, la estudiosa del cine Lotte Eisner, había sufrido una recaída durante el tratamiento que seguía para su cáncer. A Herzog le dijeron que Eisner se moría, y su pupilo consideró que la energía del peregrinaje hasta la casa de su amiga era una ofrenda espiritual que la ayudaría a sobrevivir.

Gallo Nero destaca una frase del libro en su presentación en internet: «¿Está bien la soledad? Sí, está bien, lo único es que da perspectivas dramáticas». Visiones, experiencias alucinantes, que Herzog reproduce durante días de soledad, sin intercambiar palabra alguna con los campesinos y vecinos de los pueblos en los que pernocta. El reto físico y psicológico fue épico porque Herzog andaba rápido, creyendo que Lotte podía morir de un día a otro, y sobre todo porque las tres semanas estuvieron dominadas por un temporal de lluvia y nieve interminable. A medida que transcurre el viaje, el relato de Herzog es más irreal, hasta lo delirante cuando por fin se encuentra en las puertas de París.

¿Está bien la soledad? Sí, está bien, lo único es que da perspectivas dramáticas.

Algunas descripciones, en especial durante la primera mitad del recorrido, subrayan la magia de lo real. En Sachrang —Baviera; población, 284 habitante— Herzog escribe sobre una base militar misteriosa, con experimentos secretos de los cuales los nativos no quieren contar nada. En Vöheringen describe su encuentro con un grupo de monjas: una de ellas lleva tatuada un águila en la espalda, de hombro a hombro. La nevada que cae en Geisingen —frontera con Suiza— el 28 de noviembre le cubre de nieve por completo, y Herzog sueña con las imágenes, dice, de los últimos indios navajos libres.

Leí Del caminar sobre el hielo hará diez años y recuerdo que la experiencia me defraudó. Con el paso del tiempo sus reflexiones ganan cuerpo porque seguramente es una lectura indicada para lectores más curtidos en meditar sobre el sentido de la vida. Es una narración que gana en tensión a medida que pasan los días de periplo. El sufrimiento de Herzog alimenta el interés del lector. Cada noche es una epopeya para encontrar un lugar donde dormir: sus opciones para descansar eran el hostal del pueblo de turno, una cama en el hogar de una familia compasiva, entrar por la fuerza en una torre de fin de semana o dormir en los cobertizos del ganado. Las dos últimas opciones fueron las más frecuentes. Llama la atención el tacto con el que allana viviendas: no roba nada, no toca nada, duerme en el suelo del rincón más recogido de la casa. Durante las tres semanas, su alimentación básica consiste en mandarinas y leche.

El sufrimiento de Herzog alimenta el interés del lector.

Herzog es recibido frecuentemente con hostilidad en los pueblos, por su aspecto roñoso y el sinsentido de su peregrinaje para el mundo normal. El 6 de diciembre, el autor duerme en una autocaravana expuesta en una feria de vehículos para turismo en el pueblo de Charmes. A última hora de la tarde amaina la lluvia y Herzog aprovecha para dar una vuelta por el municipio. Le sorprende una rúa navideña; esta es mi traducción del original: «Al frente de la masa, rodeado por voluntarios de la brigada de bomberos que portaban antorchas, Santa Claus lanzaba a los niños caramelos que cogía de una caja de cartón. Los niños se abalanzaban sobre los caramelos de una manera tan salvaje que un par de chicos, que se habían sumergido en la captura de los caramelos, habían sido estampados con fuerza contra el suelo. Santa parecía tan lunático que casi sufro un ataque. Su cara era difícilmente reconocible por el algodón de la barba y unas gafas de sol. Un millar de personas se agolparon frente al ayuntamiento, y Santa Claus saludaba desde el balcón. Justo antes, un tractor se había accidentado contra el muro de una casa. Un grupo de chavales hacían estallar petardos bajo las faldas de niñas uniformadas, que rompían filas y corrían por todos lados, reagrupándose luego en los lavabos del bistro para mear. Cuando Santa apareció con gafas de sol en el balcón, me entraron convulsiones por el paroxismo de mis carcajadas. Algunos me miraron mal y decidí retirarme al bistro».

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El libro está repleto de escenas como la anterior, entre el interés por la antropología y lo absurdo. Hay momentos en los que el lector cruza la delgada línea entre lo real y la ilusión sin que se dé cuenta. Esta experiencia, en Joinville (Alto-Marne), ¿realmente sucedió fuera de la mente de Herzog?: «Al pasar por delante una casa vi que en la televisión emitían un campeonato de esquí. ¿Dónde podía dormir? Un cura español daba misa en un mal inglés. Cantaba entonando unas notas terribles con un micrófono sobreamplificado, pero detrás de él había una pared de piedra cubierta por la hiedra, y unos gorriones trinaban, trinaban tan cerca del micrófono que ya no se podía entender al cura. Entonces, una pálida chica joven se desmayó en las escaleras y murió. Alguien vertió agua fría en sus labios, pero ella prefirió la muerte».

El viaje de Herzog concluyó con éxito: Lotte Eisner vivió nueve años más.

Del caminar sobre hielo
Werner Herzog
Gallo Nero, 2015. 112 páginas.

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LIBROS: Corto Maltés. Bajo el sol de medianoche.

 

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Bajo el sol de medianoche
Juan Díaz Canales y Rubén Pellejero
Norma Editorial, 2015. 96 páginas.

Por Fran García

¿Era necesario un nuevo álbum de Corto Maltés? Evidentemente no. De un plumazo se nos recuerda que nosotros somos mortales y nuestros héroes no. Me explico: Habrá trabajos gráficos sobre el personaje de Pratt que nunca leeremos porque la serie nos superará en el tiempo. Posiblemente, nosotros acabaremos sufriendo las trampas de nuestros convencionalismos sociales, nosotros echaremos el ancla, mientras nuestro Corto es imaginado por otros creadores en lugares de lo más variopintos, disfrutando de esa extraña sensación que proporciona el anarquismo.

¿Es bien recibido un nuevo álbum de Corto Maltés? Evidentemente sí. Bajo el sol de Medianoche (Norma Editorial, 2015), obra del guionista Juan Díaz Canales y el dibujante Rubén Pellejero, es, desde ya, una de mis aventuras favoritas de la serie. Ponerse en la piel de Pratt suponía un órdago que solo el entusiasmo y el trabajo duro han llevado a buen puerto. Y no solo se trata de una cuestión de mimetismo, cosa ya de por sí compleja, más bien era un asunto sentimental. Los dos elegidos en el planeta para hacernos realidad ese regreso son también dos familiares que siempre tuvieron a Corto muy presente.

Perteneciente a la escuela italo-argentina —Solano López, Manara, Toppi, Oesterheld, Crepax—, a Hugo Pratt nunca le importó que Corto Maltés siguiera sus aventuras en manos de otros autores. En 1988 firmó su último trabajo en la serie del marino con , obra que lleva a Corto a la mismísima Atlántida.

Corto Maltés ha regresado de un largo silencio y lo ha hecho de la mano de dos autores españoles: Juan Díaz Canales (Madrid, 1972) y Rubén Pellejero (Badalona, 1952). El primero es el exitoso guionista de Blacksad, un trabajo noir con personajes antropomórficos que le ha valido reputación mundial. Pellejero, por su parte, es un dibujante de larga trayectoria. Junto al guionista argentino Jorge Zentner creó a Dieter Lumpen —publicado en la revista «Cairo», recopilado en álbumes por Norma Editorial y reeditado por Astiberri—, un aventurero con un carácter similar al de Corto. Ambos autores consiguieron un premio del Festival de Angoulême con El silencio de Malka.

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Patricia Zanotti, directora de Cong S.A, la empresa que ostenta los derechos de la obra de Hugo Pratt, le encargó la continuación de la serie a Canales durante la celebración del Festival de Lucca. Éste aceptó el desafío y contactó con Pellejero para que se encargase de la parte gráfica. No en balde, Pellejero comparte estilismo con el genio de Rimini. Como la temporalidad histórica de Corto Maltés siempre fue algo trastabillada, los autores podían —pueden— jugar con los escenarios históricos y plantear movimientos de lo más variopintos para el marino maltés.

La elección del Gran Norte americano no deja de ser el primer acierto de este nuevo álbum. De ahí su título. Alaska, la zona del Klondike canadiense, las ciudades más importantes de entonces, como Dawson, la capital del Yukón, o Nome, situada en la península de Seward —Alaska—, son la trama urbana, junto al arranque del álbum en San Francisco. Forman parte de un todo del álbum dominado por el gigantesco, bello y agreste paisaje natural de esta zona del globo.

La acción se sitúa en 1915, después de La Balada del Mar Salado. Una paradoja temporal entre la ficción del marino nacido en La Valetta y la edición de sus álbumes, puesto que éste Bajo el Sol de medianoche —también publicado en b/n— es la continuación temporal de la primera obra confeccionada por Hugo Pratt. Es precisamente este juego temporal lo que abre todo un mundo de posibilidades al tándem Canales-Pellejero. Poseen herramientas y talento para condimentar la serie por dónde quieran. Quizá su única limitación sea el año de desaparición de Corto, el año 1936, combatiendo con los republicanos en la Guerra Civil española.

Al igual que Pratt gustaba de apropiarse de personajes reales para sus aventuras —dos ejemplos: Herman Hesse en Las Helvéticas o el Barón Rojo, el as de la aviación alemana de la primera guerra mundial, en Las Célticas nuestro tándem creativo propone un menú suculento con Jack London de plato fuerte. La Gold Rush finalizó en 1899, así que Corto persigue las pistas de una carta de su amigo London mientras se traslada por todos los lugares que el autor californiano inmortalizó en obras como Colmillo blanco. Un explícito homenaje a la literatura de aventuras.

La otra carta de London tiene una remitente muy real, la japonesa Waka Yamada, una luchadora de los derechos de las mujeres, especialmente sobre las niponas prostituidas por la Mafia japonesa. Aparece una patrulla del ejército Feniano, los que nos mete de forma indirecta en la Primera Guerra Mundial y de forma directa en la situación de la Columbia Británica en la época, en la delicada posición de los grupos de indígenas de esta vasta área. Se nombra a Louis Riel, defensor de los derechos indígenas del interior canadiense, un sensato político revolucionario cuya vida, por cierto, tiene una novela gráfica, Louis Riel (un notable trabajo, uno más, del también canadiense Chester Brown). De postre, un personaje olvidado por muchos libros de historia sobre la conquista del norte: el explorador afroamericano Matthew Henson.

Todo el producto está bien servido en la mesa, con lo necesario para que los temas de hace exactamente un siglo nos sigan atronando hoy en día —la explotación sexual femenina, el expolio a los pueblos indígenas, las guerras—, en una bien urdida jugada en la que pasado y presente se tocan con acierto.

Ya que Canales y Pellejero nos han devuelto a este fantasma tan singular y preciado, ya que nos han arrebatado nuestras propias ensoñaciones sobre Corto, quizá solo quepa pedirles que igualen la proeza. Ya se han quitado el peso de revivir a un fantasma. Ahora démosles las gracias por devolvérnoslo; por procurarnos, cada cierto tiempo, el regreso a su mundo ilimitado.

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LIBROS: Palabras mayores. Veinte autores mexicanos.

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Palabras mayores. Nueva narrativa mexicana
VV.AA.
Editorial Malpaso, 2015. 304 páginas.

Por Patricia Godoy

«Ventanas desde las cuales es posible ver las distintas maneras en que ciertas escritoras y escritores han decidido enfrentar su quehacer en el aquí y el ahora». Así es como explica Cristina Rivera Garza en el prólogo de Palabras mayores, la idea con que fue concebida esta antología que reúne a 20 nuevos narradores mexicanos menores de 40 años.

El libro, versión en español de Mexico 20. New Voices, Old Traditions (Pushkin Press), llega ahora a España y se presentará próximamente en México de la mano de Malpaso Editores en colaboración con Conaculta y Hay Festival, con una edición marcada —como es norma de esa casa literaria— por un lomo con las hojas tintadas, en este caso, color verde bandera.

La idea de los editores de esta compilación es la de compartir con el mundo las letras de los «nuevos valores» de la narrativa mexicana actual que, más allá de la tradición, amplían sus fronteras literarias con muchas influencias exteriores.

Como casi todas las antologías, y como también ya le sucedió a un intento similar en 2008, Grandes Hits. Nueva generación de narradores mexicanos, editado por Tryno Maldonado para Almadía, la propuesta de Palabras mayores es difusa e irregular. El libro —ingenioso, por momentos— reúne los relatos de jóvenes autores mexicanos que representan una nueva generación de nuestras letras y que transitan por los caminos del mundo sin dejarse amedrentar por las pesadas sombras de Rulfo, Paz y Fuentes.

La escritora Cristina Rivera Garza que, junto a Juan Villoro y Guadalupe Nettel, ha sido una de los «tres jueces con mucho juicio» que han seleccionado a estos 20 autores y sus textos, comenta que, aunque todos pertenecen a eso que se podría llamar «cuentos», algunos de los escritos son de «difícil clasificación».

En el prólogo de la edición británica definieron a estos 20 jóvenes escritores como «camaradas, cómplices, confidentes: hermanos en la emoción o la aventura», pero tras la lectura de Palabras mayores esa supuesta complicidad no es tan evidente entre la «estupenda cuadrilla» que forman: Verónica Gerber, Laia Jufresa, Luis Felipe Lomelí, Brenda Lozano, Valeria Luiselli, Fernanda Melchor, Emiliano Monge, Eduardo Montagner Anguiano, Antonio Ortuño, José Pergentino, Eduardo Rabasa, Antonio Ramos Revillas, Eduardo Ruiz Sosa, Daniel Saldaña París, Ximena Sánchez Echenique, Carlos Velázquez, Nadia Villafuerte, Juan Pablo Anaya, Nicolás Cabral y Gerardo Arana. La diversidad de estas 20 voces es el gran atractivo del volumen ya que, como explica uno de los escritores, Emiliano Monge: «Todos somos cazadores y son tantas las bestias y es tan grande el paraje que no tenemos que encontrarnos ni compartir presas ni armas».

En el libro, un poco “patituerto” —al estilo del vocho destartalado del que habla Valeria Luiselli (Ciudad de México, 1983) en su simpático cuento «Porque cayó la noche y los Bárbaros»— destaca por encima de los demás el surreal universo norteño, destroyer y sicotrópico de Carlos Velázquez (Torreón, Coahuila, 1978). El autor de La Biblia Vaquera y el libro de crónicas El karma de vivir al norte (ambas en Sexto Piso Editores) nos cuenta una especie de telenovela porcina protagonizada por una promiscua cerdita llamada Leonor, autora de geniales novelas de literatura rosa, que está en busca del amor: «Se busca chancho fino para complacer a cochinita sexy». Velazquez aporta, además de buen humor, un gran valor diferencial con respecto a sus coetáneos: su particular uso del lenguaje, un español con marcado acento norteño, fronterizo, y que en nada se parece al de la mayoría de los otros escritores de esta antología.

Otra de las voces que sobresalen en el volumen es la de Antonio Ortuño (Guadalajara, Jalisco, 1976) que con su relato «Historia» nos muestra una invasión extranjera de soldados «pálidos, altos y estúpidos» a un país (¿será México?) «al que le gusta pensar que vive al margen de la historia del planeta. Nuestros libros apenas hablan de otra cosa que no sea nuestra vieja y desastrosa Historia».

Aunque no abundan, no es la única referencia más o menos directa a la situación del país. Eduardo Ruiz Sosa (Culiacán, Sinaloa, 1983) incide en ello en un precioso e imaginativo cuento sobre cuerpos sin cabezas titulado «Madame Jazmine o noticia de la decapitación»: «Nosotros, hoy (…), seguimos acunando en los brazos un cuerpo sin cabeza: lo llamamos país. La cabeza sigue sin aparecer».

El resto de los relatos son fogonazos de autoficción, retazos de —casi— crítica de arte experimental (Gerber), clavados en albercas vacías de descreimiento (Jufresa); invocaciones a re-re-lecturas de Baudelaire (Sánchez Echenique), algunas liturgias corporales más o menos interesantes (Rabasa), vivencias en casas —literarias— prestadas (Villafuerte) e incursiones por esos territorios fronterizos de la ficción en los que casi se difuminan las barreras entre la literatura y la casi crónica periodística (Melchor).

Escribe Juan Villoro que el libro, más allá del encargo institucional, es un intento por «invitar a leer a escritores de una generación extraordinaria. Si estos autores gustan, el principal efecto será que también se busque a otros». Y esa es, en resumen, la gran utilidad de este volumen de Palabras mayores que prueba, como escribe Rivera Garza, que la narrativa sigue siendo «una práctica viva, no una lección» y una invitación a un viaje que, como todos los viajes, es una conversación, en este caso, con algunos de los habitantes actuales de una parte de ese universo literario llamado México.