Daniel Martínez, el alcalde que pasea

intendentePor muy poéticamente tópico que suene, Daniel Martínez, intendente de Montevideo, cumple el perfil de uruguayo: es amable, humilde y combativo. Pero sobre todo se le ve comprometido y enamorado de su ciudad. Hablamos en nuestro 360º de su pasado como militante en una dictadura «donde cada día se podía caer preso» y del futuro (que ya está pasando) de Montevideo. Aquí dejamos un fragmento.


Daniel Martínez es un activista. Tras 59 años en Montevideo, lo ha vivido y luchado todo. En julio de 2015 fue elegido intendente —alcalde— de Montevideo, ganó las elecciones en su candidatura por el socialista Frente Amplio. Tanto en dictadura (clandestinamente) como en democracia Daniel Martínez siempre abogó con fuerza por los derechos sociales. Su militancia ha sido tan intensa y de tantos años que ya es sólo una característica más de su espíritu. Tal vez suene a tópico poético, pero de nuevo el intendente cumple con el perfil uruguayo: amabilidad apabullante, humildad y espíritu crítico. Se podría decir que es un intendente que no lo parece: un alcalde de a pie que huye de ostentaciones, de la acorazada vida del político con guardaespaldas, asistentes o discursos preparados. Se expresa natural, se le ve sincero. Pero, sobre todo, comprometido y enamorado de su ciudad.

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Cuenta, en una charla distendida, que Montevideo es la ciudad de la calidad de vida. La oferta cultural es enorme, el clima estable y sus gentes hospitalarias y dispuestas. Entre el vino y los deliciosos platos del restaurante Francis, comparte una experiencia que vivió apenas unos meses atrás. Volvía con su familia a casa andando. Estaban lejos, a bastantes cuadras de distancia, pero la noche estaba preciosa y, borrachos por el ambiente festivo que acababan de disfrutar en el concierto de los Rolling Stones, decidieron que podían caminar: «Quizá en otro lugar, podría darte miedo volver tan tarde. Pero nos perdimos en varias ocasiones. En una de ellas, preguntamos a unos jóvenes que bebían en una calle». Asegura, divertido, que uno de los chicos hasta les acompañó dos calles abajo para que tomasen el camino correcto. Una estampa curiosa. Achaca a este ambiente tan respetuoso el hecho de que cada vez «más franceses, más alemanes… se vienen a vivir acá, a vivir como uruguayos».

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