Del cuerpo huimos y en en el cuerpo recaemos

Por Virginia Mendoza

ser o no ser un cuerpo

Claro que tenemos prisa: estamos huyendo de nosotros mismos. Cuando siente dolor, cuando envejece, cuando muere, el cuerpo es un obstáculo para la economía capitalista. Por eso se ha convertido en un lastre del que pretendemos deshacernos sin éxito y a golpe de selfie. No es al cuerpo al que rendimos culto a través de las redes sociales, sino a la imagen. Esto es lo que nos viene a decir Santiago Alba Rico en su último ensayo, Ser o no ser (un cuerpo) (Seix Barral, 2017), un libro en el que aborda infinidad de temas en torno al ser humano y el envoltorio que lo contiene.

El filósofo español afincado en Túnez también nos dice que, por más que lo intentemos, no podemos huir del cuerpo. A veces tiene hambre, se aburre, enferma y finalmente muere. Así el cuerpo nos reabsorbe.

Qué es el cuerpo

Para entrar en el mundo de este filósofo es preciso conocer antes qué entiende por cuerpo. «El cuerpo es una habitación oscura», escribe Alba Rico. El cuerpo es un lugar temido, por desconocido e indefinido. Es un lobo y es el mar. El cuerpo es la fuga del cuerpo. O, más bien, el intento.

Palabra y carne, hombre y animal se combinan («Y el verbo se hizo carne»). De esa amalgama surge el cuerpo —que no la carne— de Alba Rico y en él el lenguaje es tan importante que se convierte en el único medio de permanecer parcialmente inmutables ante el paso del tiempo: el cuerpo crece, envejece, cambia; el nombre, no.

Incluso cuando el cuerpo muere, el nombre sigue en nuestro epitafio. Nadie nos ve, pero todos nos siguen llamando de la misma manera cuando ya no estamos. ¿Qué sentido tiene reforzar la identidad si renegamos del cuerpo del que surge y con el que convive?

El cuerpo, que es el medio de la fuga, es también un obstáculo para ir más deprisa

Todo es silencio, de Manuel Rivas, comienza con una frase que bien podría resumir la idea de especie lingüística (que habla, que calla) de Alba Rico: «La boca no es para hablar. Es para callar». La especie lingüistica —el ser humano— es la única que clasifica y rompe sus propias clasificaciones. Cuando clasificamos, ponemos nombres; cuando ponemos nombres, nos sentimos dioses.

El cuerpo del que habla Alba Rico sólo pertenece a los humanos porque han sido los únicos que «han inventado toda una serie de procedimientos intracorporales, intercorporales y extracorporales para huír de él». El cuerpo surge cuando «rellena un hueco» y existe en base a su negación. Tanto es así que tras dar varios rodeos al concepto, el autor (al que han llamado «el mejor ensayista español vivo» y con motivos) termina describiendo el cuerpo como un medio para la huida. Una fuga siempre frustrada y frustrante.

Huída y recaída

«Al principio estoy agarrotado, pero cuando empiezo a moverme lo olvido todo. Y… es como si desapareciera, como si desapareciera y todo mi cuerpo cambiara». Lo dice Billy Elliot cuando tiene que explicar qué es la danza para él. Billy Elliot está huyendo de su cuerpo a través de su cuerpo.

Lo hemos hecho siempre. Huir es nuestro sino. Pero, ¿cómo lo hacemos? ¿Cómo huye una persona de su cuerpo? ¿No es imposible? Hay tres estrategias a las que recurrimos constantemente, según Alba Rico. Los medios intracorporales (a través del cuerpo) como la danza, los medios intercorporrales (entre los cuerpos) como el lenguaje y los medios extracorporales (mediante la tecnología) nos permiten huir del cuerpo. Por poco tiempo. También hay recaídas. Los caminos más habituales para regresar al cuerpo son el hambre, el aburrimiento, la enfermedad, el dolor y la muerte.

Los seres humanos, cuando corren, cuando montan en bicicleta, cuando viajan en tren o cuando vuelan en avión (por no hablar de los viajes planetarios) están en realidad huyendo y huyendo además de sus propios cuerpos.

El lenguaje de Alba Rico es cercano, sencillo y divulgativo. Puede parecer que no hay lugar para la poesía, pero a menudo consigue darle su espacio. Para que el lector no se pierda en el laberinto, el autor va resumiéndose constantemente y retomando las ideas que va exponiendo e hilando. «Recapitulemos. En los capítulos anteriores hemos contado algunos mitos para hablar del ser humano como el único animal que hace clasificaciones y se rebela contra ellas, como el único que tiene cuerpo y el único que huye de su cuerpo a través del lenguaje, la tecnología y la Historia». Esa es la tesis en torno a la cual se van entretejiendo una cantidad de ideas (el miedo, la imaginación, la fantasía) inabarcable en una reseña.

El aburrimiento es, en definitiva, la experiencia de la coincidencia total, sin hueco ni mediación, sin dolor ni público, entre el cuerpo y el tiempo, coincidencia que clausura en su seno el espacio entero como las valvas cerradas de un molusco ensimismado en su ceguera.

Ante el cuerpo y entre tantos cuerpos, está el tiempo, amigo y enemigo a la vez, capaz de destruirnos y de dar lugar al amor. Porque el amor de Alba Rico siempre «retrasa». Penélope, nos dije, regala tiempo a Ulises mientras teje y desteje.

El amor es fundamental en la concepción del cuerpo de Alba Rico. Para él, existen tres fuentes de magia: el dinero, el lenguaje y el amor. Este último reaparece en su enumeración de fuentes de poder: amor, derecho, guerra, economía y tecnología. La Naturaleza y el Estado no quedan fuera de las fuentes de poder por casualidad ni por despiste, sino porque la primera le parece al autor condición y límite de los otros poderes y, la segunda, la combinación de derecho, violencia y economía.

Alba Rico hace un recorrido por la mitología, la taxonomía y la literatura infantil que le permite lanzar destellos y ejemplos de la idea del cuerpo a lo largo de la historia y en distintas culturas. Si incide en la taxonomía es porque para él el ser humano es el único animal que establece clasificaciones que, a su vez, «parten de los cuerpos» y «corporizan». También el ser humano es el único que rompe esas clasificaciones.

A propósito de la prisa, se pregunta el filósofo si «no nos estaremos pasando». Lo que pide al lector es, en definitiva y sin dogmatismos, que apague la pantalla y silencie el móvil: que rompa esos grilletes invisibles y regrese al cuerpo. Que se reconcilie consigo mismo.