El reportaje no ha muerto

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Hace apenas un par de décadas, menos quizás, Le Monde, The New York Times, El País o Sueddeutsche Zeitung llevaban a gala su capacidad de informar y contar el mundo, con corresponsales y enviados especiales en cada zona clave del planeta. Hace ya tiempo que eso no es así.

El reportaje ha sido abandonado en una esquina del periodismo del siglo XXI. Cuenta David Simon, ex periodista y guionista de la aclamada serie The Wire: «Empecé mi carrera como reportero del gran diario de Baltimore, el Sun. Siempre me sentí destinado a ejercer el periodismo y habría continuado este camino si la prensa americana no hubiera caído en una crisis que ha transformado completamente la idea que me había hecho de esta profesión. Como muchos diarios americanos, el Baltimore Sun fue comprado por grandes empresas mediáticas que decidieron reducir los costes de su funcionamiento para mejorar su rentabilidad. De los primeros de quienes se deshicieron fue de los reporteros».

El reportaje está enfrentado frontalmente con el periodismo rápido, la producción automatizada, los contenidos azucarados y de contenido inmediato. Requiere tiempo, conocimiento, paciencia, inversión. Lo dice María Angulo Egea en su Paso publicado en ALTAÏR MAGAZINE esta semana, «Ir allá, de donde no se regresa. Genealogía del viajero».

Turismo slow, también lo llaman, al amparo de una filosofía de la lentitud que trata de sosegar el tiempo del consumo. Y esta opción pausada me remite también al periodismo; al también denominado Slow Journalism, periodismo narrativo o crónica, como el que potenciamos y disfrutamos frente al periodismo urgente, monocromo y acelerado de algunos medios convencionales.

Habla María pero hacemos nuestras sus palabras. El reportaje no debe morir y en ALTAÏR eso es un compromiso con el lector y con el propio periodismo que vamos a llevar hasta el final. Palabra de reporteros.