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EL VIAJE INTERMINABLE

Viajar-para-contarlo-bajaMaría Angulo Egea, en un punto de su magnífica reflexión sobre la crónica de viaje —que hemos publicado el 1 de septiembre para marcar bien fuerte la vuelta al curso— recoge una reflexión del antropólogo francés Claude Lévi-Strauss que puede ser demoledora para los ánimos del otoño que se acerca: «El viaje ha terminado».

Sí, Lévi-Strauss hablaba de ello en estos términos en su clásico Tristes Trópicos: «Ya no quedaban “lugares no transitados”. Ya no eran posibles “encuentros con el otro”. “La aventura” ya no era un lugar “deseado”».

Pero precisamente la clave del artículo de Angulo es demostrarnos cómo en el momento actual, en la realidad globalizada y del broadcast permanente, nuevas generaciones de viajeros narradores y narradores viajeros plantean de modos diferentes el impulso de seguir escribiendo sobre sus periplos. Como una búsqueda de la mirada, que no de la vista (Martín Caparrós). Como regresar, más que ir (el metaviajero de Jorge Carrión). Como una forma de cultura, en definitiva, que nos permite conocernos mejor conociendo al Otro, aun cuando todos los rincones del mapa hayan sido ya reclamados.

En Altaïr hacemos nuestra esta motivación. Durante agosto, el més más lento del hemisferio norte, hemos hablado de música desértica, sabores emigrantes, golpes de Estado, incendios indignados, vivos y muertos, cartas africanas, paces dudosas y la vida de los lectores. Si estáis tentados de sentir que con el verano se terminan las travesías posibles, os invitamos a leer estas crónicas y reivindicar con nosotros y sus autores que el viaje, en el fondo, siempre es interminable.

La fotografía que encabeza este post es de Laura d’Alessandro.