Islas Feroe, el archipiélago secreto en Altaïr Magazine

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Nos vamos a las islas Feroe. ¿No sabes donde están? ¿Nunca habías oído hablar de ellas? Sin problemas. ¡Mucho mejor! Prepárate para la aventura de descubrir uno de los territorios más remotos y menos conocidos de la Europa actual.

Si te gustan las aves, los paisajes imposibles, el surf, la gastronomía, navegar en barco, la música, el fútbol, la moda, las historias de vikingos; si quieres conocer pueblos pintorescos con menos de diez habitantes…Estás en el lugar adecuado.

Las Feroe son 18 islas, 50.000 personas, 70.000 ovejas y solo 1.400 kilómetros cuadrados. las Feroe son sinuosas carreteras, algo más que estrechas y casi infinitas, con túneles subterráneos bajo el mar. Ferries y helicópteros que hacen de transporte urbano.

Cuenta Birgir Enni, uno de los protagonistas locales de nuestro monográfico 360º alrededor de este archipiélago secreto que es «un lugar sin árboles donde solo hay rocas y hierba» y añade que «hay que ser duro para sobrevivir aquí». Pero sin embargo, las Feroe tienen mucho encanto y, tal como lo expresa en nuestro especial el escritor local Gunnar Hoydal, las islas Feroe son una tierra con “duende” ya que guardan en su interior los recuerdos de un tiempo situado antes del tiempo, «de antiguas experiencias y viejas historias». 

Sjurdur Skaale, parlamentario y humorista feroés, nos comenta en su historia que el hecho que las Islas Feroe sean, al mismo tiempo, un país «completo» y un Estado «microscópico», las convierte en un perfecto «laboratorio social, político, económico y vital».

Las Feroe son sobre todo paisaje, calma y naturaleza pero también, como nos explia Elin Brimheim, modernidad: «La comunidad feroesa está, a la vez, tan pasada de moda como extremadamente modernizada, lo que crea una sinergia que inspira a la gente y aumenta su creatividad».

Las Feroe están repletas de nuevos proyectos que desde lo más local y aislado de este archipíelago situado rumbo al Círculo Polar Ártico, se han hecho un hueco en el panorama internacional. Es el caso de las diseñadoras de moda Gudrun & Gudrun, que salvaron la lana feroesa y reinventaron su uso. Es también el caso de Koks, dirigido por el cocinero Poul Andrias Ziska -Nordic Prize 2015-, otro ejemplo de joven feroés que ha revolucionado la cocina local con un estilo muy particular que comprobamos en nuestro reportaje con él y en su restaurante en el que, como nos cuenta: «Damos cosas que no se pueden encontrar en ningún otro lugar del mundo».

Sjurdur Skaale: El hecho que las Islas Feroe sean, al mismo tiempo, un país “completo” y un Estado microscópico, las convierte en un laboratorio social, político, económico y vital.

Pero en las Feroe también hay un factor «pasado». Esto se refleja por ejemplo, en los avances en igualdad de género, que aunque han sido muchos en muy poco tiempo, que documenta la historia que nos escribe la periodista local Eydna Skaale que, a pesar de los avances realizados, denuncia como «las mujeres feroesas necesitan roles femeninos de referencia», concluye Eydna Skaale.

El aislamiento del archipiélago, el hecho de que la costa más cercana esté, más o menos, a 500 kilómetros de distancia, influye en la llegada de algunos avances tecnológicos. Por ejemplo, las Feroe no tienen Google Street View, pero para no ser menos han puesto a algunos de sus miles de borregos a trabajar. Sin GPS, pero con equipadas con cámaras las ovejas locales mapean las islas con su caminar y construyen una visión alternativa: Feroe Sheep View.

Ovejas que ejercen de cartógrafos en unas islas que, al fin y al cabo, son suyas ya que el nombre de las islas significa en danés antiguo «la isla de las ovejas», como explica el especialista en la cultura y literatura de las Feroe, Mariano García. Y es que la población ovina duplica la de humanos en una islas repletas de rincones maravillosos, como la remota, en la isla de Mykines en la que los frailecillos, aves simbólicas del archipiélago, conviven con los alcatraces en los acantilados que nos descubre el biólogo local Finnur Lutzen. Acantilados de impresión y montañas muy grandes y al lado del mar. Una naturaleza de impresión que nos describen con precisión las geólogas feroesas Jana Ólavsdóttir y Óluva Reginsdóttir que coinciden en descubrirnos el hecho natural más destacado de estas islas: «La falta de árboles».

Elin Brimheim: La comunidad feroesa está a la vez tan pasada de moda como extremadamente modernizada, lo que crea una sinergia que inspira a la gente y aumenta su creatividad.

Aislamiento y lejanía no tiene por que ser aspectos negativos como demuestran los miembros de la banda feroesa de Viking Metal feroés Tyr con los que hablamos y que se confiesan «descendientes de los vikingos venidos de Noruega» e hijos de un pasado «real, (…) auténtico». Algo parecido le ocurre a Jens Martins, ex portero de la Selección de fútbol de las islas Feroe y orgulloso de ser «el portero es al que más veces han chutado en todo el mundo». Eso sí, si vienes de fuera, el regalo del aislamiento y la soledad que ofrecen estas islas en invierno no tiene parangón y es por ello que Sergio Villalba, un surfista canario, se fue a las Feroe en busca de la ola perfecta y huyendo de los surfistas. Nos lo cuenta en una crónica ilustrada con unas imágenes espectaculares.

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«A lo lejos, en un océano brillando radiante como el mercurio, se encuentra un poco de tierra solitaria de color plomo. La pequeña costa rocosa es al vasto océano casi lo mismo que un grano de arena en el suelo de un salón de baile. Pero visto bajo una lupa, este grano de arena es, sin embargo, todo un mundo de montañas y valles, sonidos y fiordos, y casas con gente pequeña. De hecho, en un sólo lugar hay incluso una pequeña ciudad antigua completa, con muelles y almacenes, plazas, calles y callejones empinados, jardines, plazas y cementerios. También hay una pequeña iglesia, situada en lo alto, desde cuya torre hay una vista de los tejados de la ciudad y, más lejos, de todo el océano poderoso».

Nos quedamos, para acabar, con este retrato de las Islas Feroe que Heinesen incluye en Los músicos perdidos (1950) y que como explica el especialista local Bergur Ronne es «uno de los mapas literarios más famosos del Atlántico Norte».

Las Feroe, un universo especial, atractivo y único, áspero y duro. Un archipiélago casi secreto con cierta mística irreal, un lugar melancólico y muy hermoso que es el protagonista de nuestro nuevo monográfico 360º.

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