MENOS LIBROS, MÁS POETISAS, UN PASO DE SILVIA CRUZ

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¿Sigue leyendo la población griega? ¿Y escribiendo? Silvia Cruz vuelve a los Pasos de Altaïr Magazine para contarnos cuál es la realidad de la industria editorial en Grecia tras 10 años de crisis económica. Si quieres leer el texto completo lo encontrarás aquí.


Un 43.80% de los griegos reconoce que no lee. Las últimas encuestas indican que en Grecia aumenta el número de lectores, pero también que los nuevos lo hacen por obligación: para pasar exámenes o por trabajo. Esas son las últimas cifras oficiales en un país que ha vivido lo peor de una crisis que ha asolado el mundo entero y que diez años después también ha cambiado radicalmente el sector editorial de la cuna, no sólo de la democracia, también de la poesía occidental. Hace tres años, el Gobierno griego se cargó el Centro Nacional del Libro y lo único que se mantiene intacto es el IVA reducido (6%) y el estancamiento del e-book (1% de las ventas), que los expertos atribuyen al precio de los dispositivos.

Un paseo por varias librerías de Salónica y Atenas confirman que, como en España, no son los lugares favoritos de los griegos. En una visita de más de dos horas a Kardamitsa, tienda ubicada en la capital, que también es editorial y ofrece títulos nuevos y de segunda mano a buen precio, entraron dos personas y sólo una compró un libro. Sólo es una anécdota pero los testimonios de libreros, autores y agentes confirman que el panorama ha variado mucho y que, aunque en algunos casos puede ser la puerta a cambios necesarios, el giro no ha sido para mejor en términos generales.

Los números lo confirman: antes de la recesión, Grecia vivió un pequeño «boom» editorial. Si en 1990 se imprimían 3.000 nuevos títulos, en el año 2000 se publicaron más de 7.000 y más de 10.000 en 2008. Pero en 2012 la cifra se situó de nuevo en 7.000. Se editaba poco y se vendía aún menos. Por eso, en 2014, el Gobierno eliminó su Ley de Precio Fijo y permitió descuentos a voluntad del tendero. Las excepciones son los libros de ficción (lo que más se vende) y los infantiles (los primeros que sufrieron la caída de las ventas), que pueden rebajarse como máximo un 10%.

Las pequeñas echan la persiana o buscan formas de sobrevivir. Fue el caso de Hestia, librería con 120 años de historia en Atenas que cerró en 2013, pero volvió a abrir en otro local en 2014. Evangelia Avloniti, directora de la agencia literaria Ersilia, informa de algo que también se ve en España: «Están proliferando pequeñas tiendas que se esmeran en dar un servicio más personalizado.»

Al preguntarle a Konstantina por el libro que más vende en su local se dirige hacia un ejemplar que tiene el nombre de la autora, Lena Mantá, impreso en letras enormes. Es el tipo de libro que más se ha vendido durante la crisis. Lo llaman «literatura rosa» porque los compran mujeres de entre 20 y 50 años, pero no necesariamente hablan de historias románticas. A Konstantina no le gusta esa denominación. «Es despectiva y quizás no pasarán a la historia de la Literatura, pero han impedido que cerremos», dice la librera, que prefiere referirse a ellos como «libros de playa» y destaca los 80.000 ejemplares que se imprimen en primeras tiradas cuando lo habitual en Grecia es hacerlas de 500 a 2.000.

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