Ritmo de memoria y lucha, por P. Godoy y B. Jiménez Luesma

CandombeEl candombe es la música afro de Uruguay. Hoy día, en el desfile de «llamadas», inunda las calles de alegría, pero en sus orígenes fue el canto de la lucha, el ritmo de los negros esclavizados. Paty Godoy y Berta Jiménez Luesma hablan con algunas de las figuras claves de la cultura afro-uruguaya en Montevideo en nuestro 360º. Aquí, un adelanto.


El candombe es la música afro-uruguaya por excelencia, surgida en la época colonial en las zonas montevideanas en las que vivían los negros esclavizados: Barrio Sur y Palermo. En sus orígenes, las comparsas de candombe estaban formadas solo por tamboriles —una cuerda de tambores—, pero con el paso de los años se han sumado otros personajes como el Escobillero, la Mama Vieja o la Vedette. En la actualidad, el desfile de Llamadas, que se celebra en febrero con motivo del carnaval, reúne a todas las comparsas de la ciudad; es la mayor convocatoria candombera de todo el año.

Pasear por Barrio Sur y Palermo, los barrios candomberos históricos, es en parte trasladarse al Montevideo más colonial: casas bajas, con murales o pintadas, siempre coloridas, se intercalan como marcando un camino. Encauzan el paseo que las comparsas —oficialmente, desde el siglo XIX— recorren cuando salen a llenar las calles no sólo de músicas, bailes y ambiente festivo, sino, sobre todo, de raíces africanas y respeto por los ancestros. El candombe se define como la música afro-uruguaya, el alma del carnaval —que todos los montevideanos anuncian orgullosos, no como el más importante, pero sí el más largo del mundo—; una pieza clave de la vida cultural de la urbe.
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Domingo en Montevideo. La tarde está cayendo. Algunas comparsas, cada una en su barrio, salen a ensayar. Tambores al hombro —chico, repique y piano—, encienden hogueras en cualquier esquina de la calle para calentarlos. Aunque es por una mera cuestión técnica —el material tiene que templarse para alcanzar el sonido genuino para el que fue creado—, que decenas de personas se reúnan en torno a una hoguera cómplices de lo que está a punto de pasar tiene algo, mucho, de ritual. Calientan durante unas horas, cada cual en su cuadra. Mientras, ríen, fuman y algunos hasta beben vino de la botella. Finalmente arrancan, y con ellos muchos de los vecinos del barrio, que llamados por la música, salen de sus casas para unirse. Otros, desde sus balcones, apoyan la manifestación artística con sus movimientos más sinuosos. Los niños bailan, los perros pasean de un lado a otro más rápidos e inquietos de lo normal —o eso parece—. El candombe es muchas cosas, pero una, quizás la más importante, es la mayor expresión de memoria histórica de un pueblo, el afro-uruguayo, estigmatizado durante siglos, que todavía hoy lucha contra el racismo estructural. Cada serie, cada ritmo, parecen romper las barreras raciales.

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