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NUEVAS PREGUNTAS PARA EL PERIODISMO

ALTAIR MAGAZINE_HOME En 2013, los editores de la revista francesa XXI, Laurent Beccaria y Patrick de Saint-Exupéry, publicaron (y se extendió como la pólvora por los medios digitales, que lo replicaron en varios idiomas) un manifiesto que pondría en jaque la mayoría de las ideas en las que se había basado el periodismo digital de los últimos quince años. “Un autre journalisme est possible” resumía las ideas que los gurús de Internet y de la prensa tradicional no se atrevían a articular en un ensayo por temor a que el público y, especialmente aquellos que tanto habían invertido en la transición de los medios tradicionales al universo virtual, comprendieran que la verdad, en cuanto al futuro del periodismo online, no estaba tan clara como creían.

Este manifiesto es a la vez ensayo, retrospectiva teórica, ideario y puesta en evidencia de la gran maquinaria que origina y hace fluir las tendencias en materia económica, empresarial y sobre todo social. Durante años, los directivos de los grandes medios habían perseguido, sin detenerse a pensar las consecuencias a medio y largo plazo, unos ingresos por publicidad que eran inalcanzables. Por mímesis, unos y otros fueron tomando las decisiones equivocadas, no solo hundiendo sus empresas en un limbo económico del que difícilmente podrían salir en plena crisis publicitaria, sino también desprestigiando el nombre del periodismo con unas informaciones cada vez más banales, repetitivas, intrascendentes y que, poco a poco, se fueron convirtiendo en simples ecos de las notas de prensa de las agencias de noticias. En este declive, se augura la muerte del periodismo. Nadie ofrece un céntimo por la información de calidad: priman los intereses de los grandes grupos multimedia, que obtienen beneficios de la publicidad y esta, para mayor frustración, se vende mejor en las noticias morbosas y sensacionalistas que en los reportajes en profundidad.

La situación no pintaba bien. Ciudadanos desinformados en el epicentro de una crisis económica mundial. Falta de valores. Opíparos empresarios que se enriquecen convenciendo a los usuarios y a los directores de los medios tradicionales de que la conversión digital es la responsable de la crisis del periodismo (“solo la acentúa”, coinciden los editores de XXI). Un clima de tensión donde ningún experimento con los new media parece funcionar: el público se cansa.   Por suerte, ahora, las cosas empiezan a cambiar.

Lo que el periodismo necesita, ya sea en el papel o en las pantallas –parafraseando el manifiesto de XXI– es una revolución copernicana. El antiguo modelo está agotado. Si podemos acceder a cualquier información mundial en tiempo real, si hemos podido asistir a las revoluciones del mundo árabe a través de las redes sociales y de los vídeos amateur de sus participantes, no tiene sentido continuar enviando reporteros y periodistas a los núcleos calientes de donde se nutren las agencias de noticias cada día. El periodismo tiene que abandonar su centrismo y sus cauces tradicionales para reinventar una nueva manera de contar y dejar testimonio de lo que el mundo es ahora. Nuevos medios de comunicación en todos los países, independientes, con un capital muy limitado pero las ideas claras, han abierto un camino que ahora Altaïr Magazine se empeña en seguir: nos avala una trayectoria de más de veinte años y con esfuerzo y valores fuertes y claros trazaremos una nueva línea, por ahora inexplorada en el mundo hispanohablante, de lo que a periodismo viajero se refiere.

Para nosotros, continuar en la línea de lo que otras revistas de viaje están haciendo –con todo nuestro respeto por su trabajo- no tenía sentido alguno. Competir con revistas de gran envergadura con unos contenidos afines a los suyos lo considerábamos una derrota incluso antes de comenzar la batalla. En el proceso de reinvención, tuvimos que hacernos algunas preguntas:

¿Qué no está hecho todavía?

¿Qué historias nos gustaría leer a nosotros, que somos periodistas, escritores, documentalistas, filólogos, ávidos conocedores y, sobre todo, viajeros?

¿Qué quiere el público, qué necesita, qué no se le ha dado aún?

¿Cómo podemos hacerlo, sin vendernos ni aliarnos con empresas que no respetan el periodismo ni nuestro trabajo?

  La respuesta a estas preguntas supuso un trabajo arduo de documentación, conversaciones, lecturas, reflexión y, sobre todo, honestidad. No nos valía cualquier cosa: si accediamos y aceptábamos el reto, lo haríamos con plena conciencia de llegar hasta el final. Las antiguas preguntas pronto se ramificaron y formaron otras nuevas, en lo que comenzó a componer un heterogéneo cuerpo de cuestiones acerca del periodismo y de cómo trabajar en él a las que, todavía hoy, les vamos añadiendo nuevos significados y matices. A medida que el mundo evoluciona y cambia, nosotros aprendemos. Nuestras historias, las que pronto podréis conocer en el nuevo Altaïr Magazine, son reflejo de esa curiosidad impertinente que no queremos perder acerca del mundo y sobre todo de la gente que vive en él.

  En esta misma tarea de reinvención del trabajo, nos habíamos dado cuenta de que la única solución seria para poder completar un proyecto de envergadura y calidad, era nacer nativos digitales. ¿Eso qué significa? La antigua revista Altaïr, en papel, había sido un referente durante más de veinte años en la esfera de los viajes, pero ya no tenía capacidad para colmar las expectativas de los más de 500 millones de hispanohablantes que habitan el mundo. Es por eso que decidimos depedirnos, dejarla atrás, y comenzar de cero, no solo con un nuevo soporte – Internet- sino también con un nuevo formato – multiformato, mejor dicho, pues combinamos texto, audio, vídeo, fotografía y todo cuanto sea factible de aparecer en un medio digital-, una nueva perspectiva en cuanto a los contenidos – de los reportajes sociohistóricos sobre ciertos lugares, bellamente adornados con fotografías y mapas, descubrimos que ahora es el momento de construir un periodismo mucho más humano, con fotografías y vídeos que no solo son bellos, sino potentes narrativamente y que cuentan una historia por sí mismos- y, especialmente, una apuesta arriesgada pero necesaria de cultivar un “periodismo slow”.

¿Qué es un “periodismo slow”, quizá se pregunten los lectores?

El reloj no tiene piedad y todavía menos en el universo de los medios digitales. Las noticias se producen y publican sin que los periodistas hayan tenido tiempo de preguntarse primero: ¿es esto lo mejor que puedo hacer? ¿Comprenderán, los lectores, las circunstancias de la historia que estoy relatanto? ¿Se identificarán con ella, sentirán rechazo o, al contrario, quedarán indiferentes? Un periodismo irreflexivo es lo peor a lo que podemos enfrentarnos en este momento. La web ya está repleta de contenidos que se copian los unos a los otros, de ideas inconclusas o que no tuvieron tiempo de pensarse y desarrollarse completamente y que suponen una gran pérdida para los seres humanos A contracorriente del flujo general, Altaïr Magazine, se toma su tiempo. Algunos ya os habréis dado cuenta: hemos necesitado, incluso, retrasar nuestro lanzamiento. Queríamos estar seguros de que lo que caiga en vuestras manos muy pronto sea lo mejor a lo que podíamos aspirar. Ese periodismo de largo aliento, de gran recorrido, o periodismo slow, como lo hemos llamado, es el que nos interesa. Cada historia es repasada, leída, editada, y puesta en duda varias veces antes de ver la luz. Lo mismo con cada fotografía, con el orden en el que van colocadas para fortalecer la narración; con el audiovisual, ocurre del mismo modo. No precipitarnos es una decisión tomada a conciencia: si no trabajamos duro para entregaros las mejores historias, ¿por qué habríais de acompañarnos?

Seguimos reflexionando sobre los valores que mueven la nueva prensa, el periodismo, las nuevas revistas y medios digitales que han nacido o están a punto de hacerlo. Y vosotros, ¿qué opináis? ¿Qué cosas esperáis del nuevo Altaïr Magazine?

Podéis contárnoslo en los comentarios. Estamos encantados de que el Blog de la Redacción se convierta en un espacio de debate.